¿Qué es el imperialismo?
Carlos Marquez
La nueva intervención de EE. UU. en que ha secuestrado al presidente venezolano, es una ratificación de la existencia y papel del imperialismo. Lenin explicó, hace más de 100 años, las ideas básicas del imperialismo que hoy mantienen, en su esencia, toda su vigencia. Es importante estudiar los fundamentos teóricos de la teoría marxista para hacer un análisis dialéctico del mundo de hoy y comprenderlo.
Capitalismo monopolista
Lenin señala: “La política colonial y el imperialismo existían ya antes de la fase última del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, mantuvo una política colonial y ejerció el imperialismo” (Lenin, 1916/2023, p. 121). Pero esto era realmente un imperialismo primitivo. El sistema capitalista generó cambios de dominación fundamentales, sobre todo al alcanzar un grado monopolista.
Hay una tendencia a la concentración del capital en cada vez menos manos; eso lleva al monopolio y a la combinación de distintas ramas de la producción, que terminan por eliminar la competencia. La tendencia a la concentración va en aumento, lo que vemos es la constitución de asociaciones monopólicas patronales, cárteles y trusts.
Lenin no se limitó a repetir mecánicamente las ideas de Marx, usó su método y su teoría para analizar los cambios que desarrolló el capitalismo, evidenciando que había un cambio fundamental en la situación. Explica cómo en Alemania los monopolios al nacer son un fenómeno apenas perceptible (1860-70) y después de la crisis de 1873 se ven como un fenómeno pasajero. Sin embargo, durante el periodo de boom económico (1879-1890) llevan a que ya para inicios del siglo XX los cárteles se conviertan en una de las bases de toda la economía. “El capitalismo se ha transformado en imperialismo”.
“Los cárteles conciertan entre ellos las condiciones de venta, los plazos de pago, etc. Se reparten los mercados de venta. Fijan la cantidad de productos que deben fabricar. Establecen los precios. Distribuyen las ganancias entre las distintas empresas, etcétera” (Lenin, 1916/2023, p. 50).
Ahora los bancos juegan un papel más determinante y atraviesan también un proceso de centralización. Canalizan ingresos provenientes de múltiples sectores, transformando ese capital monetario —antes pasivo— en capital activo puesto al servicio de la clase capitalista para la generación de ganancias. La banca juega un papel más dominante, controla el crédito, influye en el futuro de las industrias e invierte en ellas.
El imperialismo es un proceso de concentración de capital cada vez más alto a un grado en que se da un salto de calidad. Finalmente la fusión del capital bancario con el industrial da paso al capital financiero, que es el que domina bajo el imperialismo. En esta fase, las potencias imperialistas no solo exportan mercancías, sino capital, lo cual lleva a una dependencia de los países atrasados que les impide tener un desarrollo independiente. Son estos países exportadores de capital los que, al final, terminan repartiéndose al mundo, aunque en realidad es el capital financiero el que domina.
¿Cuáles son las características del imperialismo?
En el capítulo VII de El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin concentra ideas básicas para entender este fenómeno. Señala: “Si fuera necesario dar una definición lo más breve posible del imperialismo, debería decirse que el imperialismo es la fase monopolista del capitalismo” (Lenin, 1916/2023, p. 128).
Y resume las características principales del imperialismo:
- la concentración de la producción y del capital llega hasta un grado muy elevado de desarrollo, que crea los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica;
- la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, en el terreno de este “capital financiero”, de la oligarquía financiera;
- la exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande;
- se forman asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y
- ha terminado el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tornado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de toda la tierra entre los países capitalistas más importantes” (Lenin, 1916/2023, p. 129).
El ascenso del imperialismo estadounidense
El reparto del mundo entre las potencias imperialistas ha variado a lo largo de la historia. En este artículo nos centraremos en las dos principales potencias que hoy dominan el escenario mundial: Estados Unidos y China, y analizaremos su proceso de formación y ascenso.
