No se trata de presupuesto: ¿para quién gobierna Claudia Sheinbaum?
Ubaldo Oropeza
La huelga de profesores debe convertirse en una verdadera huelga general de la clase obrera
A una semana de iniciar el Mundial, las manifestaciones de los profesores de la CNTE están sacudiendo la Ciudad de México y otras veinte en el país. La campaña de los medios de comunicación de la derecha exige una represión abierta. No es extraño: cuando ellos estuvieron en el gobierno reprimieron y asesinaron a profesores para frenar las movilizaciones, aplastar sus demandas e imponer sus reformas.
Estas movilizaciones han hecho que el gobierno demuestre claramente para quién gobierna. Cuando el “progresismo” estaba en campaña pidió el voto a los profesores y les prometió que, si tenía el control de las cámaras legislativas, resolvería sus demandas más importantes, entre ellas la cancelación de la Ley del ISSSTE de 2007. Sin embargo, cuando el año pasado los profesores exigieron el fin de esa reforma, la presidenta respondió que no era posible porque no había presupuesto. Detrás de esta postura se encuentra la defensa de las ganancias de las Afores que, gracias a la administración de los ahorros de los trabajadores, equivalen a poco menos del 25 % del PIB.
Para mantenerse en buenos términos con los grandes capitales, el gobierno ha lanzado una campaña de desprestigio. Al igual que el año pasado, se acusa a los profesores de ser vándalos, violentos, etcétera. Incluso en la conferencia matutina del 4 de junio, la presidenta afirmó que “los extremos se juntan”, queriendo decir que las movilizaciones de la CNTE son similares a las protestas y reclamos de la derecha. En las redes sociales, por medio de sus plumas afines y de sus propagandistas digitales, continúa una campaña permanente de desprestigio contra cualquiera que no se alinee con el gobierno.
Los argumentos del gobierno
El argumento que el gobierno ha utilizado desde el año pasado para negarse a revertir la reforma de pensiones de 2007 es que no tendría recursos suficientes para asumir nuevamente el pago y la garantía de las pensiones de los trabajadores estatales. Esto sin considerar a los trabajadores inscritos en el IMSS, cuyos patrones pertenecen al sector privado.
Actualmente el Estado gasta alrededor de 2.3 billones de pesos en pensiones, lo que equivale aproximadamente al 6 % del Producto Interno Bruto (PIB). Se afirma que este monto representa cerca de una quinta parte del presupuesto federal y sirve para financiar las pensiones de los jubilados del IMSS (que permanecen bajo la Ley de 1973), del ISSSTE y de empresas estatales como Pemex y CFE. Una parte relativamente pequeña, alrededor de 600 mil millones de pesos, se destina a la Pensión Universal para el Bienestar y a la Pensión para Mujeres.
El gobierno sostiene que destinar más gasto público a las pensiones implicaría desatender áreas fundamentales como la salud y la educación. Sin embargo, ni siquiera contempla la posibilidad de declarar ilegítima la deuda pública y negarse a pagarla. El gasto destinado al servicio de la deuda este año asciende al 4.1 % del PIB. Buena parte de esa deuda se utilizó para rescatar bancos y financiar pérdidas privadas mediante mecanismos como el Fobaproa, además de enriquecer a distintos grupos políticos en el poder.
Por ello se niegan a regresar al esquema anterior de pensiones, el solidario, en el que el Estado lo administraba y garantizaba que los trabajadores mantuvieran durante su jubilación el monto íntegro de su salario, además de prestaciones como atención médica y aguinaldo. Desde una lógica capitalista, el argumento parece coherente.
Un peso menos para el Estado y una riqueza inmensa para las Afores
Esta fue la base argumentativa utilizada para justificar que los trabajadores se jubilen con apenas entre el 30 y el 40 % de su salario y que enfrenten sus últimos años de vida en condiciones precarias, muy cercanas a la mendicidad.
Pero no sólo se redujeron las obligaciones del Estado. También se entregó el ahorro de los trabajadores a empresas privadas para que “administraran” enormes cantidades de dinero. Actualmente las Afores gestionan 8.7 billones de pesos, según estimaciones de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar). Esto corresponde a 69.7 millones de cuentas individuales.
De ese monto, se estima que el 54.2 % proviene de rendimientos acumulados, es decir, de inversiones realizadas por las Afores con dinero que originalmente pertenece a los trabajadores.
Cuatro administradoras concentran más del 70 % de todos los fondos: Profuturo (19.5 %), vinculada a Alejandro Baillères; XXI Banorte (19 %), una sociedad entre el IMSS y Grupo Banorte; Sura (16.2 %), conglomerado financiero de origen colombiano y Citibanamex (15.4 %), perteneciente al gigante financiero estadounidense Citigroup.
Las ganancias estimadas de todas las Afores en México al cierre de 2025 fueron de 14 mil 345.9 millones de pesos, según la Consar. Estas utilidades representan un crecimiento anual de alrededor del 25 % en términos reales. Se trata únicamente de las ganancias obtenidas en un año. El periódico El Economista estima que, desde 1997, cuando se implementó la reforma al sistema de pensiones del IMSS, las Afores han generado más de 4.3 billones de pesos en ganancias, casi la mitad del dinero que actualmente administran, esto es una enorme riqueza.
