De la Revolución política de Trotski a la Revolución cultural de Mao
Rubén Rivera
Para la historia de la humanidad el acontecimiento más trascendente ha sido el triunfo de la revolución rusa de 1917 y la instauración del régimen soviético que le siguió. Por primera vez en la historia de la humanidad nació un Estado obrero que lograba sostenerse a pesar de la cruel guerra civil a la que el mundo capitalista le sometió.Las palabras o letras en azul han sido agregadas como complemento
Su triunfó generó una onda expansiva que abarcó todo el planeta, los revolucionarios que buscaban la emancipación de frente al imperialismo encontraron en la revolución rusa una fuente de inspiración y organización. A ello se sumó el hecho de que Lenin y Trotski consideraban al poder soviético sólo como el primer paso de la revolución mundial, la creación de la Internacional Comunista debería ser un instrumento para avanzar en la conformación de vanguardias revolucionarias que apoyarían los estallidos en cada país. Las palabras o letras marcadas en rojo han sido corregidas
Para los países “atrasados” la revolución mundial era la única forma de evitar que la superioridad tecnológica, económica y militar de los países capitalistas terminaran por hacer triunfar intentonas contrarrevolucionarias.
Por todo ello no es de extrañar que durante el siglo XX se tomara como guía el régimen que se estaba estableciendo en la URSS.
De 1918 a 1921, Rusia soportó la acción de grupos armados contrarrevolucionarios que provocaron la muerte de entre 7 y 12 millones de personas.
La clase obrera y los sectores más combativos del campo, que habían participado en el triunfo revolucionario, habían perecido en los frentes de batalla. Los cuadros revolucionarios que habían soportado el peso de la lucha contra el zarismo o ya no estaban o se encontraban soportando tareas administrativas pesadísimas.
Alemania, con la clase obrera más poderosa de Europa, no había sido capaz de hacer triunfar su propia revolución, por lo que se abrió ante sí un periodo muy oscuro que fue el preludio del fascismo.
REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE Y CONTRARREVOLUCIÓN BUROCRÁTICA
Ascenso de la burocracia
En ese contexto, Lenin comprendió que el principal peligro que se cernía sobre el Estado soviético era la creación de una burocracia que seguía su propia lógica y que paso a paso daba más importancia a su supervivencia misma que a la de la creación del socialismo.
Llegando a señalar:
“Si tomamos Moscú”, dijo, “con sus 4,700 comunistas en puestos de responsabilidad, y si tomamos la enorme maquinaria burocrática, ese gigantesco cúmulo, debemos preguntarnos: ¿Quién dirige a quién? Dudo mucho que se pueda decir con certeza que los comunistas dirigen ese cúmulo. A decir verdad, no dirigen, sino que son dirigidos.”1
Durante sus últimos años Lenin trató de buscar una salida para evitar que el proceso de burocratización asfixiara a la revolución, pero primero la enfermedad y luego la muerte lo impidieron, paradójicamente intentó crear un organismo de supervisión que tratará de abordar estos temas, pero designó a Stalin como su responsable.
Para cuando se dio cuenta de su error ya era demasiado tarde, estableció una alianza con Trotski para enfrentar el problema de manera conjunta, pero las enfermedades y la muerte hicieron que fuera poco duradera.
Tocó a Trotski enfrentar el problema de la burocratización relativamente sólo. En torno a él se formó una tendencia de comunistas que creó una plataforma política para corregir el camino. De 1923 a 1927 dieron la batalla para enfrentar problemas candentes como la lucha por la industrialización, la democracia soviética y la revolución internacional.
Frente a ellos la burocracia fue construyendo justificaciones teóricas a las situaciones que en la práctica se vivían en la URSS, es decir convirtieron en virtudes las circunstancias que no necesariamente eran correctas para luchar por el socialismo.
La oposición unificada
En un primer momento solo los seguidores de Trotski enfrentaron al aparato del partido y del gobierno, muchos como Kamenev y Zinoviev creían que haciendo frente con Stalin harían a un lado a Trotski y después ya habría tiempo de hacer las correcciones. No obstante, cuando se dieron cuenta ya Stalin tenía el absoluto control y su facción. Lo determinaba todo incluso por encima de las instancias formales. Fue entonces que hicieron un frente con Trotski, pero para entonces el aparato burocrático era tan determinante que terminó expulsándolos en 1927.
Se dice fácil, pero la lucha de la oposición comunista en la URSS fue una batalla que se prolongó y que hasta 1927 no había nada decidido. En múltiples ocasiones la mayoría era de la oposición, pero al final tal o cual maniobra burocrática les arrebataba un triunfo aquí y allá.
La oposición era leal al partido y al régimen soviético, los estalinistas no. Al final un triunfo en esas circunstancias sobre la base de maniobras y trampas hubiese llevado a la oposición a convertirse en aquello que decían combatir.
Desde ese momento Trotski consideró necesaria una organización de todos los auténticos bolcheviques no sólo para hacer frente a las maniobras de la burocracia sino también para proteger el legado del Partido Comunista de la Unión Soviética a futuras generaciones, fue en ese momento en que se empezó a estructurar el estalinismo como la versión oficial del “marxismo” soviético.
El ascenso y triunfo del estalinismo en aquellos años no surgió de manera espontánea. Entre las causas más importantes podemos encontrar el aislamiento del país a partir de las derrotas de las revoluciones en Europa occidental, la terrible guerra civil que significó millones de muertes entre ellos muchos de los proletarios que protagonizaron la revolución de octubre, provocaron que los sectores de vanguardia del partido bolchevique quedaran aislados respecto al aparato burocrático. Un análisis exhaustivo del proceso lo podemos encontrar en el magistral trabajo de Trotsky, la revolución traicionada, especialmente el capítulo V “ (Porque ha vencido Stalin)
Trotski mantiene limpia la bandera de octubre
Trotski fue deportado, primero a una región en medio de la nada en los confines de Kazajistán y luego a Turquía.
Para ese entonces las cosas habían cambiado drásticamente en la Unión Soviética, Stalin, temeroso de que en algún momento algún tipo de oposición retomara a Trotski como estandarte, decidió eliminarlo físicamente. Así que movió influencias para impedir que algún país lo recibiera, por tanto, fue expulsado de Turquía, luego de Francia y Noruega para terminar en México en 1937.
Durante todo este periodo elaboró una crítica profunda de la manera en que se estaba desarrollando la Unión Soviética y de los peligros de la restauración capitalista, en su obra cumbre La revolución traicionada señala:
“El proletariado de un país atrasado fue el que tuvo que hacer la primera revolución socialista; y muy probablemente tendrá que pagar este privilegio con una segunda revolución contra el absolutismo burocrático. El programa de esta revolución dependerá en el momento en que estalle, del nivel que el país haya alcanzado y, en una medida muy apreciable, de la situación internacional.”2
Pero ¿Cómo sería esa revolución? Trotski explicaba:
“No se trata de reemplazar a un grupo dirigente por otro, sino de cambiar los métodos mismos de la dirección económica y cultural. La arbitrariedad burocrática deberá ceder su lugar a la democracia soviética. El restablecimiento del derecho de crítica y de una libertad electoral auténtica, son condiciones necesarias para el desarrollo del país. El restablecimiento de la libertad de los partidos soviéticos, y el renacimiento de los sindicatos, están implicados en este proceso. La democracia provocará, en la economía, la revisión radical de los planes en beneficio de los trabajadores”.3
En los años en que se escribía el texto los trabajadores soviéticos sufrían terribles presiones para cumplir el plan quinquenal, idea correcta, pero llevada al absurdo por la burocracia. Además, se había comenzado a desatar la histeria de las purgas de Moscú, proceso en el cual Stalin estaba decidido a no dejar rastro de ningún miembro del partido que hubiese sido testigo de los tiempos de Lenin, ello incluía a la mayor parte de su propia camarilla. No obstante, fuera de la URSS la situación no era un paraíso, la crisis económica hacía estragos en todo el mundo, el fascismo y su ferocidad en contra de los trabajadores oprimía ya a Alemania e Italia ya arrasaba a los trabajadores españoles en una guerra que enfrentaban casi atados de manos.
