Testimonios de madres y mujeres trabajadoras en la lucha cotidiana contra la opresión y el capitalismo

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La Liga de Mujeres Revolucionarias ha impulsado el Seminario Virtual “Clara Zetkin, Mujer y el Socialismo”. En su segunda sesión en que abordamos el tema “Mujer y trabajo: Doble jornada doble explotación”, se llegó a la conclusión de que la mujer es doblemente explotada al ser parte de un sistema capitalista que depende del trabajo doméstico y/o trabajos de cuidados. Esta idea de que la mujer debe servir, proteger, cuidar, educar, entretener, etc., al hombre, surge con la propiedad privada y la sociedad dividida en clases, donde la fuerza del hombre en defensa de su riqueza se pone por encima del desarrollo colectivo de la sociedad.

A lo largo del desarrollo de la humanidad, en los diferentes sistemas económicos políticos y sociales, hasta llegar al capitalismo, utilizan al patriarcado por necesidad ideológica y cultural para perpetuar la desigualdad de clase y de género, por lo que la mujer trabajadora debe ocuparse de mantener el hogar como un espacio donde el trabajador se recupere de las largas jornadas a las que lo someten los patrones, con comida lista, baños calientes, ropa limpia, etc., y así regresar de nuevo a sus jornadas laborales. Además, la mujer, debe responsabilizarse del cuidado de los hijos o de familiares. Si es madre soltera se le señala por ser mala madre y dejar a sus hijos al cuidado de otras personas o en guarderías. Así, estos trabajos domésticos liberan al capital de esta responsabilidad y les representan un enorme ahorro monetario.

En el área laboral a la mujer se le paga menos y es difícil que la consideren para un puesto superior, además del acoso sexual que vive diariamente en los centro de trabajo, esta situación de sumisión y dependencia que vive la mujer solo terminará con la destrucción de este sistema capitalista. Debemos luchar no solo por mitigar la violencia hacia la mujer si no por una economía planificada en la cual estén consideradas guarderías, lavanderías y comedores públicos suficientes para así liberar a la mujer de estos trabajos y que pueda desarrollarse plenamente en la cuestión personal y profesional.

Después de llegar a estas conclusiones surgió la idea de recopilar historias reales de mujeres que viven la doble explotación o alguno de los diferentes tipos de violencia. Los cuales presentamos a continuación.

Testimonio 1

Soy originaria de Chiapas, camarista desde ya hace bastante tiempo. Al comenzar a trabajar de camarista no conocía los dólares así que cada vez que me dejaban esos “papeles raros” los tiraba a la basura y me quedaba con los pesos, hasta que un día vi que un compañero de trabajo lo recogió de la basura y se me ocurrió preguntar. Fue cuando me enteré de que eran dólares y que valía más que el peso.

En otra ocasión, trabajando en el mismo hotel mis compañeras de trabajo y yo nos dimos cuenta de que el sindicato no nos estaba dando las propinas bien, siempre llegaba lo mismo no importaba si era alta o baja ocupación.

Fuimos a protestar a la dirección del sindicato para que nos solucionaran el problema, trabajamos gratis, ¿A dónde iba todo el dinero que no nos daban? El problema fue cuando las demás se echaron para atrás y me dejaron sola.

El hotel me corrió y se me dificultó mucho encontrar trabajo porque me boletinaron y los hoteles que pertenecían a esos sindicatos no me daban oportunidad. Hasta que encontré un hotel en la zona hotelera que estaba con otro sindicato y regresé a trabajar y pues no me pienso salir de ahí sino no me van a dar trabajo en otro lado.

Testimonio 2

Nos tocan de 8 o 9 habitaciones cuando regularmente, pero cuando hay mucho trabajo nos toca de a 12 o 15 habitaciones por camarista y nos presionan para tener las salidas listas a las tres y si de esas 8 habitaciones se van 4 o 5 huéspedes pues nos exigen las habitaciones listas para esa hora (3:00 pm) por lo que no nos dejan ir a comer.

Algo que toda camarista sabe al entrar a trabajar es que tiene hora de entrada, pero no de salida así que me levanto a las 4 de la mañana para entrar a las 7am, el desayuno cuando nos va bien nos dan carne, huevo o enchiladas.

