Morena y la incapacidad para combatir el imperialismo

Mauricio Medina, Isa Marín

Morena nació como la expresión del cansancio de las masas contra los gobiernos del PRI-PAN y los brutales ataques hacia la clase trabajadora. El inicio de su proyecto político, la 4T, implicó una serie de promesas para mejorar las condiciones de vida del pueblo mexicano y la conquista de algunas reformas parciales. Sin embargo, a 15 años de su fundación, y en un contexto de fuertes presiones del imperialismo nortemericano, el partido oficialista se enfrenta con un cancerígeno proceso de burocratización interna, alianzas con viejos sabuesos de la política y un programa abiertamente más conciliador con la burguesía nacional e imperialista que le está llevando a dar la espalda a las luchas populares. 

La crisis de Morena

Las elecciones presidenciales que le dieron el triunfo a Sheinbaum demostraron que las masas siguen confiando en Morena para la construcción del llamado segundo piso de la 4T. Lastimosamente, lo que se les ha entregado de vuelta dista mucho de las promesas iniciales: Existe una falta de respuesta contundente contra las presiones imperialistas de Trump; una represión abierta a las luchas que antes defendían (la CNTE, las madres buscadores, Ayotzinapa, etc.); falta de soluciones para resolver la crisis de violencia; y un proceso de descomposición interna en el partido oficialista.

A cada paso, se parece más a los viejos regímenes políticos que sus propias bases rechazan y, en esencia, lo es. Su política es la defensa del capitalismo a través de la conciliación de clases. Esto ha significado que en la demanda por pensiones dignas, se han puesto del lado de los grandes bancos, no de los trabajadores. En la lucha por la reducción de la jornada laboral, la aprobaron bajo los términos de los empresarios. 

Morena se ha convertido en el partido hegemónico del país: de 2024 a 2026 ha afiliado a más 12 millones de personas, mantiene el control de ambas Cámaras legislativas, 23 gobiernos estatales y la mitad de los congresos locales. Pero en la medida que ha avanzado, el partido se ha burocratizado, han integrado a políticos de los tradicionales partidos burgueses, varios activistas fundadores se han adaptado al Estado oportunistamente y las bases han perdido capacidad de influir en sus decisiones. 

A inicios del presente año, las reformas electorales propuestas por Sheinbaum fueron rechazadas en las cámaras, por primera vez en el periodo de la 4T. La razón es sencilla: trastocaba los intereses de las burocracias de las bancadas (los puestos plurinominales y los gastos electorales), incluso entre elementos de Morena, PVEM y PT. Muestra del proceso de degeneración que empieza resquebrajar sus propias filas. 

A lo interno del partido, las aspiraciones de sus políticos son radicalmente opuestas a las necesidades del pueblo. Cada vez se amplía la lista de exprísitas y panistas que no quieren quedarse sin hueso. Además, las presiones externas han llevado a una acumulación de acusaciones hacia morenistas presuntamente vinculados con redes de huachicol fiscal, crimen organizado y corrupción, como es el caso de Adan Augusto, Jesús Ramírez Cuellar  y Rubén Rocha Moya. 

El intervencionismo estadounidense y la derecha están forzando para destapar la cloaca que existe en el partido oficial, pero no es deber de estos reaccionarios, sino de la clase trabajadora entrando a la vida política, la de transformar por completo este sistema.

Morena se prepara para fortalecerse de cara a las elecciones del 2027, con un recambio en su dirección nacional. Ariadna Montiel promete que en su dirigencia “los corruptos no tienen cabida” y llama a recordar los orígenes del movimiento. Aunque en el discurso parezcan palabras correctas,  demandas históricas como Ayotzinapa, justicia para las víctimas de feminicidio, vivienda digna y demás, no son mencionadas y continúan irresueltas. Los discursos son insuficientes cuando lo que vemos es el resultado orgánico de los límites de la política reformista y el inevitable cansancio de las masas. 

El reformismo no combate el imperialismo

Si bien ciertas reformas impulsadas resultan progresivas para la clase trabajadora en un primer momento, el panorama cambia cuando estas amenazan directamente las ganancias de la burguesía nacional o imperialista. Es ahí cuando los gobiernos reformistas mutan hacia las contrarreformas y a la abierta represión sin escrúpulos contra las luchas obreras que tanto se vanaglorian de “proteger”, dejando al desnudo el verdadero carácter de clase del Estado. El terreno de la política se mueve fundamentalmente por intereses de clase, lo que lleva a que la balanza se mueva de un lado o el otro.

Es interesante el contexto actual del Estado mexicano sometido a las presiones del imperialismo. Cuando existen las condiciones de ebullición, se revelan y aceleran las contradicciones de la política reformista: La 4T, aunque se esconda tras la retórica demagógica, su discurso resulta insuficiente cuando enfrenta  la  miseria y creciente frustración de las masas que comprueban que nada cambia, por el contrario, todo empeora. 

