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El futuro gobierno de AMLO y las tareas de los marxistas

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Escrito por: Ubaldo Oropeza 

“Los países coloniales y semicoloniales son,  en esencia, países atrasados. Los países atrasados forman parte de un mundo dominado por el imperialismo. Su desarrollo, por consiguiente, tiene carácter combinado: las formas económicas más primitivas se combinan con el último grito de la técnica y  la civilización capitalista. Algo semejante sucede con las luchas políticas del proletariado en los países atrasados: la lucha por las más elementales reivindicaciones de independencia nacional y de democracia burguesa se combinan con el combate socialista contra el imperialismo mundial. En esta lucha, las consignas democráticas, las reivindicaciones transitorias y los problemas de la revolución socialista no constituyen etapas históricas aisladas, sino que están íntimamente unidas… 

“No se trata de rechazar el programa democrático, sino de conseguir que, en su lucha, las masas lo desborden… 

“…Pero, sobre la base del programa democrático revolucionario, es necesario enfrentar a los obreros con la burguesía “nacional”.” (Trotsky, Los países atrasados y El programa de transición, en El Programa de Transición).  

 “Nuestra tarea es conquistar el poder. Pero antes de que conquistemos el poder primero es necesario conquistar a las masas. Durante ese largo periodo preparatorio y de organización es necesario la propaganda, la formación y la agitación. La construcción del partido revolucionario sería sencilla si bastase sólo con su proclamación. Para llegar a las masas con nuestras ideas debemos explicar la situación tal cual es, no como nos gustaría que fuese. Nuestro punto de partida debe ser el nivel real de la conciencia de los trabajadores, que no es revolucionaria en todos los momentos y lugares.  

Debemos construir un puente hacia las masas, basándonos en sus preocupaciones y aspiraciones reales. El problema central es: ¿Cómo relacionar el programa acabado  y científico del marxismo con el movimiento necesariamente inacabado  y poco claro de los trabajadores? A menos que seamos capaces de responder a esta pregunta nos pondremos a nivel de una secta.”  (Alan Woods, prólogo al Programa de Transición).  

 Una insurrección en las urnas marca el banderazo de salida de un nuevo periodo en la lucha de clases

Las pasadas elecciones del 1 de julio son históricas, y van a transformar la vida política y social del país. La misma noche de las elecciones decenas de miles, principalmente jóvenes, inundaron las calles de la Ciudad de México desbordando felicidad y confianza. La gente se abrazaba y decía “ahora sí, va la nuestra”. Por su parte AMLO había insistido, lo repitió en su discurso del triunfo, que su victoria va a representar la cuarta transformación política de México -haciendo referencia las 3 revoluciones burguesas que ha vivido el país 200 años atrás: la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana-.  Las masas salieron a las urnas, en una intervención inesperada, de forma entusiasta, lista para ser partícipe de este nuevo periodo. 

El aspecto más importante de la jornada es la cantidad de gente que salió a votar, fue un auténtico asalto a las urnas, una insurrección de las masas más pobres, sobajadas, engañadas, explotadas, que habían supuestamente vendido su voto, etc. Los sectores más pobres han tenido una dura escuela los últimos años, cansados de que los políticos de la derecha los engañen, esta vez dijeron, de forma contundente un ¡ya basta! Votaron por AMLO más de 30 millones de personas y le dio la victoria con el 53% del total. Para poder dar una idea de lo lejos que queda está votación de cualquier otra, podemos dar cifras de las 4 elecciones presidenciales anteriores: por Zedillo (PRI) votaron 17’181,065; por Fox (PAN) 15’989,063; Calderón (PAN) 15’000,028; EPN (PRI) 19’158,592 y por AMLO (Morena) 30’113,483. La llegada al gobierno de AMLO se da por una masiva participación y con muy altas expectativas de cambio de quienes le votaron. 

Como resultado directo de este terremoto político, varios partidos pueden perder su registro por no alcanzar el mínimo de 3% de la votación nacional. Dentro de ellos están el Partido Encuentro Social, el Partido Verde Ecologista de México, Movimiento Ciudadano y el Partido Nueva Alianza. Todos estos partidos, son considerados negocios personales o de grupos muy específicos, ninguno alcanzó el porcentaje, por el proceso de polarización que se dio en la precampaña y en las votaciones, prácticamente quedaron fuera como organizaciones políticas nacionales. 

Y otro de los efectos directos de este tsunami es la bancarrota en la que ha caído el PRI, partido en el gobierno que hasta hace poco era el que dirigía los ataques de la burguesía y quien gobernó por más de 80 años. Ahora mismo obtiene un miserable 15 % nacional, y la debacle es mayor que esa cifra. En el Estado de México, por ejemplo, han perdido casi todas las diputaciones del estado se han quedado con un solo distrito (de 55 diputaciones morena tiene 52, el PAN 2 y el PRI 1), no ganaron ni un solo gobernador de los nueve estados y se quedaron con 13 diputados federales, que tendrán que dividir con sus socios. 

En esta masiva participación ha quedado muy claro que, cuando las masas se mueven, barren de forma implacable cualquier obstáculo que está frente a ellas. Al mismo tiempo, la victoria les da un nivel de confianza y seguridad en sus propias fuerzas, que ya se está viendo. Como ejemplo podemos poner dos casos: en Puebla, los caciques locales están organizando un escandaloso fraude, las bases de Morena han enfrentado a grupos armados que robaron urnas, han entrado a un hotel donde había falsificación de actas electorales, están desafiando a cualquier poder que se les ponga enfrente. Otro ejemplo muy curioso es el que sucede en Campeche, donde la gente está buscando a sus diputados para pedirles respaldo y resolver sus necesidades más inmediatas. Estos nuevos diputados que disfrutaron sus momentos de gloría al saberse vencedores, ahora se están escondiendo y apagan su teléfono para no seguir teniendo más presión de su base. La movilización masiva de la gente en las urnas borró del mapa, el masivo fraude con el cual el PRI y el PAN querían imponerse. 

