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México 2018. Fin de las precampañas y la lucha por un programa anticapitalista

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Escrito por Rubén Rivera

Se han cerrado las precampañas electorales que, dados los registros únicos, vimos una primera fase de la campaña electoral, en general podemos decir que el proceso es más cercano al 2006 que al 2012. A continuación, los explicaremos: la mayoría de las encuestas coinciden en que Andrés Manuel López Obrador lleva una amplia ventaja con un 34% de preferencias, frente a Ricardo Anaya con 23% y un Meade muy rezagado con 18% (Parametría).

Incluso medios de extrema derecha como los editores de El Financiero coinciden en las diferencias y en el orden de las preferencias (38, 27 y 22 respectivamente).

A estas alturas en el 2012 la ventaja de Peña Nieto era superior a los 10 puntos, mientras que, en el 2006, pese a la ventaja en las encuestas AMLO ya estaba sufriendo la campaña de lodo más grande de nuestra historia reciente.

El apoyo a Meade y a Peña

La última encuesta de niveles de aprobación del gobierno (septiembre del 2017) arrojaba un dato muy esclarecedor, tenía un porcentaje del 22%, es decir prácticamente igual al apoyo al candidato oficial, es decir, inexorablemente la población identifica al candidato priista con el gobierno de Peña Nieto , no existen razones para creer que en estos 5 meses que faltan para la elección las cosas cambien drásticamente, de hecho la debilidad del peso, impulsada por una nueva debacle de las bolsas de valores a nivel internacional, el alza constante del precio de la gasolina y una nueva caída del mercado interno provocada por un incremento en las tasas de intereses y una mayor inflación, son la receta acabada para que Meade asegure el tercer puesto, aunque es probable que el voto duro del PRI le permita una votación entre el 15 y el 20%.

El propio gobierno era consciente de que el nivel de desprestigio sería un gran problema para ellos, de tal modo que se vieron en la necesidad de abandonar la idea de que fuese un candidato del propio partido quién se postulara por el PRI, cediendo el puesto a un tecnócrata filopanista, la idea era generar una especie de coalición de hecho PRI-PAN.

No obstante, esta fórmula tampoco es nueva, tanto priistas como panistas han compartido cargos gubernamentales desde el sexenio de Ernesto Zedillo y es complicado explicarles a las masas cuáles son las diferencias o ventajas de votar por un candidato que siempre ha trabajado para el PRI, que es de padres priistas pero que, según él, no es del PRI.

El candidato PAN-PRD

Por su parte el candidato del PAN Ricardo Anaya tampoco presenta un perfil muy atractivo, en general se habla de un nivel de simpatías entre el 20 y el 25 %, pero recordemos que ese partido en la última elección (2015) obtuvo un 22% de votaciones, el PRD obtuvo un 11 % y Movimiento Ciudadano obtuvo un 6%; de hecho, si vemos estas cifras entendemos que los dirigentes de dichos partidos daban por sentado que podrían sumar hasta un 40% de preferencias. No obstante, la preferencia es apenas igual a lo que el PAN logró, nos preguntamos ¿en dónde están los votos del PRD y MC? Lo cierto es que la mayoría está optando por AMLO. Los estrategas de este frente se equivocaron al creer que podían sumar aritméticamente, independientemente de su oportunismo.

A pesar de esas cifras, no hay duda que las presentes precampañas han resultado una especie de elección primaria entre el PRI y el PAN, que a la larga terminará por sumar todos sus esfuerzos para fortalecer al candidato más fuerte frente a AMLO, tratando de transferirle tantos votos como pueda.

Crisis política de la burguesía

Una cosa son las intenciones de los estrategas más inteligentes de la burguesía y otra cosa es lo que en realidad pueden hacer con lo que tienen, no olvidemos que uno de los rasgos más característicos de los procesos revolucionarios es la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando como hasta ahora. No podemos, por ejemplo, explicarnos la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela sin la terrible debacle del sistema político burgués en los años previos a 1998.

