Ante la agonía del capitalismo, un programa revolucionario y de clase

Evert Beltrán

A Eleonor y Larissa, mis dos grandes motores en la lucha por el socialismo

Durante los últimos meses hemos visto cómo ha sucedido una serie de acontecimientos en nuestro país y también a nivel internacional.En lo más inmediato cabe resaltar las declaraciones de la presidenta en torno a la lucha magisterial (ni qué decir del coro de los nuevos chayoteros que repiten una y otra vez las falacias emanadas desde Palacio Nacional), que ponen sobre la mesa un debate muy importante, y que plantea un cuestionamiento: ¿necesitamos un programa de lucha con una clara perspectiva de clase o nos tenemos que conformar con las promesas de campaña cada cierto tiempo? 

La respuesta sencilla es que no podemos confiar en las palabras, porque hemos sido testigos de que se las lleva el viento. Entonces, ¿qué programa necesitamos? Uno de clase y revolucionario, sin duda, tan amplio que quepan todas las demandas de la clase trabajadora en el campo y la ciudad, de las mujeres en lucha, de los jóvenes, las minorías, etc., porque a final de cuentas la gran mayoría de la población pertenecemos de una forma u otra a la clase trabajadora.

Antes de abordar la cuestión principal del presente artículo, hay que mencionar dos aspectos básicos para comprender la imperante necesidad de un programa de clase y revolucionario.

La primera cuestión es que la lucha por las reformas es buena, es decir, a lo largo de la historia del movimiento obrero se han conquistado reformas que han beneficiado a la clase trabajadora y a los oprimidos, pero ahí no está el problema. Nosotros, como comunistas, vemos bien la lucha por mejores condiciones de vida, sin embargo, a diferencia de los reformistas —quienes ven en la lucha por las reformas el fin último—, no nos conformamos con eso, puesto que nosotros buscamos la transformación de la sociedad, no basta con pequeños cambios y/o modificaciones, dado que siempre serán superficiales, dejando que la maquinaria estatal burguesa siga sin alteraciones profundas. Es decir, por muchos discursos que se den, el Estado sigue siendo burgués y, por ende, beneficia a esa clase.

Por otra parte, es muy pertinente reconocer que la burguesía mexicana ha sido y sigue siendo dependiente del Estado mexicano y aun más de la burguesía internacional para poder desarrollarse. Y a pesar de que han gobernado por décadas, no nos han garantizado ni siquiera un empleo, millones de mexicanos trabajan en la informalidad, lo que significa que no tienen acceso a salud, mucho menos a una vivienda digna, asimismo, podemos mencionar la educación, miles de jóvenes son rechazados de las principales instituciones educativas en el país. Un ejemplo más de la bancarrota del Estado burgués en nuestro país son las alarmantes cifras de violencia, que no han sabido revertir, y que quede bien claro; no hablo de tal o cual gobierno, sino del Estado, ese ente que surgió para conciliar la pugna entre las clases sociales, que nació de la sociedad pero con el paso del tiempo se ha divorciado totalmente e incluso se ha puesto por encima de ella, y que, para resumir, es un instrumento de explotación de la clase trabajadora.

Por lo tanto, no podemos confiar en las “reformas” de los reformistas ni tampoco podemos esperar a que la sombra de la “burguesía progresista” haga algo por nosotros. Tiene que ser labor, única y exclusivamente de las y los trabajadores llevar adelante las reformas que necesitamos, pero continuar hasta conquistar el poder e iniciar la tarea de la transformación socialista de la sociedad.

El Programa de Transición, vigencia y actualidad

El Programa de Transición fue redactado por León Trotski en 1938 como documento fundacional de la IV Internacional; este se escribió cuando muchos bolcheviques (compañeros de Lenin) habían sido asesinados en los juicios –farsa– de Moscú organizados por Stalin. Por lo tanto, fue Trotski quien tuvo que defender las verdaderas tradiciones del leninismo, del bolchevismo y de la Revolución de Octubre, así como las del marxismo revolucionario, la democracia obrera y el internacionalismo proletario. 

A pesar de que fue escrito hace casi 90 años, este documento mantiene una enorme vigencia, dado que el método de Trotski es el del verdadero marxismo revolucionario. No inventa el hilo negro, simplemente lleva adelante un análisis concreto de la realidad de la mano del materialismo histórico y dialéctico. Sin embargo, debemos evitar trasladar mecánicamente algunos aspectos, pues no estamos ante la perspectiva de una guerra mundial; además, no existe ningún gobierno fascista, ya que el fascismo es la dictadura desesperada del capital financiero que moviliza a la clase media arruinada para destruir por completo a las organizaciones obreras y salvar al capitalismo en crisis. Aunque existen personajes afines, lo que tenemos son gobiernos de derecha con programas populistas  y discursos demagógicos que conectan con el sentimiento anti-establishment, pero sin una base sólida por la inestabilidad del periodo actual en la lucha de clases. Lo que sí concuerda y de ahí su actualidad es que estamos pasando por una crisis del capitalismo sin precedentes, en donde se ataca a la clase trabajadora; por ende, volver hoy a El Programa de Transición es algo sumamente necesario. 

