Tulum renace: un ejemplo de manual del Estado al rescate del capital
Gerardo G
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, realizó el fin de semana del 17 al 19 de julio, una gira de trabajo por el norte del estado de Quintana Roo. Entre sus principales paradas estuvieron las ciudades de Cancún, Puerto Morelos y Tulum.
Entre sus puntos estaban la entrega de casas de interés social en Cancún, supervisar el avance de algunas obras de tránsito –entre ellas el puente Nichupté–, y la llegada de las primeras locomotoras para el tren de mercancías del tren Maya. Sin embargo, probablemente lo que más trascendió fue la parada que hizo en la ciudad de Tulum, la primera de su agenda.
No es un secreto la situación lastimera en la que se encuentra Tulum. Desde 2008 que se conformó como municipio, la ciudad pasó de ser un pequeño pueblo cuyo principal atractivo era su zona arqueológica y sus playa prácticamente intactas, a ser un polo de “desarrollo” turístico, promovido como un centro de retiro espiritual y destino eco-chic para cierto sector acomodado de la sociedad, y una “increíble oportunidad de inversión inmobiliaria” que no hizo más que disparar la especulación en la zona, dando como resultado un fenómeno ya más que conocido por la clase trabajadora mexicana: gentrificación, desplazamiento de los habitantes locales, y la práctica privatización de las playas.
La situación de crisis es tan alarmante, que el propio gobierno federal ha impulsado el Plan Tulum renace, una serie de medidas que tiene por objetivo reincentivar la inversión en la zona y rescatar a la ciudad de la crisis económica y social que hoy viven. Pero primero es importante preguntarse, ¿cómo llegaron a esto?
La anarquía del mercado en su máximo esplendor
Cuando los marxistas hablamos de la anarquía del mercado, usualmente utilizamos ejemplos muy generales de cómo la producción está orientada no a satisfacer las necesidades de una sociedad –como son la alimentación, la salud o la educación–, si no que está pensada en sacar la máxima utilidad posible a fin de enriquecer a una capa muy pequeña de la sociedad, la clase burguesa, quienes son los dueños de los medios de producción y, por lo tanto, son quienes deciden cómo se utilizan estos medios.
En México, y particularmente en el sureste, tenemos, sin embargo, este otro ejemplo más puntual: Tulum como municipio, pasó de tener una población de menos de 30 mil habitantes a duplicar su tamaño en 15 años, según estimaciones. Con la llegada de turistas internacionales con un mayor poder adquisitivo, también llegaron las primeras grandes inversiones; y así, con ayuda del reciente gobierno municipal y el gobierno estatal, se preparó a Tulum como el próximo polo de desarrollo turístico top del estado.
Junto con el anuncio de varios proyectos de desarrollo, como el aeropuerto de la Riviera Maya –hoy conocido como Aeropuerto Internacional Felipe Carrillo Puerto–, y la proyección de un rápido crecimiento –pronosticaban que la ciudad alcanzaría 650 mil habitantes para 2050–, también encareció rápidamente el valor del suelo, llegando a los 3 mil pesos por metro cuadrado para 2014. La razón es muy simple: la especulación inmobiliaria que vendía al destino turístico como una oportunidad de inversión sin igual.
En el afán de tener el mayor rendimiento posible, y confiando en un flujo constante de turistas internacionales, los precios en Tulum de igual manera se dispararon. La ciudad se había convertido en la gallina de los huevos de oro para los empresarios, no para los trabajadores, quienes al igual que en otros destinos como Cancún o Playa del Carmen, reciben sueldos miserables –algunos incluso siendo contratados sin sueldos, el llamado voluntariado–; ni tampoco para los primeros pobladores quienes fueron desplazados al verse incrementado el costo de vida y quiénes en su gran mayoría no podían competir contra las grandes inversiones.
Pero una industria como la turística necesita precisamente de turistas para existir, y concentrarse especialmente en ofrecer servicios para el turismo internacional, que son los que dejan más derrama de divisas. Sin embargo, cuando este se redujo debido a las múltiples crisis del sistema a nivel mundial –por ejemplo, la pandemia de 2020–, afectando principalmente a los países más desarrollados, quienes antes podían pagar sin problemas los precios en un destino como Tulum, hoy optan por destinos más asequibles. Aunado a esto, el turismo nacional tampoco puede pagar esos mismos precios. Como resultado, Tulum ha sufrido en el último año una reducción de hasta un 36% del turismo.
