Populismos de derecha, fracasos de los “progresismos” y andanada imperialista en Latinoamérica
Carlos Márquez, CDMX
Es importante no olvidar el periodo en que nos encontramos. EE. UU. ya no tiene la capacidad de imponer sus condiciones en cualquier parte del mundo. El imperialismo, que ha caído en un declive relativo, se quiere reposicionar al haber retrocedido en su posición mundial mientras nuevas potencias han irrumpido en el escenario mundial, particularmente China. Por poner un ejemplo, en nuestra región EE. UU. es el principal socio comercial de Centroamérica, pero en Sudamérica es China quien encabeza la lista
La capacidad productiva China, por un lado, le lleva a buscar enorme cantidad de materias primas para su producción y para el consumo interno que ha generado. Por otro lado, ya no es solo la China que exporta textiles, juguetes o electrónicos baratos; hoy día tiene gran capacidad tecnológica y exporta capital, instalando grandes industrias en Latinoamérica y desarrollando toda una enorme infraestructura internacional para movilizar sus mercancías por el mundo (la llamada nueva ruta de la seda).
La política del imperialismo en este segundo mandato de Trump ha sido poner un freno al avance chino en el mundo y defender particularmente su área inmediata de influencia, es decir Norteamérica y América en su conjunto. Como resultado, la inversión de gran infraestructura China se paralizó en la región, durante el primer semestre de 2025 “recibieron solo el 1,14% de los compromisos de construcción y el 0,4% de la inversión en el primer semestre de 2025”. Esto habla que en la batalla global, China se ha visto obligada a dejar en segundo término a América.
La estrategia estadounidense
En busca de su reposicionamiento en la región, el imperialismo norteamericano ha apoyado y promovido gobiernos afines, y presionado a cada gobierno para que actúen en la lógica de los intereses norteamericanos. Incluso los países afines a EE. UU. no se han salvado de recibir aranceles en la lógica de mantener un balance comercial favorable a EE. UU.
También aquí se nota el declive del imperialismo estadounidense. Una cosa es tener una serie de gobiernos lacayos, otra que tengas la capacidad de sustituir económicamente a China realmente en la región. Por ejemplo, EE. UU. no puede absorber la soya brasileña y argentina que van al país asiático.
Pero no cabe duda que la presión contra gobiernos reformistas es mayor que la de sus lacayos. Brasil, el país sudamericano que más relación comercial tiene con China, ha sido castigado con aranceles excluyendo de estos las mercancías que son claves para EE. UU. como el hierro.
El gobierno Trump quieren recapitalizar EE. UU., un ejemplo es la política arancelaria en la industria del automóvil en Norteamérica, donde no ha dado un paso atrás en medio de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de esta zona (T-MEC). Busca que los aranceles forcen a que las nuevas inversiones del sector ya no vayan afuera del país y que algunas industrias regresen a EE. UU.
Trump ha llegado a decir que el T-MEC es irrelevante y no necesita de Norteamérica. El 1 de julio tenía que rectificarse en el tratado por 16 años, EE UU se rehusó, por lo que la vigencia tendrá que ser ratificada cada 6 años con revisiones anuales. Es decir que habrá una presión permanente que significa que en cualquier momento pueden renegociarse condiciones cada vez más favorables al imperialismo en este u otro sector, en el Tratado en su conjunto o romper el Tratado.
En un sentido, la integración de las economías de los países de Norteamérica y las respuestas proteccionistas de Trump, es una expresión de cómo las fuerzas productivas han roto las fronteras nacionales y estas se convierten en límites para su desarrollo. La respuesta de los imperialistas es poner un freno al desarrollo mundial de la economía debido a las competencias existentes entre ellos. Se dilapida un enorme potencial en la defensa del beneficio privado. La anarquía capitalista y la competencia llevan también a que enormes industrias no desarrollen toda su capacidad productiva.
Lo que el capitalismo realmente nos ofrece son las guerras, genocidios, crisis, desempleo, hambre, violencia barbárica. Esto es la expresión de la decadencia del capitalismo, pero también la necesidad de que emane una nueva sociedad. Si todos esos medios de producción se pusieran al servicio de la humanidad acabaríamos con el hambre y las limitantes del día a día con que viven millones de trabajadores en el mundo.
México, en medio de estas presiones, se quiere mostrar como aliado de EE. UU. tratando de convencer a los imperialistas que es mejor luchar juntos fortaleciendo la integración económica norteamericana para enfrentar la competencia de Asia. En esta lógica, México ha impuesto aranceles a Asia, se ha puesto como el muro que impide el paso de migrantes a EE. UU., realiza acciones contra los carteles de la droga bajo la presión de EEUU, acepta asesoría y entrenamiento militar y, ahora, el gobierno mexicano busca que en el T-MEC, en el país se haga inversiones para crear industrias que sustituyen las importaciones de China a EE. UU. Por ejemplo, instalando plantas de microchips en México. Es decir, lo que busca el gobierno de la 4T es una integración mayor (que no se da entre iguales) sino en una situación de subordinación que genera mayor dependencia.
