Oaxaca: una víctima del capitalismo en época de la pandemia

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Oaxaca es uno de los 32 estados que conforman la república mexicana, con 570 municipios, de los cuales 418 se rigen bajo el sistema de usos y costumbres. Estas comunidades son indígenas, el principal medio económico en el estado es el comercio, un comercio informal la cual se centra en las zonas céntricas de las ciudades, principalmente la venta de alimentos preparados, frutas, verduras, carnes, dulces típicos, así como la venta de productos de la cosecha de agricultores locales. Sin embargo, la situación actual ha desencadenado un descenso en esta actividad que representa la fuente de ingresos de las familias, las comunidades viven del comercio local, el dinero gira dentro del sistema económico, y ahora, dado que no hay ventas, no hay dinero para comprar productos, esto crea un círculo vicioso de tal manera que el ciudadano no tiene para comprar productos que se ofrecen en la misma región.

Aun así, ya antes de la pandemia la economía local sufría altibajos, debido a la llegada de cadenas transnacionales la economía de los agricultores se vio afectada. Por esta razón, muchos se vieron obligados a “rentar” sus tierras a la inversión eólica, lo cual provocó un descenso en la agricultura local, llegando hasta el punto de preferir darles sus tierras a los eólicos bajo la idea de que esto era más rentable que sembrarlas y cosechar en ellas.

Dada esta situación, los pobladores se han visto obligados a hacer caso omiso a las recomendaciones del sector salud, lo cual ha disparado los contagios, poniendo en jaque al hospital Macedonio Benítez que brindaba el servicio médico a 15 de los municipios de la región del istmo, combinado con que la mayoría de los comerciantes son informales, y no cuentan con un seguro médico, el colapso del hospital regional ha provocado que las personas busquen en médicos particulares, cuyos honorarios a veces no son capaces de pagar.

Recientemente, en la ciudad de Juchitán se vieron en la necesidad de cerrar ambos mercados de la ciudad, sus dos supermercados, uno de la cadena Soriana y la otra de la cadena bodega Aurrera, además de la zona centro, por un periodo de 5 días.

Algunas personas se ven obligadas a poner negocios afuera de sus casas, donde venden dulces, chicharrones, raspados, pero la economía de las familias ha bajado y no tiene o no está dentro de su presupuesto darse esos “lujos”, otros se dedican al transporte público, sus ingresos han disminuido por la contingencia, así que buscan otras formas de generar ingresos haciendo mandados de la población, buscando sobrevivir la pandemia, de pasar de ganar hasta seiscientos pesos diarios en el mototaxi, llegando actualmente a ganar trescientos pesos diarios, habiendo de entregar al dueño ciento cincuenta. En algunos casos extremos la caída de la ganancia se desplomó a cero, los únicos que mantienen sus salarios son los que cuentan con un trabajo en el Estado, ya sea CFE, Pemex, o la policía, además, naturalmente, de los grandes propietarios, rentistas y terratenientes.

El número de casos registrados en el estado llega hasta los 9655, con un total de 853 muertos hasta la fecha, pero esos con solo los casos registrados, ha habido muertes en los pueblos o ciudades por el COVID-19 que no han sido registrados. En el caso del hospital de la ciudad de Juchitán, se reportó un brote en el personal médico, por el equipo médico de baja calidad y la falta de medidas de seguridad, consecuencia de los recortes e insuficiencias del presupuesto médico, entregando supuestos cubrebocas N95, que se rompían como si de papel se trataran. Aunque las autoridades recomendaban la sana distancia, el presidente municipal organizaba su fiesta de cumpleaños en un rancho propiedad del mismo, donde cuenta con caballos que se compraron con dinero del pueblo.

El futuro para el estado es incierto, el sistema capitalista de la región hace que los pobladores se vean obligados a no seguir las sugerencias de las autoridades, exponiéndose a ir a ofrecer sus productos a los demás pobladores, exponiéndose a la pandemia además provocando la saturación del sistema de salud estatal. La pandemia sencillamente ha puesto de relieve problemas que ya existían. La fragilidad del sistema de salud del estado y la vulnerabilidad sanitaria y económica de la población están estrechamente vinculadas al subdesarrollo económico de la región y al dominio de sus recursos e instituciones por parte de la oligarquía autóctona rapaz y egoísta y de los imperialistas.

En realidad, esta es una región rica, con importantes recursos mineros, tierras fértiles, una gran variedad de climas y ecosistemas, y una gran diversidad cultural. Si se hiciese un uso racional de esta riqueza, en armonía con las necesidades de la mayoría y de la naturaleza, en el marco de una economía socialista planificada a escala nacional e internacional, podríamos erradicar rápidamente la pobreza, la precariedad y la falta de perspectivas de los obreros, campesinos, la mujer trabajadora, los pequeños comerciantes y jóvenes de la región. La pandemia muestra de manera más cruel que nunca la podredumbre del capitalismo en Oaxaca. Hoy más que nunca, es necesario organizarse, formarse y luchar contra este sistema,

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