Otra reforma a modo: las 40 horas y el Estado al servicio de la burguesía
Gerardo G.
El 3 de diciembre del 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó al Congreso una iniciativa de reforma para la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales de manera gradual. Si bien esta reforma se presenta desde la presidencia como un gran avance en materia laboral, los sectores más organizados de la clase trabajadora advertimos que esta reforma “light” no solo está hecha a modo para los empresarios, sino que además presenta graves retrocesos en los derechos de los trabajadores.
Ante estas críticas hacia la reforma, algunos sectores afines al gobierno y pro empresariales se cuestionan: Pero si ya hay una reforma que al final los hará trabajar menos horas a la semana, ¿por qué siguen protestando?, ¿no era precisamente eso lo que buscaban? La iniciativa contempla la reducción de la jornada laboral, así es, pero como se suele decir: el diablo está en los detalles.
La actual lucha por la reducción de la jornada laboral se remonta a finales de 2022, cuando una parte de la bancada de Morena presentó una iniciativa que contemplaba dos días de descanso a la semana. Han pasado casi cuatro años durante los cuales, no solo se desechó esa propuesta, sino que también fueron ignoradas otras iniciativas de organizaciones obreras y de diputados de distintas bancadas. La mayoría consideraban los dos días de descanso que era, en realidad, el corazón de esta lucha. La reforma actual no solo omite eso, sino que, como ya se dijo, desprotege al trabajador: aumenta y abarata las horas extra y reduce la jornada gradualmente.
Un día de descanso por cada seis días trabajados
Diversos organismos internacionales —como la OMS, OIT y OCDE— han analizado las ventajas de reducir la jornada laboral en la salud, la productividad y la economía. Coinciden en que jornadas más cortas y mayores tiempos de descanso mejoran el bienestar de los trabajadores y su vida fuera del trabajo. Además, señalan que esto no afecta negativamente la productividad. La OCDE destaca que países como Países Bajos, con un promedio de 30.1 horas semanales, logran alto bienestar y productividad, lo que se traduce en semanas laborales más cortas y más días de descanso.
Actualmente la Constitución estipula en el artículo 123 fracción IV. “Por cada seis días de trabajo deberá disfrutar el operario de un día descanso, cuando menos.”, la reforma solo adiciona que la jornada será de cuarenta horas semanales y que el trabajador deberá recibir su salario íntegro, dejando de lado por completo la posibilidad de un segundo día de descanso para el trabajador.
Los trabajadores, sobre todo en las grandes urbes, somos conscientes de que la jornada de trabajo no comienza únicamente cuando se reporta la entrada en un reloj checador. El tiempo de traslado desde nuestras casas a los centros de trabajo, y de regreso, consume una buena parte del día. Un día más de descanso no es un “lujo”, es una necesidad porque redefine la prioridad en nuestras vidas. Los trabajadores queremos que la prioridad sea nuestro bienestar, no seguir enriqueciendo al patrón a costa de nuestras vidas.
40 horas… hasta 2030
Uno de los puntos más decepcionantes de la reforma es la gradualidad: reducir dos horas por año desde 2027 para llegar a 40 en 2030. Si bien puede sonar “razonable”, hay que recordar que esta lucha ya lleva cuatro años desde 2022, además la reducción de la jornada a 40 horas es una deuda de casi un siglo: La Constitución de 1917 estableció la jornada máxima de 8 horas diarias como un derecho pionero, pero la clase dominante al frente del Estado mexicano no ha buscado actualizar este límite. Además, organismos como la OIT ya recomendaban hace casi 100 años la semana de 40 horas, sin embargo, México ha mantenido las 48 horas hasta ahora.
La gradualidad en la implementación de la reforma beneficia principalmente a los empresarios, ya que les permite ajustar sus operaciones sin afectar de inmediato sus márgenes de ganancia, postergando así el reconocimiento pleno de los derechos laborales. No es sorpresa, la clase capitalista en México ha mantenido una relación de explotación con los trabajadores, perpetuando condiciones de desigualdad mediante bajos salarios, largas jornadas y resistencia a reformas que favorezcan al sector laboral.
| Año | Jornada laboral |
| 2026 | 48 |
| 2027 | 46 |
| 2028 | 44 |
| 2029 | 42 |
| 2030 | 40 |
Más horas extra, más baratas y no graduales
Si la reducción de la jornada nos será dada de a dos horas por año, el aumento de las horas extra máximas será efectiva desde el día uno.
La ley actualmente estipula que: “Cuando por circunstancias extraordinarias deban aumentarse las horas de jornada, se abonará como salario por el tiempo excedente un 100% más de lo fijado para las horas normales. En ningún caso el trabajo extraordinario podrá exceder de tres horas diarias, ni de tres veces consecutivas”. Esto implica un máximo de 9 horas extra por semana: las primeras 9 se pagan al doble; a partir de la décima, al triple.
La reforma plantea que: “El trabajo extraordinario no excederá de doce horas en una semana, las cuales podrán distribuirse en hasta cuatro horas diarias, en un máximo de cuatro días en ese periodo”. Esto aumenta las horas extra y, a diferencia de la reducción, no esperará hasta 2030. Ahora el patrón puede exigir hasta 12 horas extra pagadas al doble, y desde la hora 13, al triple. En otras palabras: los trabajadores esperamos cuatro años para llegar a 40 horas, pero el patrón no esperará ni un día para poder sobreexplotarnos.
Y más aún…
La reforma está pensada bajo el criterio de que la relación laboral es un acuerdo en igualdad de condiciones entre ambas partes —patrón y trabajador—, cuando en realidad los derechos laborales existen precisamente porque las partes que intervienen en una relación de trabajo no son iguales, y existen porque se han ganado por medio de la lucha de la clase trabajadora. Si el contrato de trabajo fuera un acuerdo entre dos partes con el mismo poder, probablemente no haría falta un “derecho laboral” especial.
El trabajador necesita el salario para vivir; la empresa no necesita a un trabajador en específico. Esta asimetría hace que, si se dejara todo a la “libre negociación”, el trabajador estaría siempre en desventaja, aceptando condiciones degradantes por necesidad; cosa que es el pan de cada día para los trabajadores dentro del actual sistema capitalista, cuando se niegan horas extra, utilidades, seguridad social o se les da un sueldo menor al mínimo. Al final del día, la clase explotadora hace uso del Estado y su aparato legal para seguir conservando sus intereses a costa de la miseria y explotación de la clase trabajadora.
Desde el inicio, los comunistas hemos estado en esta lucha. Vemos en la reforma un botín político que presumir en las próximas elecciones y una evidente postura en favor de los capitalistas, no una mejora real para los trabajadores mexicanos. El gobierno de la 4T vuelve a mostrar que su compromiso es con la burguesía nacional y extranjera. Los únicos que pueden velar por nuestros intereses de clase, los de la clase trabajadora, somos los propios trabajadores. La lucha del proletariado es el único camino para conquistar derechos sin letra chiquita.
Por eso los comunistas en nuestro programa defendemos:
¡40 horas laborales inmediatas!
¡Dos días de descanso garantizados!
¡Cero afectaciones al pago de horas extra!
¡Por un salario digno y empleo seguro!
¡Por un salario mínimo según el costo real de vida y con escala móvil!