Está victoria en las urnas es una gran inyección de moral, de alegría y de confianza en sus propias fuerzas, esto es fundamental para entender cómo van a actuar las masas en el siguiente periodo, una vez que AMLO tome el control del gobierno –el 1 de diciembre será el cambio de gobierno-.  

Aspectos generales del capitalismo internacional 

Aunque todos los procesos de lucha comienzan por consideraciones muy particulares, es decir nacionales, su desarrollo y desenlace se da en los parámetros establecidos de forma internacional. No podemos abstraernos de las condiciones en las que México se desarrolla en el ámbito mundial, ni las condiciones concretas en las que se encuentra el capitalismo ahora mismo.  

Nuestra época está inscrita en lo que Lenin llamó el Imperialismo, la fase superior del capitalismo. Es imposible  hacer un análisis de nuestra realidad sin tomar en cuenta está situación.  Aunque México se independizó formalmente hace más de 200 años del imperio español, el país sigue estando atado a las grandes potencias imperialistas, principalmente los EE. UU. Este hecho implica reconocer que el trato que tenemos o podamos tener con el imperialismo americano no es de iguales, sino de subordinación. Ya no es por medio de la invasión o intervención como nos sojuzgan y someten, sino por medio de los préstamos internacionales, la deuda externa y el control de la banca (los grandes bancos “nacionales” están bajo el control de bancos españoles y americanos). La concentración de capital y control de los monopolios es tan increíble que, en México, 16 familias controlan el 60% de la riqueza nacional. Estas familias o empresas, junto con el imperialismo, son las que deciden quienes gobiernan, que política se tiene que seguir, donde se invierte, etc. Aunque AMLO pueda asumir el gobierno, quienes tienen el poder de las palancas económicas y de los medios de comunicación, son estos sectores imperialistas y oligárquicos del país. 

El imperialismo americano es el que ha dictado la política “neoliberal” –de capitalismo salvaje- en los últimos 30 años, quien ha diseñado la política de “guerra contra el narco”, quienes han impuesto su voluntad sobre todas las reformas estructurales las cuales nos han arrebatado todas las victorias que la clase obrera había conquistado en los últimos 100 años.  

Además de esta consideración teórica general, tenemos que decir que el capitalismo actualmente vive un periodo de crisis orgánica, donde las salidas “usuales” para resolver las crisis, por ejemplo, el crédito, el desarrollo de nuevas ramas de producción que conlleva el desarrollo de las fuerzas productivas o la conquista de nuevos territorios para las mercancías de los países imperialistas, están agotadas. La deuda de las empresas privadas y de las familias se ha convertido en una deuda gigantesca de los Estados –actualmente la deuda mexicana es del 50% del PIB, cuando hace 6 años era del 10%-. Estos niveles de deuda, que por ejemplo en el caso de los EE.UU. llega hasta el 200% de su PIB, hace que todos los gobiernos no puedan mantener los llamados “estados de bienestar” –programas sociales, ayudas económicas a los más pobres, gasto en salud o educación, programas de vivienda, las jubilaciones y pensiones, etc. –, toda la asistencia social tiene que ser aniquilada para ahorrar gastos “innecesarios” y, por otra parte, cumplir fielmente con el pago de las deudas externas. En términos concretos, lo que hemos visto en todo el mundo es un ataque a todos los derechos de la clase obrera y la juventud, lo que ha significado echar a la espalda de los trabajadores el peso de la crisis que la avaricia de los capitalistas ha causado. 

Aquí no termina la cosa, como no pueden desarrollar las fuerzas productivas, porque ahora mismo hay demasiado de todo -sobreproducción-, la burguesía ha decidido que la forma de salir de la crisis es terminar con los derechos laborales, abaratar al máximo la mercancía de la mano de obra: terminar con los contratos colectivos e impulsar contratación tercerizada (outsourcing), desaparición de aguinaldo, vacaciones pagadas, el derecho de jubilación, los salarios reales han caído, etc. Este es el remedio que tiene para nosotros el capitalismo a nivel internacional. Todas las reformas que la clase obrera consiguió en periodos pasados se están aniquilando, en todos los países del mundo, incluso en los más ricos, o de capitalismo desarrollado. 

En una gran cantidad de países que han sido tocados por la crisis hemos visto como los partidos reformistas tradicionales han desaparecido o perdido toda su fuerza y se han creado nuevos partidos que han tenido un ascenso meteórico, muy parecido a Morena (Syriza en Grecia, Podemos en España, Francia Insumisa, Bloco de Esquerda en Portugal, Berny Sanders en EE.UU. y el fenómeno Jeremy Corbyn dentro del Partido Laborista en Inglaterra), en estas manifestaciones de las masas por buscar una salida a la situación de ruina dentro del capital, también podemos inscribir el ascenso de los gobierno progresistas en América Latina. En todos los casos donde estas nuevas expresiones han llegado al poder o han tenido que plantear una postura clara con respecto al mandato del imperialismo que ejercen en su países y al cuestionar al sistema capitalista, en todos los casos hemos visto sus limitaciones, en algunos casos, como en Grecia, esto ha creado una gran decepción. En AL las limitaciones del reformismo en una época de crisis capitalista han dado paso a que las masas se abstengan en las votaciones y esto ha llevado a la derecha de vuelta al gobierno. 