De las últimas veces que fui a trabajar nos dieron el frijol ya pasado y todos se enfermaron, al medio día había gente vomitando o con diarrea. Pero si no comemos a esa hora no volvemos a comer en todo el día, yo hasta que llego a mi casa que es a las 8 de la noche. Y ahora tengo que controlar la gastritis por lo mismo que no me dan chance de comer.

Testimonio 3

Yo trabajo en un complejo de hoteles en la Riviera Maya y trabajo con camaristas directamente. Y he escuchado muchas historias de acoso por parte de los huéspedes, dejan notas o hacen proposiciones sugerentes, pero recientemente una de las camaristas tuvo un encuentro muy incómodo.

Ella fue a limpiar una de las habitaciones y un hombre mayor como de unos 70 años comenzó a hacerle platica, le preguntaba de donde era y como estaba, pero la chava estaba incomoda y solo le respondía. El hombre se metió a bañar y abrió la puerta y le dijo que podía empezar a limpiar el baño, ella le dijo que no y que esperaba a que terminara y cerró la puerta, pero el hombre volvió a abrir la puerta.

La chica pidió ayuda y le enviamos una compañera para que la acompañara y la ayudara para terminar rápido la habitación. Pero el hombre salió en bata y se le acerco demasiado, dice la muchacha que sentía mucho miedo y como pudo se apuró a tender la cama y salió rápido con su compañera.

Cuando nos contó lo que pasó estaba llorando y muy asustada.

Lo único que pudimos hacer es enviar a una camarista y a un auxiliar de piso para que la acompañara, porque como el hombre es un cliente platino no pudimos hacer más que mantener al hombre vigilado.

Testimonio 4: les contaré un poco de mi historia 

Cuando salí de la escuela y entre al ámbito laboral, fue muy difícil dado que estudié en “una escuela pública” debo decir, que no me di cuenta de lo elitista que es mi profesión hasta que comencé a trabajar. Aún recuerdo las palabras de uno de mis jefes; cuando le hice ver que no haría el trabajo de “mi compañero” dado que yo ganaba menos qué él y estaba mucho mejor preparada.

Me dijo; “debes entender, no es porque no valoremos tu trabajo, pero él estudió en…” Fue una gran decepción para mí; saber que yo sabía más que cualquiera del equipo de trabajo y que resolvía casi todos los problemas que surgían, y aun así entendí que cuándo hubiera una promoción, no sería yo quién subiera de puesto. 

Después de algunos años me convertí en madre, a los 22 años; y honestamente nunca he sido “una madre modelo” desde el primer momento extrañé trabajar. Intenté criar a mi hijo lo mejor que pude, después de que nació por 5 años fui madre y ama de casa; de tiempo completo, pero cada día extrañaba ser profesionista. Cuándo mi hijo entró al kínder, regresé a trabajar, esta vez para una organización campesina; un trabajo que amé profundamente por todo lo que aprendí; pero fue ahí donde comenzaron mis problemas; o mejor dicho dónde quise darme cuenta que los tenía. Pues me di cuenta de una cosa muy lamentable, la madre de mi esposo, hablaba mal de mí con quién se lo permitiera, y sí; uno de ellos era mi esposo. Pasé cerca de cuatro años así, entre amenazas por parte de mi esposo, malos tratos, infidelidades y comentarios horribles hacia mi persona. Por el simple hecho de que “me arreglaba demasiado, para trabajar” 

Después a él le ofrecieron una oportunidad de trabajo en otro estado, y sin dudarlo lo seguí; porque debo decir, que, ahora haciendo recuento, fui yo quien lo siguió, él no lo quería, con el pretexto de que el niño acabara la escuela acá. Creí que solos, lejos de la influencia de todos, podíamos recomenzar.

Al llegar allá me di cuenta que no sería así, durante el primer año; pasé escuchando todo a lo qué había renunciado por mí; “familia, casa y ciudad”.

Aún así no me rendí, quería que mi hijo creciera allá, amando la provincia cómo yo. Después de algún tiempo me decidí a emprender un negocio, después de todo tenía todos los conocimientos para lograrlo. Y ese fue el final de todo, al contactar a un amigo para que me ayudara con el plan de negocios, fui acusada de ser una cualquiera, de ser una mujer promiscua y de no valorar lo que hacían por mí. Y cuando la violencia fue en escalada ya no sólo era verbal sino física, sólo por querer ser independiente.

