¿Qué se esconde detrás del racismo de la clase obrera? – caso del altercado entre un cubano y un mexicano en Cancún

Yaimara Springmann

“Cubano agrede a mexicano y casi lo linchan” dice el titular de un artículo de Nación 321. En otros noticieros el encabezado tiene algunas variaciones, sin embargo, hay una constante: el señalamiento de que uno de los involucrados es cubano y otro mexicano. La elección de palabras deja entrever que no se trata de un conflicto cualquiera entre ciudadanos, sino que hay un elemento racial que domina. 

Las noticias relatan que un hombre cubano agredió a un mexicano quien le había reclamado por ser atacado por su perro. Pese a que en reportajes posteriores se alega que el perro no era del cubano, que el desacuerdo surgió por razones que se habían originado antes del altercado entre estos hombres etc., es el reclamo y la agresión mencionada la que se muestra en un video que terminó por viralizarse. En cuestión de horas, vecinos de la zona se organizaron para asediar la vivienda del agresor, decenas de personas se reunieron frente a la casa y comenzaron a violentarla. No solamente lanzaron piedras y botellas de vidrio a la fachada del departamento, también rompieron su portón y además hay noticieros que afirman que algunos individuos intentaron incendiar la casa. 

Si bien no es poco común que una discusión entre dos hombres en la calle termine en golpes, la escalada a una reacción colectiva de este tipo es un hecho descomunal digno de unas cuantas palabras. Si analizamos cabalmente la situación podemos señalar que se trató de una reacción excesiva por parte de los vecinos que buscaron descargar su ira contra una persona que en sus ojos había actuado de manera injusta, no obstante, un factor que potencializó esta situación es el prejuicio social racista hacia una persona de nacionalidad distinta. Al ser una persona ajena a la comunidad, particularmente proveniente de Cuba, un país empobrecido cuyos migrantes muchas veces no tienen posibilidades económicas y también dentro de México viven esta misma realidad, se convierte en alguien socialmente vulnerable. Por ende, no se trata únicamente de que provenga de una nacionalidad distinta, sino que es también la vulnerabilidad que esta implica la que lo convierte en un blanco más fácil para atacar. 

Como comunistas denunciamos y combatimos todo tipo de racismo, también aquel que se produce en el seno de la clase trabajadora. No obstante, reconocemos que el racismo es síntoma de un problema mucho más grande dentro de la crisis orgánica del sistema capitalista y nuestra tarea es ahondar en la naturaleza de la cuestión. Para empezar, debemos explicar que este racismo no le es innato a la clase trabajadora, sino que es producto de la ideología dominante. Marx explicaba que es la clase que posee los medios de producción material la misma que, por consiguiente, domina la producción ideológica. El racismo es una más de estas ideas que se propagan al servicio del capital, ya que a través de él se puede legitimar la precariedad laboral de ciertos sectores de la población, como los migrantes e indígenas. Además, bajo el viejo lema de “divide y vencerás” el racismo es una herramienta más para atomizar a la clase obrera. Al señalar a un falso enemigo, la clase trabajadora se enfrasca en combatir a sus propios hermanos y hermanas de clase y así se desgastan, se dividen y se distraen de la única lucha que realmente podrá acabar con sus problemas: la lucha contra el capital. 

Aunado a lo anterior, el grado de descomposición social en el que nos mantiene el sistema capitalista produce inmensas presiones en la vida cotidiana, un proceso de enajenación con nuestros iguales y, en un extremo, un ambiente generalizado de violencia, con acciones como las que vimos en ambas partes de este hecho. 

Mencionamos esto no para justificar la violencia en el seno de nuestra propia clase, sino porque nos permite entender que este suceso no es un hecho aislado, sino que refleja algo más profundo, es la  expresión de una ira acumulada por años de condiciones de vida en precariedad y un gobierno burgués, indiferente a las necesidades reales de nuestras colonias y barrios. El suceso del cubano únicamente fue la gota que derramó el vaso, o dicho en términos dialécticos, el accidente que reveló una necesidad subyacente. 

Para resaltar el aspecto de clase de la cuestión basta imaginarse un escenario alterno, donde el agresor es un extranjero burgués. ¿Se habría desatado la misma reacción? ¿se habrían organizado tantas personas para marchar hacia el fraccionamiento privado del agresor, burlando los elementos de seguridad, las cámaras, las bardas con alambre de púas, para exigir justicia para el compatriota? ¿o, dadas estas condiciones, el hecho de que un hombre haya golpeado a otro injustamente habría parecido poco digno de tanto borlote? En México existen contrastes muy marcados entre la clase burguesa y la clase trabajadora que se reflejan directamente en la calidad de vida de las personas, en sus posibilidades dentro de la sociedad y en el respaldo que tienen del sistema. 

Aunque estamos a favor de las políticas del gobierno que integran a los extranjeros en México –como comunistas estamos a favor del derecho a la migración– criticamos que a través de las mismas, los extranjeros con poco poder adquisitivo son insertados a las mismas dinámicas de pauperización y necesidad que sufre la clase obrera mexicana. De esta manera, los migrantes incrementan la tensión existente ya que se considera que están usurpando un espacio en las ya de por sí precarias condiciones de vida; y así, donde ya existen situaciones de carencia se termina exaltando la violencia y el racismo. Sin embargo, reiteramos, el problema no es individual, sino de este sistema que a la clase trabajadora únicamente nos ofrece migajas, sin importar nuestra nacionalidad. 

Al mismo tiempo, extranjeros burgueses de países imperialistas son recibidos con las puertas abiertas y sin ningún tipo de restricciones a favor de la población local, derivando, entre otros, en la gentrificación. Insistimos, por ende, que este suceso poco tenía que ver con la nacionalidad de los involucrados, sino con una situación de precariedad que afecta a una gran parte de la población y causa en ellos un alto grado de insatisfacción y frustración que en ocasiones estalla en ataques como el ocurrido en Cancún. 

Mientras presenciamos ataques de este tipo, donde parte de la frustración de las personas tiene una ventilación, el problema real no es combatido, ni siquiera señalado. La clase obrera permanece en muchas ocasiones inmóvil ante las agresiones del Estado y la burguesía, porque le parecen enemigos demasiado grandes. Sin embargo, como dice uno de los lemas favoritos de Marx: “los grandes sólo nos parecen grandes porque estamos de rodillas, ¡levantémonos!” El día que la clase obrera comprenda cuál es el enemigo real y dirija su ira contra él, el día que caigamos en cuenta de que somos la mayoría y que el funcionamiento entero de la sociedad depende exclusivamente de nuestro trabajo, el día que la clase obrera se percate de su enorme potencial y se levante, ese día ningún enemigo parecerá demasiado grande, sino que serán los burgueses quienes tiemblen de miedo. 

Por eso es imprescindible la organización dentro de un partido obrero. Para no seguir luchando entre nosotros mismos, no atacar a otros que sufren de la misma injusticia y precariedad, sino unir las fuerzas colectivas del proletariado y la juventud, y dirigirlas hacia la lucha contra el sistema que es la raíz de toda esta opresión. 

Por eso, únete al PCR y luchemos juntos para acabar con la barbarie del capitalismo.