Horror sin fin en el capitalismo dependiente mexicano 

Comprendiendo los aspectos centrales de la economía internacional, podemos comprender mejor lo que ha sucedido en el país, especialmente los últimos 30 años. A partir de esto, se puede comprender toda la rabia acumulada que hay en la población para con los partidos del régimen burgués y las instituciones. 

La instrumentación del llamado “neoliberalismo” significó la privatización de más de 1300 empresas de orden público estatal, con ello se terminó con el 65% de los contratos colectivos que había. La intervención del Estado se limitó a mantener ciertos programas sociales y se mantuvo Pemex y Comisión Federal de Electricidad para soportar estos gastos asistencialistas y mantener las estructuras del gobierno. Ahora mismo esto ya no existe, Pemex y CFE están siendo ahorcadas financieramente para que no puedan jugar ningún papel frente al capital privado que ha llegado con la llamada reforma energética. Como el Estado está descapitalizado y funcionando con deuda para poder pagar a la burocracia, se busca desesperadamente deshacerse de gastos “inútiles” como lo es la educación pública y gratuita –reforma laboral-; ampliar la cama de cotizantes de impuestos –reforma fiscal- al mismo tiempo que el gobierno regresa cada año miles de millones de pesos a las grandes empresas “para incentivar la inversión”; busca fijar los salarios a lo mínimo posible, sin prestaciones laborales, sin derecho a huelga –reforma laboral- “para atraer capital”. 

Con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, se abrió de par en par la frontera a mercancías más baratas, terminando con el campo mexicano que no pudo competir con mercancías subsidiadas de EE.UU., lo mismo pasó con empresas nacionales medianas y pequeñas. El caso es que ahora México importa productos que antes  producía, como maíz, frijol, arroz, etc. Se montaron miles de empresas maquiladoras que se dedicaban a armar productos de importación –aún siguen existiendo muchas empresas maquiladoras de este tipo- explotando la mano de obra barata, la excepción de impuestos y lo barato de los recursos naturales como el agua o la electricidad. Se crearon miles de puestos de trabajo en estas empresas, pero con salarios miserables, con una súper explotación y sin derechos laborales. 

El territorio se ha entregado a las empresas, primero mineras, ahora petroleras y demás, para ser explotado a manos llenas. Hoy un tercio del país está en manos de estas empresas. En muchas partes del territorio nacional hay una lucha sin cuartel entre ejércitos privados a sueldo de las empresas (paramilitares)  y  el ejército contra las comunidades indígenas o campesinas que no quieren entregar sus terrenos y recursos naturales. 

La banca privada controla los préstamos, decide en que se invierte y en qué no, cobra comisiones por todo, que en países de origen no cobra dejando como resultado ganancias millonarias cada año (solo en el 2017 la Banca ganó 28% más que en el 2016, esto representa más de 137 mil millones de pesos). La reforma energética ha privatizado el petróleo y liberado los precios de las gasolinas y éstas han aumentado de precio en el último sexenio un 45%, el resultado es una subida generalizada de precio de las mercancías. El salario ha perdido el 85% de su poder de compra por la inflación, la política de contención salarial, etc.   

En el 2006 se decretó una supuesta “guerra contra el narcotráfico”, la cual, en realidad era una medida política para sacar al ejército y la marina a las calles a intimidar y replegara la lucha –ese año se vivieron las movilizaciones más grandes de nuestra historia en la lucha contra el fraude electoral, la insurrección de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca- y afianzar al espurio de Calderón, que había hecho un fraude escandaloso. De esa fecha a nuestros días se han asesinado más de 300 mil personas, la gran mayoría jóvenes pobres, se encuentran desaparecidas más 35 mil personas, hay cerca de 800 mil desplazados de guerra, se asesina a una mujer cada 7 horas, se viola a una chica cada 16 minutos, se asesina a 4 reporteros o dirigentes sociales cada mes, se asesina a la juventud por el simple hecho de serlo, etc. En general podemos decir que ha sido una guerra civil del gobierno y el narco contra la población indefensa. 

Los actos de corrupción se convirtieron en un escándalo semana a semana con este último gobierno. Parecía una burla de mal gusto ver los argumentos de los políticos corrutos, de las empresas corruptas, dando sus explicaciones sobre las Casas Blancas,  las mansiones de líderes sindicales, sobre el desfalco al Estado para llenarse los bolsillos de las familias de los políticos a costa de inyectar agua a los niños con cáncer, etc. Hoy 20 ex gobernadores están siendo buscados o procesados por la ley acusados de actos de corrupción, delincuencia organizada, lavado de dinero y enriquecimiento ilícito. 

Todo esto ha generado respuesta de los jóvenes, de las mujeres, de las comunidades indígenas, de las policías comunitarias, de los trabajadores, pero desgraciadamente todas las luchas fueron sectoriales, no se encontró la unidad y las direcciones en turno no pudieron capitalizar todo el descontento (entre las movilizaciones más significativas queremos recordar las luchas del #yosoy132, por la aparición con vida de los 43 compañeros de Ayotzinapa, el levantamiento armado de comunidades de Michoacán y Guerrero, la huelga de 3 meses del IPN, la lucha incansable de la CNTE, en sus diferentes momentos contra la reforma educativa, la ola de huelgas que se ha registrado en el centro y norte del país de cientos de maquiladoras, las movilizaciones y organización de compañeras contra los feminicidios, las movilizaciones contra el aumento del precio de la gasolina, etc.) . El ambiente cada vez era más tenso y estaba buscando una forma de manifestarse y se expresó de forma masiva en las elecciones pasadas. No hay nada de que asombrarse, si las masas no encontraron una dirección y llamados firmes para derrocar al régimen en las calles, giran a la vía electoral para tratar de resolver sus problemas. Es parte de su búsqueda por liberarse de estas condiciones horrorosas. 

