Carta roja al estudiantado que nos lee

Héctor Mora

A la fecha en que escribimos estas líneas, Donald Trump ha declarado abiertamente la posibilidad de aniquilar a toda una civilización como la iraní, utilizando el terror como arma de negociación. La escalada imperialista se profundiza y se vuelve cada vez más peligrosa, mientras las contradicciones del sistema alcanzan niveles que no habíamos visto en lo que va del siglo.

Este no es un hecho aislado ni una exageración retórica, es la expresión más brutal de un  sistema en crisis que, incapaz de ofrecer un futuro digno a la humanidad, recurre a la guerra, la dominación y la barbarie para sostenerse. Frente a este panorama, no podemos permitirnos el lujo de la indiferencia ni de la fragmentación.

A ti, estudiante, que lees esto: tu situación no está separada de estos procesos. La precariedad que enfrentas, la incertidumbre sobre tu futuro, los recortes a la educación pública y la degradación de las condiciones de vida no son fenómenos independientes, sino parte de una misma totalidad. El sistema que amenaza con la guerra es el mismo que te niega un porvenir.

Pero hay algo aún más importante: La lucha estudiantil tiene una enorme fuerza, pero solo puede desplegar todo su potencial cuando se conecta con la fuerza histórica decisiva: la del proletariado. Separadas, nuestras luchas pueden resistir; unidas, pueden vencer. Las luchas obreras son el reflejo del futuro que nos depara como juventud, por tanto, no nos deben resultar ajenas. 

La clase trabajadora enfrenta cotidianamente la explotación, los despidos, la precarización y la violencia del capital. Sin embargo, posee una fuerza estratégica única: su papel en la producción le permite golpear directamente al corazón del sistema. Cuando esta fuerza se combina con la energía, la claridad y la radicalidad del movimiento estudiantil, surge una posibilidad real de transformación.

Por eso, la tarea no es solo luchar en nuestras escuelas o centros de trabajo de manera aislada. Es necesario construir una unidad consciente, organizada y combativa. Marchar juntos, levantar consignas comunes, vincular nuestras demandas y comprender que enfrentamos a un mismo enemigo: el imperialismo y el capitalismo que lo sostiene.

Cada lucha aislada que no logra conectarse con un movimiento más amplio corre el riesgo de ser contenida o derrotada. En cambio, la unidad de clase entre estudiantes y trabajadores por la emancipación del proletariado puede convertirse en una fuerza capaz de acabar con la burguesía nacional e imperialista.

La crisis del capitalismo no solo abre peligros, sino también oportunidades. La pregunta es si estaremos a la altura de ellas.

La revolución nos debe de encontrar preparados. Para ello, es vital nuestra capacidad para organizarnos, para vincular nuestras luchas y para construir una alternativa revolucionaria.

A ti, estudiante, hijo e hija de la clase trabajadora: la historia no te ha colocado aquí para observar, sino para intervenir. No elijas el silencio. Elige la lucha organizada contra la barbarie capitalista, esa que, cuando despierta, puede cambiar el curso de todo.