Los países coloniales y ex coloniales estaban a punto de insurreccionarse, y en casos como China vivían la feroz agresión de los militaristas japoneses.
Por tanto, en ese momento para la clase obrera soviética no era atractivo un retorno al pasado. Los sacrificios eran colosales pero el mundo soviético estaba transformando sus bases materiales a un ritmo nunca visto hasta entonces por la humanidad. Faltaba mucho, pero había razón para creer que con un poco más de esfuerzo las carencias serían superadas por las siguientes generaciones.
Por lo tanto, la propuesta de Trotski de mantener al régimen soviético dotado de libertades y democracia para los trabajadores tenía mucho sentido. Trotski lo que planteó fue una revolución política. Ésta era una posibilidad que siguió viva por muchos años, Stalin vivió aterrorizado con esa posibilidad hasta el fin de sus días, su frenético intento por destruir todo atisbo de rebelión y todo el legado de Octubre así lo demuestra.
Un testimonio de Leopold Trepper, espía soviético durante la segunda guerra mundial, demuestra que la fuerza de los militantes trotskistas era de temer, no por su número ni por su prestigio, sino porque tenían razón:
“El resplandor de Octubre se extinguía en el crepúsculo carcelario. La revolución degenerada había alumbrado un sistema de espanto y horror en el que los ideales del socialismo eran pisoteados en nombre de un dogma arcaico al que los verdugos aún tenían la desfachatez de llamar marxismo.
“Y, sin embargo, descorazonados pero dóciles, la maquinaria que habíamos puesto en marcha con nuestras propias manos nos seguía aplastando. Meros engranajes del aparato, aterrorizados hasta la locura, nos habíamos convertido en instrumentos de nuestra propia sumisión. Todos aquellos que no se levantaron contra la maquinaria estalinista son responsables, colectivamente responsables. Yo no puedo escapar de este veredicto.
“Pero, ¿Quién protestó en aquel momento? ¿Quién se puso en pie y expresó su indignación?
“Los trotskistas pueden reivindicar ese honor. Siguiendo el ejemplo de su líder, que pagó su obstinación con un pioletazo, lucharon a muerte contra el estalinismo y fueron los únicos que lo hicieron. En la época de las grandes purgas ya solo podían gritar su rebeldía en las inmensidades heladas a las que les habían conducido para exterminarlos. En los campos de concentración su conducta fue digna e incluso ejemplar, pero sus voces se perdieron en la tundra.
“Hoy en día los trotskistas tienen derecho a acusar a quienes una vez aullaron a la muerte como lobos. Que no olviden, sin embargo, que poseían sobre nosotros la inmensa ventaja de disponer de un sistema político coherente, capaz de reemplazar al estalinismo, y al que podían aferrarse en la profunda angustia de la revolución traicionada. Ellos no «confesaban» porque sabían que sus confesiones no servirían ni al partido ni al socialismo”. 4
Contrarrevolución capitalista
Uno de los principales crímenes del estalinismo fue el utilizar el prestigio de la revolución de octubre para socavar los logros de esta misma. Trotski advertía que con el desarrollo de la sociedad soviética las contradicciones con la burocracia se desarrollarían abriéndose la posibilidad de la restauración capitalista. La casta burocrática no se conformaría solamente con disfrutar de los privilegios inherentes a la administración del Estado y la economía, llegaría el momento en la cual exigiría derechos de propiedad, aunque esa no sería la única posibilidad:
“Si, por el contrario, un partido burgués derribara a la casta soviética dirigente, encontraría no pocos servidores entre los burócratas actuales, los técnicos, los directores, los secretarios del partido y los dirigentes en general. Una depuración de los servicios del Estado también se impondría en este caso; pero la restauración burguesa tendría que deshacerse de menos gente que un partido revolucionario. El objetivo principal del nuevo poder sería restablecer la propiedad privada de los medios de producción”. 5
Desgraciadamente las advertencias de Trotski tuvieron verificación por dos vertientes, por un lado, en el derrumbe de los países de Europa del Este entre 1989 y 1990 y, por otro, en el caso de China. Evidentemente no estamos hablando de una reproducción fiel de lo que señalaba Trotski, sino de la esencia, por un lado, un derrocamiento del régimen en la cual los burócratas a la larga prestarían su apoyo como en Rusia y, por el otro, un intento de restauración capitalista tratando de mantener intacta en lo más posible a la burocracia en el poder.
Por supuesto una variable que Trotski no tenía prevista era que las masas no actuaran enérgicamente para evitar la restauración. Según el fundador del ejército rojo, las masas lucharían y del resultado de ese conflicto se tendría el renacimiento del régimen soviético o la restauración capitalista, en cualquier caso, la restauración sería a costa de una cruenta lucha.
Segunda guerra mundial
Trotski fue asesinado en 1940 a manos de un agente estalinista y no pudo darle continuidad a su análisis. La mayor parte de la organización que fundó la IV internacional no fue capaz de procesar las nuevas variables que iban surgiendo y por lo tanto, los tomó por sorpresa el triunfo soviético sobre el nazismo.
Un factor que modificó todo el escenario fue la agresión de Hitler en contra de la URSS el 22 de junio de 1941. En un inició las potencias imperialistas, especialmente Inglaterra, tenían esperanzas en que la invasión derrocará al régimen soviético y al mismo tiempo desgastara lo suficientemente a Alemania como para forzarla a retirarse de Europa occidental sin negociar.
No obstante, las masas soviéticas, a costa de enormes sacrificios lograron recomponerse y apoyadas a la palanca de la economía planificada, lograron poner de pie al ejército rojo. En este proceso, la catastrófica dirección de Stalin estuvo punto de hacer colapsar al país de los soviets, no obstante, conforme las masas asumían la iniciativa, la capacidad de maniobra de la burocracia disminuyó, decenas de jefes militares salieron de las cárceles para regresar, este fue el caso de Konstantin Rokossovsky,6 seguidor de la táctica operacional desarrollada por Mijaíl Tujacheviski, el cual fue asesinado durante las purgas de 1937, año en el cual Rokossovsky fue encarcelado. Otros más como Timochenko y el propio Shukov, permanecían bajo vigilancia en cargos menores a la espera de que nueva purga cargara con ellos o que el estallido de la guerra los volviera útiles.
Esto último fue lo que ocurrió, a partir de la Defensa de Moscú, Leningrado y después Stalingrado. El ejército rojo fue cambiando el sentido de la guerra, hasta que dos años después, en verano de 1943 quedó quebrado lo mejor del potencial ofensivo del ejército alemán en la batalla de Kursk. Entonces el ejército soviético emprendió un avance que no se detuvo sino hasta la toma de Berlín a finales de abril de 1945.
La posguerra
El ejército rojo era visto como liberador ahí donde se presentaba lo que animó a las masas para avanzar en la revolución socialista , incluso en la Unión Soviética había optimismo. Se podia pensar que tal vez la falta de libertades se debía al peligro fascista, quizás habiendo derrotado totalmente la amenaza nazi habría la posibilidad de una democracia socialista.
No obstante, la situación en los países ocupados por el ejército rojo era ambigua, parecía que se dejaría vivir al capitalismo. El marxista británico Ted Grant señalaba en ese entonces:
“Las victorias de la Unión Soviética son un capital para la revolución mundial, tanto a efectos de las masas en Europa y el mundo, como en su preservación de la economía nacionalizada. Pero es necesario que la clase obrera comprenda el doble proceso contradictorio.
