Soberanía en disputa tras la caída de “el Mencho”: ¿éxito militar o presión imperialista?
Carlos Márquez
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el Mencho”, no es un hecho menor. El abatido era la cabeza del que se había convertido en el más importante grupo de narcotraficantes de México y del continente. Pero abre cuestionamientos. ¿Cuál es el futuro del CJNG? ¿Realmente contribuirá a frenar la violencia y el problema de las drogas? ¿Cuál ha sido el papel real del imperialismo estadounidense en este episodio? ¿Se ha puesto o no en tela de juicio la soberanía mexicana?
Para responder a estas preguntas es necesario examinar primero el saldo concreto de la operación y la reacción inmediata del CJNG.
¿Cuál fue el saldo?
Esta acción, no sin salir intactos y generar una reacción importante del cartel, fue un éxito militar de las fuerzas armadas mexicanas. La información proporcionada indica que fueron estas las que ejecutaron dicha acción, aunque se reconoce que hubo colaboración de EEUU al proporcionar inteligencia militar.
El Estado mexicano no ha salido ileso del golpe a la cabeza del CJNG. Según los reportes oficiales y las conferencias matutinas, se habla de: 25 agentes de la Guardia Nacional, un custodio en Puerto Vallarta, un trabajador de la Fiscalía de Jalisco, una mujer civil y alrededor de 30 presuntos narcotraficantes muertos.
El general Treviña, Secretario de la Defensa, al informar en la conferencia presidencial sobre los decesos militares, se mostró visiblemente conmovido, al borde del llanto. Algunos interpretaron este gesto como un signo de humanidad y otros como de clara debilidad. La presidenta explicó que el objetivo era la detención del líder criminal pero las fuerzas estatales tuvieron que actuar frente al ataque armado del cartel, lo cual derivó en la muerte de “el Mencho”, mientras era trasladado herido a un hospital. Se informó que también murió otro líder importante del cartel, quien jugaba un rol operativo central: Hugo “H”, alias “el Tuli”.
La operación fue exitosa en su objetivo central, pero la respuesta del cartel fue muestra de que sigue siendo una fuerza importante y está, hasta ahora, prácticamente intacto. Se dieron aproximadamente 250 bloqueos carreteros en 20 estados, ataques armados y explosiones, quemas masivas de vehículos y establecimientos (en Puerto Vallarta, Jalisco, incendiaron el Costco, el SAT y cerca de 200 vehículos) y fuga de reos, 23 en el caso de Vallarta.
Las acciones del CJNG se extendieron por varios estados y fueron una demostración de fuerza. No se trató de reacciones aisladas, sino de una respuesta coordinada para paralizar regiones enteras. También es un acto de fuerza interna para ver quién se queda con la dirección de la organización criminal.
Las fuerzas estatales no avanzaron en una ofensiva generalizada, sino que buscaron replegar y contener los focos de violencia. En varios puntos se vieron sorprendidos y descoordinados sin saber, en un inicio, cómo actuar y hubo casos donde fueron claramente atacados; circulan varios vídeos de elementos de la Guardia Nacional heridos y abatidos. Esto demuestra que la estructura criminal tenía —y aún tiene— una capacidad operativa de alcance nacional.
La fuerza real del CJNG
El CJNG tiene presencia en todo el país, con influencia significativa en al menos 22 estados y opera en 40 países en los cinco continentes. Se calcula que tiene redes en prácticamente los 50 estados de Estados Unidos. Su ascenso se dio en paralelo al declive del Cártel de Sinaloa, convirtiéndose en la organización criminal más expansiva del último periodo.
Pero no es solo su extensión territorial lo que lo caracteriza, sino su poderío militar. En el pasado ha echado mano de lanzagranadas y lanzacohetes, atacado y derribado helicópteros del Estado y usado drones de ataque militar y armamento de alto calibre.
En 2020 realizaron un atentado contra Omar García Harfuch —hoy secretario de Seguridad del gobierno de Sheinbaum— en plena Ciudad de México. Su vehículo recibió alrededor de 400 impactos de bala. Sobrevivió de milagro.
El carácter reaccionario del CJNG fue evidente cuando atacaron con drones a la comunidad campesina de Ostula, en la costa de Michoacán, que ha impulsado formas de autogobierno en defensa de la tierra y la seguridad. El grupo criminal asesinó a miembros de esta comunidad en lucha. Esto muestra que el CJNG no solo confronta al Estado, sino que también reprime violentamente procesos de organización de los explotados.