Estados Unidos fue un país colonizado que se transformó en la potencia imperialista más poderosa y reaccionaria del planeta. Su desarrollo histórico comienza tras la independencia de las Trece Colonias Británicas en 1783, asentadas en una economía agrícola y rodeadas de potencias coloniales europeas. Esta situación impulsó una política expansionista que combinó compras y acuerdos —como la adquisición de Luisiana (1803) y Florida (1819)— con la conquista violenta del territorio, basada en el exterminio sistemático de los pueblos indígenas, entre ellos los seminolas.
Mientras en América Latina se desarrollaba el ciclo revolucionario iniciado en 1808, que condujo en menos de dos décadas a la independencia de la mayoría de las colonias españolas, Estados Unidos proclamó la Doctrina Monroe bajo la consigna “América para los americanos”. Presentada como una oposición a la recolonización europea, esta doctrina se convirtió en la base ideológica para justificar la dominación estadounidense sobre América Latina y el Caribe.
El expansionismo norteamericano se expresó claramente en el caso de Texas, cuya independencia fue promovida en 1836 para facilitar su anexión en 1845, seguida de la invasión a México (1846–1848), mediante la cual Estados Unidos se apropió de más de la mitad de su territorio. Para entonces, el país contaba con una enorme extensión territorial y vastos recursos naturales, mientras que el capitalismo se consolidaba tras la Guerra Civil, que resolvió a favor de la burguesía la contradicción con el sistema esclavista y dio paso a una rápida industrialización.
Bajo la bandera de la “libertad” y la “democracia”, Estados Unidos avanzó en su intervencionismo. A finales del siglo XIX, tras la guerra contra España, anexionó a Puerto Rico, Filipinas y Guam, además de establecer un protectorado sobre Cuba. A partir de entonces se convirtió en la potencia dominante del continente americano, exportando capital, apropiándose de recursos naturales e interviniendo militarmente en países de Centroamérica y el Caribe, donde impuso gobiernos títeres al servicio de sus empresas, como las compañías bananeras.
Tras la Segunda Guerra Mundial, con Europa devastada, Estados Unidos emergió como la principal potencia imperialista mundial. En ese contexto se consolidó la alianza con Europa occidental a través del Plan Marshall y la creación de un bloque político-militar encabezado por Washington. Paralelamente, la existencia de la URSS —pese a la degeneración burocrática— representaba un desafío al capitalismo mundial.
Este enfrentamiento dio lugar a la Guerra Fría, caracterizada por la carrera armamentista, las guerras indirectas y la disputa por la hegemonía global. El colapso de la URSS, resultado de la bancarrota estalinista y la restauración capitalista impulsada por la propia burocracia, dejó a Estados Unidos como la potencia que mayor poder ha tenido en la historia.
Aunque Rusia ya no posee el peso económico de la antigua URSS, conserva recursos estratégicos y un importante poder militar, lo que le permite hasta hoy desempeñar un papel imperialista de alcance regional, como se demuestra en la actual guerra contra Ucrania, que inevitablemente ganará.
Declive relativo de Estados Unidos y ascenso de China
La incorporación de los países de la ex URSS a la economía mundial y, posteriormente, el ingreso de China al mercado capitalista dieron un nuevo impulso a la economía global. Este proceso fue uno de los pilares de lo que comúnmente se denomina globalización. En el caso chino, el desarrollo alcanzado durante el período de economía planificada constituyó la base material inicial de su posterior expansión.
La burocracia china avanzó en la misma dirección que sus homólogos soviéticos —la restauración capitalista—, aunque por un camino más gradual y controlado. La apertura al mercado fue paulatina y, aún hoy, sectores estratégicos de la economía permanecen bajo propiedad estatal. El Estado chino continúa desempeñando un papel activo en el desarrollo económico y su gasto en investigación se encuentra ya casi al nivel del de Estados Unidos.
China ofreció una mano de obra extremadamente barata, algo recibido con entusiasmo por los inversionistas occidentales. Estados Unidos canalizó enormes volúmenes de capital hacia China, entrelazando estrechamente ambas economías. En ese proceso, China absorbió tecnología y conocimientos productivos, pasando de exportar principalmente textiles y bienes de bajo valor agregado a convertirse en una potencia tecnológica en múltiples sectores: robótica, vehículos eléctricos y baterías, energía fotovoltaica, producción de antibióticos, drones comerciales, infraestructura 5G, energía nuclear, entre otros.
