La clase obrera y el COVID-19: defendamos nuestras vidas y nuestros derechos

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El Coronavirus recorre imparablemente el mundo convirtiéndose en una pandemia y sacudiendo a la frágil economía del planeta ya al límite de la recesión. Con la propagación del virus se muestran las ineptitudes de gobernantes, la avaricia de la clase capitalista y el resultado de décadas de ataques a las conquistas de los trabajadores, como lo son los sistemas públicos de salud.

El gobierno de AMLO ha tomado algunas medidas preventivas para contener la inevitable propagación del virus, apoyado en los limitados recursos económicos e infraestructura sanitaria heredada. Por un lado tenemos la ventaja, que gracias a nuestra revolución, el país cuenta con un amplio sistema de seguridad social, por otro, que en las últimas décadas éste ha recibido ataques y un deterioro consciente por parte de la clase dominante y sus partidos, sin recibir el presupuesto necesario. El sistema de Seguridad Social que fue un fruto directo de la revolución y por muchas décadas fue vanguardia en el continente latinoamericano ha sido diezmado.

El sistema capitalista mexicano corrupto, con organizaciones sindicales corporativas ha afectado al sistema de salud mexicano. A esto tenemos que agregar que el 65 % de la Población Económicamente Activa (PEA) trabaja en la informalidad, la cual no tiene acceso a seguridad social. En el mejor de los casos, algunos contaban con el llamado Seguro Popular, el cual solo cubría una pequeña parte de padecimientos. El gobierno de AMLO ha instaurado el Instituto de Salud para el Bienestar (InSaBi), sin embargo ahora está desorganizado y no cuenta con el capital humano ni financiero para mantener una alta demanda por una pandemia. A los trabajadores del sector de salud (incluyendo los estudiantes médicos que laboran en los hospitales), se les cargará sobre su espalda las limitaciones de nuestro sistema de salud.

Los medios de comunicación y partidos burgueses, como el PAN, con todo dolo, buscan cualquier pretexto para generar caos y terror en la población, aun cuando ellos son responsables de no contar con las mejores herramientas para hacer frente a la crisis sanitaria. Fueron los principales promotores de la privatización del sector salud y la desaparición de más de 3 mil empresas estatales, las cuales podían dar trabajo remunerado a millones de personas que ahora están en la calle vendiendo cualquier producto.

Si las medidas preventivas de contención no son suficientes y el virus se riega masivamente, el país no estaría del todo preparado. No existe la suficiente capacitación del personal médico para saber cómo actuar ni la infraestructura. En zonas rurales, personas en vulnerabilidad quedarían indefensas y no es seguro que los hospitales en la ciudad tengan la capacidad de afrontar los distintos casos que requieran una atención médica mayor en las distintas zonas del país. Debemos como compañeros y compañeras conscientes llevar adelante las medidas sanitarias, pero también es necesario poner a disposición todo el sistema de salud al servicio de la sociedad, por lo que las grandes clínicas y hospitales privados, al igual que la industria farmacéutica, deberían ser nacionalizados, puestos al servicio de la población más vulnerable.

La clase empresarial, antes de la llegada del COVID-19, ya mantenía una huelga de inversiones contra el gobierno de AMLO que ha tomado medidas para combatir la corrupción y la evasión de impuestos y eliminar preferencias en contratos estatales. Ahora, a través de la Coparmex, exigen al gobierno de AMLO les perdone impuestos y deje de fiscalizarlos, mientras que a la inmensa mayoría de la clase obrera nos obligan a trabajar durante la cuarentena sin ninguna garantía, tampoco hay seguridad de qué pasará si nos vemos obligados a no ir al trabajo si las medidas sanitarias lo exigen. Nosotros pensamos que las privatizaciones, los salarios miserables, el outsourcing, la falta de pago de impuestos a la seguridad social por parte de los empresarios, todo esto, ha ayudado a debilitar las defensas para responder a una crisis como a la que nos enfrentamos, no vemos porque ahora el gobierno tendría que seguir dándoles nuestro dinero o exentándolos de pagos.

