La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), menciona que entre 30 y 40 millones de niñas, niños y adolescentes se encuentran en migración a nivel mundial, lo que representa al 14.6% de la población migrante total. En particular, Estados Unidos se posiciona como el destino de uno de cada diez niños, niñas y adolescentes migrantes a nivel mundial.
La migración forzada ocurre por la falta de oportunidades laborales en los países de origen, las crisis de violencia desmedida, los costos de vivienda y, en general, la falta de una calidad de vida digna. Dentro del capitalismo en su fase global, el fenómeno migratorio es capitalizado en beneficio de intereses económicos de la clase poseedora. Los grandes capitales tienen la capacidad de moverse libremente en busca de mayor rentabilidad, ya sea a través de inversiones, producción barata o mercados más favorables, y son los mismos países capitalistas los que facilitan la llegada de capital. Un claro ejemplo de esto es la propuesta de Donald Trump de tomar el control de la Franja de Gaza, expulsar a más de dos millones de palestinos y transformar la región en un destino turístico de lujo. Bajo esta lógica es evidente como los desplazamientos forzados no sólo resultan en crisis humanitarias, sino que también traen beneficios económicos a las potencias imperialistas.
Por otro lado, los migrantes dentro de este contexto entran como un «ejército industrial de reserva» a los países, un grupo de trabajadores desempleados, que bajo la ley de oferta y demanda sirven como presión para mantener los salarios bajos, en este caso, está compuesto por inmigrantes dispuestos a aceptar trabajos peor remunerados y con menos derechos debido a su situación de ilegalidad. Se estima que en Estados Unidos hay más de seis millones de trabajadores indocumentados en múltiples industrias.
Sin embargo, la libertad de movimiento del capital no funciona igual para los trabajadores, ya que los países aplican restricciones a su movilidad, principalmente a través de leyes de inmigración y controles fronterizos. Además, se enfrentan diariamente al temor a la deportación, lo que limita las posibilidades de que se organicen para exigir mejores condiciones de vida. Esta situación refleja la doble moral de las políticas antimigratorias bajo el capitalismo, como se evidencia en el gobierno de Trump, por un lado, restringen la entrada de migrantes indocumentados, mientras que, por otro lado, se benefician del capital obtenido por estos trabajadores ilegales, ya que pueden pagar los sueldos más bajos y se ahorran prestaciones.
Las afectaciones que tiene este fenómeno no se limitan únicamente a trabajadores adultos, puesto que usualmente traen consigo a sus familias. Las infancias forman parte de los procesos migratorios, y poco se ha hablado de su rol dentro de estos y cómo les afecta.
En los últimos años, la migración infantil se ha visibilizado a partir de la creciente cantidad de niños que migran solos. Los trayectos, como los lugares de destino, ponen a los niños en situaciones que representan un riesgo a su integridad. En ocasiones cuentan con una red de personas que los acompañan durante el viaje, lo cual, a pesar de ser mejor que viajar completamente solo, no garantiza total seguridad, más cuando se trata de un cruce de fronteras sin documentos migratorios.
Durante el trayecto además de enfrentarse a las inclemencias del clima, quedan vulnerables a abusos, perderse en el camino, la trata de personas, el reclutamiento forzado por grupos criminales y, en el peor de los casos, la muerte. Según datos recientes, hasta septiembre de 2024, más de 97,000 niñas, niños y adolescentes cruzaron México de manera irregular, enfrentándose a condiciones extremas de vulnerabilidad.
El caso de la niña Sofía Caballero, de casi 3 años de edad, la cual sufrió una desaparición forzada al cruzar el río Bravo con su familia, es una de las evidencias más crudas de la realidad a la que se enfrentan las infancias de la clase trabajadora. La migración forzada y las crisis de seguridad en los países de Latinoamérica, son consecuencia del crimen organizado y la bancarrota del Estado burgués, evidenciada por su incapacidad de proponer soluciones reales a esta problemática. Estos grupos delictivos, no sólo perpetúan la violencia, sino que se benefician de la precarización de la población, enganchándolos a través de ofertas de empleo, la extorsión y el secuestro, sumándolos a sus filas o cometiendo terribles actos como el asesinato.