Las laxas regulaciones, municipales y estatales, y la nula planificación de una ciudad que crecía sin control– dónde existen hasta 800 proyectos de construcción anuales de los cuales más de 16% son construcciones ilegales–, provocaron una burbuja que estalló por su propio peso, dejando una ciudad con una profunda crisis económica y social.
Reducción de los precios en las obras de inversión pública en Tulum
Ante esta situación, no es de sorprender que sea el propio Estado mexicano quien salga al rescate de Tulum. Los gobiernos locales siendo parte beneficiaria del saqueo que vivió la pequeña ciudad, no mostraban gran preocupación ante la crisis.
Por ello el plan Tulum renace llega como una medida tomada para rescatar el destino turístico apostando está vez por el turismo nacional. Las medidas anunciadas son las siguientes:
- Entrada gratuita al Parque del Jaguar para visitantes nacionales.
- Se reduce el costo de las tarifas de manera histórica por parte del INAH y de la CONANP: 80 pesos para visitantes nacionales y gratuito en domingo; mientras que para visitantes extranjeros el costo será de 265 pesos.
- Se establecerá un sistema de movilidad eléctrica dentro del Parque del Jaguar como un servicio para todas y todos los usuarios.
- Implementación con la Guardia Nacional de un modelo de atención y cuidado al turista.
- Implementación del plan de profesionalización y certificación para prestadores de servicios turísticos, para que la calidad y la narrativa sea la mejor para los visitantes.
- Construcción de un estacionamiento en el acceso sur.
- Implementación de un plan de ordenamiento y mejoras de servicios públicos para el pueblo de Tulum.
- Creación de un nuevo sistema de transporte público, que cambiará la movilidad y la experiencia en Tulum.
- Se realizará una campaña de promoción que seguirá de manera constante y permanente con una narrativa de lo que es la riqueza de nuestra gente, de la gastronomía y de todos los productos turísticos.
- Implementación de un programa integral para la atracción de nuevas rutas aéreas y el impulso a la conectividad entre el aeropuerto y el centro de Tulum para que con ello se continúe conectando al destino con el mundo entero
Si bien estás medidas pueden parecer buenas en un principio, es de recordar que el objetivo central del plan es revalorizar el capital inmobiliario y turístico, es decir, que las inversiones hechas no se pierdan, o en palabras del propio sector hotelero “reactivar las inversiones dormidas”.
Y es que se presenta nuevamente una situación en la que el Estado utiliza recursos públicos para resolver los problemas generados por el capital privado: la inversión en infraestructura pública, como un nuevo sistema de transporte, estacionamientos, y un nuevo plan de ordenamiento nacen para sanear el caos generado por el crecimiento inmobiliario desordenado; además la apertura de nuevos accesos públicos a las playas surgen como medida para contrarrestar el malestar generado por la privatización de facto de estas.
El plan se vende con un discurso de sostenibilidad y justicia social, mostrando al Estado mexicano como un ente regulador y benevolente, ocultando la función principal de este que es garantizar la estabilidad del sistema. El Estado asume los costos de la crisis del capital para restaurar las condiciones de acumulación beneficiosas para la burguesía y mantener el orden social.
La situación en Tulum no es un hecho aislado. Situaciones similares se han presentado con otros destinos turísticos a lo largo del tiempo, Cancún y Los Cabos también son ejemplos de la misma situación de crecimiento desmedido que originan una crisis en dónde el gobierno federal tiene que intervenir.
La visita de la presidenta, sin embargo, también presenta otras particularidades. Pues estas medidas podrían haberse presentado sin más desde Palacio Nacional, pero la presencia de la mandataria en el estado también obedece a fines políticos de importancia.
De elecciones y movilizaciones
Quintana Roo es uno de los estados en los que habrá elecciones en 2027. Habrá elecciones a la gubernatura, a las 25 diputaciones del congreso y a las 11 alcaldías municipales. Las tendencias favorecen ampliamente al partido oficialista, y es importante para Morena poder asegurar su hegemonía en el estado.
