El canto de los ruiseñores entre los fusiles: Las canciones la guerra civil española
Julieta P. Tenahua; Puebla
La guitarra es el mejor fusil del joven soldado
Han sido populares las canciones de la Guerra Civil Española interpretadas por cantautores latinoamericanos como el mexicano Oscar Chávez y los chilenos Rolando Alarcón y Víctor Jara. Hemos recibido las mismas canciones en otros géneros como las interpretadas de manera completa o de ciertas estrofas por los grupos: Canallas, Boikot, Reincidentes, Ebri Knight, El Violinista del Amor y los pibes que miraban, entre otros. Sin mencionar las versiones en otros idiomas como el inglés y el francés.
Estas canciones tienen su origen en la guerra misma y fueron un elemento importante de propaganda. Cada bando, ya sea republicano, sublevado (nacional) o el anarquista, contaba con su cancionero. Entre ellos encontramos himnos y canciones compuestas por un autor o de manera colectiva. Es en el bando nacional donde hay mayor número de himnos, esto responde a su jerarquía militar. Mientras que en el bando republicano hay mayor cantidad de canciones por autores, tal es el caso de los poemas por Federico García Lorca o Miguel Hernández que fueron adaptados a canciones. De autoría colectiva y anónima hay adaptaciones de canciones tradicionales y coplas infantiles al contexto de la guerra. Además, en este bando, existen canciones en otras lenguas de España como el catalán o el euskera, y por parte de las brigadas internacionales en inglés y francés. Además de propagandístico, su uso fue una forma de elevar la moral de los combatientes y de dar a conocer las noticias del momento.
Vuela palomita y diles que…
Si nos detenemos por horas a escuchar los diferentes cancioneros fácilmente podemos armar un relato histórico. La tradición de contar historias por medio de canciones no es extraña para nuestro contexto mexicano, porque contamos con una arraigada tradición corridística. El primero en estudiarlo fue el musicólogo cholulteca Vicente T. Mendoza, en su obra El romance español y el corrido mexicano: un estudio comparativo (1939), analiza de manera literaria y define al corrido como un “género épico-lirico-narrativo […], de forma literaria sobre la cual se apoya una frase musical compuesta […], que relata aquellos sucesos que hieren poderosamente la sensibilidad de multitudes”.. Sea cual sea el origen del corrido mexicano, debemos observar que la característica de contar historias por medio de canciones es un fenómeno presente en numerosos géneros de diferentes regiones. En la lengua española este fenómeno está presente desde la insular trova cubana hasta el candombe uruguayo o la milonga argentina. Basta una guitarra y una historia en versos para agitar multitudes con el reconocimiento de sus propias hazañas.
En España podríamos rastrear esta tradición desde el nacimiento de la lengua castellana, con el trabajo de juglares y trovadores en la Edad Media. En su estructura podemos encontrar coplas, romances, himnos, entre otros, que forman parte de una tradición oral y musical que con sus respectivas variantes y procesos históricos trajo como producto el cancionero de la Guerra Civil Española, que más allá de propaganda es la voz popular narrando su propia historia.
El caminante del mayab y la república española
En 1932 el trovador yucateco Guty Cárdenas es asesinado en la Ciudad de México a manos del empresario español Ángel Peláez Villa simpatizante del falangismo. Aunque los motivos de la disputa no son exactos, la diferencia política existía. En 1931 Cárdenas grabó el corrido La República Española, canción que narra la abdicación y exilio de Alfonso XIII, así como las nuevas leyes republicanas. Este corrido es ejemplo de la convergencia de dos países comunicándose por el mismo canal de la canción.
Alrededor de 1932 en España predominaban las canciones en ritmo de chotis o pasodoble por cantantes como Carmelita Aubert, La Goyita, Enriqueta Serrano, entre otras que exponían la victoria de la república, el entusiasmo por el marxismo, así como los derechos de las mujeres recientemente alcanzados. Sin embargo, este tono humorístico y juguetón poco duró. Junto con la guerra, la canción se abrió paso en forma de romance, coplas y con un ritmo marcial que llamaba al frente, lúgubre por la funesta situación o doloroso por el paso de la muerte en los frentes.
La ausencia del estudio
Luis Díaz de Viviana señala la falta de estudios sobre las canciones de este periodo, esto se debe que al ser más cercanas a la tradición oral no pueden ser estudiadas como poesía culta. La tradición oral se relaciona a los estudios etnográficos, y las canciones al ser del continente europeo escapan de este análisis.
Aunque posterior a la guerra hubo publicación de estos cancioneros, y actualmente en la web podemos encontrar varias recopilaciones, de su estudio solo encontramos un par de textos aparte del de Díaz. La deuda de la investigación no solo es a nivel literario, también lo es a nivel histórico y político. Desde el marxismo no basta con quedarnos en la explicación literaria, es necesario identificar como cada uno de estos recursos empleados en las canciones corresponden a los intereses de clase disputados en la guerra, por lo que haría falta un estudio desde la literatura y el arte marxista a este singular fenómeno.
Las voces continúan cantando
No toda la propaganda se limita al asombro de la pupila con contundentes carteles, también a través del oído la música y los versos conmueven a las masas. Las canciones fueron replicadas por diferentes artistas a nivel mundial, sobre todo con los exponentes en Latinoamérica ya mencionados. En las canciones no solo es evidente la lucha de clases, también el carácter internacionalista del proletariado que no se limita con la interpretación en diferentes idiomas, sino en la solidaridad expresada en sus letras, como Guty cantó “América espera que de nuevo brote con la rebeldía sin dificultad la justicia hidalga del buen Don Quijote, el perdón sereno y la libertad”.