Además de la clase obrera, otro sector frágil en la situación, quizás el que pueda ser más golpeado, son los trabajadores informales y pequeños negocios. Aquí habría que incluir sectores de la pequeña burguesía y también a gremios como los artistas, que suelen no contar con contratos estables ni seguridad social.

El gobierno de AMLO busca por un lado contener el virus, pero sabía que no puede evitar su llegada y propagación. Mientras escribimos estas líneas ya contamos el primer. En el terreno económico ha buscado no adelantar medidas de contingencia masivas, como suspensión de actos y clases para contener sus efectos económicos. De igual forma es claro que habrá consecuencias económicas con la contingencia, que se pronunciarán con el desarrollo de la crisis del capitalismo mundial.

La clase capitalista por cuatro décadas fue exprimiendo y reduciendo los niveles de vida de las masas. Con su programa rapaz destruyeron gran parte de la economía formal y mandaron al subempleo a millones de trabajadores. Su parasitismo fue recompensado con fortunas multimillonarias, México es un país de millones de pobres y un puñado de súper ricos. No conformes con esto, la clase capitalista exige concesiones del gobierno mientras que los afectados seremos la clase trabajadora, los subempleados y la pequeña burguesía. Sí se deben tomar medidas pero a favor del pueblo trabajador.

Es necesario que todo trabajador (incluyendo los subcontratados) tengan garantizada su seguridad social, bonos económicos por trabajar bajo el riesgo de la pandemia, sueldo completo si se tiene que trabajar en casa o descansar por cuestiones de salubridad. Ningún trabajador de los sectores más vulnerables contra el coronavirus deberá trabajar, y sí deberá recibir su salario completo. El gobierno de AMLO debe profundizar su política de fiscalización, la recuperación de recursos desviados por corrupción y el combate a la evasión fiscal. Pero además se deben cobrar impuestos especiales a la clase capitalista, porque podemos entrar en una emergencia sanitaria y económica y debemos ver primero por los más pobres y necesitados. Los bienes del capitalista que se niegue a estas medidas deberían ser nacionalizados y sus empresas puestas a funcionar bajo control de los trabajadores en beneficio del conjunto de la sociedad. Basta ya de que los capitalistas se quieran seguir enriqueciendo de las catástrofes y la pobreza del pueblo trabajador.

El gobierno debe de utilizar todos los recursos disponibles para atender a la población más empobrecida: campesinos, indígenas, madres solteras, adultos mayores, clase obrera, sector informal, etc. Esta es la prioridad. El gobierno tiene que negar el pago de la deuda externa, que solo en el 2018 pagó en concepto de intereses 13,486 millones de dólares. No podemos permitir que se siga exprimiendo por concepto de intereses nuestros recursos y se quede desprotegida nuestra gente. El gasto que el gobierno puede ahorrar con el no pago de la deuda pública, podría utilizarse en un plan de inversión a gran escala para echar a andar la industria estatal y crear trabajo con buenos salarios y garantizar una sanidad pública eficiente. El gobierno de AMLO debería tomar, de igual forma, medidas económicas especiales en beneficio de la población. Mientras dure la contingencia se deberá cancelar el pago de renta de las familias trabajadoras, así como condonar el pago de luz, gas y telefonía móvil y fija.

En medio de la emergencia de salud la lucha de clases no se detiene. Hay gente que acapara y busca salidas individualistas frente a lo que pueda pasar. Otros tenemos que vivir al día y ni siquiera podemos darnos ese lujo. No son medidas individuales sino colectivas lo que nos hará salir bien librados de la crisis sanitaria y económica. Lo que está en juego son nuestras vidas y debemos defenderlas, poner todos los recursos de la sociedad al servicio de la clase obrera y demás sectores vulnerables del campo y la ciudad. En los centros de trabajo, en que la patronal nos ponga en riesgo, debemos organizarnos y responder como un solo hombre, con métodos como la huelga, defendiendo nuestros derechos y nuestras vidas. La única clase capaz de sacar a la sociedad de la actual crisis (de la que los efectos del Coronavirus es el inicio de un profundo drama), es la clase obrera. Es mejor tomar, desde ahora, manos a la obra para acabar con este sistema capitalista que no nos protege y lleva a la sociedad a la ruina.

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