Programa mínimo, programa máximo y el programa de transición

Bajo las condiciones del capitalismo en México y las cada vez mayores contradicciones del gobierno de la 4T, es imprescindible discutir sobre qué programa de lucha es el que necesitamos actualmente. Ya que, por un lado, no podemos esperar que la burguesía haga algo por nosotros —porque obviamente no lo hará—, y por otro, es evidente que la cuarta transformación se va quedando solo en el discurso, pues en la vía de los hechos “el segundo piso de la 4T” está poniendo los intereses de los banqueros y empresarios por encima de los trabajadores, que fueron quienes los llevaron al gobierno.

Es tarea de la clase obrera llevar adelante un programa que englobe a todos los sectores en lucha, pero es más fácil decirlo que hacerlo, dado que existen diferentes niveles de conciencia entre los trabajadores, por lo que se debe unir o tender un puente entre el programa mínimo y el programa máximo (socialista). 

Es necesario superar, como planteaba Trotski, la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia (confusión y descorazonamiento de la vieja dirección, falta de experiencia de la joven). Es preciso ayudar a la masa, en el proceso de lucha, a encontrar un puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase trabajadora a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado.

El papel de la dirección 

Pero yendo al contenido, Trotski inicia mencionando que: La situación política mundial del momento, se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado. 

Por todos lados podemos notar cómo es que “los líderes” se comportan como un estorbo cuando se trata de defender los intereses de la clase trabajadora. En los días de fiesta dan discursos grandilocuentes, hacen llamados a movilizarse, pero cuando se necesita que convoquen o que mantengan una postura que defienda a los trabajadores, simplemente son unos cobardes, pues llegan a acuerdos con los patrones o el gobierno en turno.

En México hay, lamentablemente, muchos ejemplos: los partidos que se dicen de “izquierda” son abiertamente reformistas, no buscan ir más allá, creen que con promover leyes en “beneficio” de los trabajadores es suficiente. Lo que buscan es maquillar el capitalismo, pero es imposible embellecer el rostro de un muerto en estado de descomposición. La dirección de los sindicatos charros no es muy ajena a lo que acabo de mencionar. Salen el 1° de mayo con sus lonas con consignas muy “combativas”, pero inocuas a la hora de defender a los trabajadores y velar por sus intereses. 

Ahora mismo vivimos una época en la que la disidencia de cualquier tipo es tachada como “de derecha conservadora”; por lo tanto, las direcciones se pliegan a los mandatos oficiales que emanan del gobierno de la 4T,  y los que se atreven a desafiar a esas direcciones, como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), se convierten en el mismo demonio.

Pero Trotski lo deja todavía más claro: “El principal obstáculo en el camino de la transformación de la situación prerrevolucionaria en revolucionaria consiste en el carácter oportunista de la dirección proletaria, su cobardía pequeño burguesa y la traidora conexión que mantiene con ella en su agonía”.

Reivindicaciones transitorias en la agonía del capitalismo

Sin exagerar, es muy probable que la perspectiva futura en nuestro país sea la intensificación de la lucha de clases, y no, no tengo una bola de cristal; lo menciono dadas las condiciones actuales del capitalismo. Y, sobre todo, porque la misma burguesía no encuentra una salida. Aunado a lo anterior, es necesario mencionar la bancarrota del reformismo, que, disfrazado de “progresismo”, ha llevado la lucha de las masas a la búsqueda de “triunfos parciales” o abiertamente las ha desmovilizado con promesas de “un futuro mejor”; en ambos casos su papel ha sido de freno. Es imperante denunciar ante las mismas masas la traición del reformismo, por eso la relevancia de unir la perspectiva actual de la lucha por mejores condiciones de vida con la futura lucha por el socialismo.

Ante esa perspectiva, es prudente e incluso urgente levantar una serie de reivindicaciones transitorias para unir las demandas mínimas con la lucha por el socialismo. Aquí esbozo algunas de las que Trotski expone.

  • Escala móvil de los salarios y escala móvil de las horas de trabajo

Como ya he mencionado, actualmente el capitalismo orilla a la clase trabajadora a la extrema explotación o a la desocupación. En tal proceso surgen fenómenos como la “informalidad”, es decir, los trabajadores se dedican al ambulantaje, venta de dulces, botanas y otros productos. Pero también está el caso de los “emprendedores”, que bajo la falsa consigna de la “movilidad social” invierten en pequeños negocios. Ante tal situación, es totalmente viable, por el grado de desarrollo de la producción, que la clase obrera que se encuentra ocupada exija una escala móvil de salarios. Se debe asegurar que se dé un incremento automático del salario en relación con la subida de los precios de la canasta básica.