Por un lado, las victorias del Ejército Rojo incrementan los ecos de la revolución de Octubre entre las masas europeas; por el otro, la burocracia utiliza el Ejército Rojo y sus agentes —los partidos comunistas— para estrangular la revolución proletaria”.7
Ted Grant ya advertía que había la posibilidad de que el triunfó soviético fortaleciera la posición del estalinismo por un tiempo, pero que a la larga también habría la posibilidad de que, si no se le arrebataba el poder a la burocracia esta avanzara a la restauración capitalista.
Esto último fue lo que sucedió, aunque por supuesto, ni Ted ni nadie en ese momento imaginaban el modo y los tiempos en que sucedería.
La presencia del Ejército Rojo llevó a la burguesía de los países de Europa del este a escapar, haciendo inviable la posibilidad de un camino capitalista como el que en Italia, Francia y Grecia se emprendía, y que era producto de la colaboración de los comunistas estalinistas con la ocupación militar aliada para poner otra vez de pie a la burguesía en cada uno de esos países.
Una excepción fue Yugoslavia, donde el ejército guerrillero de Yosip Broz Tito fue lo suficientemente fuerte como para evitar la imposición de un régimen burgués.
A la bancarrota burguesa en países como Polonia, Bulgaria y Alemania del Este se le sucedieron regímenes burocráticos, según el modelo del estalinismo.
Ted Grant señalaba al respecto:
“Una causa decisiva de los acontecimientos es la contrarrevolución bonapartista en la Unión Soviética. El poder maligno del Estado y el dominio incontrolado de capas privilegiadas en la Unión Soviética han servido de modelo para el ’socialismo’ en estos países. El bonapartismo burgués refleja una sociedad en crisis donde el Estado se eleva sobre la sociedad y las clases, consigue un papel relativamente independiente y, sólo en última instancia, refleja a las clases poseedoras porque se basa en la defensa de la propiedad privada.
“El proletariado no es la ‘vaca sagrada’ que impide el desarrollo de procesos análogos. El bonapartismo proletario refleja una forma muy peculiar de gobierno obrero. Las contradicciones de una sociedad muy atrasada donde el proletariado representa sólo una pequeña minoría, como señaló Lenin, pueden llevar a una dictadura que se manifieste a través del dominio de una sola persona”.8
Frente al hecho de que el proletariado no tomó el poder en esos países de forma independiente, sino más bien a merced de la ocupación del ejército rojo, llevó a que la burocracia, erigiéndose como representante del proletariado asumiera el poder privando a las masas de toda palanca democrática, como en su tiempo fueron los soviets.
En su lugar se instalaron organismos parlamentarios tradicionales, con dominio del partido estalinista local.
El proceso revolucionario posterior a la segunda guerra mundial fue abrumador. Sólo la traición del estalinismo salvó al capitalismo, que luego de afianzarse en los países avanzados, aprovechó la inmensa destrucción de fuerzas productivas para iniciar una fase de crecimiento económico prolongado.
En este contexto, otros factores aparecieron en las relaciones internacionales que marcaron las siguientes décadas:
1.- La revolución antiimperialista en los países coloniales que obligó, aunque no automáticamente, a las potencias tradicionales a perder sus dominios en ultramar, no sin una sangrienta resistencia.
2.- El surgimiento del imperialismo norteamericano como el único con la fuerza suficiente para asumir el control absoluto del mundo capitalista, el cual aprovechó las condiciones de la Europa devastada para establecer su hegemonía, por medio del plan Marshall, la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y los acuerdos comerciales que permitieron establecer al dólar como moneda de intercambio mundialmente aceptada
3.- La creación de un bloque de países en transición al socialismo, aunque de manera monstruosamente distorsionada por el molde estalinista.
Nos ocuparemos de las características de este tercer punto en cuanto al problema que Trotski había señalado en La revolución traicionada, el poder de un aparato burocrático que gobierna en nombre de la clase obrera y el campesinado, que dice aplicar el programa del socialismo pero que en realidad sólo busca proteger su posición privilegiada, merced a lo cual en el momento en que la ocasión lo permita no duraría en dar pasos al capitalismo.
EUROPA DEL ESTE
Alemania
Hasta 1949, la zona que después se llamó República Democrática Alemana (RDA), estuvo bajo administración soviética. No tuvo al inicio cambios sustanciales en cuanto a las relaciones de propiedad pero la fuga de burgueses al occidente llevó al Estado a tomar el control de diversas fábricas lo que fue creando un sector estatal importante.
La creación de la RDA el 7 de octubre de 1949 implicó la unificación de los socialdemócratas y los comunistas (Partido Socialista Unificado de Alemania). Para 1952 la parte occidental rechaza una propuesta de unificación efectuada por la unión soviética que consistía en declarar el estatus neutral de la Alemania unificada. Por el contrario, la parte occidental toma medidas propias de la guerra fría.
La reacción del régimen de la RDA fue la implementación de una serie de medidas que según ellos, profundizarían el tránsito al socialismo. La más polémica de ellas fue el incremento de las cuotas de trabajo para los trabajadores del sector estatal.
En suma, las medidas consistían en generar ahorros a costa de un incremento de los ritmos de trabajo para el sector estatal sin incremento de salarios, mayores impuestos a las empresas, algún tipo de colectivización en el campo y mayores impuestos a las empresas privadas, así como ajustes a precios de trasporte y otros servicios.
Obviamente, las medidas no fueron producto de un debate democrático surgido de los organismos de poder soviético, de hecho, estos organismos nunca existieron en la RDA. Eran producto de una orden de un gobierno que aparte de autoproclamarse como representante de los trabajadores no los tomaba en cuenta para nada.
A principios de 1953 se desataron movilizaciones, lo que llevó a la dirigencia soviética a ordenar al PSUA a replegarse. Lo que se suponía debería aligerar el problema simplemente lo hizo estallar, se retiraron todas las medidas en contra de la burguesía pero se sostuvieron aquellas relacionadas con las cuotas de trabajo del sector estatal.
El 17 de junio los trabajadores del sector estatal se fueron a huelga y estallaron disturbios en todo el país. Ante esa situación, el mando soviético decidió intervenir empleando al ejército de ocupación para dispersar las manifestaciones. Para finales de junio, la rebelión había sido sofocada y todas las medidas habían sido retiradas. Ello marcó una ruptura profunda entre los trabajadores alemanes y el gobierno que decía representarlos.
¿Había condiciones en 1953 para una revolución política en Alemania? Evidentemente sí. Es también verdad que, al igual que en un proceso revolucionario en un régimen burgués, el factor clave es el subjetivo. Sin una organización que proporcione una conducción política correcta es posible que la rebelión sea sofocada o que esta misma sea manipulada por elementos ajenos al socialismo para la restauración capitalista.
Hungría
Un proceso más profundo se desató unos años después en Hungría.9 Después de la segunda guerra mundial tampoco en Hungría se establecieron organismos de poder obrero, la burocracia soviética apoyada por el ejército de ocupación simplemente se apoderó del parlamento y comenzó a gestionar el país sobre del poder incontestable del partido húngaro de los trabajadores (PHT) que era una fusión entre socialdemócratas y estalinistas.
En un ambiente estalinista los trabajadores protestaban no contra el socialismo sino contra el carácter draconiano de las normas de trabajo estalinistas que exigían más producción a costa del mismo salario.
A la muerte de Stalin la tensión era palpable, pero se sentía en el ambiente la posibilidad de un cambio de rumbo, sobre todo después del XX congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) donde se denunció al estalinismo. En el seno del mismo PHT se gestaba la opinión de que era necesaria una reforma.
Las esperanzas se centraban en el dirigente comunista Irme Nagy, veterano de las luchas socialistas durante la primera y segunda guerra mundial, y que había sido unas veces purgado y otras veces restituido en la dirección del país.