El final de todo fue una amenaza de muerte, definitiva. Y la respuesta de las autoridades fue, un citatorio para poder conciliar. Imaginaran mi terror cuándo salí de esas oficinas con mi aún marido, después de que las autoridades le informaron que solicité ayuda por sus agresiones y que le levanté una demanda. Creí que sería mi último día. Afortunadamente tengo una familia maravillosa; en la cual me pude refugiar y aún con toda la decepción de un matrimonio roto; sigo viva, no quise esperar a ver si cumplía su amenaza o no.

Ahora años después sigo con el dedo en el renglón, intentando recomponer todo, volver a comenzar de cero no es tan aterrador cómo nos hacen creer, cuesta mucho trabajo, lágrimas y desesperación pero, sé que nadie despreciará mi trabajo por encima de otra persona. 

Debemos exigir mejores leyes, y no sólo llamadas de atención a los agresores, cuándo leo comentarios en las redes, que dicen “porque no lo deja; nadie la tiene a fuerza, porque no lo denuncia” aún después de tantos años quiero llorar de coraje; porque no saben lo difícil que es, no saben lo que es estar paralizada de terror, y saber que las autoridades te juzgarán a ti y no a él. 

También debemos entender que cómo mujeres debemos dejar de hacerle daño a otras mujeres, todas debemos apoyarnos y ayudarnos, aunque nuestros hijos sean varones, debemos educarlos y educarnos para respetar a las mujeres ajenas a nuestra familia. No sigamos con ese ciclo machista de ser alcahuetas de nuestros hijos y señalar a quién le hace daño a nuestras hijas. Debemos reeducarnos y valorarnos a todas. La lucha se empieza en casa.

Rompamos los ciclos que nos hacen daño, tengamos el valor de romper el rol impuesto por una sociedad que nos quiere en casa. Somos creadoras de la vida, debemos ser creadoras de nuestro destino.

Luchemos por romper con las cadenas que nos quieren sumisas, y si nos señalan por eso, arropémonos cómo una sola. Porque sólo así arrebataremos nuestros derechos.

Testimonio 5: las mujeres nunca tenemos la de ganar

Nací en una familia de clase media, en Morelia. Mi papá, un hombre muy trabajador, mi mamá, una mujer muy inteligente… pero muy religiosa. Aún en una situación de estabilidad económica (sin lujos) que nos proveía el puesto de mi papá dentro de BANRURAL, mi mamá, que pudo siempre pagar ayuda para las labores del hogar, con 5 hijos vivía casi una esclavitud. Mi papá trabajaba en Zamora, Mich. Y nunca le permitió trabajar a mi mamá, tampoco le permitió ningún tipo de desarrollo, no podía visitar amigas, no podía salir a la calle más que para lo indispensable de la casa.

Podía ir al mercado, a misa y a visitar a sus papás, únicamente. ¡Ah! Y cuando eran tiempos de inicio de curso escolar, tenía que pasar horas formada en las librerías y papelerías abarrotadas para conseguir los útiles de 5 chiquillos. Después regresaba, ¡no sé cómo!, con todo ese cargamento en camión, porque mi papá nunca le permitió manejar, aunque siempre había un Volkswagen modelo 72 estacionado en la cochera. Mi mamá aceptó la situación por razones religiosas y económicas. Mi papá la tenía amenazada con quitarle el dinero si trabajaba o se separaba… Y la Iglesia le decía que sería pecado…

Yo preferí buscar liberarme que estudiar una carrera Universitaria y abandoné la Universidad en el 2º. Semestre de Administración, pero la presión familiar y el lugar que ocupábamos las mujeres en mi contexto, me dejó sin las dos cosas. La única forma de salir de casa, era casada…

Me casé a los 25 años con un hombre de 38, inteligente, con negocio propio… y todo un whitexican. La situación cambió en muy poco tiempo y a los 4 años del matrimonio estaba casada con un hombre violento, que dejó de trabajar cuando su negocio quebró y pretendía convertirse en un hijo más para mí, ya que cuando el dejó de trabajar, yo asumí esa responsabilidad. Me iba bien con las ventas y mis papás también apoyaban.

