¡El feminicidio de Sara Abigail no puede quedar impune, exigimos justicia!

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Sara Abigail Salinas Sandoval fue una mujer proletaria, cuidaba su salud, era muy activa y metódica, hacia deporte y especialmente disfrutaba salir a rodar con grupos de ciclistas para recorrer largas distancias en carretera. Era una chica a la que le era sencillo simpatizar con las personas, se hizo de amistades de los más diversos círculos sociales. Sus planes eran salir adelante, poner un negocio (un café) y continuar sus estudios. Fue alumna de la carrera de Gastronomía de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Tenía talento para tocar el piano, lo hacía de manera empírica, y le gustaba tomar fotografías, cosa que hacía muy bien.

La noche del domingo 25 de agosto del 2019, en el municipio de Zempoala, Hidalgo, fue encontrada sin vida. Tenía 22 años. La encontró nuestra mamá, Claudia Sandoval, recostada en su cama. El agresor había montado un escenario para intentar pasar el feminicidio como un suicidio, colocándole una bolsa de plástico sobre su rostro. La autopsia reveló que la causa de muerte fue asfixia por sofocación, tenía el tórax hundido. Los factores externos en la escena y en su cuerpo apuntan con toda claridad a que fue asesinada. Por desgracia, el de Sara no es un caso aislado, en México son asesinadas más de 10 mujeres cada día, se habla que han ocurrido más de 250 feminicidios en el país solamente en lo que va del 2020.

Sara Abigail Salinas Sandoval, víctima de feminicidio

Ella quería dejar atrás a una persona que le hizo mucho daño, un hombre que la dominó desde que tenía 16 años. Siendo una menor de edad, este sujeto comenzó una relación sentimental con Sara y nunca aceptó que ella ya no quisiera estar con él. Pero esto va más allá del conflicto entre dos personas, como expliqué en el artículo Los feminicidios en México: síntoma de un sistema enfermo: “La violencia contra la mujer es estructural, ligada en los huesos y nervios del actual sistema capitalista”.

Muchos de los feminicidios ocurren por las parejas y ex parejas de las víctimas pero hay todo un sistema que provoca la opresión y la justifica, además de que protege a los acosadores y asesinos. Por eso estos casos son recurrentes y quedan impunes.

Complicidad de los Testigos de Jehová

Sara y su asesino se conocieron en una congregación de los Testigos de Jehová (es importante mencionarlo porque ésta organización ahora juega el papel de encubrir al presunto culpable) dicha congregación está ubicada en Pachuca de Soto ,Estado de Hidalgo. Años antes, toda nuestra familia pertenecía a dicha religión, pero ya para el año 2012, cuando Sara tenía 16 años, solo ella seguía asistiendo a la congregación.

Conozco a madres de chicas asesinadas que creen y buscan amparo en dios (pero que también buscan justicia en esta tierra). Aunque no comparto sus creencias ellas merecen todo mi respeto, pero debo decir que la iglesia ha tenido un papel históricamente reaccionario. En sus estructuras relegan a la mujer a un rol secundario, de sumisión, y cuando se comete en su seno algún abuso de cualquier índole, ya sea sexual, psicológico o físico, la iglesia hace todo lo que está en sus manos para que no salga a la luz. No solo estoy hablando de la iglesia católica, estoy hablando de todas las instituciones religiosas, todas esas instituciones que gestan en sus enseñanzas el más asqueroso machismo y defienden la estructura patriarcal que existe. Debemos incluir aquí a la Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania, entidad jurídica de los Testigos de Jehová que, hay que decir, y vale la pena indagar en esto, son una sociedad millonaria, que emplea a miles de sus miembros sin ningún tipo de remuneración, se hace de trabajadores voluntarios que viven en sus sedes conocidas como Betel. Pero esto es tema para otro artículo.

En dicha congregación se supo de la relación de abuso que llevaba con Sara el sujeto que era varios años mayor que ella (no mencionaré nombres porque el tipo ni siquiera ha sido sometido a proceso). Los adultos que supieron de la situación guardaron silencio. Nadie buscó a sus padres para advertirles del peligro en que estaba Sara. Pasaron los años y esta relación continuó a escondidas.

En las últimas semanas en que Sara estuvo con vida decidió dejar esta relación que la hacía sentir menos valiosa de lo que en realidad era, la hacía sentir utilizada y desilusionada. El tipo la buscó en constantes ocasiones y le llamaba para acosarla. Inclusive mi papá y yo fuimos testigos de una de esas llamadas, la noche del viernes 23 de agosto, dos noches antes del feminicidio, en la que un sujeto le insistió a salir. Más de media hora duró esa llamada, Sara en ningún momento accedió a sus proposiciones.