La propia DEA ha señalado que: “El CJNG es una de las amenazas más importantes para la salud pública, la seguridad pública y la seguridad nacional de Estados Unidos. El cártel opera laboratorios clandestinos en México donde fabrica drogas ilícitas y luego utiliza vastas redes de distribución para transportarlas a Estados Unidos”.
El narcotráfico mexicano está entrelazado con el mercado estadounidense. Asesinar a su principal líder no elimina todas esas redes jugosamente lucrativas.
La presión imperialista
Todo indica que no actuaron fuerzas militares estadounidenses en esta operación. El general Treviño y la presidenta señalan que hubo colaboración de información con EEUU, como desde hace mucho tiempo existe con muchos países. Dijeron que el trabajo de inteligencia fue en esencia mexicano y al final se compartió información, invariablemente valiosa, por parte de EE. UU.
Pongamos las cosas en contexto. Al derrocar al gobierno venezolano, los imperialistas dejaron claro que están dispuestos a llevar a la práctica sus amenazas. El siguiente paso fue enfrentarse con Cuba. Al tomar control del petróleo venezolano impidieron que llegara al archipiélago y, acto seguido, amenazaron a México con aranceles si seguían enviando petróleo a Cuba. El gobierno mexicano fue doblegado en este punto y detuvo el envío de combustible, aunque manteniendo el de ayuda humanitaria.
Hay que añadir que EE. UU. es el principal socio comercial de México y, en la actualidad, se encuentra en una renegociación del tratado de libre comercio. Trump ha amenazado con eliminarlo. A su vez, ha acusado al gobierno mexicano de no combatir a los grupos de narcotraficantes. Posición hipócrita, porque el 80% de las armas que tiene el narco mexicano provienen de EE. UU. Esta es una moneda de cambio, un elemento más de presión contra el gobierno mexicano.
El gobierno de Sheinbaum había adoptado una táctica menos agresiva frente a los crímenes del narcotráfico, atacándolos más paulatinamente. Por ejemplo, la llamada operación Enjambre buscaba identificar a funcionarios estatales coludidos con el crimen organizado y proceder tanto contra estos como contra integrantes de los grupos delictivos. Incluso se logró la incautación de bienes vinculados al crimen organizado.
El general Treviño lo señaló. En este gobierno se han incautado 23 mil armas, 320 toneladas de drogas y se han asegurado alrededor de 2200 laboratorios de producción de droga. Todo esto se ha dado bajo la presión permanente de Trump contra México y, sin embargo, el presidente estadounidense continuó insistiendo que los cárteles de la droga gobiernan México, que no se estaba haciendo lo suficiente y amenazó que les atacará por tierra. Es bajo esta presión que la política de seguridad mexicana da un vuelco y ataca la cabeza del principal grupo delictivo que opera en México.
El mismo día de la muerte de “el Mencho”, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reafirmó que habían dado apoyo de inteligencia al gobierno mexicano y añadió: “La Administración Trump también elogia y agradece al ejército mexicano su cooperación y la exitosa ejecución de esta operación”. Mientras que Trump añadió en redes sociales que: “¡México debe intensificar sus esfuerzos contra los cárteles y las drogas!” Llamó a Sheinbaum para que le explicara de viva voz cómo había sido el operativo. Trump, en su discurso en el Estado de la Unión, se adjudicó como propia la caída de “el Mencho”, diciendo: “También hemos derribado a uno de los capos de los cárteles más siniestros de todos. Lo vieron ayer”.
Un día después del asesinato del narcotraficante la presidenta y su Gabinete de Seguridad se reunieron con el embajador estadounidense Ronald Johnson y la directora de la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas (ONDCP, en inglés), Sara Carter, “la zar antidrogas”, en Palacio Nacional. Es muy claro que la ejecución de la operación contra “el Mencho” fue planeada e impuesta desde los Estados Unidos.
Sí, la acción fue ejecutada operativamente por las fuerzas armadas mexicanas. Sin embargo, se desarrolló en un contexto de estrecha coordinación con Estados Unidos (incluyendo entrenamiento militar estadounidense, reconocido por la presidenta) y bajo la presión permanente del imperialismo norteamericano en materia de seguridad y narcotráfico, siguiendo sus planes de acuerdo a sus intereses. No se trató de un hecho aislado, sino de una acción inscrita en una estrategia regional donde Washington busca mantener su influencia y marcar la orientación de la política de seguridad mexicana.
Al parecer, el gobierno de la 4T ha evitado la operación militar directa de tropas estadounidenses, pero no su asesoría. El gobierno Trump sigue presionando al mexicano, quien se ve obligado a actuar bajo su beneplácito y así evitar acciones más dañinas contra la economía mexicana, como pudiera ser la cancelación del T-MEC. Sin embargo, podemos anticipar que la renovación del acuerdo será aún más beneficiosa para EE. UU.