A los 5 años, después del nacimiento de mis gemelos y con una niña de 3 años y medio, decidí separarme, porque maltratada y sin comer, ¡era demasiado!

Hasta la fecha, nunca he contado con una pensión alimenticia para mis hijos, al parecer, no hay ley que obligue a un hombre sin ingresos a pagar pensión. Y el hombre decidió no trabajar… Con mis hijos muy pequeñitos, decidí buscar alternativas… Optar por la doble explotación que dejaría a mis hijos al cuidado de desconocidos, después de pasar por la separación, y solo para conseguir un sueldo que me permitiera la supervivencia, porque al no tener una carrera universitaria el panorama no era muy alentador, no me pareció una buena opción. Sin duda influyó el hecho de que tampoco estaba en esa urgencia, regresé a la casa de mis papás y la comida y el techo estaba resuelto.

A los 2 años me salí, con mis hijos, de la casa de mis papás. Era imposible mantener mi autoridad como mamá dentro de ese machismo patriarcal.
Mi papá decidió darme una pequeña pensión para ayudarme, siempre cuidando de que no fuera suficiente para pagar una renta, por ejemplo, y obligarme a regresar, porque era muy indecente que pretendiera vivir sola.

Pude construir una vida al margen de la protección del Estado. Con los mil pesos que me daba mi papá, me fui a vivir a Ocotlán, Jalisco. Hacía jabones artesanales para completar los dineros e intercambié clases de inglés por colegiaturas para poder tener a mis hijos en un Montessori (en Ocotlán era muy económico)

Con el tiempo me di cuenta que mis dos hijos menores tenían situaciones especiales de aprendizaje, lo que me hizo buscar siempre escuelas más humanistas para que ellos pudieran desarrollarse. Ellos son cuates, niño y niña. El, tiene un pequeño grado de autismo (lo que se conoce como Asperger) y la niña un problema de visión severo, que al no poder detectarse a tiempo (hasta los 11 años fue diagnosticada) le ocasionó un visible retraso en el desarrollo. No tuve acceso a salud pública por no pertenecer al empleo formal.

Después fui a vivir a Pátzcuaro, cuando me ofrecieron un empleo dentro del Centro Dramático de Michoacán. Aunque mi puesto era administrativo, me pagaban mediante Beca del FONCA, porque el CEDRAM, aunque operaba con recursos públicos, tenía bastante autonomía. ¡Así que tenía un trabajo maravilloso en el mundo del Teatro! ¡Por fin contaba con un sueldo fijo! Y además en un lugar hermosísimo. Lo único que no tenía era una sola prestación de ley. Ni seguro social, ni nada…

Cuando la Secretaría de Cultura de Michoacán dejó de dar el 50% que le tocaba y el Proyecto tuvo que disminuir, me quedé sin trabajo, 4 años después. Invertí todos mis pequeños ahorros para intentar emprender con mis jabones artesanales un negocio más formal.

Me vine a vivir a Querétaro y por primera vez mis hijos pisaron la escuela pública. Ya cursaban el 2º. De secundaria los gemelos, y la mayor llegó para el tercer semestre de preparatoria. Me inscribí al seguro popular y busqué una renta barata… Y sigo batallando.

Haciendo una reflexión ahora que mis hijos menores están por irse a la universidad, puedo decir que el tratar de evitar la doble explotación mediante ser una asalariada, creo que me ha traído más desventajas que.

Finalmente tuve que dedicar un tiempo considerable a mi negocio, que tampoco he logrado que prospere adecuadamente porque no le dedico el suficiente tiempo. No tengo oportunidad alguna de comprarme una casa, y tampoco tendré una pensión… El mayor logro de este intento y al que si he dedicado la mayor parte de mi tiempo, es ver a mis hijos en la Universidad a pesar de sus situaciones especiales. Fueron horas de estudio extra, de desvelos, terapias, sacrificar un año de estudio para pagar médicos, lentes, psiquiatras, etc.

