Lucha de clases y emancipación LGBTIQ+
Daniela Soto
El cuento de la “inclusión”y tolerancia se fragmenta en medio de un clima más violento y represivo para las disidencias sexuales. La opresión LGBTIQ+ (Violencia de clase, laboral, institucional, física, etc.) está inscrita en la producción y reproducción capitalista.
En México, mientras el gobierno e instituciones adoptan este discurso inclusivo, la crisis la continua pagando la clase trabajadora, entre ella las mujeres y la comunidad sexodisidente se llevan el golpe más fuerte. Paralelo al despliegue militar para el Mundial de la FIFA 2026, incrementan las cifras de feminicidios, desapariciones, y transfeminicidios sin tipificación de delito. Al mismo tiempo que se realizan campañas masivas LGBTIQ+, que se celebra la llegada de personas diversas a parlamentos, cargos institucionales o medios de comunicación y redes sociales, la precarización laboral y la falta de acceso a la salud afectan desproporcionadamente a la comunidad sexodiversa.
Esta contradicción entre el discurso y lo que vemos en realidad no es un accidente, y lejos de ser un problema aislado o meramente cultural (como muchos reformistas e ideólogos posmodernos dicen), expresa algo más profundo: la fase actual de crisis del capitalismo, en un escenario marcado por genocidios, rearme y agresión imperialista y el avance de la extrema derecha. Ante esta contradicción, ¿deberíamos concebir la liberación LGBTIQ+ como una escalera de logros legales? Con cada nuevo derecho conquistado, ¿se acercan las personas sexodiversas a la liberación? ¿O más bien la opresión LGBTIQ+ está íntimamente arraigada en la sociedad de clases en el capitalismo?
Discriminación y transhomofobia
Actualmente, 65 países todavia criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo: 7 con pena de muerte y al menos 61 mantienen barreras legales contra las disidencias sexuales y de género.
Las derechas impulsan políticas reaccionarias, por coaliciones conservadoras y religiosas que buscan frenar y revertir avances en derechos sexuales y reproductivos para reforzar la agenda de valores tradicionales. Un ejemplo es Javier Milei señalando que “la ideología de género constituye, lisa y llanamente, abuso infantil”. A la par, su gobierno ha impulsado cambios para eliminar la figura del feminicidio del Código Penal argentino. De igual manera, Donald Trump, ha restringido fuertemente los derechos de las personas transgénero y echado abajo programas de diversidad en Estados Unidos.
Los discursos de odio y los ataques a las comunidades sexodiversas, lejos de disolverse aumentan en tiempos de crisis económica e imperialismo. La discriminación cumple una función económica y política: Fomentar la división entre los propios trabajadores y atacar a la clase trabajadora en un contexto de ajuste, crisis y recomposición del capital.
Estos ataques se impregnan en la vida cotidiana en las escuelas, en el trabajo y en redes sociales, alienando a un sector de la población que posteriormente replica estos mismos discursos de odio. Un ejemplo reciente podría ser el término de la manosfera (del inglés manosphere) donde se agrupan comunidades digitales que promueven discursos anti LGBTQI y misóginos. Estos espacios glorifican una masculinidad rígida y argumentan falsamente que los derechos de género y de la diversidad sexual amenazan directamente los roles de género y valores “tradicionales”. Las personas transgénero y no binarias son fuertemente violentadas y negadas, ya que son prejuzgadas y mal vistas como una de las causas de la barbarie capitalista; pero estas ideas reaccionarias no permiten ver a estos grupos que el problema es sistemático y que el verdadero enemgio es la clase burguesa parasitaria, no nuestra propia clase y la diversidad que nos compone.