Días después del feminicidio de Sara, su mejor amiga (que también pertenece a esa congregación) contactó a mi madre para informarle de quien podría ser el principal sospechoso, la persona que la tuvo angustiada en sus últimos días de vida, debido a su insistencia en buscarla. Fue en este momento cuando nos enteramos de esta relación.

La noche del domingo 25 de agosto del 2019, en el municipio de Zempoala, Hidalgo, fue encontrada sin vida. Tenía 22 años.

Bajo la presión de los Testigos de Jehová, la chica que se decía su mejor amiga y su familia, esas personas que «la consideraban parte de su familia», han re victimizado a Sara. Han señalado que era una chica promiscua, que gustaba de ir a fiestas para alcoholizarse y tener relaciones sexuales. Han encaminado sus testimonios a apuntar que ella se suicidó, volviéndose cómplices del asesino, respaldando el montaje de suicidio que hizo el día que le arrebató la vida a mi hermana. No se ve ninguna voluntad de señalar al presunto asesino, por el contrario, dicen desconocer la relación sentimental de ellos dos. En su actuar se hace evidente el pensamiento conservador, que señala y juzga a la víctima, dejando de lado la culpa del asesino. Para ellos vale más guardar la falsa honorabilidad de los Testigos de Jehová que oponerse al crimen de Sara, lo malo es que otras chicas están en peligro de ser abusadas y hasta asesinadas dentro de su congregación.

El Estado protege a los feminicidas

Aquí es donde empieza la búsqueda de justicia para nuestra familia, lo cual es un camino lleno de obstáculos que son puestos por las mismas autoridades, que se supone son las encargadas de garantizar las justicia y el debido proceso. Las autoridades intentaron manejar como línea de investigación del caso el móvil del suicidio. En ese momento es cuando mis papás tienen que confrontar al Ministerio Público (MP), para no permitir que se diera carpetazo al asunto. Lo primero que se debió hacer fue iniciar la investigación con perspectiva de género, cosa que no se hizo tratándolo como homicidio común.

El perder a una hija, una hermana o una amiga de esta manera es difícil y lo que viene por delante es todo un proceso de sanación y recuperación. Sin embargo, en México, las familias, que también son víctimas de esta situación, no se pueden dar ese “lujo”. Lo que vino para nosotros fueron días de investigación. Buscar y entrevistarse con sus amigos y conocidos, conseguir videos de cámaras de seguridad en las calles aledañas, conseguir los números de los postes de las cámaras de seguridad (C5i) en todo el recorrido que va desde Pachuca a Zempoala para pedir esos videos, hablar con vecinos y saber si alguien vio algo extraño. Además buscamos asesoría jurídica, fuimos ayudados por la activista y periodista Frida Guerrera, que dirige la asociación Voces de la Ausencia, y por la organización La Izquierda Socialista, ya que las autoridades no nos la proporcionaron, hasta después de tres meses del feminicidio de Sara.

El sistema de justicia mexicano está plagado de corrupción, muchas veces los agentes investigadores piden dinero a las familias para ponerse a hacer lo que les corresponde. Sucede también que su falta de interés entorpece las investigaciones.

Además de la corrupción, están las negligencias y errores que se cometen en la investigación. La escena del crimen debe resguardarse correctamente, ya que puede ser necesario hacer más peritajes. En este caso, el hogar de Sara, lugar donde fue asesinada, nos fue liberado de inmediato.

La experiencia histórica nos ha demostrado que es con organización y lucha social que hemos logrado conquistar nuestros derechos democráticos básicos. Ha sido con la lucha en las calles que las mujeres hemos puesto en la agenda política, nacional e internacional, la problemática de la violencia de género y su expresión más cruda que son los feminicidios.

Nuestra familia ha visto la necesidad de utilizar el recurso de la organización, ha sido así como se ha logrado dar pequeños avances en el caso. Ha sido la presión social lo que hizo que iniciara velozmente el proceso contra el asesino de Ingrid Escamilla (chica poblana asesinada y posteriormente desollada el 9 de febrero), fue la movilización y la enorme presión social lo que hizo que se capturara a los presuntos asesinos de la pequeña Fátima Cecilia (desaparecida el 11 de febrero y después encontrada sin vida), fue la movilización y presión la que llevó a condenar al asesino de Lesvy Berlín Osorio, estudiante de la UNAM.

Desde La Izquierda Socialista y la Corriente Marxista Internacional iniciamos una campaña internacional de firmas. Camaradas de diversos países hicieron llegar correos pidiendo justicia a distintas autoridades del Estado de Hidalgo y a nivel federal. Fue así que, pasados 3 meses de iniciada la investigación, las autoridades mandaron el caso a la fiscalía para la atención de delitos de género.