La victoria de AMLO, un catalizador de todas las fuerzas contenidas

Desde que se inició la campaña por la presidencia, las encuestas dieron una gran ventaja a AMLO, parecía que todos los ataques y la campaña negra que se lanzó en su contra, en vez de disminuirle, le hacía ganar más simpatías. Hay estudios que dicen que tanto el PRI como el PAN gastaron más del 70% de su presupuesto de campaña, desprestigiando y atacando a Andrés Manuel. No solo los partidos, un puñado de oligarcas lanzaron una campaña brutal, acusando al candidato de Morena de mentiroso, senil, agente ruso, loco, etc., sacaron propaganda para asustar a sus trabajadores y la gente en general diciendo que si votaban por AMLO se desataría una crisis y la violencia. Decían que nos convertiríamos como en Venezuela, la gente lo tomaba con gracia y respondía diciendo: como ahora vivimos como en Suiza, seguramente nos va a costar mucho ser como Venezuela. 

La burguesía intentó, por todos los medios que los partidos afines, fueran unidos con un solo candidato, pero los conflictos entre los dirigentes de estos partidos son profundos y no lo lograron. Apostaron al fraude hasta el último momento: compraron credenciales de elector, repartieron electrodomésticos, material de construcción, regalaron tarjetas donde depositarían dinero y demás cosas. Las elecciones no fueron “una fiesta de la democracia” como dicen los acólitos del régimen. Se asesinaron a 130 participantes en la precampaña –de estos había 40 candidatos-, el día de la jornada electoral desaparecieron y asesinaron a activistas de morena en Chiapas, Estado de México y Puebla, se robaron urnas, se quemaron papeletas. Los días inmediatos a las elecciones se está descubriendo un escandaloso fraude en Puebla donde las instancias electorales están implicadas hasta el cuello. 

Conforme la campaña avanzaba, se percibió claramente un giro a la derecha en las posturas de AMLO, en el afán de sumar más votos hizo pactos con partidos reaccionarios como el Partido Encuentro Social (PES) –partido de derecha religioso-, se sumó a cientos de grupos priistas que le prometían apoyo, en el terreno sindical permitió que sectores corporativos y reaccionarios le ayudaran en su campaña. A lo interno de Morena, se impusieron candidatos que terminaron por minar la débil democracia interna que había, o que causo fuertes discusiones, incluso algunas rupturas menores. 

Todo esto palideció cuando las masas salieron a votar. Desde temprano se podían ver largas filas donde la gente estaba ansiosa por votar, muchos criticaron en las redes sociales que las casillas se instalaban tarde, en las casillas especiales –en las cuales se puede votar si no estás en tu circunscripción electoral- había filas de miles de personas las cuales protestaron al terminarse las 750 boletas electorales asignadas en cada una de ellas. Estas protestas desembocaron en el cierre de calles y se hicieron marchas al Instituto Nacional Electoral. 

La votación fue tan masiva que va a cambiar toda la configuración política de las cámaras de Diputados y Senadores donde Morena, Partido del Trabajo y el PES tiene la mayoría: de 128 senadores la coalición se queda con 74 y de 500 diputados tiene 305, mayoría absoluta. De las 9 gubernaturas que estaban en juego 5 son para Morena (Morelos, Chiapas, Veracruz, Tabasco y Ciudad de México), las 3 restantes para el PAN. En la Ciudad de México, centro político y social del país, además de la gubernatura se queda con 11 de las 16 alcaldías y una mayoría aplastante en la camarada de diputados local. En Estados donde el PRI siempre había tenido el control absoluto ahora está arrinconado, como lo es el Estado de México.  

Esta avalancha dejo al PRI con apenas 13 diputados federales, y en un tercer lugar con la votación más baja en su historia. Esto va a traer consecuencias importantes porque este partido funciona a partir de lealtades compradas con puestos de gobierno, espacio para poder robar. La estructura se resentirá y perderá parte de su aparato burocrático corporativo. Aún mantiene varias gubernaturas y todo lo que pueda saquear de aquí al 1 de diciembre. 

Ricardo Anaya puso toda la carne al asador en estas elecciones, como se dice por ahí, quemo las naves. Dividió a su partido, expulsó a sus opositores, invirtió una fortuna con dinero del narco, hizo todo lo que estaba en sus manos para ganar y al final no obtuvo lo que quería. Un día antes de las elecciones expulsó a dos miembros de la comisión política de su partido. La derrota acelerará la crisis y las expulsiones. 

El caso más patético de todos es el del PRD. Este partido se fundó al calor de la lucha contra el fraude electoral en el 88, es fruto y recoge las tradiciones de las luchas más emblemáticas de ese periodo, de la lucha en la universidad del CU histórico, de las movilizaciones por la reconstrucción de la ciudad después del sismo del 85, de los paros cívicos nacionales, de la lucha contra la guerra sucia, del mismo Partido Comunista que le entregó su registro y locales, etc. Su postura reformista, el proceso de alejamiento de las luchas, su proceso de degeneración lo llevo a una ruptura definitiva con AMLO en el 2012 y al final a aliarse con la derecha en un vergonzoso “Pacto por México” y voto a favor de todas las contrarreformas reaccionarias. Se aliaron con el PAN en estas elecciones y ahora está a punto de perder su registro como partido político nacional.  

