Mireles y su verdadero legado: la experiencia revolucionaria de las autodefensas

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El 25 de noviembre pasado falleció, víctima del COVID-19, el Doctor José Manuel Mireles Valverde. El ex vocero de las autodefensas murió con apenas 62 años de edad. Su salud había sido quebrada tras casi tres años de permanecer en la cárcel en un proceso totalmente irregular con el que el gobierno de Peña Nieto quiso dar un castigo ejemplar a las autodefensas que no se sometieron al gobierno. Por esto su temprana partida es responsabilidad del régimen corrupto que aun hoy no termina de morir.

Míreles nació en Tepalcatepec y se graduó como médico cirujano en la Universidad de Michoacán, fue migrante durante muchos años y como médico ganaba 8 mil pesos quincenales. Bajo las siglas del PRI fue secretario de deportes en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, con el PRD participó en la lista plurinominal para integrar el senado y fue asesor en asuntos de salud del gobernador Leonel Godoy.

Fue el contexto de barbarie y violencia del narco lo que empujó a personas como Mireles a crear las autodefensas. Existían ya ejemplos como el manifiesto de Ostula del 2009, en donde indígenas nahuas de esa localidad michoacana plantearon el derecho de los pueblos a la autodefensa. En su calidad de comuneros logran la recuperación de 700 hectáreas de propiedad comunal arrebatadas por los caciques. Cherán en el 2011 fue el siguiente episodio que mostró el camino a seguir. Aquí los pobladores expulsan a los madereros y a los policías, formaron un autogobierno que continúa hasta la actualidad.

El detonante para Mireles fue cuando los “Guerreros Templarios” —grupo de narcotraficantes— comenzaron a secuestrar niñas de 11 a 14 años de los ranchos, pidiendo a sus padres que las entregaran bañadas. Luego las devolvían embarazadas.

Hablamos de un contexto donde pequeños comerciantes, rancheros y pueblo en general eran (aún lo son) aterrorizados, extorsionados y secuestrados por esos grupos de matones. En Tomatlán eran limoneros extorsionados, en Tepalcatepec los productores de carne y queso, en otras regiones los productores de aguacate, etcétera. Todo como producto de una guerra criminal desatada por el gobierno de Calderón para imponerse tras un fraude electoral y favorecer a una serie de cárteles mientras arrebataban el mercado a otros.

Hipólito Mora, la otra figura de las autodefensas, era un productor de limones en la localidad de Tomatlán que no pudo resistir más que sus hijos no pudieran cortar los limones de su propio huerto por las extorsiones del narco. Las autodefensas surgen en febrero del 2013. En sus inicios eran unos 250 voluntarios de Tomatlán y Tepalcatepec que estaban dispuestos a enfrentarse con las armas a los Guerreros Templarios. Para el 2014 ya eran unos 10 mil integrantes en todo Michoacán (tres mil sólo en Tepalcatepec). Las autodefensas detenían a los matones —los pobladores sabían bien dónde vivían—, desarmaban a los policías municipales coludidos con el narco y tomaban el control de las comunidades con barricadas y pueblo armado. Entregaban a los delincuentes a la policía aunque la mayoría de las veces estaban de nuevo en la calle en pocos días. Sin embargo, desde su creación hasta el 2014, las autodefensas logran imponer la paz y extenderse desde Buenavista hasta la costa. Lo que no pudo hacer el gobierno en años de supuesta guerra contra el narco lo lograron las autodefensas en menos de un año.

Las acciones revolucionarias de las autodefensas iban muy por delante de su limitado programa o, mejor dicho, la falta de éste. En realidad entre el 2013 y 2014 existió en Michoacán un doble poder: el poder de las autodefensas que desafiaba en los hechos el monopolio de la violencia del estado burgués. Las autodefensas no sólo hacían justicia por su propia mano, en algunas localidades devolvían las huertas arrebatadas a sus dueños originales. Ambos poderes no podían coexistir indefinidamente. El defecto fatal fue la falta de reivindicaciones sociales que superaran las razones de su origen: el tema de la seguridad al que se redujeron sus reivindicaciones y los intentos ingenuos de negociar con el gobierno. Las acciones de corte militar de las autodefensas no se enmarcaron bajo un programa que incluyera a todo el pueblo, que recuperara las demandas de los trabajadores, campesinos, estudiantes, mujeres y pequeños productores.

En parte este defecto se debió a la heterogeneidad de las autodefensas que agrupaban a medianos empresarios, ganaderos y pueblo en general y que no estuvieron nunca bajo control de asambleas populares como sí fue el caso de las policías comunitarias que aún existen en el sureste del país, especialmente Guerrero. Debido a este perfil más social de las policías comunitarias estas últimas siguen existiendo.

Aquella falta cobrará factura. A inicios de 2014 las autodefensas tomaron Apatzingán tras tomar Parácuaro y Nueva Italia. En los municipios liberados, unos 30, se respiraba por primera vez en años un aire de libertad. Pero el gobierno de peña Nieto, que nunca combatió a los narcos, concentra toda su atención en contener, desarmar, cooptar y reprimir a las autodefensas a través de su comisionado, el corrupto Alfredo Castillo. Unas son cooptadas en la forma de policías rurales, los elementos más tendientes a la corrupción –como el “Papá Pitufo” y el “Comandante Cinco”- aceptan gustosos el camino institucional. Las autodefensas, como la de Aquila, que amenazaban el poder de las empresas mineras, fueron brutalmente reprimidas. Hipólito es detenido el 12 de marzo del 2014 y Mireles el 27 de junio de 2014, es obligado a pedir “disculpas”. Al gobierno no le bastó encerrarlo por casi tres años sino que quiso humillarlo y destruirlo moralmente. Sale de la cárcel en 2017 y es absuelto en el 2018, pocos días después del triunfo de AMLO. Desde la cárcel Mireles había defendido la necesidad de acudir a las urnas para, por la vía electoral, cambiar de gobierno. Al momento de su muerte fungía como subdelegado médico del ISSSTE en Michoacán.

Mireles fue un luchador social y un hombre de izquierda valiente que, a pesar de sus contradicciones y vaivenes políticos, demostró en los hechos que el pueblo armado puede imponer la paz como no puede hacerlo el estado burgués, ni tampoco podrá hacerlo la Guardia Nacional. Tras acabar con los comités de autodefensa el narco regresó con mayor fuerza y hoy la violencia en Michoacán es peor que nunca. Queda de manifiesto que fue el pueblo armado el único que pudo lograr la paz, aunque fuera temporalmente.

AMLO manifestó su pésame por la muerte de Mireles pero creemos que si la 4T quiere hacerle un verdadero homenaje es apoyándose en experiencias como las de las autodefensas, Cherán, Ostula y las policías comunitarias del sureste para imponer la paz y zafarse del chantaje de los altos mandos del ejército que obtuvieron el trofeo de Cienfuegos y que están agazapados esperando su momento para intentonas golpistas.

Para nosotros los marxistas las autodefensas fueron el embrión de un nuevo poder que muestra el camino para que los trabajadores y el pueblo podamos sustituir al aparato represivo y asesino de los militares y policías del estado burgués. Un gobierno obrero tendría que apoyarse en el pueblo en armas para expropiar a la gran burguesía e iniciar la transformación socialista de la sociedad. Para nosotros este es el legado valioso que recuperamos del Doctor Mireles, el empoderamiento del pueblo y el rompimiento del prejuicio estúpido de del “monopolio legítimo” de la violencia por parte del estado burgués.

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