Hoy, China ha inundado el mercado mundial con sus mercancías, desplazando a los productores de numerosos países. Su creciente peso económico exige el acceso a materias primas fuera de su territorio y el control de las rutas comerciales, hasta tener una competencia cada vez más frontal con otras potencias. De ser el principal socio comercial de Estados Unidos, China se ha convertido en su principal rival.
Como señalamos en nuestro documento de perspectivas mundiales:
“En 1985, Estados Unidos representaba el 36% del PIB mundial. Ahora ha bajado al 26% (2024). En el mismo periodo, China ha pasado del 2.5% del PIB mundial al 18.5%. Japón, que alcanzó un máximo del 18% en 1995, se ha desplomado hasta solo el 5.2%.”
La Doctrina Donroe
Estados Unidos sigue siendo la principal potencia imperialista del mundo, aunque ya no cuenta con el poder colosal de décadas anteriores. Trump expresa un giro más realista que su antecesor Biden: no le interesan guerras que no defiendan los intereses estratégicos centrales del imperialismo estadounidense, como la de Ucrania. Su prioridad es afianzar el control sobre su zona de influencia directa, reducir la participación de China en el mercado mundial y expulsarla de lo que considera su espacio natural de dominación, particularmente América Latina.
Como señala el documento “Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América”:
“Tras el fin de la Guerra Fría, las élites de la política exterior estadounidense se convencieron de que el dominio permanente de Estados Unidos sobre el mundo entero redundaba en beneficio de nuestro país. Sin embargo, los asuntos de otros países solo nos conciernen si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses.”
El texto critica además la política globalista previa:
“Hicieron apuestas enormemente erróneas y destructivas por el globalismo y el llamado ‘libre comercio’, que vaciaron la clase media y la base industrial en las que se sustenta la preeminencia económica y militar estadounidense. Permitieron que los aliados y socios descargaran el costo de su defensa sobre el pueblo estadounidense y, en ocasiones, nos arrastraran a conflictos y controversias fundamentales para sus intereses, pero periféricas o irrelevantes para los nuestros”.
Y reafirma de manera explícita la reactivación de la Doctrina Monroe:
“Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestra patria y nuestro acceso a zonas geográficas clave en toda la región. Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio”.
En los hechos, se trata de un nuevo “América para el imperialismo norteamericano”, dirigido principalmente contra China. Uno de los primeros movimientos de Trump al regresar a la presidencia fue presionar al gobierno panameño encabezado por José Raúl Mulino. China impulsa su proyecto de expansión comercial conocido como “La Nueva Ruta de la Seda”, que incluía infraestructura estratégica en torno al Canal de Panamá, posteriormente cancelada.
Estados Unidos, que promovió en su momento la independencia de Panamá para controlar el canal, vuelve a reivindicar esta infraestructura como parte de sus intereses vitales, reforzando incluso su presencia militar. Sin embargo, la historia de ocupaciones e invasiones —como la de 1989— ha generado un profundo sentimiento antiimperialista en el pueblo panameño, que hoy se expresa en movilizaciones contra un gobierno subordinado a los intereses del imperialismo estadounidense y canadiense.
El documento también plantea la cooptación de los gobiernos latinoamericanos:
“La política estadounidense debe centrarse en reclutar a los líderes regionales que puedan ayudar a crear una estabilidad tolerable en la región […] Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con nuestros principios y estrategia.”
En este marco, Estados Unidos ha promovido gobiernos abiertamente afines, como el de Milei en Argentina o Kast en Chile, y busca avanzar en la misma dirección en Honduras, intentando imponer en la presidencia a Nasry Asfura, con el objetivo de contar con gobiernos títeres a su servicio. No obstante, el propio texto aclara:
“Pero no debemos pasar por alto a los gobiernos con perspectivas diferentes con los que, no obstante, compartimos intereses y que quieren trabajar con nosotros.”