Asimismo, para frenar la desocupación, los sindicatos y otras organizaciones deben ligar a los que tienen trabajo con los que no lo tienen. Por ejemplo, actualmente se está dando una importante lucha por la reducción de la jornada de 48 a 40 horas, con dos días de descanso. Lo cual es totalmente posible, pues el trabajo se podría repartir entre todas las manos desocupadas. 

En ambos casos, lo que se busca es preservar a la clase trabajadora de la decadencia, de la desmoralización y la ruina, porque el capitalismo actualmente niega siquiera el derecho al trabajo y, por eso, debe perecer. Esta reivindicación necesariamente tendrá que probarse en la lucha, pero al levantarla los obreros comprenderán la necesidad de erradicar la explotación capitalista.

  • Comités de fábrica

Derivado de la bancarrota de algunos empresarios y ante el inminente cierre de fábricas o empresas, los trabajadores deben realizar huelgas con ocupación. Una huelga de este tipo plantea el problema de saber quién es el dueño de la fábrica: el capitalista o el obrero. Los comités son electos por todos los obreros y empleados de la empresa. La sola creación del comité crea un contrapeso a la administración. Esta reivindicación puede ser llevada a cabo, por ejemplo, en huelgas como la de Tornel, que exige la reducción de la jornada laboral, el pago de las prestaciones y el aumento salarial. Al enfatizar quién es el dueño de la fábrica, sin dudas, los trabajadores sacarán la conclusión de que son ellos mismos, porque una empresa funciona sin patrón, pero jamás sin trabajadores. 

  • Secreto comercial y el control obrero sobre la industria

Sin lugar a dudas, la abolición del secreto comercial es una reivindicación clave. Cada año, las empresas derraman lágrimas de cocodrilo cuando llega el tiempo de pagar las utilidades a los trabajadores. Este es un derecho legítimo; sin embargo, alegando que no hubo ganancias y mediante una sarta de mentiras, la patronal no cumple con sus obligaciones. Por lo tanto, saber cuánto ganó la empresa debería ser público, porque siempre hay ganancia, solo que el patrón la quiere solo para él. Por su parte, el control obrero abonará en conocer la ganancia, pero también el gasto; primero en una empresa, para después pasar al conjunto de empresas con el objetivo central es desenmascarar las estafas de los bancos, pero sobre todo demostrar cómo es que la burguesía derrocha el trabajo humano ante la anarquía del capitalismo, al perseguir la obtención de la máxima ganancia en detrimento de los trabajadores.

  • Expropiación de ciertos grupos de capitalistas, de los bancos privados y la estatización del sistema de créditos

A diferencia de los reformistas que quieren indemnizar a la burguesía, los comunistas decimos expropiación, ya que eso significa por la vía de los hechos la destrucción política de la burguesía, así como la liquidación de su dominio económico. En ambos casos, al perder su poder económico, perderán la influencia que tienen sobre ciertos sectores, incluidos los círculos de gobernantes, jueces, policía, etcétera. 

Respecto a la expropiación de la banca privada, simplemente sería recuperar el dinero de la clase trabajadora que ha sido utilizado para especular y enriquecer a los parásitos burgueses. El más claro ejemplo lo tenemos con la CNTE y su lucha contra la derogación de la ley del ISSSTE de 1997-2007. Con las afores los bancos privados se han enriquecido a más no poder, mientras que los trabajadores tienen que hacer cuentas sobre cuántos años van a vivir para ver si les alcanzará la afore. La cuestión es que muchos seguramente vivirán más tiempo después de que se agote ese recurso. ¿Y qué harán entonces? ¿Volver a trabajar tras haber entregado tres décadas de su vida a la producción? Mientras tanto, los zánganos de la banca se han vuelto millonarios sin mover un solo dedo.

  • ¡Paso a la juventud! ¡Paso a las mujeres trabajadoras!

En nuestro país, en los últimos años, han sido precisamente las mujeres y la juventud las que han salido al quite. En aquel entonces, Trotski volteaba a ver justamente a estos sectores por su entusiasmo fresco y espíritu beligerante, pues consideraba que eso podía garantizar los primeros triunfos en la lucha, y a partir de ahí, guiar hacia el camino revolucionario a los mejores elementos de la vieja generación.  En el PCR no ignoramos este decisivo papel; por eso, nuestras puertas están abiertas, nuestra tarea es inspirar confianza en sus propias fuerzas y dotarlos de las herramientas ideológicas para tomar el cielo por asalto.

Palabras finales

La importancia de El Programa de Transición —estarán de acuerdo conmigo— radica en ofrecer una alternativa revolucionaria ante la bancarrota del reformismo oportunista y el callejón sin salida del capitalismo. Este documento dota de reivindicaciones claras a la clase obrera, al tiempo que pone de relieve la necesidad de la unidad entre obreros y campesinos bajo un programa de clase. De igual manera, plantea la urgencia de que sea la propia clase trabajadora la que asuma las tareas democrático-burguesas inconclusas, para convertirlas en un puente ininterrumpido hacia las medidas socialistas.