En junio de 1956 se desata una ola de huelgas políticas exigiendo la destitución de Matyas Rakosi, el vigente secretario general del PHT, cuestión que obtuvieron al mes siguiente, esto abrió la sensación de que podían ir a más y que no bastaba un cambio de personas, era necesario un cambio de régimen en el marco del socialismo.
Los jóvenes universitarios exigían poner a discusión el camino más correcto al socialismo, y dieron a conocer su opinión en una masiva manifestación el 22 de octubre. La respuesta del gobierno fue la de denunciar a las movilizaciones como conspiraciones precapitalistas, lo que hizo estallar la ira de las masas y provocó los primeros enfrentamientos en distintos edificios gubernamentales. Al final de la jornada parecía que las masas habían obtenido la victoria, se nombraba a Nagy como primer ministro y se aceptaba reformular al Partido adoptando el nombre de Partido Socialista Obrero Húngaro y pedir la retirada de las tropas soviéticas.
Se abrió entonces una fase de organización desde abajo, las masas crearon sus propios consejos y milicias armadas, como en la revolución soviética de 1917 y, por lo tanto, había posibilidad de sustituir al estalinismo.
Fue cuando se dio la orden a las tropas soviéticas de dispersar las manifestaciones, pero, como hemos dicho, se trataba ya de un movimiento popular armado y había amplias posibilidades que los soldados estacionados confraternizaran con los trabajadores húngaros, razón por la cual el 29 de octubre se les dio la orden de retirada.
Esto marcó el auge del movimiento, se eligió un comité revolucionario de defensa nacional, que en realidad era consecuencia del movimiento de comités desde las bases obreras y populares.
Como una muestra de que la situación no era contrarrevolucionaria, el movimiento popular tutelaba la actuación del primer ministro en funciones Imre Nagy, con el que se acordó el fin de la huelga el 5 de noviembre.Pero para esa fecha las tropas soviéticas habían regresado, en esta ocasión se trataba de soldados proveniente de las regiones orientales sin vínculo alguno con la población.
Pese a la resistencia armada de las masas, el ejército poco a poco recuperó todos los edificios, esto llevó al movimiento a una fase de resistencia apoyado sólo en la huelga general, cuyo instrumento rector, el Consejo Obrero, comenzó a fungir como organismo de poder directo en las fábricas y de doble poder a nivel general especialmente en los meses de noviembre y diciembre de aquel 1956.
Nagi es finalmente depuesto y obligado a refugiarse en la embajada Yugoslava de la que sale solo para ser detenido y procesado, su ejecución el 16 de junio de 1958 sólo se retrasó hasta que el gobierno se aseguró de que la revolución había sido finalmente derrotada.
El ejército rojo reinstala al mando del gobierno a Janos Kadar, pero incluso él se ve obligado a escuchar las demandas del consejo de obreros el 14 de noviembre de ese año. La principal demanda, la instauración de una democracia soviética es rechazada, pero el gobierno títere titubea, aún no se siente lo suficientemente fuerte para atacar.
Si se ve de manera objetiva, la revolución húngara es en líneas generales una revolución política en los términos que Trotski había planteado en 1936, proponía introducir al consejo obrero, o soviet, como un organismo de base de los trabajadores y como base para el futuro del sistema político húngaro.
El régimen de ocupación decidió declarar ilegales los consejos el 11 de diciembre, a partir de ahí fueron forzados a operar en la clandestinidad. El desgaste y la represión fueron minándolos hasta su desaparición a mediados de 1957.
Frente a las protestas alemanas de 1953, la revolución húngara dio un siguiente paso creando órganos de poder obrero potencialmente capaces de sustituir al poder de la burocracia estalinista.
No nos cansaremos de repetir que, en el terreno político las democracias populares de Europa del este, eran en realidad lo mismo que las repúblicas parlamentarias de Europa occidental, con la diferencia de que había un solo partido. Cuando los obreros propusieron una democracia soviética, tal y como Lenin propone en El Estado y la Revolución, la reacción violenta del estalinismo fue brutal, tan brutal como lo fue con Trotski años antes.
Mirando en retrospectiva, la inexistencia de órganos de poder obrero fue lo que facilitó, décadas después, la restauración del capitalismo. Sólo los consejos podían ejercer la democracia socialista y solo los consejos podían hacer contrapeso a las tendencias cada vez más burguesas de la burocracia.
CHINA
Una revolución sin democracia obrera
Ya hemos señalado en otro documento los aspectos históricos que dieron origen a la República Popular China.10 Respecto a su naturaleza como estado obrero deformado y las contradicciones con las que nació nos remitiremos a la caracterización de Ted Grant:
“La Revolución China, un acontecimiento histórico tan importante en la historia de la humanidad como la Revolución Rusa como ya pronosticaban los documentos del Partido Comunista Revolucionario, tuvo lugar con un poderoso estado obrero deformado a sus espaldas, además de la frustración de la oleada revolucionaria en Occidente. Sin la existencia de un estado obrero monstruosamente deformado en Oriente y la paralización de pies y manos del imperialismo debido a la radicalización de los trabajadores en Occidente, la Revolución China nunca habría adoptado esa forma.
“En el período previo a la guerra Trotski planteó el problema de lo que ocurriría en el caso de que los Ejércitos ‘Rojos’ chinos surgieran victoriosos de la guerra civil contra Chiang Kai-Shek. Pronosticó, provisionalmente, que la cúpula del Ejército Rojo traicionaría a su base campesina y en las ciudades, con la pasividad del proletariado, se fusionaría con la burguesía realizando un proceso capitalista clásico.
“Esto no ocurrió porque China no tenía salida por el camino capitalista. Con la existencia del modelo ruso, la dirección estalinista de los ejércitos campesinos maniobró entre las clases, en algunos momentos basándose en la burguesía “nacional” o los campesinos, y en otros momentos basándose en la clase obrera y construyendo una dirección estalinista fuerte a la imagen y semejanza de la moscovita. En ningún momento hubo un período de democracia obrera como sí ocurrió en 1917 en Rusia, cuando los trabajadores a través de sus soviets controlaban el Estado y la sociedad”.11
Del desastre de 1927 al ascenso de una dirección burocrática
El partido comunista era ante todo una organización armada que había estado en guerra por más de 20 años, ya fuera contra el imperialismo japonés o contra el propio Chiang Kai Shek. Durante ese tiempo ya se habían desarrollado distintas purgas.
En 1925 la Internacional Comunista obligó al PC a una alianza con el Kuomintang , el cual encabezó un levantamiento en 1927 contra los comunistas en las principales ciudades. Miles de obreros, sindicalistas y activistas —entre ellos los mejores cuadros del PCCh—, fueron asesinados, obligando a los sobrevivientes a refugiarse en zonas alejadas del campo.
Ante la catástrofe, la Komintern en lugar de asumir su culpa achacó toda la responsabilidad al dirigente de aquel entonces Chen Duxiu, el cual terminó por acercarse a Trotski e intentó formar un ala de la oposición de Izquierda en China. Para 1932, abandonado por el partido que él mismo fundó, fue detenido por el Kuomintang, no sin antes vivir el asesinato de sus camaradas y familiares.
Durante el llamado tercer periodo —fase izquierdista de la Komintern—, se designó al frente del PCCh a Li li San, el cual utilizó las débiles fuerzas del partido al Kuomintang como si hubiera condiciones para un enfrentamiento real por el poder. El resultado fue una nueva catástrofe ante la cual nuevamente la IC decidió achacar toda la responsabilidad al nuevo dirigente, el cual fue llamado a Moscú en 1930 en donde pasó 15 años en distintas cárceles.
Entonces Moscú envió a Wan Ming y a Bo Gu, junto con un grupo de cuadros formados en la Unión Soviética, para que se hiciesen cargo del partido, manteniendo los rasgos fundamentales de la política del tercer periodo. Una política de extremismo ultraizquierdista sin sentido, proclamando repúblicas soviéticas donde no había más que campamentos campesinos.