Sin embargo, los peligros no acaban con el cruce de la frontera, y aunque la llegada al destino final trae consigo la esperanza de seguridad y estabilidad, en muchos casos se convierte en un nuevo desafío. Las infancias suelen enfrentarse a dos posibles caminos: reencontrarse con sus familiares o integrarse al mundo laboral. A las infancias trabajadoras que migran a Estados Unidos, generalmente les espera un futuro como jornaleros en los campos agrícolas, trabajo infantil en las ciudades o vivir en la indigencia.
Sin embargo, además de los desafíos laborales, los niños que migran o que provienen de familias migrantes enfrentan una serie de obstáculos adicionales en su proceso de integración, tienden a sufrir la discriminación y violencia en los lugares de destino debido a barreras culturales y la falta de acceso a educación y salud, lo cual dificulta su integración a la sociedad. Este fenómeno además de beneficiar a los empresarios propicia la división de la clase trabajadora, generando rechazo hacia los inmigrantes. Una de las tácticas más notorias en la actualidad que utiliza Trump son las ideologías como la supremacía blanca y el racismo para reforzar esta división.
Tampoco podemos ignorar las persecuciones antimigrantes por parte del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), donde los migrantes son considerados un problema de seguridad nacional y tratados con brutalidad, llegando incluso a la separación de niños de sus familias en centros de detención. A esto se agrega la reciente cancelación de las citas del programa CBP One, una aplicación móvil que permite a los usuarios acceder a varios servicios relacionados con la inmigración y la seguridad fronteriza, que ha dejado a 270,000 personas, muchas de ellas familias y jóvenes, en una situación de incertidumbre debido a la posibilidad de ser deportados, quedarse sin casa y de perder o no poder tramitar su visa.
Debido a su ubicación geográfica, México se ha configurado como un territorio de tránsito para miles de personas que buscan llegar a los Estados Unidos, y para aquellos que optan por quedarse en el país. En términos históricos, la población migrante que reside en México representa menos del 1% de la población total, estimándose en 1 millón 197 mil 624 personas (INEGI, 2024).
Este panorama, sumado a fenómenos como las caravanas migrantes y las políticas migratorias restrictivas del gobierno estadounidense, ha causado que en México se implementen políticas contra inmigrantes. En el último periodo, a pesar de que la 4T ha promovido la política de “humanismo mexicano» con una política migratoria “sobre la base del respeto”, al mantenerse dentro del margen del capitalismo, un sistema que deshumaniza a las personas, las medidas implementadas resultan insuficientes y demuestran los límites del reformismo. En la práctica, lejos de garantizar condiciones dignas, los migrantes continúan enfrentando situaciones de vulnerabilidad y precariedad, lo que contradice el discurso oficial y revela la verdadera cara del gobierno de Claudia Sheinbaum. Miles de niños centroamericanos que migran, en múltiples ocasiones son deportados a sus países de origen por el gobierno mexicano, resultando en la separación de familias. Según un informe reciente de Human Rights Watch, aún hay 1,360 niños que fueron separados de sus familias entre los años 2017 a 2021 que aún no han sido reunificados.
Como marxistas, entendemos que la solución al problema migratorio no radica en rechazar a los inmigrantes, sino en unir a los trabajadores de todo el mundo en una lucha común contra los grandes imperios que perpetúan las condiciones de miseria. Nuestro programa debe centrarse en la unión de los trabajadores más allá de las fronteras, en defensa de sus condiciones de vida y por una revolución socialista. Solo a través de esta revolución podremos garantizar que tanto los trabajadores como sus familias vivan con dignidad, permitiendo que las infancias se desarrollen de manera adecuada y estén libres de los peligros y adversidades que enfrentan hoy en día.
Por eso los comunistas decimos:
Reunificación familiar y fin inmediato a las redadas y deportaciones en EEUU
No a los muros fronterizos, no a la militarización y represión en las fronteras. Por el libre tránsito de todos los trabajadores y sus familias en una Federación Socialista de América.
¡Proletarios del mundo uníos!