En elecciones pasadas vimos como la juventud se mantenía al margen de las elecciones, ahora los jóvenes fueron a votar por AMLO. En realidad todas las edades votaron parejo por él. Donde sí se ve la diferencia es con respecto a los sectores económicos de la población. El 53% de los que votaron por AMLO ganan menos de $2500 al mes (132 dólares) y de los que ganan más de $2500 pero menos de 8 mil pesos (132 a 421 dólares) el 46.6% también lo apoyaron. Es decir, los pobres se volcaron para apoyar lo que ellos consideran representa un cambio para mejorar sus condiciones de vida. 

Un complejo panorama para el gobierno de AMLO 

Dos días después de la gran victoria electoral, uno de los personajes más cercano a Andrés Manuel, Alfonso Romo –empresario reaccionario, coordinador del Proyecto de Nación de AMLO y futuro jefe de la oficina presidencial- salió a decir que las zonas especiales (regiones del país que el gobierno de Peña Nieto ha ofrecido para la inversión a gran escala en zonas donde los recursos naturales son abundantes) no solo se mantendrán, sino que, “México tendrá que ser un paraíso de la inversión”. Todos sabemos cuáles son las condiciones para crear esos “paraísos”: mano de obra barata, restricción para la organización sindical, nulas prestaciones laborales, condonación de impuestos, recursos naturales baratos y en abundancia. 

Romo dijo: “Los empresarios piden responsabilidad financiera y se les va a cumplir, más de lo que creen… Tenemos que dar toda la certeza. Se necesita mucha inversión. Tenemos que darles todos los elementos para que los empresarios mexicanos se queden y los extranjeros vengan a México”. 

AMLO, la misma noche de la victoria, dijo en su discurso que no habrá venganza contra nadie, que quiere la reconciliación nacional. Dos días después se reunió con Empresarios y con el actual presidente Peña Nieto. Ambas reuniones son para preparar tanto la transición de gobierno como el trabajo conjunto entre empresarios y gobierno. 

Al mismo tiempo, se ha reunido con el que será su gabinete de gobierno para ir preparando 35 medidas que son fundamentales para comenzar su trabajo, dentro de ellas está la “lucha contra la corrupción, un gobierno austero, fondos para el desarrollo, rescate del campo, dar empleo, apoyo a los más pobres y a las comunidades indígenas”. 

Estos primeros días de actividades, ya como presidente electo, pero aún sin el cargo –él asume el cargo de presidente hasta el 1 de diciembre- se puede ver cuál va a ser la dinámica de su gobierno. En su Programa de Nación que sirve como eje rector de lo que será su gobierno lo explica: no quiere romper con el capitalismo, por el contrario, quiere un capitalismo funcional –de primer mundo-, el gobierno se compromete con los empresarios para que existan las condiciones para la inversión, al mismo tiempo, por medio de la austeridad republicana  que implica una reducción de los altos salarios de la burocracia–se piensa reducir todos los salarios de los altos funcionarios del Estado y ninguno puede rebasar los 90 mil pesos mensuales-; ajustar los gastos de gobierno eliminando los innecesarios, terminado con las pensiones vitalicias de los ex presidentes, eliminando el seguro privado de la burocracia, adelgazando el aparto de gobierno –en su Proyecto dice que se podría trabajar con la misma eficacia con el 30% del personal del actual Estado-; dando una batalla a muerte contra la corrupción –con el cual se ha dicho que se va a ahorra 800 mil millones de pesos-. 

Estas medidas que hemos enunciado no significan un cambio profundo en la sociedad, ni una batalla contra el capitalismo, pero estamos de acuerdo y las apoyamos. Lo que plantea es una luchar contra sectores de la burocracia estatal y algunos partidos políticos que se van a defender para mantener sus privilegios, esas medidas se pueden llevar adelante y seguramente veremos cómo el gobierno podrá obtener una masa de recursos para llevar adelante algunas promesas de la campaña: becas para los estudiantes, apoyo a adultos mayores y discapacitados. Los empresarios han dicho que están de acuerdo con la lucha contra la corrupción y que van a apoyar a AMLO en esta campaña.  

Hay algunas otras propuestas que van a necesitar mucho dinero y que el gobierno tendrá que sacar, no se sabe de dónde –se ha dicho que no se aumentarán los impuestos (pero imaginamos que no se van a condonar los impuestos a las grandes empresas, que ahora son cantidades gigantes), que no se aumentará el precio de la gasolina y no se aumentará la deuda- pero qué son parte integral de sus propuestas: la educación para todos, seguro universal a todo el mundo, crear un plan de vivienda para los más pobres, etc. Esto necesita una gran inversión en infraestructura, maestros, doctores, trabajadores sociales, etc. Ha dicho que va a contratar a 2 millones 600 mil jóvenes por año para darles trabajo en el campo, en la cultura, como aprendiz en empresas (con respecto a esta última propuesta, queremos decir que lo que plantea en realidad es un financiamiento de parte del estado a la empresa privada, lo cual estamos totalmente en contra. Los jóvenes entraran como aprendices a una empresa, la cual les sacará el mayor provecho explotándoles y el gobierno financiará su salario por algún tiempo. Esa es la forma en la que AMLO plantea atraer inversión y dar facilidades a las empresas). Todo esto representa mucho dinero. ¿De dónde va salir todo este recurso?  

