Aurora Reyes: Pincel y palabra como trincheras de clase
Gramsci Murga
Más que la “primera muralista”, una militante integral
El 9 de septiembre de 2026 se cumplirán 118 años del nacimiento de Aurora Reyes Flores en Hidalgo del Parral, Chihuahua. El aparato cultural burgués, cuando la recuerda, la reduce a una etiqueta folclórica: “la primera muralista mexicana”. Esta narrativa, sin embargo, es un acto de desarme político que folkloriza su legado y oculta su esencia revolucionaria. Desde una perspectiva marxista, debemos reivindicar a Aurora Reyes como una militante integral cuya praxis dispersa en el mural, la poesía, la docencia y el sindicalismo; rechazó toda separación entre el arte y la lucha de clases. Su vida, tejida con hilos de iniciativas, coherencia y grandes contradicciones, ofrece lecciones valiosas para los revolucionarios del Chihuahua y México actuales: la centralidad en el trabajo de base, la necesidad de un partido revolucionario, la lucha contra todas las opresiones de clase y de género entre otras, como partes de una misma batalla de carácter internacional.
I. El crisol del desierto: Clase, género y la formación de una conciencia rebelde
Nació en 1908 en Parral, Chihuahua, nieta del general porfiriano Bernardo Reyes, uno de los conspiradores de la Decena Trágica que culminó con el asesinato de Francisco I. Madero y el golpe de Victoriano Huerta. Tras la muerte de su abuelo en el cuartelazo, la familia Reyes cargó con el estigma de haber apoyado a los enemigos de la incipiente revolución democrática. Esto los obligó a huir a la capital, donde la pequeña Aurora pasó de una vida acomodada a sobrevivir en los barrios más pobres, vendiendo panecillos que su madre horneaba para ganarse la vida. Esta experiencia temprana de necesidad material y lucha callejera forjó su carácter y su identidad de clase: “me interesan estos asuntos sociales porque he tenido hambre, he sufrido la miseria en propia carne y porque soy gente del pueblo. A él pertenezco”.
A los trece años ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria, donde fue compañera de Frida Kahlo, y luego a la Academia de San Carlos. Sin embargo, fue expulsada de la Preparatoria tras golpear a una prefecta que la acusó de “libertina y jefa de una banda de ladrones”.
Por su bravura y su melena suelta, sus allegados la apodaron “La Cachorra”. Tras estos conflictos, abandonó la academia y se formó como autodidacta. Este gesto reflejaba su carácter rebelde y su rechazo a los formalismos académicos, aunque no puede interpretarse mecánicamente como una toma de conciencia de clase plenamente desarrollada.
II. Militancia comunista, emancipación de la mujer y las limitaciones del estalinismo
Aurora Reyes no era en ese momento solo una artista y estudiante aislada. Militó desde muy joven en el Partido Comunista Mexicano (PCM) y participó en la fundación de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) en 1936, un espacio que fungió como un escenario de acción política donde artistas “asumían su responsabilidad social”. Según las fuentes consultadas “fue lideresa del grupo feminista Las Pavorosas y cercana a poetas mexicanos como Eulalia Guzmán y los estridentistas”. Fue amiga de Concha Michel y Frida Kahlo, con quienes compartía una conciencia avanzada de que los ideales socialistas de la época no eran suficientes por sí mismos para resolver los problemas específicos de las mujeres.
Sin embargo, es necesario hacer un deslinde crítico.El PCM de la época, alineado a la Tercera Internacional y a la política del estalinismo soviético, abandonó progresivamente las tradiciones del bolchevismo: la revolución permanente, el centralismo democrático, el internacionalismo proletario y la táctica del frente único, para caer en el frentepopulismo y la conciliación con la burguesía nacionalista del cardenismo. Mientras Aurora levantaba su pincel contra el fascismo y el capitalismo, la dirección del PCM diluía la lucha de clases en alianzas con el mismo Estado que reprimía a los obreros y campesinos. La lección para nosotros es clara: el heroísmo individual y la militancia sincera no son suficientes si no van acompañados de una estrategia revolucionaria correcta. Aurora fue una combatiente ejemplar, pero su partido no supo ofrecer una salida revolucionaria a las contradicciones del México posrevolucionario.
Su práctica sindical, en cambio, sí nos ofrece una lección crítica de carácter estratégico. Ejerció 37 años como maestra de primaria de artes plásticas, y desde el sindicato promovió la creación de las primeras guarderías para los hijos de las trabajadoras del magisterio, defendió el derecho al voto femenino y exigió el reconocimiento del tiempo de lactancia.
Su conciencia de género era clara: no había revolución socialista sin la emancipación de la mujer, y Aurora lo vivió en carne propia, enfrentando el machismo encarnado incluso dentro de su propio partido.