No es la vía de la diplomacia ni el ceder en este o aquel aspecto lo que permitirá defender la soberanía nacional; es con un pueblo organizado, consciente y en lucha como se puede frenar a los imperialistas. Recordemos cómo ocurrió en 1914 cuando intervinieron en Veracruz o cómo se les expropiaron sus compañías en 1938.
¿Qué puede pasar ahora?
En medio de los disturbios se vio una ola de reacciones por parte de la derecha que minimiza el golpe y una circulación masiva de videos y noticias falsas o exageradas, con el objetivo de ensalzar al grupo criminal y desprestigiar al Estado dirigido por la 4T. Se decía que se regresaría a la sangrienta época del calderonismo, cuando la violencia se desató. La derecha promueve la idea injerencista de que México no puede gobernarse a sí mismo.
A estas alturas casi todas las zonas del país han regresado a la normalidad. Algunas quedaron devastadas como el caso de Aguilillas, en la tierra caliente de Michoacán, donde nació “el Mencho”. En Jalisco la normalidad tarda más en llegar. Aunque ya no hay tomas activas, las fuerzas del CJNG están prácticamente intactas.
No cabe duda que perder su cabecilla tendrá algún efecto. Las primeras acciones han sido de unidad en el CJNG; si consiguen un sucesor reconocido, los costos serán menores; pero si hay una pugna interna por el poder la situación cambiará. Escisiones o fragmentación con grupos con influencia local o regional no están descartadas. En ese contexto la violencia temporalmente puede exacerbarse.
El CJNG puede esperar y asestar algunos golpes vengativos contra el Estado, por ejemplo, con atentados contra funcionarios o jefes militares, aprovechando el factor sorpresa. El Estado mexicano, bajo la presión de Trump, puede seguir avanzando y debilitando la estructura militar del cártel. También pueden seguir dejando actuar a estructuras criminales menos fuertes bajo nuevas reglas. Sobre estas, Karoline Leavitt dejó claro que: “los cárteles de la droga mexicanos saben que no deben poner un dedo sobre un solo estadounidense o pagarán severas consecuencias bajo esta Presidencia”. La campaña contra los cárteles no tiene un objetivo real de acabarlos, pero es necesaria para el gobierno Trump, seriamente cuestionado en su país por los abusos de ICE, que han llevado a fuertes protestas de la clase obrera, y escándalos como el de Epstein, que está poniendo en entredicho al régimen y al Estado.
La reestructuración de los cárteles y el encarcelamiento o abatimiento de algunos de sus líderes no van a acabar con el problema de la violencia y la drogadicción. Jugosas ganancias se obtienen de los diversos negocios ilegales y las estructuras criminales se negarán a desaparecer. Muchos de estos fenómenos se sustentan en una descomposición social que pequeñas reformas dentro del sistema han sido incapaces de solucionar.
Acabar con el capitalismo criminal
La caída de “el Mencho” es un golpe significativo contra una de las estructuras criminales más poderosas del continente. Sería absurdo minimizarlo. Pero de ninguna forma será el fin de esta estructura criminal ni de los problemas sociales del negocio de la droga.
El CJNG no surgió por accidente ni desaparecerá automáticamente con la muerte de su principal dirigente. El capitalismo ha desarrollado no sólo el mercado ilegal de la droga, sino también otras ramas del crimen como la trata de blancas, los secuestros, las extorsiones y el cobro de piso. En un país devastado por los ataques del gran capital, la precarización de la clase obrera ha creado el caldo de cultivo para el desarrollo y fortalecimiento de los grupos criminales.
El mundial está cerca y Jalisco es una de las sedes, pero la presidenta afirma que no habrá ningún problema durante su celebración. El Estado mexicano actúa bajo la presión imperialista cediendo una y otra vez a sus exigencias y a su agenda. Es decir que el imperialismo subordina a las naciones que viven bajo su opresión a favor de sus intereses. La única forma de hacer frente a ello es con una lucha revolucionaria de masas con un programa antiimperialista, anticapitalista y comunista.
Mientras las condiciones económicas y sociales que alimentan al narcotráfico permanezcan intactas, nuevas direcciones criminales surgirán. La soberanía nacional no se defiende con concesiones diplomáticas ni con ajustes tácticos bajo presión imperial, sino con una transformación profunda de las bases materiales de la sociedad y con un pueblo organizado capaz de enfrentar tanto al crimen como a la injerencia extranjera. El problema de fondo no es la cabeza criminal que cayó, sino el sistema, igual de criminal, que lo produjo.