Por otro lado, mis hermanos consideran que, al haber recibido apoyo de mis papás durante todos estos años, solo a mí me toca el cuidado de mis padres, y no es que mis hermanos no hayan recibido apoyo. ¡También lo recibieron! Pero yo soy mujer, divorciada, loca, sin trabajo, nómada… Yo nunca voy a tener las de ganar…

María de Lourdes Árevalo Guízar

Testimonio 6

Mi abuela una mujer de 60 años, toda su vida vivió la explotación, desde pequeña perdió a su mamá y la tía que la crío la educó en las cuestiones del hogar pues tenía que ganarse su lugar por lo que debía atender a sus primos y sus hermanitos, apenas sintió un respiro cuando pensó que al casarse tendría una mejor vida, sin embargo esto no sucedió, pues le tocó un hombre fiel al patriarcado, desdé el primer hijo las golpizas era pan de cada día, pero todo empeoró cuando se volvió alcohólico, y ella aparte de estar embarazada del tercer hijo, tenía que ver cómo conseguir dinero para darle de comer a sus hijos, aprendió de todo, fue estilista, cocinera, enfermera, zapatera, tapicera, y costurera, lo que más le gustaba hacer, mientras trabajaba tenía que atender a sus hijos y al hombre, cuando llegaba del trabajo debía quitarle los zapatos y tener lista la cena, también debía levantarse a las 5 de la mañana a darle desayuno y dejarle el uniforme listo para que se fuera al trabajo, después los hijos se irían a la escuela y ella se pondría trabajar porque ella sabía que cuando el cobrara no traería nada a la casa, para el cuarto embarazo sufrió una golpiza que la dejó casi ciega, nunca pudo dejarlo, pues su único momento de paz era ir a la iglesia y para la religión católica tienes que ser fiel a tu hombre y si te casaste tiene que ser hasta la muerte (varias veces casi llega ese punto).

Ahora a sus 60 años sigue atendiendo a este hombre que ya está jubilado mientras ella no tiene nada pues no pudo continuar con ninguno de sus oficios.

Patricia Lizbeth Salas Flores

Testimonio 7

Hace unos días compartí en mi muro un post que habla sobre la romantización del abandono del padre en nuestra sociedad mexicana, donde se justifica la ausencia voluntaria, cito al post: “como si fuese una injusticia del destino” o “algo que les ocurre a los hombres y no pueden manejar y pues, ellos se lo pierden”. Al respecto, una amiga, en un comentario sostiene que encontró la forma de disfrutar todo ese proceso sin dificultad, pues tiene la oportunidad de ser una mujer fuerte ante los ojos de su hijo, pues es independiente de poder criarlo inculcándole grandes virtudes sin estar conciliando con la forma de pensar de otro y siendo ella egoísta pues, ese hijo es sólo suyo, pero al final, cito, dice lo siguiente:
“… de verdad siento pena por ese hombre (el papá de su hijo), siento tristeza y vergüenza por él de igual manera, porque yo en su lugar así me sentiría, yo no podría vivir feliz y ellos, aunque no lo parezca, no viven felices y nunca lo podrán vivir y así, los hijos crecen sabiéndose un regalo, una bendición (…) pero no cabe para mí decir que mi hijo es una obligación, el vino a alumbrar mi vida y no a comprometerla” (sic).

Su respuesta me dejó sin palabras, porque su discurso sigue reflejando el estereotipo que se espera exista en la MATERNIDAD EN SOLITARIO, por lo que a continuación respondí:

Creo que las mamás que sacan adelante a sus hijos solas, son unas mujeres no sólo valientes, también chingonas; muchas de ellas tienen muchos recursos (mismos que siempre se consiguen por medio de esfuerzos en tiempo y en trabajo) no sólo los económicos o emocionales; habrá otras que deban conseguir los medios para sacar adelante a sus retoños y ¡qué admirable! Pero independiente a estos recursos/medios y amor que se siente por sus hijos, coincido en lo injusto que es la existencia de la MATERNIDAD EN SOLITARIO. No lo considero justo, porque los hijos no son sólo los hijos de esas madres, también lo son de los varones, muchos de ellos irresponsables y digo muchos, porque existen las viudas y las mujeres que por “equis” o “ye” desde su embarazo se sometieron a procesos costosos para poder embarazarse y lo decidieron así desde que lo engendraron; se me olvidaba incluir a las mujeres que tienen pareja, pero que estos son unos completos inútiles y por eso también tienen una maternidad así, pero con el doble o el triple de trabajo. Mi comentario va en función de esas mujeres fuertes, valientes, despectivamente llamadas «luchonas», dependiendo el contexto, que se toparon con individuos irresponsables, como sucede no sólo en México, sino en todas partes del mundo. Entonces no sólo hay un puñado de mujeres en esta situación, hay millones y esto no lo convierte en algo natural o correcto, como el discurso social-patriarcal lo ha estado normalizando, imponiendo argumentos que parecen válidos porque son aceptados por la mayoría, heredados desde tiempos inmemorables y que sirven para perpetuar la inconsciencia, promoviendo el silencio y la culpa, porque «qué terrible esa madre que se cansa por llevar a acuestas todas las actividades de crianza y trabajo que en teoría, deberían ser compartidas». Esa madre que reconoce tener necesidades físicas, emocionales, afectivas y también sexuales, que termina agotada, enfadada, frustrada por falta de tiempo para sí misma y además se atreve a expresarlo con sus amistades, su familia o busca otros medios como escribir un artículo o hasta demandar por medios legales al padre en cuestión y hacer válidos sus derechos; la cual no es para nada una mujer egoísta, es un ser humano que se reconoce como tal y está en todo su derecho de poder saciar sus deseos y necesidades. Considero que tener hijos no significa ser esclava de los deberes, ni de los hijos, pero el prototipo impuesto ha sabido imponer sus cánones y todo lo que quede fuera de él es mal visto, incluso expresar que no se es feliz con tal o cual vida. Y bueno, ser MADRE EN SOLITARIO, es un beneficio para el padre irresponsable, porque como la madre es bien chingona y ella realizara todo el esfuerzo, él puede hacerse pendejo todo lo que quiera, mientras finge ser un hombre modelo y nadie va a recriminarle nada, pero sí lo van a seguir solapando, y una forma de solaparlo es quitarle responsabilidades adjudicándose todo el trabajo, justificándose como una mujer chingona que todo lo puede, así lo veo y ojo aquí, no estoy hablando de nadie en particular. La mamá en solitario va a tener a sus hijos y ese amor maravilloso (aquí muchas van a estar en desacuerdo conmigo y ¡pinche Lizbeth, no mms, ¿cómo puedes pensar así?!