Las reformas estructurales que implementó Peña Nieto, particularmente la energética, enterró la posibilidad de que el Estado tenga una entrada de dinero que se pueda invertir como capital para industrializar. Nosotros estamos porque la reforma energética se revierta y se renacionalice, no solo la industria energética (Pemex y CFE), sino todas las grandes industrias mineras, las grandes tiendas comerciales, las carreteras, se expropie a la banca y haya un solo banco del estado. Con estos recursos se podrían cumplir todos los proyectos que AMLO ha propuesto, y muchos más. Pero él ha dicho también, que no habrá expropiaciones.  

¿Entonces de donde van a salir los recursos? En su Proyecto de Nación dice que, por ejemplo, en programas de infraestructura o de vivienda, el gobierno compartirá gastos con la iniciativa privada. El problema es que la iniciativa privada no invierte con el fin de cumplir un objetivo social, como lo puede ser la inversión estatal, sino para sacar ganancia. El Gobierno va a continuar una política que ya existe ahora, donde por medio del gobierno se le abren las posibilidades a la iniciativa privada. Ahora ya sucede con el INFONAVIT (Instituto de Vivienda del Gobierno) el cual da créditos a los trabajadores que cotizan en el seguro social, pero ese crédito no lo da el Estado sino la empresa privada y un departamento o casa que cuesta 350 mil pesos, al final terminas pagando 1 millón y medio, la ganancia es para el empresario. Esto no es un programa social, en realidad lo único que hace el estado es asegurarle el préstamo a un trabajador con el banco. La vivienda es un derecho humano, no una mercancía. El gobierno tendría que construir vivienda barata y habitable –de buen tamaño- para los trabajadores y sectores de escasos recursos,  que estos se paguen al costo más la inflación anual. Así se garantizaría que todo mundo tuviera una vivienda digna. La intervención de la industria privada en los planes de desarrollo al final encarecerá todos los proyectos, y esto lo van a tener que pagar los trabajadores. 

Las cámaras empresariales han dicho que están de acuerdo en apoyar a AMLO en su lucha contra la corrupción, pero también han dicho claramente que no están dispuestos a perder lo que ya han logrado con las reformas estructurales. Sí AMLO trata de revertir las reformas, como la educativa –que se ha comprometido con los profesores a hacerlo- se abrirá un conflicto. Por eso no ha dicho nada sobre la reforma laboral, con la cual la clase obrera pierde el derecho de jubilación, pone trabas a la organización independiente y democrática, limita las huelgas, pierde contratos colectivos, etc. Por eso ha sido muy cuidadoso al decir que los contratos de la reforma energética se revisarán, y solo en caso de que alguno dañe el interés nacional se apelará conforme a la ley para revertir el contrato, más no la reforma. 

Otro de los puntos, de conflicto o contradicción, es el tema de los salarios. AMLO ha dicho que se tienen que aumentar, ha prometido que los trabajadores del Estado que menos ganan deberán ganar el doble, pero los trabajadores del Estado no son los que peor ganan. Los del salario más bajo son los del sector industrial, particularmente los de la maquila. En su Proyecto, AMLO propone que se incentivará, con menciones de empresa responsable, a aquellos empresarios que aumenten el salario. El beneficio es que esos empresarios podrán ser considerados cuando el estado requiera productos que está empresa fabrique. Apela al buen corazón “responsable” de la burguesía para que otorguen mejores salarios. Esta idea no es nueva, en realidad la planteaban hace más de 200 años los socialistas utópicos, con la diferencia que en aquellos años estas propuestas eran brillantes ante un capitalismo muy poco desarrollado, ahora suena a un chiste está idea, pero se podría decretar un aumento al doble, esto sería muy importante para ganar terreno a todo lo que ha perdido el salario, pero al mismo tiempo se tendrían que controlar los precios –por lo menos de la canasta básica- para que el aumento surja efecto, si esto no se hace la inflación se comerá el aumento y no tendrá ninguna repercusión. 

Podemos decir que el programa que plantea AMLO, una parte la va a poder desarrollar, incluso con el apoyo empresarial –todo lo que tiene que ver con el ataque a la corrupción-, otra parte, la que tiene que ver con los beneficios de la oligarquía y el gran capital internacional, o el conflicto inherente en el capitalismo por el control de la plusvalía, ahí el gobierno tendrá que decidir a quién apoyar, si a los trabajadores o a la burguesía. A alguien va a defraudar, porque no puede servir a dios y al diablo al mismo tiempo.  

El gobierno podrá mediar en algunos conflictos, interviniendo con una política asistencialista o subsidios a los empresarios, pero esto tiene un límite. 

El trato con el imperialismo americano 

Otro de los factores que se tiene que tomar en cuanta, pero que es imposible valorar ahora mismo es la relación que el nuevo gobierno puede tener con el inquilino de la Casa Blanca.  López Obrador ha dicho que quiere seguir manteniendo el TLC y tener buenas relaciones, de iguales, con el vecino del norte. Incluso Trump ha mandado un mensaje felicitando a AMLO por ser el presidente electo y dice que está ansioso por tener relaciones con él, pero sabemos que el comportamiento de Trump es totalmente inestable. 

El gobierno estadounidense ha manifestado abiertamente su deseo de terminar el TLC y solo se quedará en él, si logra acuerdos totalmente favorables para parte de la burguesía estadounidense. Ha dicho en reiteradas ocasiones que va a construir un muro y que eso lo va a pagar México. Mantiene una política brutal contra los inmigrantes, particularmente los mexicanos y centroamericanos. Ya implementó una serie de impuestos al acero y aluminio mexicano, lo cual ha desatado una avalancha de impuestos a mercancías estadounidenses que entran a México. 