En nuestro caso hemos tenido el respaldo de una organización, pero lamentablemente no todas las familias pueden contar con esta ayuda. La legalidad burguesa solo sirve a los que más tienen (es clasista y patriarcal). Cuando a una madre, jefa de familia, le asesinan a su hija tiene que decidir entre salir a trabajar para sostener a su familia o dejar todo de lado para buscar justicia. Ha sucedido también que se comete un feminicidio y el asesino es un tipo con influencias o con dinero para comprar a las autoridades. Los familiares poco pueden hacer ante la falta de recursos o ante las amenazas, muchos deciden no dar seguimiento y su hija pasa a ser parte del 99% de los casos que quedan en impunidad. Todo el sistema de justicia del Estado mexicano protege a los ricos y a quien comete agresiones contra mujeres.

Omar Fayad Meneses, gobernador del estado de Hidalgo, declaró en sus redes sociales: “Es muy necesario cambiar la realidad que está viviendo la mujer en México. Basta de violencia”. Y se pronunció a favor del paro de mujeres del 9 de marzo. Esto es burda hipocresía. La violencia en el estado se está incrementando, el caso de Sara lamentablemente no es el único feminicidio en la entidad, tenemos también casos de compañeros desaparecidos. ¿El gobernador quiere acabar con la violencia hacia la mujer? Empiece con hacer justicia a los casos de feminicidio como el de Sara Abigail.

Sabemos que el problema de la violencia es una cruda herencia del pasado pero mi hermana fue asesinada cuando Andrés Manuel ya era presidente. ¿Es incorrecto que pidamos justicia? ¿Es erróneo luchar por erradicar la violencia a la mujer? Los feminicidios son una emergencia nacional y debe ser una prioridad del actual gobierno atenderla, empezando por asegurar que se elimine la impunidad.

Exigimos al gobierno Estatal y Federal atender el caso de Sara Abigail y del resto de las mujeres asesinadas y asegurar que haya justicia. Basta de impunidad y corrupción, el Estado debe dejar de proteger a los asesinos.

Únete a esta lucha

Por todo el mundo están surgiendo movimientos de insurrección, en los que las masas salen a manifestar su inconformidad con las condiciones de vida actual. Este sistema capitalista nos está llevando a situaciones cada vez más críticas. La brecha de desigualdad se hace cada vez más grande. La explotación de cualquier índole, ya sea laboral o sexual, sigue existiendo. Las oportunidades de empleo son escasas, la violencia puede hacernos a cualquiera de nosotros víctimas mortales. Mientras algunos siguen en sus propios asuntos creyendo que nada de esto les afectará, nosotros creemos que este sistema tiene que erradicarse. Las acciones organizadas son pasos adelante para conseguir este objetivo.

En los últimos meses hemos visto como el movimiento de mujeres ha incrementado. No vemos sólo marchas masivas sino también a miles de mujeres (y también hombres) creando sus propios espacios para organizarse y buscar una explicación a la actual situación.

Justicia para Sara Abigail y todas las víctimas de feminicidio

Nosotros como marxistas queremos dejar claro que no es únicamente el feminismo el que lucha por la emancipación de las mujeres, el que lucha contra la violencia de género, contra el machismo y en contra del patriarcado. Nosotros hemos levantado todas estas banderas con la diferencia de que no reivindicamos como el centro a la lucha de género sino a la lucha de clases. Para erradicar definitivamente la violencia contra la mujer debemos acabar con el sistema capitalista y el estado que la provocan.

Sara Abigail no fue únicamente víctima de un hombre, sino de todo un sistema, una sociedad e instituciones qué reproducen y toleran la violencia machista, cosificando a las mujeres, haciéndonos objetos desechables una vez que ya no les servimos.

A todo aquel que tuvo el gusto de conocer a mi hermana Sara y también a aquellos que no la conocieron, pero que entienden lo alarmante qué es hoy en día el problema de los feminicidios y todo el antecedente de violencia machista que hay detrás de ellos, hago un llamado a sumarse a este movimiento que busca hacerle justicia. Hago un llamado a organizarnos a todo aquel que quiera ayudarnos a encontrar justicia pero no sólo para Sara, sino para todas. Tras escribir estas líneas la consigna «No no no, no es un hecho aislado, los feminicidios son crímenes de Estado» me parece tiene mucho sentido.

¡Exigimos al gobierno de Hidalgo y federal justicia para Sara Abigail y las víctimas de feminicidio!

¡Ni una asesinada más!

¡Abajo el capitalismo asesino de mujeres!

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