El problema de la burguesía mexicana es que realmente vive una crisis política, derivada del desastre nacional al que ha llevado su política de rapiña. El único móvil del capital es la ganancia y en el contexto actual sólo sobrexplotando a los trabajadores podrían sostener dichos beneficios, solo recortando más y más el gasto social podían mantener a flote una situación cada vez más caótica en las finanzas públicas. No obstante, la consecuencia ha sido una profunda ingobernabilidad, el debilitamiento del aparato del Estado, en parte provocado por las facciones de la lumpen burguesía (específicamente el narcotráfico), que adquieren cada vez más espacios de control.

Algo parecido sucede con la burguesía parásita que vive de las ganancias de la bolsa, o con los grandes oligarcas que viven de los negocios con los grandes capitales externos, ya sea en la banca, en la industria o en los servicios, todos ellos chupan y chupan beneficios directamente por medio de la superexplotación de sus trabajadores, desmantelando las empresas en manos del Estado o por medio de la corrupción gubernamental o la corrupción del narco. Todos ellos coinciden en algo, la actual situación les viene bien para mantener su estatus de privilegio. El problema que todos tienen es que la situación ya no es sostenible. Todos coinciden, es decir “alguien tiene que ceder, pero ese alguien no voy a ser yo”.

En esas circunstancias el escenario de unidad que se dio frente a la elección del 2006, el cual cerró la puerta a AMLO mediante un estrepitoso fraude, está descartado. En suma, la crisis política de la burguesía se expresa (hasta ahora) en su incapacidad para proponer un candidato único, frente a la fuerza de López Obrador.

El Plan B

Por supuesto existe la posibilidad que el imperialismo imponga a uno de los suyos, probablemente a Anaya, no obstante, las posibilidades de que esta maniobra les resulte, como en el 2006, son mucho menores, especialmente debido a la extrema debilidad y división interna. Ya son muchos los representantes burgueses que curándose en salud, han planteado que “López Obrador no estaría tan mal”, uno de ellos es el estratega mediático español Antonio Solá quien diseño el slogan “peligro para México” de 2006, declaró en la Cumbre Mundial de Comunicación el día 6 de febrero: “Si tenemos condiciones normales con un INE, árbitro electoral en toda regla, Andrés Manuel, tengo la certeza muy profunda, muy íntima, de que será presidente de la República”

Otro caso es el empresario de Nuevo León Alfonso Romo, el cual declaró en noviembre del 2017 que el 80% de los empresarios no ven con malos ojos a AMLO, y el mismo es coordinador de su proyecto económico, otro tanto sucede con Esteban Moctezuma Barragán, Secretario de Gobernación de los tiempos de Ernesto Zedillo, encargado de la “política social “.

Ninguno de estos dos personajes representa la lucha por la trasformación social que ha impulsado la candidatura de AMLO, son más bien “garantías” frente a la burguesía en el sentido de que sus intereses serán protegidos.

De hecho, el proyecto alternativo de nación es una especie de compromiso por escrito de que se ha cambiado el “al diablo con las instituciones” por el “que vivan las instituciones”

Esto significa que ¿en esta ocasión no habrá objeción a la posible llegada de AMLO a la presidencia? De ninguna manera, la apuesta de los sectores dominantes de la burguesía será, como van las cosas a Anaya, no obstante, en el caso de que no funcione, trataran de mantener salvaguardas con AMLO como un plan B.

Los independientes

Respecto a los candidatos independientes tenemos que decir que con la excepción de Marichuy todos los demás juegan a “vender caro su amor”, ha sido el dinero o las estructuras burocráticas las que les han permitido conseguir las firmas de apoyo, pero ninguno de ellos tiene posibilidades reales de contender, es posible que incluso, en el caso de no declinar, terminen por hacerle el juego a los oligarcas centrando sus críticas en contra de AMLO en cuanto la elección se acerque.

Ahora bien y ¿qué es del bando popular?, el de los trabajadores, los campesinos y los estudiantes que luchan por una trasformación y que básicamente se han expresado tanto por la candidatura de Marichuy como por AMLO.

El zapatismo en su laberinto

Empecemos por la campaña del EZLN-CNI, sin duda constituía, y lo sigue siendo, una gran oportunidad de promover una campaña a nivel nacional haciendo una crítica seria y demoledora en contra del sistema capitalista, hasta la fecha en que se escribe esto (9 de febrero llevaba 227 mil firmas), es decir necesita más de 600 mil para cubrir el requisito

A estas alturas está claro que no lo logrará, no obstante, el proceso no es de desdeñarse, seguramente habrá al final del proceso 250 mil firmas que representan voluntades de carácter militante, en su mayoría miembros de organizaciones campesinas, sindicales y estudiantiles que políticamente tienen más claro que la mayoría, que el problema no consiste en un candidato sino en un sistema. Esto es una buena base de organización para el futuro.

