Plan Kukulcán para blindar el Mundial: ¡100,000 elementos de las fuerzas armadas al servicio del capital!

Mauricio Medina

El Plan Kukulcán y las presiones del imperialismo 

El Gobierno de México ha anunciado la implementación del Plan Kukulcán cuyo objetivo es movilizar las fuerzas armadas del país en cara al Mundial de Fútbol de este año. Estamos hablando del despliegue de 100,000 elementos de la Guardia Nacional, Ejército, Fuerzas Aéreas, Marina, elementos policiales de la SSCP y agentes de seguridad privada. Se suma el uso de más de 2 mil vehículos militares, aeronaves de defensa, helicópteros, drones, sistemas antidrones, de inteligencia y vigilancia (cámaras de circuito cerrado con reconocimiento facial, analítica de video, análisis de patrones conductuales y algoritmos de inteligencia artificial). 

El despliegue de tal maquinaria militar tomará lugar en Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México —sedes oficiales del Mundial—, así como en las distintas ciudades donde entrenarán las selecciones nacionales y en los puertos de Nayarit, Veracruz, Colima, Tampico y Quintana Roo. Se trata, sin duda, de una movilización masiva del ejército en los principales puntos del país.

García Harfuch, al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, ha dejado claro que quiere mostrar todo el músculo de las Fuerzas Armadas para que no exista desconfianza alguna de que México estará seguro para celebrar el Mundial y es capaz de hacerle frente al crimen organizado, esto con dedicatoria especial para el gobierno de EE. UU. 

Trump no ha dejado de amenazar con una posible intervención en el país, recientemente señalando que “el epicentro de la violencia de los cárteles es México”, en el marco de la reunión del Escudo de las Américas, reunión a la que no fueron invitados México, Cuba, Brasil ni Colombia, pero sí los gobiernos latinoamericanos alineados a la política del gobierno norteamericano. No hay duda de que el mandatario estadounidense continúa respirandole en la nuca al gobierno mexicano para inyectar sus intereses imperialistas en el país; lo hemos visto con la cuestión de la migración, narcotráfico y las relaciones con China. 

A la par del despliegue militar contemplado en el Plan Kukulcán, se contará con una Mesa de Coordinación Estratégica que reúne agentes de Estados Unidos, Canadá y de la FIFA para tareas de seguridad, logística e inteligencia en el país. Esto puede ser una carta abierta para que el gobierno de EE. UU. influya en la política de seguridad del Estado, tal como sucedió con el abatimiento de El Mencho. Tenemos que estar muy atentos a que el gobierno mexicano no siga doblándose de rodillas por temor a una intervención directa y, por lo tanto, seguir cediendo a lo que dictan los intereses del imperialismo gringo. 

Un plan al servicio del capital  

Además, el Plan revela una pregunta de lo más cruda para el pueblo mexicano: ¿A quién realmente le sirve el Estado y el ejército? La respuesta parece ser clara: Sirven para la protección del capital. Las medidas de seguridad están enfocadas en los estadios, hoteles, aeropuertos y eventos oficiales de la FIFA. 

Se trata de la expresión más clara de la relación entre Estado, ejército y capital. Su propósito ulterior indudablemente se trata de salvaguardar las millonarias inversiones de la FIFA y de los grandes monopolios que han apostado a seguir enriqueciéndose por medio del Mundial, considerado el evento más importante del año. 

Con esto no queremos desconocer que es necesario velar por la seguridad de los miles de trabajadores que están en primera fila moviendo estos espacios o los turistas que vienen a estas actividades, pero si partimos del supuesto de que el ejército “vela por la seguridad del pueblo”, ¿por qué hizo falta la inversión de miles de millones de dólares del capital en este evento para realmente movilizarse y cumplir con sus tareas? ¿Por qué el interés por demostrar la capacidad de acción del ejército en cuestiones de seguridad no se ha visto para hacerle frente a la crisis de desapariciones, homicidios y feminicidios que sufrimos todos los días?

La militarización nunca será una respuesta efectiva para atender los problemas fundamentales de violencia que sufre la clase trabajadora. En realidad, detrás del discurso en pro de la “seguridad”, se ocultan intereses por mantener el orden existente, esto incluye que el Estado se arme para las movilizaciones que estallarán en el futuro próximo en contra del Mundial. 

El general Villalvazo Barrios, jefe del Centro de Coordinación para el Mundial, ha afirmado que lo que buscan es “hacer frente a los antagonistas que atenten contra la seguridad nacional”. No es una coincidencia que quede tan vago a quiénes se refiere exactamente: por antagonistas van a incluir al sector radicalizado de la clase trabajadora, mujeres y juventud que se moviliza frente a las contradicciones de tener un Mundial en el país ante la barbarie actual de desapariciones, homicidios, despojos y constantes ataques a nuestras condiciones de vida. 

El verdadero papel del Estado y del ejército 

Para aclarar esta cuestión, vale la pena señalar cómo los comunistas entendemos el Estado y su brazo armado. La teoría marxista del Estado reconoce que este no es un ente ajeno a la sociedad de clases, se forma a partir del desarrollo de las clases sociales y se constituye como un aparato utilizado por la clase dominante para mantener y administrar sus intereses políticos y económicos. En la sociedad capitalista, el Estado se vuelve la herramienta de los intereses de la burguesía en la defensa del Capital, ya sea a través de su aparato jurídico o su aparato militar. 