Con un personaje inestable, que tiene como objetivo el proteger su mercado interno a costa del resto del mundo, acostumbrado a decidir lo que México tiene que hacer y decir, vemos complicada la relación que el gobierno de AMLO pueda mantener con Trump. Andrés Manuel ha dicho que buscará nuevos mercados y socios comerciales para las mercancías mexicanas, pero el caso es que, ahora mismo el 85% de las mercancías que exporta México van a EEUU, el segundo lugar de destino es Canadá con un 5%, hay un abismo gigante que no va a ser fácil de reemplazar en un momento donde existe una tendencia al proteccionismo.  

Los límites del reformismo en un periodo de crisis 

El programa que plantea AMLO no es anticapitalista, mucho menos socialista, es un programa de pequeñas reformas, un gobierno reformista. Los marxistas no nos oponemos a las reformas, en realidad somos los más entusiastas para luchar por ellas para conseguirlas. Lo que sí decimos es que en un momento en que el capitalismo está en crisis, como lo hemos mencionado más arriba, las reformas son prácticamente nulas. 

Los partidos reformistas de todo el mundo son los que han aplicado, no el programa de reformas, sino de contrarreformas, arrebatando todo lo que la clase obrera y sus aliados habían conseguido en periodos pasados. En los países donde han estado en el gobierno partidos reformistas (progresistas) y han aplicado tímidas reformas, hemos visto como el imperialismo y la oligarquía han respondido en cada caso, ejemplos nítidos los podemos ver en Venezuela, Honduras, Brasil, Bolivia, Ecuador, etc. Estos son ejemplos de cómo las reformas solo pueden ser fruto de un movimiento revolucionario. Si esta revolución no se consolida, necesariamente viene una contra ofensiva de las oligarquías y el imperialismo para terminar hundiendo todo el proceso. 

Para que exista el reformismo necesita haber bases materiales, un desarrollo del capitalismo donde se puedan dar concesiones a las clases oprimidas. En una época de crisis, el reformismo no tiene margen de maniobra. Al verse envueltos en un choque frontal con la oligarquía, los reformistas tratan de entablar diálogos amistosos, concilian porque no ven otra salida más que agarrarse al capitalismo por todos los medios. Esta es la razón por la cual el reformismo termina traicionando las aspiraciones de millones. No es porque sean malas personas los dirigentes reformistas, sino porque su teoría, no les permite imaginarse una sociedad que rompa con el capitalismo, al suscribirse a los límites de un sistema enfermo de muerte terminal, tienen que aceptar sus leyes y reglas.  

Todo su programa de reformas, sin afectar al capital, teniendo una colaboración de clases, se vuelve en su contrario y tiene que aplicar las reformas que el capitalismo necesita para subsistir. 

Las perspectivas del gobierno de AMLO 

Andrés Manuel  asumirá el gobierno en medio de una crisis muy profunda a todos los niveles. La maravillosa intervención de las masas en la contienda electoral deja ver el ánimo con que éstas van a esperar este nuevo gobierno y los cambios para mejorar sus condiciones de vida. AMLO tiene en sus manos un capital político tremendo, si él quisiera, el primero de diciembre podría comenzar una transición al socialismo de forma pacífica, movilizando a millones para expropiar a las grandes empresas, terminar con el problema del narco y la violencia construyendo comités de autodefensa o policías comunitarias. El capitalismo rápidamente caería. 

Dado que AMLO no es un socialista y el camino que ha escogido es el de las reformas, veremos cómo el gobierno intenta maniobrar entre las presiones económicas y la lucha de clases que se desatará después de una breve luna de miel. Si el gobierno quiere ir demasiado lejos en sus reformas, se va a encontrar con una respuesta férrea de los empresarios que van a utilizar la autonomía del banco de México -que el mismo AMLO ha garantizado mantener- para sabotear la economía y hacer caer al gobierno. Por otra parte, la clase obrera y los pobres de este país, esperarán por un cierto periodo a que AMLO resuelva los problemas más urgentes, pasado un tiempo y no ver medidas suficientemente audaces, un sector se desmoralizará y sacará conclusiones pesimistas, pero otros sectores saldrán a la lucha. 

Ahora mismo, aunque el gobierno no ha tomado posesión, ya hay una andanada de cartas de parte de les movimientos sociales, pidiendo reunirse con AMLO para pedirle que atienda sus demandas. Esto lo han hecho los compañeros de Atenco, los de Cooperativa Pascual, grupos de inmigrantes, organizaciones de mujeres, etc. Seguramente esto se incrementará. Además, hay una idea muy clara en la gente, el gobierno de AMLO es un gobierno que los va a apoyar y seguramente en todas las regiones, en los diferentes sectores veremos luchas de la clase obrera, de los más pobres, por recuperar algo de lo periodo, se echarán a la calle, harán huelgas, pelearán contra sus enemigos de clase sin esperar a que AMLO les diga sí o no, lo harán seguros que este gobierno los apoyará.  

AMLO tendrá dos caminos, o utiliza su capital político para moverse junto a la burguesía y desmontar la resistencia de las diferentes organizaciones sociales y políticas que aspiran a un cambio o se mueve de lado de los trabajadores para golpear a la oligarquía y al imperialismo para buscar una independencia política y económica del país, estilo el general Cárdenas en los años 30. Aún y si se optara por esta vía, los trabajadores no tendrían que quedarse a medio camino, para garantizar una lucha victoriosa, tendrían que avanzar a medidas socialistas.  