Hay que decir que la principal responsabilidad para que este proceso no haya prosperado en esta fase, cuando tenía todas las posibilidades de hacerlo, se debe única y exclusivamente a los tradicionales métodos “desorganizativos” que caracteriza todas las campañas neozapatistas, sin duda hubo una absoluta desatención de la campaña, por parte del propio EZLN a tal grado de que ni siquiera en Chiapas había logrado el objetivo del 1% del padrón. (al 8 de febrero tenía 26 mil firmas y necesitaba 8 mil más)

Así mismo llama la atención que los únicos estados donde Marichuy ha tenido más de 10 mil firmas son Ciudad de México con 50 mil, Jalisco con 20 mil y Estado de México con otras 20 mil firmas. Lo que nos lleva a una paradoja, la mayoría de las firmas de apoyo a la candidatura indígena son urbanas.

El programa anticapitalista es el camino

Como sea la campaña de Marichuy podría continuar, aun sin aparecer en la boleta, poniendo en alto, un auténtico programa anticapitalista y exigiendo a los candidatos a que tomen posición frente al mismo, por ello es indispensable que ese programa anticapitalista se defina y se difunda por escuelas, fábricas y por el campo, para que quede claro que objetivo se tiene y como se pretende conseguirlo.

Proponer un programa anticapitalista y sobre esa base hacer una campaña es parte de lo que decía revueltas “antes de ser la conciencia organizada hay que organizar la consciencia”.

AMLO y las masas populares

Ahora miremos un poco el bando popular que apoya y apoyará a AMLO, este sin duda es muy poderoso, y pese a no tener muy claro que quiere sabe muy bien lo que no quiere y no quiere más PRI y ni más PAN, no quiere más corrupción, no quiere más violencia criminal, quiere más salarios y menos privilegios, repudia al sistema de partidos y solo vota por AMLO porque aún recuerda su llamado a “mandar al diablo las instituciones” aún cree que “solo el pueblo puede salvar al pueblo” pero al mismo tiempo considera que AMLO puede ser un vehículo para ello.

Ese sector de las masas populares escucha muchas cosas de AMLO, pero las ha escuchado siempre, desde hace 15 años y esos mismos que lo acusan, han saqueado al país una y otra vez, dicen que AMLO tiene malas compañías, muchos de mala reputación pero se preguntan “ será cierto o será otra de las mentiras que siempre se dicen” ese sector de las masas sigue firme y aumenta, y ese es la base para resistir todo tipo de ataque que se avecina, lamentablemente, es el sector del que el propio AMLO se está alejando cada día para parecer “más responsable”.

Dos caminos

Al cierre de la primera fase de esta contienda, llamada precampañas, podemos decir que AMLO se perfila como el rival a vencer por el sector más rancio de la burguesía y que sin duda, buscarán por todos los medios impedir que llegue, es decir, se perfila un nuevo fraude. Ante este, AMLO tiene dos opciones:

1.- Acudir a la organización de las masas, a retomar las banderas por las que están dispuestos a ir hasta el final y deslindarse de la multitud de oportunistas que hoy tocan las puertas de Morena. Ese sería el camino de la presidencia para Morena y aunque parcial, también una victoria para las masas populares

2.- Acercarse cada vez más a la burguesía, aceptando sus “consejos” y sus consejeros, diluirse como un político burgués más. Si esto sucede en el caso de que se consume el fraude no habrá opción más que el sometimiento ya que estará atado de manos. Pero en el caso de que aun así triunfe, pese a que su sola llegada sería un golpe para el sistema, significaría que las masas tendrían que irse preparando para dar la lucha en contra del gobierno de AMLO, una lucha en la que el programa anticapitalista, es decir socialista, ya no sería un ruido de fondo, sino un tema del orden del día.

Construyamos un programa anticapitalista, un programa socialista

Ni un voto al PRI, al PAN o al PRD

No basta con votar hay que organizarse y luchar

 

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