Los comunistas en el movimiento estudiantil

Carlos Márquez

La primera lucha de Trotski fue en su salón de clases contra el abuso de un profesor que le puso una injusta nota a un compañero. Su balance fue este: se cristalizaron tres grupos “en torno al episodio estudiantil: los acusones y envidiosos de un lado, y de otro los amigos, bravos y nobles, y, flotando entre los dos, la masa neutral de los vacilantes e indecisos, no se diferenciaban gran cosa de los que luego había de tropezarme repetidamente en la vida, bajo las más diversas circunstancias” (León Trotsky, Mi vida).

En “Tareas de las juventudes revolucionarias”, Lenin dice que los estudiantes “son la parte más sensible de la intelectualidad, y la intelectualidad se llama precisamente así porque es la que refleja y expresa de modo más consciente, decidido y exacto el desarrollo de los intereses de clase y de los grupos políticos en toda la sociedad”. 

Los estudiantes no son una clase social en sí ni tampoco un sector homogéneo. Son una especie de termómetro en la cual puedes ver reflejada a distintas capas sociales. Sin dar un mapa del todo preciso podemos decir que en general hay una capa de estudiantes reaccionarios,  otra politizada con diversas tendencias (pro 4T, bloque negro/anarquistas, comunistas, etc.), académicos que evitan la lucha política, así como una gran capa indiferente. 

Un estudiante no va a su prepa o universidad a hacer luchas, va a estudiar. Sin embargo nos enfrentamos a múltiples problemáticas: autoritarismo y corrupción de parte de las autoridades, instalaciones deficientes, violencia de género, etc. Un estudiante quiere salir de la universidad y conseguir un buen empleo, pero la realidad es que los derechos laborales se van perdiendo y los ataques imperialistas lo que buscan es fuerza laboral con baja cualificación y máxima explotación. Las propias circunstancias nos llevan a luchar y muchos problemas vividos van más allá de las paredes de la universidad.

Esta es una desventaja común del movimiento estudiantil. Cuando se ve en la necesidad de luchar, no hay preparación o experiencia, y al otro lado podemos ver autoridades que llevan décadas ahí, con fuertes aparatos a su disposición.

Las luchas de los explotados, empezando por la revolución mexicana, consiguieron que hijos de obreros y campesinos accedieran a la educación. Esa masificación también llevó a profundizar la posición de clase del estudiantado, aunque puede proliferar en las instituciones públicas una posición o aspiración pequeñoburguesa. Gran parte del estudiantado puede ser ganado a una posición de clase, si adquiere conciencia de su papel puede convertirse en un auxiliar muy importante en la lucha por la transformación social.

Los comunistas no podemos simplemente estar en las escuelas o dejarnos llevar por la opinión mayoritaria, mucho menos bajar nuestras banderas. Somos el ala que defiende los intereses de los trabajadores y sus hijos. Parafraseando lo que dice el Manifiesto Comunista: los comunistas no buscamos intereses propios, defendemos los intereses y particulares de los trabajadores y sus hijos; somos el sector más decidido; teóricamente tenemos una visión más clara y profunda y anteponemos los intereses generales de los trabajadores y sus hijos.

Entendemos que las universidades y escuelas no son islas alejadas de la sociedad, forman parte y son afectadas por ella. A pesar de vivir en el capitalismo, la lucha de los trabajadores del campo y la ciudad y de sus hijos, ha permitido obtener conquistas como la educación, la gratuidad en algunas escuelas, mejoras como becas o instalaciones, etc. Pero la educación se pone al servicio del sistema económico imperante y no nos garantiza un puesto de trabajo digno al terminar los estudios. Lo que nos ofrece el sistema capitalista en México es sobreexplotación, jornadas extenuantes y subordinación imperialista que limita nuestro desarrollo tecnológico. 

Entendemos que lo que necesitamos es un cambio radical, un cambio revolucionario, un sistema económico distinto, socialista. Pero ese cambio solo lo puede realizar las amplias masas mismas y el estudiantado puede jugar un papel crucial, por su dinamismo y por ser más sensible ante las problemáticas sociales (indigna la masacre en Palestina y el Líbano o el bloqueo asfixiante contra el pueblo cubano). Sin embargo, contrario a lo que se cree, la mente humana es conservadora y se resiste a los cambios. Es solo a través de la experiencia y grandes acontecimientos que las amplias masas pueden sacar conclusiones revolucionarias y la juventud es más susceptible a ello.

Demandas estudiantiles

Es imposible que las masas saquen conclusiones revolucionarias sin toda una serie de luchas parciales. Por eso los comunistas creemos muy importante la lucha por reformas, somos los más consecuentes en ellas. Sabemos que una reforma solo es una mejora parcial y temporal, no vemos esta lucha como el fin (como lo pueden hacer los reformistas o academicistas en las universidades), sino como una oportunidad para mejorar nuestra organización, nivel de conciencia, confianza en nuestras fuerzas y para explicar la necesidad de dar una lucha mayor por cambiar la sociedad. 