Fue en este contexto de caos, cuando el PC estuvo a punto de desaparecer, que emergió una dirección autóctona.
En 1934, el ejército de Kuomintang emprendió una campaña militar para desaparecer las zonas del sur de China en las cuales los comunistas habían logrado establecer gobiernos locales llamados soviets.
Obligados por los acontecimientos, más de un año después y habiendo perdido al 90% de los soldados que iniciaron la movilización, realizaron una retirada que significó un recorrido de 12,500 kilómetros hasta el llamado sóviet de Shaanxi en el norte de China.
Fue durante el trayecto de la larga marcha cuando, aprovechando los fracasos de los ejércitos dirigidos por Zhang Guotao, fiel a Stalin, cuando la facción de Mao se hace del control de los restos del ejército. Para el año de 1935, en el cual Mao Tse Tung se hizo del control del partido, este era un perfecto desconocido en el mundo exterior. A su lado se alienaron personalidades militares como Lin Biao y Zhu De. Por otro lado, a la cabeza de Zhou Enlai, se alinearon elementos más pragmáticos como Peng Dehuai, Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, con quienes se vivirían en los años posteriores enfrentamientos nada amistosos. No obstante, desde aquellos momentos hasta la fecha la burocracia china asumió conciencia de sí misma, defendiendo sus interés por encima de cualquier otra cosa y actuó frente a la de la URSS de forma separada, aunque siempre guardando formas diplomáticas.
1949: revolución socialista con deformación burocrática
Los acontecimientos de la guerra de resistencia frente al Japón entre 1937 y 1945, afianzaron la posición y prestigio de la dirección maoísta y fueron resquebrajando al régimen nacionalista de Chiang Kai Shek. En 1945 al término de la segunda guerra mundial aún no estaba claro si la jefatura de Mao cedería el poder a los nacionalistas, fueron las circunstancias las que llevaron al PCCh a avanzar hasta el final.
Para 1949 tras la derrota total del Kuomintang, Mao proclama la República Popular China. Ted Grant explica:
“La Revolución China resolvió todos aquellos problemas que la sociedad burguesa era incapaz de resolver. Las tres décadas de gobierno de Chiang Kai-Shek, el representante bonapartista del capital financiero, revelaron la completa incapacidad de la burguesía para unificar China, llevar adelante la revolución agraria y derrocar al imperialismo. Eso sólo podría desembocar en un nuevo período de decadencia de la sociedad china. Fue esto lo que dio el impulso a la dirección de los ejércitos campesinos para derrocar a la burguesía y, gracias al modelo ruso, construir un Estado que seguía el modelo estalinista.
“La dirección carecía de unas perspectivas internacionales o marxistas. El papel consciente y la dirección del proletariado, sin los cuales es imposible el socialismo, estaban ausentes. La dirección estalinista para conquistar las ciudades utilizó la pasividad del proletariado y donde surgieron espontáneamente elementos de acción proletaria ejecutaron a sus dirigentes.
“Sin embargo, la soldadura de provincias atomizadas y separadas en un único Estado nacional unificado en líneas modernas por primera vez en la historia de China; la revolución agraria; la nacionalización de los medios de producción; todo esto dio un impulso poderoso al desarrollo de las fuerzas productivas. Ningún otro país colonial ha avanzado de la misma forma que lo ha hecho China durante el último período.
“La burocracia china, como todas las burocracias que tienen un carácter similar, está principalmente interesada en consolidar su propio poder, privilegios, ingresos y prestigio. Defiende la base de la propiedad nacionalizada porque en ella se basan sus ingresos y poder”.12
El Gran Salto Adelante
La gran tarea de integración nacional, de reacción de las bases del proceso de industrialización a la vez que dieron un gran impulso a las fuerzas productivas generaron nuevas contradicciones. La posición de privilegio de la burocracia en un contexto de austeridad generalizada provocaba no pocas reacciones que de no tener un cauce podrían desembocar en conflictos como los que se vivían en Alemania o Hungría, a los cuales la burocracia china reaccionó con una condena absoluta, catalogándolas de complots de restauración burguesa.
En 1956, en lo fundamental las expropiaciones en la industria, el comercio y la banca habían culminado. Se abría la disyuntiva de avanzar de manera gradual basándose en desarrollar la industria basándose en una economía campesina en su mayoría muy rudimentaria o impulsar un programa de choque que en el fondo significaba que o bien la industria lograba cubrir las necesidades de las granjas agrícolas recién creadas o de no lograrlo esto llevaría a una gran crisis alimentaria. La apuesta se llamó “un gran salto adelante”. Sin duda el brusco giro era evidente, unos años antes Mao mismo había señalado que tal vez sería necesario vivir 100 años de capitalismo.
Eran los años de la ruptura chino-soviética y, por lo tanto, la iniciativa estaba condenada al fracaso en la medida de que no había ni los recursos económicos ni tecnológicos para llevarla adelante. Las amplias masas de obreros y campesinos hicieron esfuerzos sobrehumanos que rindieron frutos no comparables a las expectativas, para 1959 estaba claro que era necesario un proceso de rectificación que llevó a la dirección del partido. Peng Dehuai cargó con la parte más importante de la crítica a la implementación del “Gran Salto Adelante”.
Como se puede entender, la decisión de impulsar un gran salto adelante, junto con su implementación, así como el balance correspondiente fueron un tema reservado solo a la dirección del partido. El único aspecto de debate para los trabajadores era cómo lograr los objetivos. Por supuesto, la identidad que las masas otorgaban a Mao con la revolución le confería un indiscutible apoyo popular lo que le situaba en cualquier debate varios escalones por encima.
No obstante los resultados del gran salto adelante eran desastrosos, así Mao tuvo que ceder posiciones frente al ala más pragmática representada por Liu Shaoqui quien fue nombrado jefe de Estado y Deng Xiaoping, que quedó como secretario general del PCCh. Como chivo expiatorio sacrificó al jefe del ejército, Peng Dehuai, quien fue públicamente declarado elemento anti partido y destituido de todos sus cargos.
Tendencias procapitalistas en la burocracia
Entre 1960 y 1964 se verificó un proceso de liberalización de la economía que se destacó por un relativo desdén a la política maoísta de “ lucha de clases en el marco de un Estado socialista”, para dar prioridad a la eficiencia y un relanzamiento del mercado, especialmente en el área agrícola, estimulando a las granjas individuales por encima de las explotaciones colectivas acompañando el proceso con una política industrial que priorizaba las ganancias por encima de la cobertura de necesidades sociales, en política exterior se intentó un proceso de distensión tanto con la URSS como con occidente.
En un país como China, donde las masas no habían conocido nunca una fase de democracia proletaria, el tener una buena relación con el aparato del Estado se tornaba clave para determinar quiénes se verían beneficiados por la introducción de medidas de mercado. Rápidamente fue surgiendo una capa de privilegiados, directores de empresas, hombres de negocios, muchas veces vinculados con miembros prominentes del partido.
Era la época en la que la dirección del Partido definía que era más importante ser “experto “que ser “rojo” diferenciándose así de la época del gran salto adelante, dónde el lema era “más vale rojo que experto”.
Un elemento destacado de este proceso y símbolo de lo que significó para la burocracia dirigente del partido la revolución cultural fue Peng Zhen, el poderoso alcalde de Pekín y figura clave de la relación entre los beneficiados de la “NEP China” y el régimen.
Antecedentes de la Revolución cultural
A finales de de 1962, diciembre para ser precisos, Mao señaló que era erróneo el excesivo culto a los especialistas, reiteró “no hay que olvidar la lucha de clases”. A la vista de los acontecimientos posteriores Mao era perspicaz, se daba cuenta que la política de Deng y Lui generaría mayores diferencias sociales que a la larga provocarían nuevos conflictos, con sus discursos sobre la lucha de clases se deslindaba de dichas políticas y se posicionaba como una alternativa frente a la dirección en funciones. No obstante, también por su comportamiento posterior, no deseaba realmente una revolución y mucho menos proponía una alternativa política a la burocracia. Las masas, especialmente los jóvenes, lo miraban de otra forma.
