Francia: Al día siguiente del 6 de octubre: ¿cómo ganar?

Partido Comunista Revolucionario – sección francesa de la ICR

7 de octubre de 2026

Las manifestaciones de ayer, 6 de octubre, fueron a la vez masivas y muy radicales. Los cientos de miles de jóvenes que se movilizaron por todo el país demostraron que su movimiento está lejos de haber agotado sus reservas de combatividad. Los trabajadores y los padres de alumnos que se unieron a las marchas contribuyeron a que este día fuera una auténtica demostración de fuerza.

Mañana está prevista una nueva movilización general. Por su parte, el Gobierno exige que se organice rápidamente una «media jornada sin clases» en los institutos para poner en práctica la «democracia estudiantil». Indignados por la brutalidad policial de las últimas dos semanas, a muchos profesores y directores no les hacen ninguna gracia estas órdenes «democráticas» del primer ministro Lecornu y el ministro de educación Geffray. Una media jornada de «democracia escolar» impuesta a golpes de porra y con balas de goma a la salida de los centros sería una provocación sin precedentes. Aunque en algunos institutos se organicen debates, estos suelen adoptar el carácter de asambleas generales en las que se preparan las próximas etapas de la lucha.

En los próximos días, el Gobierno combinará este tipo de maniobras con promesas vacías, «concesiones» simbólicas y una represión policial implacable. En otras palabras, apostará por desgastar el movimiento hasta las vacaciones escolares.

Hay que ver las cosas como son y ser conscientes de la relación de fuerzas que se necesita. O bien el movimiento de los institutos y los universitarios se une a una movilización de la clase trabajadora en forma de un potente movimiento de huelgas renovables, o bien esta magnífica movilización de la juventud acabará por desvanecerse, tarde o temprano, sin haber conseguido nada de lo que pide. Cualquier otra perspectiva es ilusoria en un contexto en el que el Gobierno solo tiene una idea en mente: intentar contener la crisis de la deuda pública demostrando a los mercados financieros que es capaz de imponernos una cura de austeridad drástica.

Así que la pelota está ahora en el tejado de las grandes organizaciones del movimiento obrero. Pero sus líderes oficiales, una vez más, hacen todo lo posible por no movilizar a los trabajadores. La víspera del 6 de octubre, los dirigentes de las principales confederaciones sindicales firmaron un llamamiento conjunto para «hacer huelga y manifestarse» el… ¡próximo 5 de noviembre! Eso es exactamente lo que el Gobierno esperaba de ellos: un llamamiento a una movilización interprofesional lo suficientemente lejano en el tiempo como para aislar al movimiento juvenil, al menos por ahora. Otro favor que le han hecho al Gobierno: los comunicados de los líderes sindicales siguen sin mencionar la fecha del 17 de octubre —que, sin embargo, todo el mundo tiene en mente y que podría marcar un hito fundamental en el desarrollo de la lucha—.

La dirección de la CGT afirma que, de aquí al 5 de noviembre, «seguirá estando del lado de los jóvenes y multiplicando las movilizaciones». En otras palabras, llamará a los trabajadores a sumarse a tal o cual manifestación de los alumnos de secundaria y los universitarios. Pero, ¿cómo van a poder los trabajadores —y no solo los militantes y los permanentes sindicales— participar en masa en las movilizaciones de la juventud si ellos mismos no están en huelga? Sophie Binet (CGT) no se plantea esta pregunta, porque la verdad es que no quiere movilizar a los trabajadores.

La fecha del 5 de noviembre solo tiene un significado: intentar evitar que el movimiento juvenil se extienda a las grandes masas de la clase obrera en los próximos días. Muchos jóvenes, trabajadores y militantes sindicales entienden que esto es un sabotaje en toda regla. Ya lo vivieron de primera mano en septiembre de 2025, cuando los dirigentes sindicales hicieron todo lo posible por contener el movimiento «¡Bloqueémoslo todo!». Y, de hecho, lo consiguieron. La única forma de impedir que lo vuelvan a conseguir es desarrollar órganos de lucha desde la base, por iniciativa de los elementos más combativos de la juventud, la izquierda y el movimiento sindical.

Ante el sabotaje deliberado de las cúpulas sindicales, unas asambleas generales interprofesionales en las que participe la juventud movilizada permitirían incorporar a la lucha a un número cada vez mayor de trabajadores. En las universidades, las asambleas generales abiertas a los estudiantes de secundaria y a los trabajadores deben tener como objetivo la masificación del movimiento y organizar de forma concreta la movilización de los jóvenes hacia los lugares de trabajo, las estaciones de tren, los servicios públicos, etc., con el fin de animar a los asalariados a ponerse en marcha. Durante el gran movimiento contra el Contrato de Primera Contratación (CPE), en 2006, esta estrategia fue una de las claves de la victoria. ¡El movimiento estudiantil tiene que volver urgentemente a estos métodos de lucha!