Quintana Roo es el mayor destino turístico de México y uno de los mayores captadores de divisas del país, ahí radica su importancia y la necesidad de que proyectos como el Tren Maya y el aeropuerto de Tulum puedan ser autosuficientes lo más pronto posible; por ello también de fortalecer el turismo nacional en estos destinos.
Y de la misma forma, conceder concesiones a una demanda que tanto ruido ha hecho como son los accesos a las playas, es una forma de apaciguar los movimientos que poco a poco iban tomando fuerza. Quintana Roo carece de una tradición de lucha obrera y urbana tan arraigada en comparación con otros estados.
Sin embargo, gracias a las condiciones de crecimiento acelerado y desorganizado, es más común ver movilizaciones de colonos exigiendo servicios públicos básicos y regularización de sus asentamientos. Asimismo, el gremio de los sindicatos de taxistas y operadores turísticos ha operado históricamente como un poderoso grupo de presión política y movilización de masas.
Y a diferencia de otras organizaciones obreras, la masa laboral hotelera y de servicios en Quintana Roo ha estado históricamente más fragmentada o cooptada por sindicatos tradicionales –como la CTM o la CROC–, lo que ha contenido las grandes huelgas y protestas masivas de trabajadores del turismo, aunque recientemente trabajadores hoteleros salieron a protestar ante el hartazgo por la falta de resoluciones a sus demandas más básicas. Frente a la crisis del capitalismo que toca todas las fibras de la sociedad en todo el mundo, los trabajadores buscan respuestas radicales que acaben con la barbarie. Difícilmente esto lo encontrarán en los gobiernos reformistas y direcciones charras que se ponen del lado del empresario. Es la organización obrera independiente y con un programa revolucionario la única capaz de acabar con las paupérrimas condiciones de vida actual.
¿Y dónde quedamos los trabajadores?
Al final del día, ninguna de estas medidas bosquejadas en el plan federal se traduce en una mejora en la calidad de vida de los trabajadores de los grandes centros turísticos.
Los trabajadores seguimos siendo explotados con largas jornadas de trabajo en los hoteles donde es común escuchar la frase: “tienes hora de entrada, pero no de salida”. ¿De qué sirve que haya una mayor afluencia de turistas, si esto no se traduce a mayores sueldos o prestaciones para los trabajadores?
Al día de la redacción de este artículo, la CROC ha amenazado con iniciar una huelga general en 11 hoteles de la Riviera maya, Cozumel, Tulum e Isla Mujeres. Sus demandas se fundamentan en diversas violaciones a los contratos colectivos de trabajo. Las autoridades laborales han fijado la audiencia de conciliación obligatoria para el próximo 8 de octubre. De no lograrse un consenso o la firma de convenios favorables para los empleados en dicha mesa de negociación, la ley prevé que el paro total comience siete días después, el 15 de octubre –es necesario un análisis para este tema en específico–.
Hay un camino para la clase trabajadora
Al final, quienes quedan al margen de todo somos los trabajadores. Ninguna de estas medidas es tomadas pensando en la clase trabajadora, que son aquellos quienes mueven la industria. Como los comunistas decimos: Ni un foco se enciende ni una rueda gira si no es por el amable permiso de la clase trabajadora.
Estas medidas no se traducen en mejores salarios, no sé traducen en jornadas más cortas, ni menos explotadoras; no sé traducen en un transporte público digno para el trabajador, el transporte y la movilidad siguen teniendo el foco en el turista.
Las luchas por mejores salarios, por el pago de las utilidades y de los aguinaldos, luchas que son constantes de manera deben ser el primer paso para acabar de una vez por todas con la anarquía del mercado, esto es, por la necesidad de una economía planificada a cargo de quienes mueven los engranajes de la sociedad, los trabajadores; dónde las ganancias de los grandes resorts se traduzcan en beneficios para la mayoría de la población, y dónde las ciudades, trenes, aeropuertos y demás desarrollos, sean pensados y planificados para estar al servicio de la clase trabajadora.
La organización de la clase trabajadora es esencial para acabar con la burguesía y la construcción de un Partido Revolucionario, que sea la herramienta con la que la clase trabajadora tome el poder en sus manos, es el primer paso necesario para lograrlo. Si estás de acuerdo con nuestras ideas, ¡organízate con nosotros!
