¿Qué es el dinero?
Christian Herrera Medina
¿Oro? ¿Oro precioso, rojo y fascinante?
Con él se torna blanco el negro, y el feo hermoso:
Virtuoso el malvado; el anciano, mancebo,
Valeroso el cobarde y noble el ruin.
El oro… desplaza al sacerdote del altar
Y retira la almohada a quien yace enfermo.
Shakespeare. El timón de Atenas.
Vivir en una sociedad en donde todos los satisfactores esenciales existen como mercancías supone usar cotidianamente el dinero. Visto superficialmente, el dinero es el amo y señor de los individuos. Por dinero, dijera Marx, cosas que de suyo no son mercancías, tales como la conciencia, el honor o la dignidad, son puestas a la venta por sus poseedores al mejor postor. Fetichizado, el dinero determina el valor de las personas, independientemente de cuán abyecto resulten ser los amos del dinero.
Sin embargo, en aras de comprender qué es el dinero, invitamos al estimado lector a un ejercicio de reflexión sumamente mundano. Pensemos cuánto cuesta producir un billete de 200 pesos, frente a un billete de 500 pesos. ¿por qué, si es tan parecido el costo de producir ambos billetes, representan magnitudes tan dispares? Considerando ambos objetos aisladamente, no podemos resolver el problema. Ambos billetes usan la misma tecnología y papel, y la diferencia en cuanto al uso de tinta no explica la discrepancia de los billetes.
Peor aún, ¿un billete de 500 pesos, cuesta producirlo esos 500 pesos? ¿por qué un trozo de papel es equivalente a determinada cantidad de manzanas, libros o ropa? Y, si bien es cierto que el gobierno impone qué billetes valen, también es cierto que una cantidad desproporcionada de dinero en circulación conlleva un incremento generalizado de la demanda y, con esto, los precios. Poner en circulación de forma arbitraria sumas de dinero que no corresponden a la producción de mercancías propicia crisis inflacionarias, como ha sucedido en nuestro país en la década de los 80.
De tal modo que, de nueva cuenta, salta una pregunta ¿qué hace al dinero portador de un signo social con capacidad de valuar e intercambiar mercancías? Y la respuesta estriba precisamente en cómo se desarrolla el cambio.
Intercambiar una cosa por otra se vuelve engorroso conforme se incrementa la existencia de muchas mercancías por obra de la cada vez más compleja división del trabajo. Cuando una mercancía es equivalente a todas las demás de forma generalizada, pensando por ejemplo en el cacao con los mexicas o la sal en los tiempos primigenios de la sociedad romana, una mercancía se destaca como mediadora de los intercambios, conforme dicha mercancía se convierte en la referencia común para medir el valor de las mercancías. Cuando el oro o la plata monopolizan ser la mercancía que equivale en su forma general al resto de mercancías, es cuando estos metales preciosos se convierten en dinero.
Sin embargo, la historia del dinero es la disociación de su valor respecto a su signo. Por ejemplo, supongamos la existencia de una moneda de 1,000 pesos plata. Conforme dicha moneda se desgasta, se lima o se atrofia, esta moneda no encierra 1,000 pesos plata, sino 999, 998, 997, etc. Pero su signo sigue diciendo $1,000. Esto suponía un problema circulatorio que, conforme aparecieron las letras de cambio, conformaban una promesa de pago en mercancías, sin necesidad del dinero metálico. Conforme las letras de cambio sustituyeron al oro o la plata, la transición al papel moneda resultó la forma más factible para regularizar el cambio. La emergencia de los Estados-nación modernos supuso, en aras de prevenir crisis dinerarias, monopolizar la emisión de dinero por un banco central y la imposición del papel moneda como signo de valor como una función del Estado.
En última instancia, si el dinero es un equivalente general de las mercancías, es porque el dinero mismo es también una mercancía. Como hemos visto en números anteriores de nuestro periódico, una mercancía es aquel objeto externo que tiene valor de uso y valor de cambio. El valor de uso del dinero son precisamente sus funciones. El dinero lo ocupamos como un indicador del valor de las mercancías, en tanto el precio de estas expresan una valuación. Cuando una mercancía dice $200, por decir un ejemplo, el dinero funciona como medida de valor. En nuestro ejemplo, el peso mexicano nos da una referencia cuantitativa de la magnitud de valor al que tenemos enfrente. El dinero también sirve como medio de circulación cuando se entrecruza en el proceso de compraventa social. Además, el dinero también se usa como medio de pago, cuando este sirve para pagar deudas. El dinero también funciona como medio de atesoramiento cuando este se extrae de la circulación y se amontona sin usarse. Por último, el dinero, cuando entra en un proceso de circulación internacional (como el dólar) adquiere una dimensión mundial para los procesos de intercambio.
En la sociedad moderna actual, el dinero se convierte en la forma inicial en la que el capital entra en la escena social. Un capitalista inicia su negocio desembolsando dinero para comprar máquinas, materias primas, de una parte, y contrata trabajadores, de otra parte. Esta última acción supone encontrar individuos desposeídos, obreros que se convierten en asalariados. A estos se les paga un salario en forma de dinero, el cual, por ser el equivalente general, se puede intercambiar por otras mercancías necesarias para vivir. En este caso, cuando el dinero se desembolsa para incrementarse cuantitativamente en la producción, el dinero se convierte en capital.
Considerando al dinero, no como una cosa misteriosa que gobierna nuestras vidas, sino como una mercancía que materializa una relación social, consideremos un fenómeno recurrente, el incremento generalizado de los precios. Supongamos dicho incremento en un 5%. Si los salarios no acompañan al incremento correspondiente, la clase obrera habrá perdido un 5% de su poder adquisitivo de mercancías. La inflación, que no es otra cosa que la pérdida cuantitativa equivalencial del dinero, es una modalidad de explotación social de la fuerza de trabajo, explicada magistralmente en La ilusión viaja en tranvía, una película maravillosa dirigida por el transterrado Luis Buñuel, la cual invitamos a ver al lector.
En últimas, la trampa ideológica que se nos impone desde nuestra formación primaria consiste en suponer la adquisición del dinero como una actividad que es determinada por nuestra propia individualidad. Dependiendo cuánto le eches ganas, cuánto estudies, cuánto te esfuerces, eso determinará la cantidad de dinero que se obtendrá. Sin embargo, la adquisición de cuál o tal cantidad de dinero no es sino el reverso de a qué clase social se pertenece. Un rentista adquiere dinero conforme a la posesión de sus rentas. Un empresario adquiere dinero conforme a la magnitud de su capital. Un trabajador adquiere dinero conforme la magnitud de su salario.
El dinero es la perfidia generalizada del existente humano. La prostitución social es resultado de la propia mercantilización de la vida, puesta en venta frente al poseedor del dinero. Utópicamente, algunos soñadores creen que aboliendo el dinero se logrará detener la venta mundana del todo, pero no es así. Si las fuerzas sociales del capitalismo son las que propician la venta de todo, más bien la abolición del capitalismo podrá frenar la mercantilización de la vida. Esto no es ninguna utopía, necesitamos más camaradas que nos ayuden a arrojar al capitalismo al basurero de la historia. Es nuestra tarea pendiente y podemos hacerla.
