Las UAMs y la justa lucha universitaria por condiciones dignas
Kevin Crescencio, Feria Santos y Estephania Avila, CDMX
En las últimas semanas hemos sido testigos de la movilización de la comunidad estudiantil de las diversas unidades de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Dichas movilizaciones surgen como consecuencia de las condiciones precarias en las que se desarrolla la vida universitaria: comedores cerrados o deficientes, falta de acceso a espacios de estudio y materiales de consulta físicos, instalaciones en condiciones que atentan contra nuestra salud e integridad física, entre muchas otras carencias.
Ante esta situación, y como método de organización de lucha, los estudiantes de la Unidad Iztapalapa (UAM-I) convocaron, el día 13 de octubre, a una asamblea de toda la comunidad estudiantil. Como resultado de dicha asamblea, se presentó un pliego petitorio de alrededor de treinta puntos que abarcaron desde la reapertura del edificio «L», correspondiente a la biblioteca de la unidad, hasta el desabasto de materiales de laboratorio y papel higiénico en los baños. Además, se acordó que, si después de una semana no se tenía una respuesta satisfactoria por parte de las autoridades de la unidad, se declararía un paro de labores por tiempo indefinido. Una semana después, como consecuencia de la nula acción de la burocracia universitaria, inició el paro.
Posteriormente, a través de asambleas estudiantiles, se unieron al paro las unidades Xochimilco (UAM-X), Cuajimalpa (UAM-C) y Azcapotzalco (UAM-A), cada una con particularidades tanto en su organización como en sus demandas, entre las que destacan mejoras en la infraestructura escolar, así como transparencia y democratización del presupuesto.
Aunque cada unidad presenta demandas particulares y distintos niveles de abandono, las exigencias que comparten ponen de manifiesto un deterioro que trasciende a la UAM y refleja una crisis más amplia del sistema educativo. Basta con observar los procesos que se están desarrollando en otras universidades del país, como la FES Aragón o la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), donde los estudiantes también enfrentan una batalla contra la casta privilegiada que antepone sus bolsillos a los intereses de cientos de miles de estudiantes, profesores y trabajadores que intentan superar sus condiciones materiales día con día.
Lejos de ser un fenómeno exclusivo de México o de otros países de capitalismo atrasado, como Chile y Argentina, donde también se han desarrollado movimientos estudiantiles en los últimos meses, esta situación se extiende incluso a países de capitalismo avanzado, como Francia e Italia, donde miles de estudiantes se movilizan en torno a reivindicaciones y motivos comunes como los recortes presupuestales a la educación pública —los cuales llevan décadas realizándose—.
A los Estados capitalistas de todo el mundo poco o nada les importa garantizar una educación digna para los hijos de la clase trabajadora, como tampoco les preocupa garantizar condiciones de vida dignas para sus familias. El discurso de la mejora progresiva de nuestras condiciones materiales dentro de este sistema ha caído en saco roto. En este contexto, los estudiantes se ven directamente afectados por la crisis del reformismo y la agudización de las contradicciones entre los intereses de la burguesía y los de la clase trabajadora, que se manifiestan en ataques cada vez más profundos contra nuestras condiciones de vida, laborales y educativas. Así, las movilizaciones estudiantiles que presenciamos no son hechos aislados, sino expresiones de una legítima resistencia frente a estos ataques.
En el marco de estas movilizaciones, el pasado 23 de octubre, estudiantes de diferentes unidades de la UAM lograron articular una marcha desde UAM-X hacia la Rectoría General. A pesar de la amplia movilización del estudiantado en torno a una misma causa, el rector no atendió la solicitud de diálogo y el cuerpo burocrático presente respondió únicamente con la promesa de establecer mesas de diálogo. Desde el inicio del paro de labores en UAM-I, el pasado 20 de octubre, no ha habido resoluciones de ninguna naturaleza en ninguna unidad. En UAM-I, la mesa de diálogo con las autoridades se agendó hasta el 30 de octubre, mientras que en UAM-X las autoridades ni siquiera llegaron a la cita establecida por ellas mismas el día 26 de octubre, dejando a cientos de estudiantes esperando bajo el rayo del sol.
Frente a este decepcionante, pero predecible, comportamiento de las autoridades universitarias, es necesario que estas movilizaciones sienten el precedente de una organización estudiantil permanente, que se nutra de los errores y aciertos del pasado y que sea capaz de dirigir el malestar estudiantil hacia tácticas concretas y efectivas, superando el espontaneísmo y siendo así capaces de evitar que las autoridades agoten y debiliten los movimientos estudiantiles y trabajadores. En UAM-X, por ejemplo, impulsamos la idea de la necesidad de conformar un comité de lucha permanente, y los estudiantes hicieron suya esa idea, dicho comité está en proceso de formación.
No obstante, esta organización no debe limitarse únicamente al estudiantado. Reiteramos que quienes enseñan, administran, cuidan, limpian y sostienen día a día la vida académica también forman parte de la lucha por una educación digna y de calidad. Hacemos especial hincapié en que las fuerzas combativas de los estudiantes no deben ir dirigidas contra los trabajadores, sino contra la clase dominante.
Como señaló el Che: “El estudiante no puede estar desligado de los problemas de su pueblo. La universidad no puede ser una torre de marfil, aislada de la realidad social; el estudiante revolucionario debe poner su conocimiento al servicio de los explotados”.
Llamamos a construir un frente amplio de lucha junto con los trabajadores de la UAM, capaz de enfrentar a las autoridades y élites universitarias que vulneran nuestros derechos y generan condiciones de enfrentamiento entre distintos sectores de la clase trabajadora para mantener a salvo sus nóminas doradas.
Bajo esta perspectiva, como estudiantes de distintas unidades de la UAM y militantes del PCR, exigimos la apertura inmediata de los comedores y bibliotecas, la garantía de alimentos suficientes, abasto suficiente y constante de materiales sanitarios y para nuestros laboratorios, la contratación de todo el personal necesario para que nadie tenga que trabajar más allá de su jornada, el respeto al contrato colectivo de trabajo, que la dirección se someta a un diálogo abierto con los estudiantes y trabajadores, la apertura de las finanzas ante la comunidad universitaria, transparencia presupuestal total y el derecho de la comunidad universitaria a participar en la asignación presupuestal. Todos los recursos de la universidad deben ser puestos al servicio de la comunidad universitaria, no de su burocracia.
Para avanzar en esta dirección, se debe convocar a una asamblea estudiantil amplia con presencia de todas las unidades para definir los próximos pasos a seguir, incluyendo la votación democrática de comisiones que puedan dar seguimiento al trabajo. Por ejemplo, con brigadeos fuera de las escuelas, exponiendo nuestras demandas a nuestra propia clase, a trabajadores y trabajadoras. Nuestra premisa es así de clara: la máxima unidad en la lucha y la extensión de la misma fuera de la universidad con el apoyo de la clase trabajadora.
Los comunistas reiteramos que una educación pública, gratuita y de calidad solo podrá garantizarse plenamente en una sociedad donde el bienestar colectivo esté por encima de la ganancia privada. Una sociedad que rompa con la lógica del capital y en la que la clase trabajadora tome en sus manos la dirección de su propio destino.
¡ORGANÍZATE Y LUCHA!
¡QUE LA EDUCACIÓN DE CALIDAD SEA DERECHO Y NO EXCEPCIÓN!
¡EDUCACIÓN PRIMERO AL HIJO DEL OBRERO!