Aún cuando el gobierno mexicano le hace todas estas concesiones a EE. UU. nunca es suficiente para Trump. En el mejor de los casos, y muy raramente, te da una palmada en la espalda para luego nuevamente estrangularte el cuello. Quiere sumisión total.
Tiene que negociar con Sheinbaum, pero sería mejor un gobierno lacayo. Derrocar a una presidenta con gran apoyo popular de forma violenta generaría desestabilización, por no hablar de un levantamiento popular. Mantiene amenazas de intervención militar contra México, ha derrocado militarmente a Maduro como presidente de Venezuela y ha endurecido el bloqueo llevando a la economía cubana al borde del colapso.
Una agresión militar contra México no es descartable, las presiones económicas se mantendrán permanentemente, pero quiere avanzar en debilitar al gobierno Sheinbaum primeramente arrebatando su mayoría parlamentaria en las elecciones intermedias de 2027.
El espejo latinoamericano
Durante el segundo mandato de Trump todas las elecciones realizadas en Latinoamérica han sido ganadas por la derecha: Argentina (elecciones parlamentarias), Chile, Costa Rica, Bolivia, Perú y Colombia. La derrota del Pacto Histórico en este último país, deja en una situación de mayor aislamiento al gobierno mexicano.
La gran cantidad de gobiernos de derecha permitió a Trump en marzo realizar una reunión a la que llamó Escudo de las Américas con la presencia de 11 gobernantes latinoamericanos en que se firmó un pacto para enfrentar a los carteles de la droga. Está lucha ha sido un buen pretexto del gobierno gringo para justificar su injerencia, ataques a los países latinoamericanos y justificación de medidas reaccionarias.
En parte esto expresa una enorme presión de la ofensiva e injerencia imperialista, a lo que debemos sumar el fracaso de los llamados reformistas o progresismos (término que no nos gusta usar porque muchos de estos han terminado por rescatar al sistema y los Estados burgueses decadentes, algo que no es nada progresista, en vez de plantear una salida revolucionaria).
Podríamos remontarnos a las elecciones intermedias de Argentina para hablar de la injerencia de Trump en estos procesos. La izquierda kirchnerista dejó un boquete fiscal, deuda e hiperinflación. Después de ganar la elección, Milei lanzó toda una serie de ataques contra los trabajadores. Las elecciones podrían haber expresado el descontento, pero en una situación económica delicada, Trump declaró que daría todo el apoyo a Argentina si ganaba las elecciones Milei, sino no. Esto tuvo un efecto en inclinar la balanza.
Ese no es un caso aislado. Una constante ha sido la injerencia imperialista en cada elección de la región, apoyándose en sectores de la burguesía y la derecha local. Si quedaba alguna duda, esto quedó en evidencia con la filtración de los audios conocidos como los Hondurasgates. Los dirigentes del Partido Nacional, en medio de las elecciones, operaron para imponer a Nary Asfurra, fortalecer la red de desprestigio mediático de los presidentes de izquierda en la región y actuar a favor de los intereses del capital imperialista.
Pero no podemos atribuir por completo la derrota de los gobiernos de izquierda a la injerencia imperialista en la región, esta se debe, ante todo, a la incapacidad de los reformismos de resolver los problemas de la clase trabajadora y, por el contrario, llevar a problemas de deuda, inflación, desempleo y no conseguir resolver problemas de violencia que en algunos países es una problema central. Eso evita un apoyo firme y contundente de las masas que pudiera, pese a las injerencias imperialistas, conseguir victorias electorales.
Hay una batalla mediática, donde las burguesías nacionales e imperialistas, desprestigian a sus oponentes como el gobierno de Petro en Colombia o Sheinbaum en México. Sectores de la izquierda reformista hablan de ganar el discurso como si se tratara de una batalla de mensajes. Claro que hay que responder a las mentiras y distorsiones de la derecha capitalista, pero ante todo hay que tener un programa congruente que no dude en ponerse del lado de los explotados. Creer que el problema es el discurso lleva a conclusiones como el decir que criticar a un gobierno de izquierda es ponerse del lado del enemigo. Sin negar que es un frente de batalla los medios de comunicación y las redes sociales, el problema central está en el programa, del cual se desprende una estrategia y tácticas.
El capitalismo es un sistema en decadencia que no va a resolver los problemas de las masas aunque se trate de reformar. Los reformistas son incapaces de defenderse de la ofensiva capitalista y terminan, por el contrario, sucumbiendo frente a ellos.
El auge de la derecha
Ante el fracaso de la izquierda reformista, en general no vemos un regreso de la vieja derecha, los viejos partidos tradicionales de las burguesías y oligarquías locales, sino demagogos populistas de derecha que prometen solucionar la crisis económica y de seguridad.
En El Salvador tras pasar 12 años de guerra civil (1980-1992), la catástrofe que significaron los gobiernos del periodo de paz con Arena (1989-2009), finalmente las masas lograron echar del gobierno a esos reaccionarios y llevaron al FMLN, la antigua guerrilla, al gobierno (2009-2019). Estos no cubrieron las expectativas de las masas y, por el contrario, terminaron adaptándose descaradamente al sistema beneficiándose de burocracia de manera personal. Es en ese contexto que Bukele emerge en el escenario capitalizando la situación.