Y van a pensar en el infeliz -mi ex pareja y padre de mi hijo-, ¡pobre! ¡Y mis traumas! -pues ya lo he escuchado-) porque el amor de madre lo puede todo, pero para mí, aunque es lo más importante, no lo da todo y no lo es todo, porque un hijo es un hijo, no una pareja, no un amigo, es un ser independiente que va a tonar su rumbo y él hará su carrera, él tendrá sus hijos, su propia vida; pero para la madre en solitario, que tiene sus propias capacidades, mismas que puede desempeñar en un trabajo, estudiando su propia carrera, teniendo su propio negocio, que tiene capacidad de amar no sólo a su hijo, también a otra pareja, ¿por qué no?, su capacidad de reproducirse y sentir placer y estos placeres son bien bonitos (¡qué cochina soy por pensar en eso! Pero me gusta sentirlo, la verdad, me pongo de muy buenas, ¡ya ustedes sabrán! me gusta que me amen, amar; también me siento poderosa cuando paso las materias de la escuela, avanzo en la danza, el inglés, italiano, náhuatl –esquiusmi, ya me proyecté, maldita cuarentena, ¡quédense en sus pinches casas, que quiero salir en junio! ja ja ja-). Y para eso hay discursos que minimizan y censuran esas necesidades, tristemente; por ejemplo, “estás loca”, “para qué abriste las piernas”, “tú te lo buscaste”; el punto es siempre minimizarlo o burlarse y lo peor es que las mismas mujeres terminan reduciendo sus necesidades e intentan sustituirlas con algo diferente; a veces eso sale peor, hay muchas enfermedades mentales, como la depresión, la ansiedad, por mencionar algunas. Tampoco creo que haya una pelea entre saber que se está sufriendo una injusticia, con el amor que se le tiene a los hijos y este mismo discurso pretende infundir que el no estar conforme con lo que se vive y expresarlo, es no sentir amor por ellos, lo cual es completamente falso. Creo que el silencio y la sumisión los afecta mucho más; a lo mejor en apariencia no emocionalmente, pero sí en la percepción que están aprendiendo del mundo, perpetuando nuevamente, el mismo modelo de vida que vieron y que se ha repetido por siglos. Creo que los hijos se merecen madres sanas y felices, no madres que finjan serlo, el mundo no necesita madres «perfectas» que se aguanten y se resignen, sino mujeres libres y auténticas y eso muchas veces no lo da la MATERNIDAD EN SOLITARIO, porque hay muchas que viven en pobreza, al límite, sin educación, con carencias para ellas y para sus hijos, sin oportunidades y si a eso le sumas la indiferencia de la sociedad/familia, ¿qué futuro para ellas y para los niños? y no son pocas, son las más. Hay madres que, como te decía, tienen quien les tienda una mano y así poder tener un respiro, me viene a la mente un meme de esas abuelas que apoyan para que la madre pueda estudiar, pueda salir con algún galán, tener sexo ¿por qué no?, un dinerito extra que te pasen, arropar al crío cuando las mamis están enfermas o cuando les rompieron el corazón (¡gracias mamá, papá, hermano y amigas!); pero hay otras que definitivamente no tienen a nadie. Hay un panorama más amplio del que podemos ver y ni yo los tengo todos. Ahora, ese respiro que dan las abuelas, es el respiro que les toca a esos padres irresponsables dar, pero no lo hacen y no lo harán nunca si no se reconoce que el abandono es parte de la violencia que existe hacía la mujer y hacia sus hijos, porque es violencia, y si no la es, definitivamente creo que la genera. El amor reciproco entre madre e hijo siempre es maravilloso exista el padre o no, quizá su permanencia influya de diferente forma por el concepto que tendrá el hijo de la madre; pero el amor del hijo por la madre no debería, en mi opinión ser una justificación, exoneración o un consuelo para el abandono del padre irresponsable. La mamá nunca va a ser el papá y nos guste o no, esa parte les va a hacer falta, aunque se diga lo contrario, porque los niños también tienen necesidades afectivas que no corresponden sólo a su mami; y a las mamás también les hace falta esa parte, en cuestión de la repartición de los deberes y del dinero, y quien diga que no, miente; más bien las funciones del padre, las asignan a un familiar, un padrastro una persona de confianza y se apoyan en él, espero explicarme en esta parte, porque una madre sola no puede llevar a cabo todas las actividades con su hijo, pues hay que trabajar, sino ¿quién va a pagar la renta? ¿los alimentos? ¿la ropa? ¿los servicios? solos no se cubren, los deberes domésticos y afectivos tampoco. Todos necesitamos de un apoyo y cuando el puesto de papá está desocupado, lo sustituye alguien de confianza, porque insisto, solas no se puede; tristemente hay quienes lo hacen, pero se merma su salud mental, emocional y física, ahí hay muchas abuelas que se dedicaron en cuerpo y alma al hogar.

Honestamente no creo que todos los padres son como el que tiene tu hijo, que sufre y no es feliz por no tenerlo a su lado; hay muchos tipos de hombres y de padres, algunos bien vale madres, cuyos hijos les valen tres hectáreas de longaniza, así de culeros los hay en el mundo. Considero que el vínculo de la madre con el hijo se forma desde que uno está embarazada, ya está ahí, se siente, se alimenta, pero con el padre se da de formas diferentes y si no hay convivencia, ¿de qué forma el padre va a formar un vínculo y amar a su hijo si desde el principio o en alguna parte de su vida dejó de importarle? me parece que en ese sentido sí se romantiza y se vive en el engaño y este engaño da un consuelo equivocado a las madres, no las empodera, ni las hace fuertes, las vuelve pasivas y las aleja de la verdad, hasta el punto de evitar hacer valer sus derechos y los de sus hijos, en muchas ocasiones y las anestesia de la realidad, inventando argumentos.

