El CNH de 1968: el soviet estudiantil y sus lecciones
Ayleen N
“A medida que el número de huelguistas aumenta, su seguridad se hace mayor.” (Trotsky, 1905)
Cada año se hacen conmemoraciones de la masacre del 68. Hay incluso ahora instituciones del Estado, como la UNAM, que, a través de sus autoridades y estructuras institucionales, se encargan de hablar de la represión de entonces, de los acontecimientos, aunque muchas veces como algo trágico o con orientación dispersa, sin rescatar lo verdaderamente revolucionario del movimiento. El objetivo de este artículo es recuperar lo mejor de las tradiciones políticas del movimiento, y demostrar que no fue fruto del espontaneísmo juvenil. Fue la respuesta de una generación que creció viendo al Estado dirigido por el PRI reprimir a ferrocarrileros, maestros y médicos. Cuando el 26 de julio estalló el conflicto, la represión no doblegó a los estudiantes: los organizó.
El 8 de agosto nació el Consejo Nacional de Huelga (CNH). Este órgano emergió de las asambleas de base, de cada escuela en huelga, y solamente aquellas en huelga elegían como sus representantes a tres delegados con mandato imperativo, revocables por sus asambleas. En este Consejo se decidía por mayoría simple, un voto por plantel.
Las organizaciones políticas no se diluían, pero tampoco se imponían artificialmente. Para influir, sus delegados debían ser electos en sus escuelas y debían convencer con sus ideas a sus asambleas. Eso permitía filtrar y permitir que las mejores ideas tomaran su camino.
Esta era la esencia del soviet estudiantil: el poder directo de los estudiantes organizado desde las bases, pero con representantes capaces de tomar decisiones. El CNH coordinaba las movilizaciones, redactaba los volantes y presentaba el pliego petitorio. Este consejo era un órgano de lucha legítimo y un consejo que expresaba la voluntad colectiva de una juventud en condiciones revolucionarias que tomaba su destino en sus manos. Decir soviet no es más que una manera de conceptualizar la forma histórica de la clase trabajadora para organizarse masivamente bajo el método del centralismo democrático.
La historia nos ha enseñado que, a medida que se desarrollan los soviets, el poder de la clase trabajadora empieza a empujar con fuerza cada vez más actos revolucionarios por parte de la propia dirigencia de la clase, y esta dirigencia obrera, al mismo tiempo se radicaliza bajo la presión de la base. Es de esta manera en la que los trabajadores empujan en un movimiento revolucionario: con el impulso de las masas directamente sobre sus representantes dentro de cada uno de sus centros de trabajo —en el caso del movimiento de 1968, dentro de sus centros estudiantiles— a lo largo del país durante la huelga. Bajo el empuje de las masas estudiantiles, el CNH se radicalizó. Las brigadas de información se transformaron en autodefensa política para contrarrestar las mentiras del Estado y explicar las causas de la lucha entre el pueblo trabajador. En Santo Tomás, la noche del 23 de septiembre, los estudiantes convirtieron sus escuelas en un campo de batalla. La violencia del Estado encontró respuesta en la valentía combativa, el movimiento, como todo soviet auténtico, llevaba en sus entrañas la semilla de la insurrección.
Sin embargo, el apoyo obrero del SME y los sindicatos democráticos quedó en aplausos desde las azoteas; lo que la situación exigía era la fusión de ambas luchas en un solo torrente. Los estudiantes, a pesar de sus consignas revolucionarias, no lograron convertir ese aliento en un programa común que engarzara demandas juveniles con reivindicaciones obreras. Mientras tanto, el CNH era un soviet, pero uno estudiantil sin el soporte de soviets obreros, inexistentes en México. Y un soviet aislado, por más heroico que sea, está condenado a ser aplastado.
El Estado respondió con represión desde el primer día, aunque en septiembre se recrudeció con la toma de los principales campus estudiantiles (CU, Casco de Santo Tomás y Zacatenco). Aun con ello el movimiento estudiantil respondió con un mitin de masas en Tlatelolco, aunque ya había síntomas de cansancio y reflujo en la lucha. El movimiento buscó el apoyo de la clase obrera, pero nunca sumarla a la lucha. Al quedar el movimiento estudiantil solo en esta batalla, se facilitó el camino para una más fuerte represión del Estado reaccionario. Los dirigentes aún creían que era posible encontrar una salida al conflicto y una comisión del CNH entabló todavía en la mañana del 2 de octubre acercamientos con el régimen que respondió con una represión que nadie esperaba: masacrando a cientos de personas en la Plaza de las tres culturas, mayoritariamente estudiantes.
Los aprendizajes del CGH
Es innegable que sin una organización arraigada en la base y regida en el centralismo democrático, las movilizaciones estudiantiles hubieran carecido de alcance. Un órgano rector y nacional dio las pautas para poder establecer una organización masiva que no cayera en la desorganización ni en la anarquía.
Por esto es muy importante sacar las lecciones correctas de la organización política que nos deja este evento revolucionario vivo en la memoria de muchos. Podemos rescatar aquellos que consideramos más importantes para el movimiento:
La organización de la mayoría es indispensable, pero insuficiente. El CNH fue una democracia real sustentada en la base, pero debió extenderse a toda la clase trabajadora.
La confianza en el diálogo con el Estado es suicida. La burguesía solo retrocede ante la fuerza organizada.
La propaganda y la movilización de masas son armas gemelas de cualquier movimiento de masas.
El CNH fue una de las demostraciones más importantes de poder popular en el México moderno, aunque lamentablemente se encontró incompleto, aislado y, en consecuencia, aplastado por la bestia del Estado.
Quien no conoce la historia está condenado a repetirla y el movimiento estudiantil de hoy debe recordar los grandes costos del aislamiento de la lucha estudiantil. La herencia de Tlatelolco nos exige construir soviets obreros y estudiantiles, continentes de poder popular unido para enfrentar y derrotar al Estado burgués. Esa es la lección.
Esa es la tarea, unirnos en un movimiento disciplinado que luche por los intereses conjuntos de nuestra clase y que nos fortalezca ¡Unidad de los trabajadores y los estudiantes!
