El apoyo desde la UNAM al reciente movimiento estudiantil del IPN
Juan José Gómez Olvera
El pasado 22 de mayo, la comunidad estudiantil presenció una acción que hacía mucho tiempo no resonaba con tanta fuerza en las universidades del país. La toma de Canal Once por parte de compañeros estudiantes del Instituto Politécnico Nacional no fungió únicamente una forma protesta más, sino que expresó una profunda desesperación frente a las condiciones en las que desarrollan su vida académica.
Los problemas presupuestales, la eliminación de fideicomisos, la imposición de la Fundación Patronato Corazón Guinda y Blanco sin consulta estudiantil, el alto a la corrupción de los funcionarios del IPN y el deterioro institucional han llevado a los estudiantes a organizarse para defender el derecho a una educación pública, gratuita y de calidad.
Las palabras pronunciadas por los compañeros de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas fueron contundentes. Denunciaron la falta de recursos, la centralización del presupuesto y los mecanismos de corrupción que han profundizado la crisis del instituto. Más importante aún, realizaron un llamado a toda la comunidad para informarse, organizarse y actuar en defensa de la educación pública: “Al gobierno le decimos lo siguiente: No vamos a permitir que se pisotee la educación. No vamos a permitir que se pisotee al IPN. No vamos a permanecer de brazos cruzados observando cómo desmiembran y se reparten el instituto que nos ha dado tanto”.
Ante un movimiento tan grande del Politécnico, se esperaría un apoyo de una proporción igual por parte de sus Universidades hermanas. Sin embargo, no se vio ningún apoyo significativo.
Remitiendo a los testimonios de politécnicos, el apoyo por parte de la UNAM se ha visto muy limitado, siendo su más grande aporte, el acompañamiento hecho a la marcha e incluso en este hecho solo fue un apoyo por parte de algunos cubos ninguno de ellos ofreciendo un apoyo más sólido, otros grupos armaron bazares y ollas populares. Se podría resumir en un apoyo esporádico.
Ante estos sucesos es importante hacer una crítica a la comunidad de la UNAM. Más importante, voltear a ver a los organizativos que tiene la obligación con el estudiante normal de informarles y motivarlos a prestar atención, de organizarse, dando apoyo al Politécnico.
Su inactividad durante eventos como esto es muy preocupante, pues muestra cómo los espacios de organización estudiantil dentro de la Universidad se encuentran estancados, complacientes dentro de sus cubículos, con inmunidad que eso conlleva.
La crítica también se extiende a la forma en que se sostiene las luchas estudiantiles, su desarticulación y finalmente la disolución del movimiento, muriendo antes de siquiera tomar una forma.
Con el reciente desalojo de los compañeros en el canal 11, podemos ver uno de los grandes problemas de los movimientos sociales: rehuir a la lucha política y la ausencia de una dirección firme. Podemos afirmar esto al conocer que los propios compañeros del Politécnico nos dieron su opinión en la cual resalta que la falta de organización, los objetivos poco claros y la diferencia entre los organizadores hicieron que la movilización perdiera fuerza y que la energía acumulada durante los primeros momentos no lograra transformarse en una fuerza política capaz de sostener la lucha y avanzar hacia sus objetivos.
Como señalaba León Trotsky:
“Sin una organización dirigente, la energía de las masas se disipará, como se disipa el vapor no contenido en una caldera”. —León Trotsky, Historia de la Revolución Rusa (1932)
Es necesario hacer una crítica hacia la comunidad universitaria. La UNAM no brindó un apoyo constante al movimiento, ni existió una difusión suficiente que permitiera que una mayor parte de la comunidad conociera y se involucrara en la lucha. Mucho menos se logró construir un apoyo político capaz de unir las demandas del Politécnico con las problemáticas que también enfrentamos dentro de la Universidad.
Esto no significa que no existiera solidaridad. Las ollas populares, los bazares y el acompañamiento a las movilizaciones demostraron que existía disposición para apoyar a los compañeros. El problema fue que esos esfuerzos permanecieron dispersos. Existía la intención, existían personas dispuestas a participar y existían espacios que realizaron acciones concretas, pero no existía una organización capaz de reunir esa fuerza bajo una misma perspectiva y convertirla en un apoyo político sostenido.
Trotski nos advierte sobre uno de los principales peligros de los movimientos que no logran construir una dirección y una perspectiva común: la espontaneidad puede iniciar una movilización, pero no necesariamente puede garantizar su continuidad ni conducirla hacia la conquista de sus objetivos.
Y este problema no es exclusivo de la lucha del Politécnico. También podemos observarlo dentro de la propia UNAM. Los paros y movimientos estudiantiles de los últimos años han demostrado, en distintas ocasiones, una enorme capacidad de movilización, indignación y solidaridad. Sin embargo, cuando esa energía no logra traducirse en objetivos políticos claros, organización y continuidad, los movimientos terminan desgastando hasta que las mismas problemáticas que les dieron origen vuelven a aparecer.
Así el problema podemos ver no es la disposición, sino la falta de orientación, la fragmentación de los colectivos, cada uno actuando por su propio medio, aislado y por tanto sin un peso significativo, así no vamos como una universidad hermana, sino como cuerpos aislados, ajenos. Así la lucha solo podrá resistir mientras las personas directamente afectadas puedan resistir y las autoridades solo lo pospondrán hasta que el cansancio acabe por disolver el movimiento.
Nuestra misión ante esto es aprender de esos errores, intervenir de una manera planeada, con una dirección clara que ayude los motive a los colectivos y compañeros, a acompañarnos, y formar una organización bajo la cual lograr nuestros objetivos, convertir luchas ajenas en nuestras, expresar esta colectividad para apoyar fuera de los problemas que un inicio dieron origen a la misma.