III. El mural como acta de acusación: “Atentado a las maestras rurales”
En 1936, Aurora Reyes ganó un concurso convocado por la SEP, gracias al cual realizó su primer mural: “Atentado a las maestras rurales” (erróneamente llamado luego “a los maestros rurales”), en el Centro Escolar Revolución de la Ciudad de México. Se afirma que “el primer mural pintado por una mujer en México fue ‘Atentado a las maestras rurales’… ópera prima digna del muralismo realizada por mujeres en México”. La obra denuncia la violencia ejercida por los cristeros y el ejército contra las maestras rurales, mujeres que llevaban la educación científica a las comunidades más apartadas.
Esta obra no era “un arte bello” desinteresado, sin inspiración material o temporal sino que era un arma de denuncia y un acto de memoria proletaria. Aurora pintaba lo que vivía: ella misma era maestra y conocía los riesgos de la labor educativa en el campo. Su realismo artístico, heredado de la Escuela Mexicana de Pintura, estaba al servicio de las luchas de las clases populares. Como ella misma afirmó: “el arte es el medio que penetra en la emoción de los seres y a eso se debe que constituye un arma poderosa para luchar por el pueblo”.
Posteriormente realizó otros murales: “Presencia del maestro en la historia de México” (1959-1961) en el Auditorio 15 de Mayo del SNTE, un ciclo que exalta el papel del magisterio en las movilizaciones sociales, y “El primer encuentro” (1978) en la Delegación de Coyoacán, donde abordó el impacto de la conquista de la “Nueva España” . En todos ellos, la educación y la mujer son protagonistas de la historia, no sujetos pasivos.
IV. Poesía: La palabra como extensión del pincel
Aurora Reyes no solo pintó muros, también escribió versos. Su obra poética es breve, apenas de 28 poemas pero intensa; Publicó “Humanos paisajes” (1953), “Palabras al desierto” (1974) y “Espiral en retorno” (1981). A diferencia de otros muralistas que ocasionalmente escribieron, Aurora integró la palabra y la línea en un mismo gesto creador. Ella misma ilustró sus poemarios, y esa doble autoría no es un detalle menor: sus dibujos no “acompañan” al texto, sino que lo imaginan y lo complementan.
No hay nostalgia pasiva en esos versos: hay una herida que se vuelve fuerza, un origen que se transforma en bandera.
En tiempos donde la poesía ha sido secuestrada por el mercado o reducida a ejercicio privado de salón, recuperar a Aurora Reyes es también recuperar la poesía como trinchera. Sus poemas no fueron escritos para ser leídos en voz baja frente a una chimenea, sino para ser coreados, para ser dibujados, para ser recordados. Son, como sus murales, herramientas de lucha e imaginación.
V. La represión, el exilio interior y el abandono estatal: Lecciones sobre un enemigo
Aurora Reyes sufrió en carne propia la violencia del Estado priísta. No fue una persecución menor ni episódica: fue un hostigamiento sistemático que comenzó desde su infancia.
Su familia, por ser descendientes del general Bernardo Reyes considerado un traidor a la causa democrática tras la Decena Trágica, fue marcada como enemiga del nuevo régimen revolucionario. Sus descendientes, aunque no responsables directos de sus actos, sufrieron la persecución del nuevo régimen.
Esta condición la obligó a vivir en la clandestinidad y la pobreza, forjando en ella una desconfianza profunda hacia el poder institucional.
Ya en su vida adulta, su militancia comunista y su activismo sindical la convirtieron en blanco de la vigilancia estatal. El exilio al interior del país fue la forma que tomó su castigo. No necesitaron encarcelar o expulsarla: les bastó con invisibilizarla, ignorarla y dejarla en el olvido histórico oficial.
El destino de sus murales es la metáfora perfecta de esa venganza de clase. Según las fuentes, la escuela donde se encuentra el mural “Atentado a las maestras rurales” aún está en servicio, pero “el patrimonio artístico por desgracia aparece en franca destrucción…”. No se trata de simple negligencia, el estado burgués por naturaleza no muestra interés en conservar la memoria de quienes lo denuncian.
Mientras tanto, los murales de otros grandes pintores fueron objeto de un proceso de canonización oficial que desactivó su potencial subversivo, convirtiéndolos en patrimonio turístico. En cambio, los de Aurora Reyes, por no haberse prestado a esa folklorización, cayeron en el abandono material. Ese contraste es revelador: la burguesía folkloriza a quienes puede desarmar políticamente, y abandona a quienes no logra cooptar. Aurora Reyes nunca se doblegó. Por eso su obra perdura en muros que aparentan estar sistemáticamente relegados.
VI. Lecciones para el México de hoy: Contra el culturalismo y el olvido
¿Qué nos enseña Aurora Reyes, en el contexto de militarización, feminicidios y despojo capitalista en México?