El ejército es ese brazo armado del Estado, utilizado como puño de hierro para la conquista de territorios y robo de recursos —en la fase imperialista del capitalismo— y para la represión del levantamiento de las clases oprimidas contra la clase dominante. Basta con darle un rápido vistazo a la historia nacional para entender el papel represor del ejército mexicano: la masacre hacia los estudiantes en Tlatelolco en 1968; el periodo de la guerra sucia de finales de 1960 hasta finales de 1990, en donde las fuerzas armadas buscaron combatir activamente la lucha de clases y las organizaciones revolucionarias por medio de métodos de tortura, terrorismo y los llamados “vuelos de la muerte”; y, en el último periodo, la desaparición de los 43 compañeros normalistas en Ayotzinapa en 2014. 

Pero a pesar de la larga historia escrita en sangre del ejército mexicano, el gobierno de la 4T ha abogado por el fortalecimiento del mismo. No solo ha buscado limpiar activamente la imagen de las fuerzas armadas por medio de la Guardia Nacional, sino que lo ha robustecido por medio del aumento en el gasto a seguridad en los últimos presupuestos federales y con la gestión de las principales obras insignias del primer piso de la 4T (el Tren Maya, los aeropuertos de Tulum y el AIFA, el Corredor Interoceánico, etc.). Actualmente en la gestión de Sheinbaum, se ha utilizado al ejército para hacerle el trabajo sucio migratorio a EE. UU. en la frontera norte y recrudecer el combate contra el narcotráfico. 

Por más que el gobierno actual diga que el ejército es el “pueblo uniformado” —es cierto que la base del ejército la componen soldados de los estratos más bajos de la sociedad—, el problema fundamental recae en que ni el Estado ni mucho menos el ejército han cambiado su composición de clase. Al mantenerse dentro de los márgenes del capitalismo, las bases económicas y políticas del Estado actual se mantienen en la defensa de los intereses de la clase dominante, colaborando con la burguesía nacional (el llamado Plan México) y cediendo a las presiones imperialistas de Trump, dándole de facto la espalda al potencial revolucionario de la clase obrera. 

Por un programa revolucionario que erradique la violencia

La celebración del Mundial en nuestro país, si bien motivo de festejo para una parte importante de la población amante del fútbol, ocurre en un  contexto de fuertes presiones para el Estado mexicano. 

El Estado se enfrenta, por un lado, con las garras de Trump a la espera de una mínima justificación para seguir estrangulando la soberanía del país, y, por el otro, con la obligación de salvaguardar a la población contra el crimen organizado y la violencia desmedida. Más temprano que tarde, se revelará que la capacidad del Estado para atender los problemas generales de la crisis del capitalismo no están al nivel de la majestuosa serpiente emplumada (Kukulcán), sino de una lombriz enfrentándose a una bota de manufactura yanqui.

Esperamos que no se nos tilde de pesimistas. Nuestro análisis parte de aceptar la verdad. Y la verdad es que el Estado mexicano no será capaz de enfrentar los grandes problemas productos del mismo sistema que defiende: Ni la violencia desbordada hacia la clase trabajadora de nuestro país o las presiones del gigante estadounidense vuelto loco tras su relativo declive económico. 

Como comunistas, decimos la verdad hacia nuestra clase, pues éste será siempre el camino revolucionario. Existe una salida contra la barbarie actual, pero esta salida no será por medio de los métodos del Estado burgués (la militarización o bajarse los pantalones frente al imperialismo). La salida revolucionaria debe ser por medio de valernos de los métodos y el programa de la clase obrera, únicos capaces de hacerle frente a la violencia e imperialismo. 

  • Sostenemos que la militarización solo traerá consecuencias catastróficas para la clase trabajadora. Por su parte, abogamos por la necesidad de que el pueblo tenga el derecho a defenderse por su cuenta, por medio de la organización obrera que se materialice en comités de lucha y antiimperialistas en comunidades, barrios, fábricas, escuelas y ciudades. 
  • Defendemos la expropiación de las principales empresas estadounidenses en territorio nacional en caso de ataques imperialistas. En el caso del crimen organizado, exigimos congelar sus cuentas como herramienta para atacar sus operaciones. 
  • Defendemos el derecho a protestas y a la organización de la juventud y el proletariado en conjunto, y nos posicionamos en contra de cualquier ataque represivo por parte de nuestro propio Estado, los capitalistas o los imperialistas. 
  • Defendemos, fundamentalmente, que no podemos valernos de la burguesía y no dudamos que será en el escenario del proletariado asumiendo el poder político y económico que podremos derrocar al imperialismo, bajo un programa revolucionario e internacionalista. 

La llamarada revolucionaria jamás se ha apagado ni lo hará mientras exista la desigualdad en esta tierra. La voluntad de organizarse por parte del proletariado y la juventud más consciente será el ventarrón que necesitamos para propagar ese fuego que nos revelará una nueva vida, una por la que vale luchar. No perdamos más tiempo, camaradas, que la victoria nos espera. 

Si concuerdas con nuestras ideas, te invitamos a organizarte con el Partido Comunista Revolucionario en contra de la barbarie capitalista y en la lucha por el socialismo.