La dirección del Deng Xiaoping y Lui Shao qi optaron por una salida de compromiso, para “no olvidar la lucha de clases, el partido creó un “Grupo de Educación Socialista”, colocando al frente del mismo a su propio correligionario Peng Zhen, lo que en términos prácticos significó que los “tecnócratas” invocando a la iniciativa de Mao, establecieron un control más estricto del aparato de propaganda, para impedir e incluso ridiculizar la crítica a la burocracia.
Es probable que la burocracia del partido considerará que podían efectuar la maniobra sin mayores consecuencias, no obstante, se estaba haciendo evidente para Mao que sus iniciativas ni estaban siendo tomadas en serio. Más aún cuando uno de los protegidos de Peng, el autor Wu Han publicó “La destitución de Hai Rui”, una crítica a la caída de Peng Dehuai al final del gran salto adelante y por lo tanto un cuestionamiento muy evidente del papel de Mao.
El llamado de Mao a criticar la obra es en los hechos rechazado durante 1964 por la federación china de escritores, controlada por el partido y el propio Peng.
La reacción de Mao fue intentar forzar un nuevo acuerdo dentro del propio PCCh buscando reposicionarse a partir de la crítica al surgimiento de tendencias burguesas. Al parecer Zhou Enlai fue quien acuñó el nombre del nuevo movimiento de rectificación, con la idea de un nuevo compromiso entre los maoístas y el grupo de dirigentes del PCCh. En diciembre de 1964 llamó a la “transformación radical de cualquier ideología burguesa, feudal o cualquier otra cosa que no sea consistente con la base económica y el sistema político socialista”.13
La impresión general dentro del aparato del partido era que bastaría con aceptar de palabra algunas críticas pero en el fondo sería posible hacerle vacío a la idea de la “revolución cultural”, en año de 1965 representó un forcejeo interno, que terminó con el traslado de Mao a Shangai a finales de ese año.
Irrupción de las masas y crisis del aparato
El 10 de noviembre un seguidor de Mao llamado Yao Wenyuan publica en Shangai la crítica a la obra: “La destitución de Hai Rui” que el partido en Pekín se había negado a realizar. Este hecho significó un punto de ruptura, en otras circunstancias se tendría que llamar a rendir cuentas a Yao. Era evidente que se trataba de una acción promovida por el propio Mao. Nuevamente la dirección de Lui y Deng buscó un compromiso, pidió a Peng efectuar una revisión crítica de lo sucedido lo que hizo por medio de un pronunciamiento de la comisión a su cargo en febrero de 1966.
Mao exigía una rendición incondicional y no una nueva componenda, al mismo tiempo estaba claro para el aparato del partido que no saldrían airosos de un conflicto abierto con Mao así que fieles a su política de transacciones aceptaron aprobar un documento: “Notificación del 16 de mayo” en donde se daba inició a una lucha en contra de las ideas burguesas dentro del propio partido. Se nombraba una instancia “Grupo Encargado de la Revolución Cultural” que se haría cargo de la dirección del movimiento por encima del propio Comité Central.
Obviamente Peng Zhen fue destituido y calificado como elemento antipartido, lo que sucedió después rebasó cualquier expectativa imaginable, el 25 de mayo en la Universidad de Pekín se publicó un periódico mural “Dazibao” criticando la política del partido y de las autoridades universitarias por reprimir las ideas, el autor Nie Yuanzi también era un conocido colaborador de Mao, los días siguientes se viralizó la publicación de carteles en todas las universidades, escuelas secundarias y preparatorias.
La dirección del partido (Deng y Lui) trató de reaccionar organizando “grupos de trabajo” para evitar que las críticas se dirigieran contra ellos y tratando al mismo tiempo de asegurar a elementos afines en posiciones clave, esperando que la situación amainara.
Mao, ya de regreso en Pekín, el 5 de agosto, respondió publicando su propio Dazibao “bombardear el cuartel “ general en el que se podía leer:
“en los últimos 50 días […] algunos camaradas dirigentes tanto de organismos centrales como locales […] han adoptado la reaccionaria posición de la burguesía, han impuesto una dictadura burguesa y reprimido el naciente movimiento de la gran revolución cultural del proletariado”.14
El conflicto con la dirección del partido era ya evidente y o se enfrentaban a Mao o claudicaban, no obstante, en ese momento millones de jóvenes estaban saliendo a las calles movilizándose en lo que ellos entendían como crítica a las tendencias burguesas tanto dentro del partido como del Estado.
Según lo que las masas estudiantiles entendían había que enfrentarse a la burocracia, para lo cual se generalizaron grupos no oficiales llamados “guardias rojos”. La actitud del partido hacia ellos era de hostilidad no obstante su fuerza se estaba volviendo incontenible, la publicación de Dazibao del 5 de agosto fue para ellos como un visto bueno de lo que estaban haciendo y ello desencadenó un movimiento incontrolable para los propios maoístas, las clases se suspendieron y la juventud comenzó su revolución cultural, que paulatinamente se extendió a otros sectores.
Shanghái y el espectro de la revolución política
Sobre este ambiente se aprueba el 16 de agosto una resolución del comité central llamando a impulsar la revolución cultural sobre la base de estructuras como el recién renovado Movimiento de Educación Socialista, las fuerzas armadas y el propio partido señalando ;
“Sólo se puede adoptar el método de dejar que las masas se liberen a sí mismas y no el de dejar todos los asuntos en su nombre (…) hay que confiar en las masas, apoyarse en ellas y respetar su iniciativa, desechando el temor”.15
El otro puntal del movimiento era el ejército cuyo jefe había hecho un pronunciamiento a favor de la “revolución cultural”. A mediados de abril, no obstante, todos lo habían hecho incluido Zhou Enlai, quien claramente estaba a favor de proteger al ala de derecha de Deng y Lui.
Faltaba ver qué actitud tomaría el ejército frente a los guardias rojos, que ya entre agosto y septiembre sumaron 20 millones de jóvenes y que en realidad no seguían directivas más que las de atacar con todo a quienes consideran agentes de la burguesía.
La resolución del 16 de agosto se tomó como una orden al ELP para apoyar las movilizaciones juveniles y generándose el caso de que ante los llamados de la burocracia a poner orden a los disturbios juveniles los soldados actuaran sumándose a las criticas hacia los miembros del partido, especialmente en los casos las direcciones locales estaba claramente identificadas con las dirección formal de Deng y Lui.
Así, los últimos meses de 1966 representaron toda una tortura para la burocracia partidista. La huelga general en el sector estudiantil era casi absoluta y empezaron a cundir movilizaciones laborales y huelgas en contra de directores de fábricas o dirigentes locales, tanto del partido como del Estado.
En la capital, Pekín, millones de jóvenes desfilaban en la plaza Tiananmen ante el beneplácito de Meo, Lin y otros dirigentes afines. Mientras tanto se profundizaban los enfrentamientos entre los grupos improvisados que suponían impulsaban la “revolución cultural” y aquellos que buscaban sobrevivir a la tempestad.
Un caso emblemático fue Shanghái, donde una coalición de grupos estudiantiles y obreros derribaron el gobierno local estableciendo un gobierno provisional que decían estaba inspirado en la Comuna de París. En su comunicado de 9 de enero de 1967 señalaban:
“Nosotros, los del grupo rebelde revolucionario, comprendemos claramente que, si no se lleva a cabo la gran revolución proletaria, perderemos nuestra orientación en la producción y retrocederemos en la dirección del capitalismo… nosotros, los trabajadores del grupo rebelde revolucionario, debemos convertirnos en modelos a la hora de ‘aferrarnos firmemente a la revolución y promover la producción’”.16
El comunicado lo firmaba un “cuartel general de rebeldes revolucionarios de Shanghái”.