Así como promete mejoras a nuestras condiciones de vida, también se sienta en mesas de negociación —y sumisión— junto a empresarios multimillonarios y banqueros, nacionales y extranjeros, para garantizar que el orden basado en sus reglas, continúe intacto. 

Está claro que el gobierno reformista de Morena choca progresivamente contra los límites de sus propias contradicciones, comenzando por el hecho de que jamás tuvo intención de romper con el capitalismo. Pronto, no sólo será incapaz de ofrecer a los trabajadores nuevas reformas sociales; ni siquiera pequeñas limosnas. Se verá obligado a recortar las que antes concedió. 

En el terreno de la lucha nacional, los maestros se han encontrado con un Estado represivo, armado hasta los dientes de cara al mundial. Y ante la intensificación de las amenazas de Trump con la excusa de “atacar a los cárteles”, Sheinbaum proclama a las masas que México no acepta injerencia extranjera. Al mismo tiempo, se reúne con el capital financiero (BlackRock) y mantiene subordinada la economía y su política de seguridad a las exigencias de EEUU. 

La cúpula de Morena ahora defiende a capa y espada la estrategia de soberanía nacional, pero si el imperialismo sigue apretando, no descartamos que su influencia empiece a tener efectos de ruptura a lo interno del partido oficial. 

La derecha vendepatrias

Mientras los partidos reformistas se descomponen y pierden credibilidad ante las masas, el populismo demagogo de derecha gana terreno. Este proceso aún en una fase inicial en nuestro país lo hemos visto más desarrollado en varios países de Latinoamérica. ¿Cómo llegan Kast, Milei, Paz —una junta de reaccionarios de ultraderecha al servicio del capital extranjero— al poder? La respuesta es sencilla: por la bancarrota de la izquierda reformista. 

En México, Morena conserva aún un apoyo de masas amplio y la derecha no representa el contrapeso político que dicen ser. Pero la cuestión no es si la derecha golpea hoy, sino lo que significaría para la clase obrera mexicana la llegada de un gobierno de derecha en el futuro que buscaría revertir las conquistas históricas de nuestra clase y convertir al país en siervo del imperialismo gringo. 

La vieja oposición en México ha dejado un largo rastro de miseria; su legitimidad ante las masas es minúscula. Sin embargo, algunos sectores, particularmente los más conservadores, aún depositan su confianza y quieren agrupar sus fuerzas con apoyo del imperialismo. Alito, presidente del putrefacto PRI, ha dicho que “logrará el milagro mexicano para devolverle el poder a México” y llama a una alianza, PRI-PAN-MC, en “defensa de la democracia” —democracia burguesa, querrá decir— de cara a las elecciones del 2027. 

El PAN, por su parte, ha dejado clara su política abiertamente entreguista. En Chihuahua abrió las puertas a la CIA y sus dirigentes reciben a la derecha española que quiere darnos lecciones de soberanía. Como el camello bajo la fusta del camellero, el PAN se pone de rodillas para que el imperialismo yanqui se siente entre sus jorobas, sin que nadie se lo pidiera. 

La lucha por el socialismo 

En la lucha antiimperialista, los políticos de Morena han demostrado ser unos merolicos que hablan de soberanía nacional sin darle un sentido de clase, incapaces de ofrecer una salida para combatir al gigante norteamericano. De la expropiación de los grandes capitalistas y la organización independiente del proletariado ni se habla. Por el contrario, impulsan el Plan México, un programa que reordena la economía nacional en favor del capital privado, nacional y extranjero, en medio de la disputa por esferas de influencia entre EEUU y el imperialismo chino en ascenso.

No negamos que en la base de la 4T existan personas honestas que buscan un cambio real, pero para conseguirlo no basta con buena voluntad, es indispensable una posición revolucionaria. La salida únicamente puede darse a través del puño del proletariado organizado. No puede ser de otra manera. El problema del reformismo es que busca apaciguar esta perspectiva. En su afán de calmar las aguas, desmoviliza  precisamente al combatiente proletariado dispuesto a luchar contra el imperialismo. 

Sheinbaum declaró que su movimiento no es de izquierda, sino “humanista”, pero dentro del marco capitalista, esto solo significa que la igualdad que tanto pregonan es en virtud de mantener la explotación. 

La degeneración de Morena empieza a evidenciarse en un proceso que inevitablemente llevará a la bancarrota del reformismo en el país. Bajo la superficie, empieza un proceso molecular de acumulación de experiencia en las masas. Cuando la confianza en este sistema se agote y el orden comience a tambalear, la derecha no puede ser ninguna opción. La clase trabajadora debe comprender la necesidad de tomar las riendas de su propio destino, para ello es necesario una dirección obrera que no traicione a su propia clase. El papel del Partido Revolucionario Comunista es vital para ello. Si concuerdas con nuestras ideas, únete a la lucha por el socialismo.