Parte de estas ideas “tradicionales” que permean en estos espacios y en cualquier campaña homófoba es la defensa de la familia tradicional, argumentando que la homosexualidad es “contraria a la naturaleza”. Esta defensa férrea de la familia como núcleo de la reproducción de la clase trabajadora tiene un único objetivo, y para nada es construir lazos emocionales verdaderamente humanos, sino que esta estructura funcione para el capitalismo y justificar el odio o rechazo hacia la sexodiversidad. Así, la ideología dominante son las ideas de la clase dominante; estas ideas reaccionarias permean en la clase trabajadora y atacan a las comunidades sexodiversas.
Esto se traduce en una aguda presión a las personas de la comunidad LGBTIQ+. A diferencia de aquellas personas de la burguesía que tienen la libertad de ejercer su identidad, están las disidencias que forman parte de la clase trabajadora, las cuales atraviesan la barbarie de estos ataques, que desencadenan en suicidios y crímenes de odio.
Violencia en México
Entre 2019 y 2025 se han registrado en la república mexicana al menos 672 crímenes de odio hacia la comunidad sexodiversa, de acuerdo con el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra Personas LGBTIQ+ Esto ubica a nuestro país como el segundo con mayor número de delitos de este tipo.
Organizaciones civiles documentaron al menos 24 asesinatos de personas de la diversidad sexual en los primeros meses de 2026, de los cuales 17 fueron cometidos contra mujeres trans. Al día de hoy no hay más cifras en plataformas oficiales.
Entre la falta de registros oficiales, la impunidad, el rechazo, los prejuicios sociales persistentes, es urgente preguntarnos: ¿Es capaz el Estado de resolver la situación de violencia a la que se enfrenta la comunidad LGBTIQ+? Aún cuando pueden ser medidas progresistas la tipificación y penalización de estos delitos, el Estado seguirá siendo incapaz de dar salida a la crisis de violencia generalizada mientras no acabe con la raíz fundamental: la sociedad dividida en clases y el capitalismo.Como la ha sido con el delito de feminicidio, donde a pesar de integrar leyes específicas, protocolos, indicadores (avances que se han conquistado en las calles y no por la buena fe de las autoridades) no hay un cese en las cifras cotidianas, no deja de haber trata de mujeres, desapariciones, violencia doméstica, pues esa es la naturaleza barbárica del capitalismo en su actual fase senil.
El carácter del Estado no es neutral, sino que protege los intereses de la clase dominante. La lucha por demandas concretas es solo el medio, debemos organizarnos en filas de clase por conquistar una vida digna, y enterrar al Estado burgués que perpetúa la violencia de nuestros compañeros sexodisidentes y de la clase trabajadora general para dar paso a una sociedad socialista libre de la explotación capitalista.
Lucha de clases y emancipación LGBTQ
Las y los marxistas decimos que la lucha LGBTIQ+ por su emancipación no puede estar desvinculada de la lucha de clases, no puede abstraerse de demandas como el aumento salarial, el acceso a la educación pública y gratuita, acceso a la vivienda digna, mejoras en los sistemas de salud, y alto al genocidio por el reparto del mundo.
Son mas los sectores sexodiversos que se acercan a conclusiones revolucionarias, con consignas como “¡No hay orgullo con genocidio!” o el cuestionamiento a mentiras idealistas de las identidades.
Reconocemos cada derecho conquistado, pero debemos recordar que, bajo el capitalismo, estos avances pueden ser revertidos cuando la clase dominante adopta posiciones más reaccionarias. Ninguna conquista está garantizada en los márgenes capitalistas.
Necesitamos derrocar el capitalismo, liberarnos de la clase dominante, apropiarnos de los recursos productivos y la riqueza de los capitalistas. Sobre esta base material, podremos romper con la moral hipócrita perpetuada por la burguesía en lo que respecta a la estructura familiar, la identidad de género y la orientación sexual. Podremos desechar a la sociedad dividida en clases y la homofobia y vivir nuestras vidas libremente, construyendo relaciones más humanas.
¡Adelante la emancipación LGBTIQ+!
¡Contra la homofobia y el capital, lucha de clases!
