Cuba: la vocación de resistir

Rafael Rodriguez

“América Latina ya no es una amenaza. Por tanto, ha dejado de existir. Rara vez las fábricas universales de opinión pública se dignan a echarnos alguna ojeada. Y sin embargo Cuba, que tampoco amenaza a nadie, es todavía una obsesión universal”, decía Eduardo Galeano hace ya treinta años. Recientemente sus palabras han vuelto a resonar. Producto de las nuevas medidas anunciadas por el gobierno de Donald Trump, Cuba ha vuelto a ser “obsesión universal” y a ocupar titulares en medios de prensa de todo el mundo. Esta vez, debido a  que el gobierno de los Estados Unidos amenaza con imponer aranceles a cualquier país que provea de petróleo a Cuba. A pesar del estado de emergencia en que se encuentra la isla, encontramos quienes desde la hipocresía y el servilismo defienden la política de asedio norteamericano, justificando que desde Washington se condene a un país entero al hambre y la miseria. Ante todo este escenario podemos preguntarnos: ¿Cuál es la situación de Cuba? ¿En qué consisten las sanciones que padece?

La ambición del imperialismo de EEUU de dominar Cuba no es historia reciente. Desde hace más de un siglo, tanto la Doctrina Monroe como la  “política de la fruta madura”, sostenían que la isla debía estar bajo control norteamericano, principalmente por su  geografía estratégica. Pero los deseos imperialistas no se han quedado solo en aspiraciones. Con su intervención en la guerra de independencia, Estados Unidos impuso al país una enmienda a la constitución cubana, la enmienda Platt, que le garantizó controlar política y económicamente todos los gobiernos de la joven república bajo la amenaza de intervención militar, brindando  —a lo largo de la historia— gobiernos que tenían como práctica cotidiana la tortura y el asesinato, como es el caso de Gerardo Machado o Fulgencio Batista. Todo el período republicano sirvió para evidenciar que los Estados Unidos representaban una amenaza para la soberanía cubana.

No es sorpresa que al triunfar la revolución en 1959, Cuba haya acabado con el capitalismo al llevar hasta el final su programa y defenderse de las agresiones imperialistas.  Esto no hizo gracia a su vecino del norte quien, para amenazar al país, se negó a refinar el petróleo en sus empresas. Aquí comienzan las primeras expropiaciones del gobierno revolucionario, marcando así la ruptura de las relaciones con los Estados Unidos. Mucho de historia se ha acumulado después: la invasión estadounidense por bahía de Cochinos, la crisis de los misiles, las crisis migratorias, incluso el llamado “deshielo” del gobierno Obama. Sin embargo, siempre ha existido una constante en los últimos 64 años: el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.

¿En qué consiste el bloqueo a Cuba?

No existe un conjunto de sanciones tan hostil que se hayan extendido por tanto tiempo como el bloqueo a Cuba. Aplicado nada más y nada menos que por la mayor potencia económica del mundo. Estas sanciones no solo prohíben la entrada de productos con componentes estadounidenses a la isla —exceptuando la importación de algunos alimentos que deben pagarse en efectivo y por adelantado—, sino que también persiguen las cuentas en bancos internacionales, como el caso del banco multinacional francés BNP Paribas, que fue multado por 8,900 millones de dólares.

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, se ha encargado personalmente de perseguir las misiones médicas cubanas, cuya desaparición ha contribuido de forma importante en la crisis actual. Solo en la primera administración de Trump, se impusieron alrededor de 240 sanciones complementarias que, desde entonces, no han sido retiradas.

Ante todo este pequeño panorama, ¿cómo se espera que Cuba pueda desarrollarse económicamente como un país normal? Y, sin embargo, las conquistas de la Revolución, comenzando por la economía planificada, llevaron a un país pobre como Cuba a alcanzar, durante décadas, mejores niveles de vida y seguridad que otros países pobres de América y el Caribe, e incluso conquistas en salud y educación comparables a las de países desarrollados.

“Traer hambre y desesperación”

Desde 1960, un memorando del departamento de Estado planteaba la necesidad de “emplearse rápidamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que (…) logre los mayores avances en la negación de dinero y suministros a Cuba, para reducir los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. Con estos antecedentes no sorprende la decisión de Trump por asfixiar económicamente a Cuba esperando que ceda a sus intereses.

El impacto del bloqueo petrolero decretado por Trump el 29 de enero ya se siente en la vida de los cubanos. La Universidad de La Habana, la más grande del país, se vio obligada a enviar a sus estudiantes a casa por la falta de condiciones. El pueblo cubano sufre de largos apagones, a veces contando con pocas horas de electricidad al día, lo que ha golpeado fuertemente la seguridad alimentaria de la isla, haciendo que conseguir de comer sea un reto diario para las familias cubanas.

Se tuvo que suspender completamente el —casi extinto— transporte público de las ciudades, dejando inmovilizadas no solo las personas, sino también una gran parte de las actividades económicas. Si a todo esto se suma un contexto internacional adverso, podemos entender cómo cada día está en juego la vida de la nación.

El futuro es de lucha

Normalmente las opiniones sobre Cuba siempre se encuentran polarizadas: las que la ven como un paraíso y las que la ven como un infierno. Que el bloqueo no sea la única fuente de los problemas del país, que el gobierno cubano haya fallado en la toma de varias medidas económicas, que tengamos el problema de la burocracia y que haya quedado pendiente la necesidad de una democracia obrera socialista en todos los niveles, son realidades que no se pueden negar. Como revolucionarios cubanos debemos entender que la única forma que tiene la revolución de resistir, será sosteniendo lo mejor de la obra de la revolución cubana. No obstante, con todos sus problemas internos, seguirá siendo criminal condenar a todo un país por el hecho de resistir.

Al pueblo cubano, que es más que su gobierno, no se le puede siquiera señalar con el dedo, ni exigir más sacrificios. Esta humanidad tiene una deuda con él por su vocación de resistir y enfrentarse a los enemigos más poderosos. El apoyo ofrecido no puede verse desde la simple óptica de la “asistencia humanitaria”. Lo que se libra hoy es una batalla más dentro de la lucha interminable de este continente contra los que hoy amenazan a Cuba, pero que resultan ser los mismos que han financiado desde dictaduras militares hasta el narcotráfico. Quieren ver aplastada a la única revolución que ha destruido el capitalismo en la historia de América, porque su sola existencia demuestra que una sociedad distinta al capitalismo es posible. La defensa de la revolución cubana es por tanto parte de la lucha de clases internacional.

Solo el pueblo salva al pueblo. Dentro de la isla, tocará organizarse para defender el proyecto de país que, de manera soberana,  el pueblo elija y avanzar, realmente, hacia una democracia socialista. Solo la unidad popular, es decir la unidad del pueblo trabajador, puede evitar el escenario que vemos hoy en Venezuela, donde desfilan los altos mandos del poder militar imperial o, como vimos hace años en la Unión Soviética, donde se le regaló el país a los oligarcas.

Al resto, al pueblo grande que constituye la clase obrera internacional, la única solución que tenemos frente a todos estos males es el internacionalismo y la unidad entre nuestros pueblos. Debemos ser capaces de defender un nuevo orden mundial, uno que verdaderamente responda a los problemas de las mayorías que habitan este continente. No nos queda otra que seguir peleando porque se mantengan las consignas que han sido testigo de las décadas de lucha de nuestros hermanos de Cuba: ¡Socialismo o muerte! Patria o muerte, ¡venceremos!