El gobierno de Cárdenas nacionalizó el petróleo y los ferrocarriles, desarrolló la educación pública y gratuita, repartió la tierra a los campesinos, en momentos determinados armo a los campesinos para defender sus conquistas, se enfrentó al imperialismo norte americano e inglés, se confrontó a la reaccionaria burguesía regia, organizó a los obreros, a los campesinos y a la juventud alrededor del estado de forma corporativa, pero todo esto lo hizo, no para ir al socialismo, sino para fortalecer el Estado capitalista y desarrollar a la burguesía nacional. Fue un gobierno valiente bajo la ideología del nacionalismo revolucionario y de desarrollar al capitalismo, ponerlo a la altura de un capitalismo avanzado. 

Las presiones a las que se enfrentó Cárdenas no fueron menores, todas las reformas que hizo se toparon con una férrea oposición de la burguesía y el imperialismo –la mafia del poder de aquellos años-. La burguesía organizó grupos paramilitares para sabotear la economía y asesinar a dirigentes sociales, los Camisas Doradas; organizó un paro de capitales en Monterrey para evitar que el gobierno validara los sindicatos democráticos en ese estado; financió, junto con el imperialismo norte americano e inglés el levantamiento armado de diferentes caudillos locales; una vez que nacionalizó el petróleo sufrió un sabotaje internacional organizado por los países imperialistas afectados, estos mismos tendieron un bloqueo comercial y crediticio para aplastar al gobierno. 

El imperialismo y la oligarquía de aquellos años han cambiado muy poco, son los mismos nombres, las mismas familias, los mismos intereses que chupan los recursos del gobierno, los que súper explotan la mano de obra, los que quieren seguir manteniendo su control. A pesar de que la burguesía fue la que más se benefició del gobierno cardenista, una vez que éste salió del gobierno revistieron la mayoría de sus reformas de manera paulatina. 

Hoy Andrés Manuel presenta la misma idea de Cárdenas, desarrollar el capitalismo, salvarlo de sí mismo, de la voracidad del imperialismo y la oligarquía. Hacer un capitalismo con rostro humano, una tercera vía. El problema para AMLO es que ahora el sistema está herido de muerte. Va a tratar de revivir a un enfermo terminal de cáncer con aspirinas. Cualquier intento de reforma seria, a favor de los trabajadores, se encontrará con una respuesta enardecida por parte de las fuerzas contrarrevolucionarias.  

La tarea de los marxistas en este periodo 

Trotsky dicen en El Programa de Transición, que los marxistas no nos oponemos a las demandas democráticas de los trabajadores. Está no es una idea nueva, ni de él. Lenin dijo lo siguiente con respecto a la lucha por las reformas: 

“… la democracia no suprime la opresión de clase, sino que hace que la lucha de clases sea más pura, más amplia, más abierta y más aguda; y esto es lo que necesitamos. Cuando más plena sea la libertad del divorcio, más claro será para la mujer que el origen de su “esclavitud doméstica” reside en el capitalismo y no en la falta de derechos. Cuanto más democrático sea el régimen político, tanto más claro será para los obreros que la raíz del mal está en el capitalismo, y no en la falta de derechos. Cuanto más completa sea la igualdad nacional…, tanto más claro será para los obreros de una nación oprimida que el quid de la cuestión radica en el capitalismo, y no en la falta de derechos. Y así sucesivamente”. (Lenin, Sobre la caricatura del marxismo y el economicismo imperialista, pág. 49) 

Los marxistas tenemos que partir de las cosas tal cuales son ahora mismo. No nos hacemos ilusiones ni cerramos los ojos y hacemos que no existen 30 millones de votos por AMLO. Nuestro análisis parte de la realidad tal cual es y a partir de eso tenemos la obligación de tender puentes para que, a partir de la experiencia de las masas, se saquen conclusiones revolucionarias y la necesidad del socialismo. 

La gran mayoría de los grupos que se dicen revolucionarios o socialistas están enojados por el triunfo de AMLO, como ellos no son los que están al frente de esta lucha, descalifican a las masas que votaron por él, lo acusan de querer salvar al capitalismo, de reformista, de muchas otras cosas. Parecen pequeños niños encaprichados que ven como los grandes acontecimientos pasan por delante de ellos sin poder hacer nada para intervenir o cambiarlo. Su impotencia y falta de comprensión de la realidad les margina a simples espectadores o, en el mejor de los casos, comentaristas al margen del movimiento. 

Las masas, decía Lenin, aprenden de su experiencia, y el nuevo gobierno de AMLO va a ser una gran escuela donde aprenderán los límites del reformismo. Antes de desencantarse pondrán a prueba a su programa, a su dirección, a sus partidos, a sus sindicatos. Cualquier ataque a AMLO por la derecha será respondido con movilizaciones masivas. Solo después de grandes acontecimientos comenzarán a darse cuenta de que dentro del capitalismo no se pueden lograr sus expectativas de una vida mejor, buscarán alternativas donde organizarse, su conciencia cambiará a grandes saltos y buscarán ideas que puedan explicar lo que ha pasado. 

Nuestra tarea, mientras tanto, es apoyar las medidas progresistas de AMLO, las que ayuden al movimiento obrero a conquistar posiciones bajo el capitalismo, que les ayuden a tener confianza en sus propias fuerzas. Criticaremos aquellas con las que no estemos de acuerdo, denunciaremos sus limitantes de forma firme pero amistosa. En caso de una agresión imperialista o de la oligarquía, lucharemos a lado de nuestro pueblo, por la independencia política y económica del país, entendiendo que ésta solo se puede lograr bajo el socialismo. Defenderemos, de forma camaraderil el programa socialista y explicaremos, como lo decía Lenin, pacientemente mientras que luchamos por construir una alternativa revolucionaria para los futuros acontecimientos. 

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