Sobre la reciente lucha en el Politécnico

Abril Reyes

En los últimos días, el Instituto Politécnico Nacional ha estado en boca de todo el país debido a varias manifestaciones: bloqueos de vialidades, marchas internas y externas; y lo que más ha llamado la atención ha sido la toma de Canal Once por parte de la comunidad de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas.

Estas manifestaciones no surgen “en busca de pleito” o por “flojera” de los estudiantes como en muchos sentidos se les ha criticado. Surgen de una situación sumamente problemática por la cual está pasando la institución, entre la falta de recursos, el desvío de fondos y una dirección general que se ha encargado de tratar, como una mafia, al Politécnico. La decadencia universal de la institución aunada a la destitución del ex-Secretario general Tapia Santoyo, y la presentación de cargos civiles y penales contra el director general Reyes-Sandoval por parte de la Fundación Politécnico, han llevado a una explosión de la rabia del estudiantado que ha desembocado en una lucha más o menos desigual.

Algunas escuelas como la ENCB se han visto más inmiscuidas en el movimiento con mayor capacidad de movilización; sin embargo, se han limitado a un simple llamado a la lucha a las demás escuelas. Otras, como la ESIME Zacatenco, han llevado un proceso de movilización interno más bien fragmentado en su dirección, con elementos que llevan una política de aislamiento que, en los hechos, ayuda a los intereses de una autoridad que busca la caída del movimiento y la desmovilización del estudiantado. Algunas como la ESE se han ido a paro y muchas otras ni siquiera han entrado a un proceso de movilización.

En términos generales podemos ver que, si bien ha habido apoyo entre las escuelas, el movimiento del Politécnico no ha desarrollado todo su potencial. Ha habido una falta de coordinación entre escuelas y de agitación en todos los planteles más allá del simple llamado a la lucha, sin resultados tangibles. Por ejemplo, con “asambleas interpolitécnicas” a las cuales llegan alrededor de 50 activistas y poco más. Al mismo tiempo, no ha habido un movimiento conjunto con los trabajadores debido a una percepción de que sus demandas están en un conflicto fundamental con las de los estudiantes. Sin embargo, esto no puede estar más lejos de la realidad, pues la lucha por una educación pública de calidad es tarea de los estudiantes y los trabajadores, además de profesores, padres de familia y cualquier externo interesado. La lucha del IPN refleja que es necesario construir una dirección del movimiento estudiantil que recupere lo mejor de las tradiciones combativas del pasado.

Como estudiantes miembros del Partido Comunista Revolucionario asumimos una postura clara y llamado nítido: luchemos por nuestras demandas de forma conjunta, desarrollemos un trabajo sistemático de agitación (saloneos, brigadeos o las actividades necesarias) para convencer a los compañeros indecisos mientras avanzamos en el fortalecimiento de la organización. Luchemos no solo por la destitución de Reyes-Sandoval si no por la democratización de la institución y la desaparición de grupos privados que malversan los fondos de la institución, sean Guinda y Blanco o Fundación Politécnico. Que quienes quieren hacer negocio de la educación se vayan al carajo. Defendamos la educación de los hijos de obreros y campesinos, por los que se fundó el IPN. 

Por un instituto gratuito, público, democrático y al servicio de quienes pagan nuestra educación: los trabajadores.