Como puede verse, la reforma no tuvo únicamente el objetivo de liberar al Estado de una carga financiera. Su propósito fundamental fue beneficiar a las Afores y a los grandes capitales nacionales e internacionales que están detrás de ellas. En otras palabras, fue una medida para favorecer al capitalismo.
No es falta de presupuesto, es el sistema capitalista
Lo anterior nos lleva a una conclusión central: no es la falta de presupuesto lo que lleva al gobierno a negar la reversión de la reforma de pensiones. Si realmente se tratara de un problema presupuestario, podrían explorarse otras alternativas: dejar de pagar la deuda externa considerada ilegítima, reducir aún más los salarios de la alta burocracia, eliminar privilegios y jubilaciones doradas o imponer impuestos extraordinarios a las grandes fortunas.
El problema fundamental es que, aunque el gobierno de la Cuarta Transformación impulse algunas reformas destinadas a aliviar las condiciones de vida de la población, no está dispuesto a cuestionar las bases del sistema capitalista ni sus leyes fundamentales, entre ellas la prioridad absoluta de las ganancias del gran capital.
Esto quedó claro el año pasado y vuelve a confirmarse ahora: las ganancias de los grandes grupos económicos no pueden ser tocadas porque, según el discurso oficial, garantizan estabilidad e inversión. Claudia Sheinbaum se escuda en el argumento presupuestario, pero la cuestión de fondo es que no quiere enfrentarse al gran capital.
Si observamos, esta forma de comportarse es la misma cuando hablamos de Cuba. El gobierno dice estar en contra del bloqueo pero se niega a mandar petróleo porque eso significaba enfrentarse al gran capital imperialista.
La táctica gremial tiene que ir más allá
La CNTE lucha por una demanda económica legítima, no sólo para los profesores, sino para todos los trabajadores y la juventud. Contar con una jubilación que permita una vejez digna debería ser un derecho universal. Sin embargo, dentro del capitalismo esta aspiración parece cada vez más lejana.
La lucha de los profesores constituye una inspiración por el esfuerzo que implica la movilización, el plantón, la pérdida de días de trabajo, la acumulación de presiones laborales y sociales y, sobre todo, por enfrentarse a un proyecto reformista que habla constantemente en nombre de los pobres, pero que se niega a resolver de fondo sus problemas.
Paralizar las escuelas, sin embargo, no afecta directamente las ganancias del gran capital. La situación sería distinta si la huelga magisterial adquiriera un carácter general y se sumaran otros sectores de la economía, especialmente los industriales. En ese caso, el impacto sobre las ganancias empresariales sería inmediato y aumentaría la presión para alcanzar una negociación.
De esta contradicción se desprenden los límites de los métodos de lucha actuales. La única posibilidad real de victoria para los profesores pasa por extender el movimiento a otros sectores de trabajadores y por construir una movilización capaz de ejercer una presión efectiva sobre el gobierno y sobre los intereses económicos que éste protege.
El plantón, cierres de calles, tomas de casetas, destruir parte de los edificios públicos, etc. son una forma de incrementar la presión al gobierno. Es la única forma de mostrar la fuerza del magisterio, pero al mismo tiempo muestra los límites del movimiento.
Las plumas afines al reformismo, los youtubers oficialistas y otros defensores del gobierno que hoy se escandalizan e insultan a los profesores cumplen el papel de justificar políticamente la postura gubernamental, aunque al mismo tiempo afirman estar de acuerdo con las demandas. Es necesario señalar esa contradicción y denunciar su hipocresía.
Pero más allá de la campaña de desprestigio, la CNTE debe comprender una contradicción más profunda. La lucha por las pensiones, aunque surge como una demanda económica y democrática, pone en evidencia que dentro de este sistema capitalista no existe una solución definitiva para este tipo de reivindicaciones.
Es posible que, conforme se acerque el Mundial, el gobierno conceda algunas demandas parciales o negocie reivindicaciones locales para dividir el movimiento. Sin embargo, resulta poco probable que acepte restaurar plenamente el sistema de pensiones anterior a la reforma de 2007. Incluso si se lograra abrir alguna puerta, ésta podría cerrarse nuevamente en el siguiente periodo.
La consigna de una jubilación digna para todos los trabajadores puede entenderse como una demanda transicional, en la medida en que su realización plena exige una transformación profunda de la sociedad. Desde esta perspectiva, la CNTE debe elevar la mirada hacia una lucha política más amplia, capaz de agrupar a trabajadores de todos los sectores en un frente único que no sólo combata las distintas formas de opresión y explotación, sino que aspire a transformar de raíz el sistema que las genera, la lucha por el socialismo.
Por ello, es momento de clarificar el programa, fortalecer la organización e impulsar estas ideas entre sectores cada vez más amplios de trabajadores y jóvenes.
Desde el PCR estamos a favor de la lucha de los profesores, en contra de la represión estatal y a favor de un frente de lucha por el socialismo para conquistar una vida plena y digna para los trabajadores, fuera de las presiones capitalistas y del imperialismo.