Aquí se inscriben gobiernos como el mexicano y el brasileño, no como socios iguales, sino como Estados a los que presionar para que cedan y se subordinen por vías diplomáticas y económicas. Aunque se priorice la negociación y la presión económica, el documento deja claro que se reforzará la presencia militar en el hemisferio occidental. Más allá del discurso sobre migración o narcotráfico, el objetivo central es la defensa de los intereses económicos y políticos de Estados Unidos, como lo evidencian el ataque militar contra Venezuela y el secuestro de su presidente.
En síntesis, la Doctrina Donroe busca rechazar por todos los medios a los competidores no hemisféricos —principalmente China— e imponer la sumisión de los países latinoamericanos a los intereses del imperialismo estadounidense.
Política revolucionaria contra el imperialismo
Los ataques imperialistas no son nuevos, como tampoco lo es su combate en nuestro continente. Sin embargo, la única forma consecuente de enfrentarlos es mediante una política revolucionaria, anticapitalista y socialista. Julio Antonio Mella, el comunista cubano exiliado y asesinado en México en 1929, criticó el oportunismo de Haya de la Torre porque su política antiimperialista defendía una alianza con la burguesía nacional y no iba al fondo del problema. El enemigo no es solo externo: está también en casa, encarnado en los capitalistas y en los políticos a su servicio.
Sabemos que los gobiernos de derecha actúan como perros falderos del imperialismo, pero ¿qué ocurre con los llamados gobiernos progresistas? El gran problema de gobiernos como los de Lula, Petro o Sheinbaum es que no aspiran a combatir ni a derrocar el sistema capitalista. Su política termina siendo la conciliación, el diálogo entre desiguales y el ceder ante las presiones diplomáticas, económicas y militares, intentando que los acuerdos sean lo menos desventajosos posible para sus países.
Pero, para ser francos, ni siquiera es necesario ser comunista para enfrentarse de manera consecuente al imperialismo. Lázaro Cárdenas nacionalizó las compañías petroleras en 1938 apoyándose en el movimiento de masas y en la clase obrera organizada. Creer que con una llamada telefónica, una propuesta bien argumentada o una maniobra diplomática se puede enfrentar al imperialismo es, en realidad, el camino a la sumisión.
El imperialismo norteamericano es la fuerza más reaccionaria que ha existido en la historia. Hoy sigue siendo poderoso, aunque atraviesa un proceso de declive. Aun así, nuestro continente ofrece ejemplos claros de que es posible enfrentarlo y vencerlo. Un país pequeño como Cuba, mediante una revolución que unió a los explotados, fue capaz de expulsar a los imperialistas de su territorio, acabar con el capitalismo y establecer una economía planificada. Este sistema garantizó, durante décadas, mejoras sustanciales para las masas; logros que podrían continuar si la revolución se extiende. Todo ello ocurrió a tan solo 145 kilómetros de Estados Unidos.
Lo que los imperialistas dejan claro es que defenderán por todos los medios sus intereses vitales. Las agresiones económicas, políticas y militares están siempre a la orden del día. Llamar a la calma, a no alertarse y a no hacer nada frente a estas amenazas es una política abiertamente liquidacionista.
Es fundamental la organización de los trabajadores en los sindicatos, la formación de comités en las fábricas y en los barrios y que el estudiantado se organice y se prepare en cada universidad y centro de estudios. Debemos estar preparados en todos los terrenos. En primer lugar, dotarnos de un análisis correcto: para ello, el estudio de Lenin es indispensable. También debemos prepararnos para escenarios más duros, incluso para una invasión, respondiendo con milicias populares y, sobre todo, con acciones de masas como la huelga general.
Pero aun si no se produce una invasión abierta, eso no significa que no seremos agredidos. Trump pretende “hacer grande” a Estados Unidos a costa de países como el nuestro, saqueando nuestros recursos y explotando a nuestra clase trabajadora. Debemos defender cada conquista y oponernos a cada ataque. Por encima de todo, es necesario construir una organización política permanente de nuestra clase, que agrupe a trabajadores, estudiantes, amas de casa, desempleados y sectores populares en una sola fuerza. Hoy, más que nunca, te invitamos a sumarte a las filas del Partido Comunista Revolucionario.