La reacción del ala maoísta fue de aprobación y de llamar a las masas a seguir el ejemplo de Shanghái. Estaba claro que la situación estaba incluso por encima de la capacidad del ala maoísta para tomar el control de la situación, un mes después, el ejército intervino y dio fin al experimento, tal vez el más cercano a alguna forma de democracia proletaria que hubo en China después de la derrota de 1927.
El papel del maoísmo y la ausencia de dirección
Siguiendo la línea de lo que acontecía en Shanghái, vemos que en enero se generalizan en todo el país los guardias rojos en las fábricas, llamándose a sí mismos “Rebeldes revolucionarios”. En ese contexto también el aparato sindical oficial colapsó.
La reacción de los grupos de la burocracia en el terreno sindical y partidista, incluso el juvenil, fue el conformar también sus propios grupos, de discurso maoísta pero dispuestos a denunciar a sus oponentes como seguidores de la línea capitalista.
Enero de 1967 fue testigo de la huelga general no declarada más grande de la historia de China. Un punto de inflexión para el movimiento popular que genuinamente creía luchar contra la restauración burguesa. La inmensa mayoría de los miembros del partido soportaban el temporal, esperando que las cosas se calmaran, mientras que los supuestos cuadros maoístas no acertaban más que apuntar a elementos de derecha sin plantear una forma de gobierno alternativa.
En los viejos tiempos del imperio, cuando una rebelión campesina triunfaba, se daba pie a una nueva dinastía. A la larga nada cambiaba salvo el nombre de los nuevos funcionarios. En 1967 en China se había desatado un gran movimiento de masas, pero, salvo su profunda fe en Mao, no tenía dirección ni alternativas para instaurar una genuina democracia socialista.
La derrota de la revolución política
Mientras tanto, la situación estaba cercana a una guerra civil, a finales de enero de 1967 guardias rojos y rebeldes revolucionarios tenían un control amplio de diversas ciudades o regiones mientras que otra parte estaba aún bajo el dominio del aparato del partido, en este contexto era el Ejército Popular de Liberación quien dirimía qué grupo controlaba qué región.
El ELP coordinó la formación de organismos tripartitas con representantes de las masas (RR), del partido y del propio ejército.
A finales de enero, Mao llama a luchar contra el ultrademocratismo al mismo tiempo que el propio ELP da la orden de frenar los disturbios, linchamientos y demás. Evidentemente trataban de tomar el control de la situación y meter freno de mano al movimiento.
Para ese entonces un amplio número de cuadros dirigentes del partido habían sufrido humillaciones públicas incluyendo al propio secretario general en funciones Deng y al presidente de la república Liu, no se salvó el exlíder del ejército Peng Dehuai y tampoco Peng Zhen.
Para finales de febrero Mao mismo se lanzó en contra de los experimentos tipo “comuna”, es decir en contra de una auténtica revolución y reiteró el llamado a la normalidad, era evidente que el movimiento había desbordado al partido y que los intentos por frenarlo no estaban dando resultados.
El día 28 de febrero fueron desalojados los activistas que habían tomado la sede central del PCCh al tiempo que Zhou Enlai intentaba reacomodar a los cuadros de la defenestrada dirección de Deng y Liu. Esto generó un nuevo conflicto con la dirección del ejército acaudillada por Lin Piao que quería aprovechar la oportunidad para reacomodar a sus incondicionales en puestos clave. Como señalamos anteriormente, la batalla no era por cambiar las estructuras sino por conservar o tomar cargas de una facción frente a otra.
Nuevamente se desató una campaña entre los medios de prensa afines a Deng y Liu, protegidos de Zhou y los medios que apoyaban la línea de Lin Piao, los primeros defendiendo a Zhou y los segundos pidiendo las cabezas de Deng y Liu.
El ejército ejerciendo el papel de árbitro en los comités revolucionarios permitió de nuevo una cierta libertad de acción a los grupos de Guardias Rojos y rebeldes revolucionarios lo que desató nuevas cacerías de burócratas del PC y dirigentes estatales, como se ha dicho las instancias formales prácticamente no funcionaron durante 1967, teniendo mayor autoridad los comités tripartitas controlados por EPL.
No obstante el ejército no actuaba tampoco de manera homogénea, en julio de 1967 ante la disputa entre antiguos burócratas y sectores críticos en Hunan, optó por los primeros, reprimiendo a los grupos disidentes.
1967 significó el auge y caída del movimiento de masas, la acción del ELP y del propio Mao fue clave para disolverlo, no obstante hubo un punto en el que al parecer no había concesiones y era la crítica a Deng y a Lui.
Pese a ser el presidente de China en funciones una multitud rodeó la casa de Lui Shaoshi, manteniéndolo cautivo por meses. También Deng sufriría humillaciones públicas, así como prácticamente todos los dirigentes afines a ellos, al grado que se suscitó una ola de suicidios de personalidades como el propio Li Lisan antiguo secretario general del PCCh y del hermano de Deng.
El recrudecimiento de los enfrentamientos llevó a la propia esposa de Mao, Chiang Ching, agitadora del ala más radical dentro de la dirección del partido, a denunciar a los extremistas de izquierda. Al mismo tiempo, confabulaba con el EPL para depurar a los elementos más radicales dentro de la izquierda.
Para septiembre, tanto Mao como Zhou, las dos cabezas visibles e intocables de las dos alas, hicieron llamados a cesar la violencia y la reconciliación. Ese año Zhou informó que los daños a la producción del país eran graves y se hizo un nuevo llamado a regresar al trabajo y a las escuelas, las cuales estaban por cumplir casi un año en paro.
Poco a poco, señalando que habría que darles una segunda oportunidad, Zhou promovió el regreso a sus funciones de directores de fábrica, funcionarios de gobierno y dirigentes del partido que habían sido humillados públicamente.
Para finales de 1967 y principios de 1968 la derecha tomó posiciones aprovechando el desorden y la caída de la producción acusando a los guardias rojos y rebeldes revolucionarios de sabotajes y anarquía. Esto llevó a la caída de sus elementos más visibles. Se prohibieron los Diazabao y la prensa de los guardias rojos.
Al parecer los efectos fueron contraproducentes porque si bien la burocracia se afianzó en sus posiciones dentro de los distintos aparatos. Las masas de jóvenes se sintieron contra la espada y la pared y para mediados de 1968 nuevamente estallaron movilizaciones centrándose en Liu y Deng como principales responsables de la represión a la juventud revolucionaria.
El reinicio de las humillaciones públicas generó un nuevo giro conservador del ala maoísta del gobierno, al parecer la situación ya había llegado demasiado lejos. Mao advirtió que si no se controlaban se les tendría que disolver.
En términos prácticos el llamado de Mao representó una orden para la disolución de los guardias rojos, lo cual fue sucediendo paulatinamente en función del arraigo que cada grupo tuviera en tal lugar.
Reacomodo de la burocracia
En octubre de 1968, en el pleno del CC, Liu fue finalmente removido de su cargo como presidente del país y con todos los cuadros afines a Deng. Solo permaneció intocable Zhou, que desde su posición de primer ministro siguió trabajando para proteger a sus discípulos caídos en desgracia.
Para el ala maoísta el trabajo está ya resuelto, lo cual se expresó en el nombramiento de Lin Piao como segundo al mando y sucesor de Mao el 14 de abril de 1969, fecha en la que se decretó el triunfo final de la revolución cultural.