No se trata de odiar al padre, pero tampoco de agradecerle por su ausencia, se trata de crear responsabilidad, a través de la concientización de lo que está ocurriendo.

A lo mejor existe un karma, pero lejos de estos aspectos misteriosos, existen leyes, las cuales no los obligan a realizarles visitas o a cuidarlos, pero si a darles un dinerito, aunque sea significativo, un dinero que no es de la mamá, pero que es del hijo y es su derecho.

Y bueno, ya para finalizar, creo sumamente importante el que se reconozca este abandono paterno, entre otras cosas, porque es uno de tantos pasos para concientizar y visibilizar situaciones que usualmente se viven en silencio y a solas, por ser temas estigmatizados y por las presiones sociales y familiares. Es importante modificar este prototipo de maternidad impuesta, donde la mujer se somete a un tipo de vida esclavizante que va en contra de las necesidades básicas que un ser humano necesita y que, mañosamente, se disfraza como maternidad amorosa, que todo lo puede y lo soporta, incluida la normalización de la indiferencia y las canalladas de un sujeto hacia ella y hacia sus hijos. Un primer paso es hacer visible lo oculto; el objetivo es ser libres, sanas y felices y así tener una vida de calidad para una misma y para sus hijos. Y sí, los hombres tendrán que cambiar también, adaptarse, así como hace miles de años la mujer lo hiciera para formar la familia como hoy la conocemos (que ha traído más infelicidad y rezago para el sexo femenino, aunque siempre disfrazado), de tal forma que las cosas sean equilibradas para ambos sexos, en deberes y derechos en todos los aspectos.

Ahí termina mi comentario, sin embargo, quiero agregar, apropósito de que el tema está relacionado con el trabajo, que cuando se vive la maternidad en solitario muchas veces se vulnera la salud de la madre y hasta del niño; tan sólo recuerdo las horas extras realizadas para poder pagar esos servicios que ya mencioné y que no se pagan solos; el estrés por llegar puntual porque un minuto implica retardo y la pérdida del necesario bono; recuerdo el trámite tan engorroso y tedioso para inscribir al niño en la guardería, los permisos para las juntas, correr para la entrada a la escuela y muchas otras para la salida; esos nervios para pedir nuevamente permiso en el trabajo porque está enfermo, las medicinas. Me viene a la mente cuando solicité la pensión alimenticia, un verdadero infierno, la demanda por violencia familiar y el tipo sigue impune, nunca tuve el dinero suficiente para llegar al precio de un “buen abogado”. Y entonces mi amiga me pide quitarme la idea de víctima, pero yo insisto en que tomar consciencia de lo que acontece me permite tomar decisiones reales y acertadas para esta vida invivible muchas veces.

Esta vida que nos inventaron para muchas es imposible en diversas situaciones y, aun así, muchas despertamos con la idea de enfrentar la realidad todos los días y hasta con las ganas de transformarla.

P.D.- Odio el marketing de la positividad toxica.

Lisa Omixochitl

Testimonio 8

Por las noches, María abre la puerta sigilosamente, camina sobre el pasillo oscuro, se sienta en el piso y rompe en llanto silenciosamente para no despertar a su hijo Pedrito con apenas unos meses de nacido.
Y así como pasa con María, les sucede a muchas madres a quienes la presión familiar y social las come; lo curioso y decepcionante, es que son las mismas integrantes mujeres de la familia quienes ejercen más presión; desde que si usas faja postparto para que no te cuelgue nada; si das leche materna o fórmula, porque si le das leche materna no puedes consumir tales o cuales alimentos; malo si solo le das 6 meses, y peor si le sigues dando hasta el año, que porque “ya solo es agua y no les nutre”; que si duerme con los padres malo, si lo hace en su cuna solo, también; que si lo cargas lo harás berrinchudo, pero sino lo cargas eres mala madre, incluso, en los grupos de mamás “actualizadas y conscientes” existe competencia de quién caminó o habló o controló los esfínteres antes; y todo por encajar, pero culparlas a ellas sería cruel, es el capitalismo quien ha generado competencia innecesaria en las personas.

Una vez terminando de secar sus lágrimas, María regresa al cuarto para descansar, aunque sea un momento, antes de que Pedrito se despierte para hacer su siguiente toma.

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