Primero, contra el culturalismo y por el partido internacionalista: No basta con poner murales o escribir poemas. El arte alcanza su máxima potencia revolucionaria cuando está inserto orgánicamente en las luchas de masas. Aurora no pintaba para galerías, pintaba para el pueblo en las escuelas y los sindicatos. Sin embargo, la lección más profunda que debemos extraer es que ni el arte, ni los sindicatos, ni las asambleas campesinas o estudiantiles aisladas son suficientes. Sin un partido revolucionario de alcance internacional, que articule las luchas locales con la perspectiva de la revolución mundial, los esfuerzos más heroicos se disipan, son cooptados por el reformismo o aplastados por el Estado. El ejemplo de Aurora, militante del PCM, un partido que terminó abandonando la perspectiva internacionalista para caer en el nacionalismo cardenista y el frentepopulismo, nos enseña que no sirve cualquier partido. Necesitamos un partido que enarbole la revolución internacional, que vincule la lucha por el agua en México con la lucha contra el imperialismo en Palestina, Ucrania o el Congo, y que se proponga la toma del poder político obrero como único horizonte de emancipación real. La cultura es un arma, pero el guerrero que la empuña debe pertenecer a un ejército informado y organizado: ese ejército es el partido de la clase obrera.
Segundo, contra el olvido patriarcal y por el frente único comunista: La invisibilización de Aurora Reyes no es un descuido historiográfico. Es un mecanismo de clase que opera también a través de la opresión específica de las mujeres, para enterrar la memoria de las combatientes. Nuestra tarea es recuperar esa genealogía de resistencia, pero sin caer en el espejismo del feminismo liberal o del activismo identitario que separa artificialmente la lucha contra el patriarcado de la lucha contra el capital. Para un marxista revolucionario, no hay emancipación de la mujer sin revolución socialista, y no hay revolución socialista realista que no ponga la emancipación de la mujer en el centro de su programa. Esa emancipación requiere un esfuerzo activo y consciente del proletariado en revolución. Por eso, la lucha por los derechos de las mujeres y la lucha por el socialismo deben converger en una sola lucha.
Tercero, la centralidad de la educación y la organización de base: Aurora fue ante todo maestra. No abandonó nunca su trabajo en las primarias porque entendía que la conciencia se forja en el aula tanto como en la fábrica. Hoy, las normales rurales aquellas trincheras que formaron a Arturo Gámiz, a Pablo Gómez y varias generaciones de combatientes siguen siendo acechadas por el Estado bajo el discurso de la “calidad educativa” y la “modernización”. La lección de Aurora es clara: defender la educación pública, laica, gratuita y socialista es defender la posibilidad misma de la revolución.
Aurora Reyes falleció el 26 de abril de 1985 en Coyoacán. Su verdadero legado no resulta en un mural, un dibujo, un poema o ni siquiera un museo. Es el método que desempeñó: la militante integral que no separó el pincel de la palabra, el aula del sindicato, la poesía de la lucha callejera, ni separó la lucha por la emancipación de la mujer de la lucha de clases.
Honrar a Aurora Reyes es retomar su práctica: construir trincheras culturales y políticas en los barrios, defender las escuelas públicas como espacios de conciencia, organizar a las mujeres trabajadoras contra la doble explotación, y sobre todo, forjar el partido revolucionario internacional. Como ella misma decía: “Amo por encima de todo la libertad”. Esa libertad no se concede: se disputa todos los días a lo largo de la historia a través de la organización, la teoría y la praxis.
Bibliografía:
Comisarenco Mirkin, D. (s.f.). Aurora Reyes: escribir pintando y pintar escribiendo. Hilario. Artes Letras Oficios. Recuperado de https://www.hilariobooks.com/la-voz-de-los-expertos/aurora-reyes-escribir-pintando-y-pintar-escribiendo (Incluye fragmento de entrevista: “De Poetisa a Pintora”, Excelsior, 24 de febrero de 1953).
Aurora Reyes: En los muros, en las aulas y en los versos. Pasado en clave de género para acercarse a la vida de una artista norteña en la época posrevolucionaria. (2023). Revista Meyibó, 13(26), 121-171. http://meyibo.tij.uabc.mx/index.php/meyibo/article/view/22
Zúñiga, A. (2005). Libérrima y salvaje, Aurora Reyes, primera muralista mexicana. Triple Jornada, 80, 6-7.
Pie de página:
[1] Aurora Reyes: En los muros, en las aulas y en los versos. Pasado en clave de género para acercarse a la vida de una artista norteña en la época posrevolucionaria. (2023). Revista Meyibó, 13(26), 121-171. http://meyibo.tij.uabc.mx/index.php/meyibo/article/view/22 Pág. 157
[2] Comisarenco Mirkin, D. (s.f.). Aurora Reyes: escribir pintando y pintar escribiendo. Hilario. Artes Letras Oficios. https://www.hilariobooks.com/la-voz-de-los-expertos/aurora-reyes-escribir-pintando-y-pintar-escribiendo Fragmento de una entrevista a Aurora Reyes, “De Poetisa a Pintora” Excelsior, 24, de febrero de 1953.
[3] Aurora Reyes: En los muros, en las aulas … Pág. 133
[4] IBIDEM. Pág. 159
[5] Zúñiga, A. (2005). Libérrima y salvaje, Aurora Reyes, primera muralista mexicana. Triple Jornada, 80, 6-7. Pág. 6
[6] Comisarenco Mirkin, D. (s.f.). Aurora Reyes: escribir pintando…
[7] Zúñiga, A. (2005). Libérrima y salvaje…Pág. 6
[8] IBIDEM. Pág. 7