El resultado era paradójico, por un lado Mao y Lin habían consolidado su poder haciendo a un lado a los elementos derechistas, pero por otro habían disuelto el movimiento de masas eliminando a sus elementos más radicales. Al mismo tiempo, la inmensa mayoría de la burocracia partidista y estatal habían sido sometidos a humillaciones de todo tipo y obligados a autocriticarse y en algunos casos habían sufrido castigos corporales. En el momento del “triunfo”, luego de la correspondiente autocrítica, se les restituye en cargos directivos. La fracción maoísta era extremadamente débil, tan sólo sostenida por la figura del propio Mao, el ejército y una pequeña minoría después denominada: “Banda de los cuatro”.
En 1969 el poder principal, una vez eliminada la iniciativa del movimiento de masas, residía en el ejército, ante el cual la burocracia del partido se postraba. Muy a su pesar. Lin Biao empezaba a mostrar ciertas opiniones que no eran idénticas a las de Mao, particularmente la oposición a un acercamiento a los Estados Unidos. Esto llevó a una extraña alianza de todo el aparato, incluido Mao y sus seguidores, en contra de Lin Biao, que culminó con su muerte, en un accidente en septiembre de 1971 que tenía cara de ejecución. Siguió la posterior purga de todos sus seguidores dentro de la dirección del ejército.
Lin era en la práctica el creador del libro de citas de Mao, impulsor de la táctica de guerra de guerrillas de cercar a las ciudades para países coloniales y excoloniales. Evidentemente era un burócrata estalinista, pero no existe ninguna evidencia que lo identifique con la derecha partidista, como la actuación del propio Mao en los años posteriores lo demostró.
Restauración del aparato
Mao, ya muy debilitado, recurrió cada vez más a Zhou Enlai el cual aprovechó para reposicionar a más y más elementos otrora considerados “seguidores del camino capitalista” como Deng.
A la muerte de Mao, el grupo conocido como “ la banda de los cuatro”: Jiang Qing, Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen, quedó flotando en el aire. Fue fácilmente eliminado, no sin antes convertirlos en los culpables de todos los males de la revolución cultural.
Para la muerte de Mao en 1976, luego de 10 años de proclamada la revolución cultural y a 7 años de su triunfo, el PCCh era en esencia el mismo. Salvo algunas muertes los dirigentes de 1965 regresaron con aún más poder en 1978.
Un caso ejemplar fue el de Xi Zhongxun, veterano dirigente guerrillero y seguidor de la línea de derecha de Deng y Liu, durante la revolución cultural fue destituido de sus cargos y encarcelado en 1975. A expensas de Deng recuperó su libertad y en 1978 fue reintegrado a la dirección del partido en el congreso que consagró al propio Deng como nuevo líder.
Su hijo Xi Jinping fue obligado a trabajar en el campo entre 1969 y 1975, periodo en el que comenzó a hacer carrera hasta llegar a ser el más reciente jefe máximo de China.
La camarilla de de Deng y discípulos de Liu Shaoshi —Peng Zhen, Chen Yu, Bo Yibo, Li Xiannian, Wang Zhen y Song Renqiong, mejor conocidos como “los 8 inmortales”—, se convirtieron en los amos de China. Intercambiando altos cargos durante 20 años, desde 1978 hasta sus muertes a finales de los noventas. Todos ellos tienen en común haber sido destituidos, criticados y castigados durante la revolución cultural, pero todos ellos terminaron siendo restituidos; podría decirse que son los padres de la restauración capitalista.
Sobre la revolución cultural hay que distinguir entre el movimiento de masas de 1966 a 1968 y los pleitos intestinos dentro del PCCh.
Para buena parte de los más valiosos de la juventud revolucionaria se trató de una lucha genuina por el socialismo y contra la restauración capitalista que lamentablemente terminó siendo aplastada por el propio Mao. A pesar, o más bien, gracias a la confianza ciega que las masas le tenían.
Todos los elementos de revolución política aparecían en los primeros dos años del proceso no obstante esta revolución fue traicionada por el propio Mao, que nunca ofreció una alternativa que sustituyera al régimen burocrático y que maniobró entre las distintas facciones para sostenerse en el poder.
A manera de conclusión
Uno de los aportes más valiosos de Trotski cuando estudia el proceso de degeneración en la Unión Soviética es su caracterización del estado obrero como un estado de transición. Mientras la revolución no haya triunfado, al menos en los países capitalistas más importantes, la posibilidad de una restauración capitalista es factible y el principal aliado de este proceso de regresión se puede encontrar en la propia burocracia, que tiende a buscar convertir los privilegios que tiene de estatus por los privilegios de la propiedad.
Tal y como se ha demostrado a lo largo de los años el capital internacional buscará socavar el proceso revolucionario por todos los medios que le sea posible, por ello, la extensión de la revolución a nivel internacional es una necesidad práctica de la defensa del proceso.
La medida más importante para una transición exitosa al socialismo es la democracia obrera, la existencia de órganos de poder donde los trabajadores gestionan democráticamente la vida desde el local al nacional, tal como Lenin reseña en El Estado y la Revolución.
La revolución política es la respuesta de las masas ante el ascenso de la burocracia como una casta privilegiada. Ya hemos visto que su fracaso antecede a procesos francamente violentos como la restauración capitalista en países de se elimina la palabra “como” y se sustituye por “de” Europa del Este o relativamente graduales como es el caso de China.
Después de los acontecimientos en China, el mundo contempló intentos de revoluciones políticas, como fue el caso de Checoslovaquia en 1968 y Polonia a principios de los ochentas.
Fueron también luchas heroicas, lamentablemente adolecían de direcciones marxistas que les permitieran un triunfo tanto contra la burocracia como contra los restauracionistas, que en muchos casos terminaron confundiéndose.
Es tarea de las próximas generaciones de revolucionarios retomar estas experiencias y sacar conclusiones prácticas, recordando que la revolución, incluso la triunfante, no significa la emancipación de la humanidad, es apenas una fase en donde la emancipación se puede plantear de manera seria.
1. Lenin, Vladimir Obras escogidas tomo 12, Marxist Internet Archive.
2. Trotski, León. La revolución traicionada https://www.marxists.org/espanol/Trotski/1936/rt/11.htm
3. Trotski, León. La revolución traicionada
4. Trepper, Leopold, El Gran Juego, Editorial Ariel 1977 pp. 60-66.
5. Trotski,León. La revolución traicionada. https://www.marxists.org/espanol/Trotski/1936/rt/09.htm
6. Además Rokossovsky había participado en la guerra civil española, factor de alto riesgo en aquellos tiempos, muchos de ellos, aunque abnegados estalinistas fueron purgados luego de su participación en española, tal fue el caso de Antonov Ovseyeko, antiguo colaborador de Trotski, a pesar se sus esfuerzos por cumplir las tareas encomendadas por Stalin fue ejecutado en 1938.
7. Ted Grant. El cambio en la correlación de feruzas, Marzo de 1945, en https://www.marxists.org/history/etol/writers/grant/espanol/1945/cuarta-internacional.htm
8. Ted Grant, la revolución colonial y la disputa cinosovietica. En https://www.marxists.org/history/etol/writers/grant/espanol/1964/revolucion-colonial.htm
9. Ver Grant, Juliana. 60 aniversario de la revolución húngara. En https://marxismo.mx/60o-aniversario-la-revolucion-hungara-1956/
10. Rivera, Rubén, El marxismo y la guerrilla. Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx. Inédito.
11. Grant, Ted. La revolución colonial y la disputa chino soviética. En https://www.marxists.org/archive/grant/1964/08/colrev.htm
12. Gran, Ted en https://www.marxists.org/history/etol/writers/grant/espanol/1964/revolucion-colonial.htm
13. Zhou en lai dicurso de diciembre de 1964 ante el Congreso Nacional Popular.
14. https://estudiosdeasiayafrica.colmex.mx/index.php/eaa/article/download/578/578
15. https://estudiosdeasiayafrica.colmex.mx/index.php/eaa/article/download/578/578
16. Urgent Notice, “The Great Proletarian Cultural Revolution in China” 10, pag. 13-19