Este es un caso particular pues logra dar una solución a uno de los problemas más sensibles de las masas, la inseguridad, lo que le ha dado una base de apoyo. Pero, en general, vemos que estos gobiernos son inestables sin una base sólida de apoyo. Si bien se desarrollan sectores de derecha, incluso dentro de estos una minoría fascista, en general hay una búsqueda de una alternativa que el reformismo no da ante un sentimiento anti sistema.
La instauración de gobiernos populistas de derecha ya veía desde antes como el caso de Novoa en Ecuador o Milei en Argentina. En esta nueva era Trump, estos gobiernos de derechas serviles al imperialismo se envalentonan y lanzan ataques contra los trabajadores. La política exterior es la continuación de la política interior.
Lo que vemos es una política de ajustes con recortes al gasto social y eliminación de subsidios; en Ecuador, por ejemplo, se ha incrementado el IVA de 12 a 15%; se reasignan los recursos presupuestales. En Chile se impulsó la Ley de reconstrucción nacional, reduciendo impuestos mientras se toman medidas de austeridad que incluyeron un intento de reducir en 3% el presupuesto a la educación. De igual forma se han impulsado reformas laborales que atentan contra los derechos de los trabajadores.
A su vez el gasto en seguridad aumenta, se fortalecen las policías y militares y más de un país plantea la creación de mega cárceles para combatir a la delincuencia. El gobierno de EE. UU. interfiere, envía elementos militares y asesora a las fuerzas armadas locales.
La reacción de las masas
Si alguna ilusión provocó Milei, esta se desvaneció con sus políticas de austeridad y ataques contra los trabajadores. La CGT ha realizado tres paros nacionales en defensa de sus derechos. En Bolivia, el recorte al subsidio a la gasolina con una economía al borde de la crisis, llevó a las masas a las calles con la participación que rápidamente se radicalizó. Un dirigente de las protestas en La Paz explicó cómo fueron rebasados por las bases y señaló:
“No lo pide mi persona, no lo pide un dirigente, (sino) toda la población, el grito revolucionario por lo que está pasando esta crisis, pide la renuncia del presidente Rodrigo Paz, hay que ser bien claro”.
En Chile, los estudiantes y sindicatos de profesores tomaron las calles contra los recortes a la educación.
Decía Marx, hay que ver la realidad detrás de las apariencias. No es un giro a la derecha, por el contrario, estas luchas defensivas son los primeros pasos de una reactivación de la lucha de las masas que no será lineal. Pero lo más implorante es que ese sentimiento anti establecimiento, antisistema, está llevando a que subterráneamente se desarrolle una conciencia revolucionaria que se expresa primeramente en las capas avanzadas.
Es hoy evidente que ha habido una injerencia ilegal en México de la CIA (Chihuahua) y el FBI (detención del Mayo). Sumado a esto México queda en mayor aislamiento con la derrota electoral en Colombia.
Sheinbaum ha radicalizado su discurso rechazando el injerencismo. Pero su alternativa son demandas legales y activar a sus bases para prepararse para las elecciones de 2027. No hay salida más que una defensa revolucionaria.
Los reformistas han fracasado en América Latina y por ello ha capitalizado, momentáneamente, la derecha. No han logrado generar un trabajo digno de manera sostenible y estable, aunque les gustaría soñar con regresar al pasado cuando el capitalismo era capaz de dar con secciones serias a las masas.
Todos los gobiernos, de derecha e izquierda, se enfrentan a la disputa y división entre China y EE. UU. y toman partido. Trump tiene un garrote muy largo para que no quede duda con quién deben estar en el continente americano. La 4T ya lo dejó claro, quiere que sean buenos vecinos y aliarse para combatir a Asia.
Hablar contra la injerencia, tomar acciones legales, prepararse para las elecciones, no cambiará nada la correlación de fuerzas. La historia de México ha demostrado no solo que te puedes enfrentar al imperialismo sino que lo puedes hacer retroceder y derrotar, pero a condición de que sean las masas quien lo enfrenten con acciones revolucionarias.
Lo que requieres un gobierno que defienda claramente los intereses de la clase obrera (algo que la 4T no hace porque pretende balancearse entre las clases y termina sucumbiendo a la presión del capital). Los “progresismos” han fracasado en corregir y mejorar al sistema. Lo que tenemos es este hostil imperialismo y capitalismo decadente. Lo que necesitamos es un cambio de sistema total, una revolución socialista internacional. Los trabajadores han salido a las calles desde Buenos Aires a Santiago de Chile, desde La Paz hasta Minneapolis. Es el vapor que emerge y tiene la capacidad de mover miles de toneladas, como en el caso de un tren, siempre que esa fuerza sea canalizada por un pistón para convertirse en movimiento
Ante el avance de los populismos de derecha y el fracaso de los reformismos, lo único que queda es construir una alternativa revolucionaria, el pistón que necesitamos es el partido revolucionario internacional, por ello te llamamos a sumarse a las filas de la Internacional Comunista Revolucionaria.