¿Cómo podemos combatir la violencia contra los estudiantes sin atacar la violencia general de la sociedad y las condiciones materiales que la generan? ¿Cómo podemos tener mejores instalaciones si no acabamos con la corrupción, los privilegios de la alta burocracia ligada al Estado y conseguimos aumentar el presupuesto? ¿Cómo conseguimos esto sin que el dinero se vaya a pagar la deuda externa o el ejército? ¿Cómo conseguiremos un puesto de trabajo digno al terminar los estudios si no luchamos por una economía diferente que no se ponga al servicio de unos pocos?

Toda lucha por demandas concretas debe ayudarnos a explicar la necesidad de una lucha por un sistema diferente, socialista. Incluso en la revolución rusa, las demandas con las que se movilizó a los trabajadores fueron simples y entendibles para todos: pan, paz y tierra. El programa de transición de León Trotski explica ese método y es recomendable leerlo. La experiencia del movimiento estudiantil mexicano también arroja esa conclusión, ejemplo es “La línea política” de los Comités de Lucha.

Organización estudiantil y Partido revolucionario

Un problema cotidiano que tiene el movimiento estudiantil es su falta de preparación. Los procesos de lucha son dialécticos, una comunidad aparentemente apática puede entrar en acción cuando reciben un agravio más. Pero cuando eso ocurre regularmente no hay preparación ni experiencia. Eso suele dar oportunidad a que actúen agentes a favor de la autoridad, por ejemplo consejeros o porros usando argumentos legaloides o académicos para tratar de llevar las luchas a lugares seguros para el Estado. La radicalidad de la comunidad puede romper esas barreras, pero a veces no es suficiente y se requiere organización preparada de antemano.

Son necesarias organizaciones estudiantiles fuertes y permanentes. Sin negar que puede haber tradiciones particulares, un ejemplo positivo de esto lo hemos visto tras 1968 con la creación de los Comités de Lucha, principalmente en el IPN. Por ejemplo, hoy los estudiantes de Morelos, tras su huelga, están analizando cómo continuar la lucha en las nuevas condiciones y se pone sobre la mesa crear una organización estudiantil más permanente. La mejor experiencia de los Comités de Lucha es un buen ejemplo a seguir. Pero adelantamos que no es suficiente una organización estudiantil poderosa, necesitamos una organización revolucionaria de los explotados, un partido comuista no electorero sino de combate.

La huelga de 1968 sigue siendo la más grande experiencia de lucha del estudiantado. Se crearon los Comités de Lucha que tienen una muy rica experiencia. Estos dotaron una dirección al movimiento. Fueron creados por compañeros que participaron de manera voluntaria y no eran a priori los representantes de los estudiantes, esto se ganaba con el trabajo cotidiano. En estos la formación política era necesaria, siendo el marxismo su mejor herramienta. El trabajo cotidiano, el contar con la experiencia del pasado, permite no intervenir en la lucha improvisadamente, sino bajo una política pensada. No hay recetas y en un artículo breve es imposible describir cada táctica, sin embargo hay documentos que son guía para nuevas generaciones. Uno de ellos se llama “Rojo y Experto” que explica cómo saber lidiar con la actividad académica y el trabajo político. Otra es la ya mencionada “Línea política”, que concentró las mejores lecciones de los primeros años de lucha tras 1968. En este se combate la posición academicista, se ve al movimiento estudiantil como un auxiliar de la lucha revolucionaria y, en consecuencia, se plantea como punto central que el estudiantado debe ayudar a crear el Partido Revolucionario en la lucha por el socialismo.

Así como la clase obrera necesita sindicatos sólidos el movimiento estudiantil también requiere estar organizado. Pero la tarea central de los comunistas es crear un Partido Cominista Revolucionario, capaz de defender nuestras posiciones sin bajar banderas, partiendo del nivel de conciencia concreto del estudiantado, teniendo gran flexibilidad en las formas y tácticas pero implacable firmeza en los principios.

Hoy vemos una contradicción: luchas con gran disposición de combate, pero con baja experiencia y memoria histórica. El sector comunista del movimiento estudiantil es una minoría, pero es el sector con más claridad y visión. Debemos enraizarnos en la auténtica teoría marxista, rompiendo esquematismos sectarios y dogmáticos, basándonos en el rico método de la dialéctica. Además de comprender la teoría debemos rescatar las mejores experiencias de la lucha de clases, incluyendo las ricas lecciones con que cuenta la historia del movimiento estudiantil mexicano.