Frente a la escalada imperialista ¿a quién responde el Estado mexicano?

Manuel Viveros

Como una enfermedad crónica, la crisis orgánica del capitalismo se ha hecho sentir en cada rincón del mundo desde hace décadas. Un recrudecimiento particularmente severo de las contradicciones inherentes al sistema ha sacudido los cimientos de la sociedad en los últimos meses, con epicentro en el continente americano. Donald Trump, en su segundo periodo al frente de los Estados Unidos, ha sido un catalizador que ha acelerado estos procesos. Presentándose como un contrincante del status quo, ha comenzado a actuar en consecuencia del declive relativo que este país ha sufrido en relación al ascenso de China como nueva potencia imperialista, que ha estado ganando cada vez más terreno en el mundo, particularmente en su “patio trasero”, América Latina. El orden mundial liberal “basado en reglas” se ha desmoronado, dando un atisbo del verdadero carácter de las fuerzas que mueven al mundo.

Desde la imposición de aranceles y la manipulación de elecciones hasta la invasión militar y la imposición de un régimen semi-colonial en Venezuela, el coloso imperialista ha desplegado una ofensiva de agresiones para afianzar su dominio en su área de influencia inmediata. Estos ataques directos han ido acompañados de una presión cada vez más dura sobre gobiernos “progresistas” como el de Gustavo Petro en Colombia o Claudia Sheinbaum en México. Apoyándose de pretextos como el combate al narcotráfico, el imperialismo se abre camino con mano de hierro. Este es el tumultuoso escenario que ha debido navegar el Estado mexicano, que cada vez más se encuentra entre la espada y la pared.

La actitud que ha proyectado Sheinbaum hasta ahora ha sido la de una férrea defensa de la soberanía y la no subordinación. Cualquier acción que involucre a los EE. UU., o que vaya en la línea de sus directrices, es enmarcada como una “decisión soberana” basada en la “coordinación bilateral”. Nosotros nos preguntamos ¿es acaso posible una relación de iguales entre estas dos naciones como lo señala la presidenta? Un vistazo a los hechos nos permite esclarecer la respuesta.

Al momento de publicar este artículo ambos jefes de Estado han celebrado 13 llamadas de las que se tiene registro. En ellas son prevalentes los principales temas de interés que han llenado la boca de Trump en su avanzada por retomar las riendas del hemisferio, como la política económica y el combate al narcotráfico. Tras estos intercambios (que Trump ha descrito como “extremadamente productivos”), el Estado mexicano ha respondido con acciones como la entrega de más de 100 criminales de alto perfil al vecino del norte o el despliegue de miles de elementos de la Guardia Nacional en las fronteras para colaborar con la política migratoria de Estados Unidos.

En el terreno económico, México se ha ofrecido como herramienta en la lucha de EE. UU. contra el avance de China en el continente. Muestra de ello es el plan México, que plantea cerrar filas con la burguesía nacional para crear industrias  en el país que sustituyan las importaciones del gigante asiático. En este sentido es una continuación de la política económica de la 4T, que ha fortalecido la integración económica entre ambos países heredada del llamado periodo neoliberal, en el que la economía mexicana se reestructuró favoreciendo la dependencia con la estadounidense bajo el modelo de la maquila. A pesar del ofrecimiento entusiasta del gobierno mexicano, Trump no ha quedado satisfecho y ha demandado acciones más contundentes. La respuesta ha sido diligente, materializándose en el aumento de hasta el 50% en aranceles a más de 1400 productos cuya importación estaba dominada por China. 

El imperialismo norteamericano bajo Trump, reconoce su declive y busca afianzar sus puntos económicos prioritarios. Quiere recapitalizar su país, regresando industrias a EE. UU. Su punto de ataque es la industria automotriz, a la que impuso aranceles al porcentaje producido en México y no parece que retrocederá su presión. Esto tuvo como efecto que la empresa First Brands Group declarara su quiebra en México y cerrara 15 maquiladoras instaladas en 3 estados fronterizos, despidiendo a 5,000 trabajadores.

EE. UU. declaró, en su plan de seguridad nacional, el combate a los competidores no hemisféricos (léase China). Con AMLO se impulsó un modelo económico basado en la relocalización de empresas (nearshoring), buscando atraer a México compañías cuya producción estuviera orientada a proveer al mercado estadounidense. Esto atrajo una importante inversión china que ahora Trump busca frenar, lo que echó abajo ese modelo.

Lo que ahora plantea el Estado mexicano es desarrollar otras ramas estratégicas, como la industria de microchips, con la intención de que México pueda sustituir ciertas áreas dominadas por Asia. Asimismo, se propone cerrar filas con Estados Unidos en la extracción de tierras raras —fundamentales para las industrias tecnológica y de defensa—, sector en el que el gigante asiático mantiene un monopolio considerable a nivel mundial, situación que no le gusta a Trump.

En esencia, la economía mexicana vuelve a adecuarse a las necesidades del imperialismo estadounidense, profundizando su dependencia.

Todo esto ocurre en medio de la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que Trump ha planteado públicamente que incluso podría desaparecerlo. Mientras invade Venezuela y asfixia a Cuba, presiona a México para obtener un tratado aún más favorable al imperialismo estadounidense.

Hoy las garras del imperialismo se ciernen sobre Cuba, buscando estrangular de una vez por todas los últimos remanentes de la revolución del ‘59, lo que representaría un golpe terrible para los trabajadores de este país. El petróleo venezolano del que dependía la isla para sostener su red eléctrica ahora es administrado por Washington, y ha dejado de fluir hacia la isla. Esto ha parado en seco al país, lo que ha generado una crisis humanitaria que corona los ataques que desde hace décadas se han lanzado contra la población cubana, tales como el bloqueo comercial liderado por EE. UU. Hasta hace unas semanas, el petróleo enviado desde México (que de hecho el año pasado había superado las exportaciones venezolanas) era la última fuente significativa de la que pendía la situación, pero en una acción claramente coordinada con el imperialismo, el suministro también se ha detenido. Una vez más Sheinbaum ha intentado paliar la situación con un discurso de solidaridad y el envío de víveres, pero esto no remedia en absoluto la magnitud del ataque que representa el dejar de enviar petróleo al pueblo cubano. 

Por otro lado está el narcotráfico, germen de profunda violencia y barbarie que muestra la cara más oscura del capitalismo, que ha sido utilizado sistemáticamente por Trump como ficha para presionar y justificar su injerencia en América Latina, bajo amenaza de la intervención militar directa. Acusaciones falsas de liderar el inexistente Cártel de los Soles fueron lanzadas contra Nicolás Maduro en preparación a su secuestro y en numerosas ocasiones se ha calificado a los gobiernos de México y Colombia como incapaces de afrontar el crimen organizado. 

Los golpeteos han sido constantes, comenzando por la designación de estos grupos criminales como terroristas, lo cual le otorga un punto de entrada para un ataque directo de las fuerzas armadas estadounidenses en territorio mexicano. Estas palabras han ido acompañadas por un incremento en la presencia militar norteamericana en este lado de la frontera, como el sobrevuelo de drones de espionaje estadounidenses sobre territorio mexicano para adquirir inteligencia sobre el narco y, más recientemente, el ingreso de por lo menos 31 miembros de las fuerzas armadas norteamericanas al país, bajo el consentimiento del Senado y el Estado mexicano, supuestamente para actividades de capacitación. 

La reciente escalada ha alcanzado un nuevo punto máximo con el operativo de las fuerzas armadas mexicanas, realizado con inteligencia y bajo la presión imperialista, que descabezó al Cártel Jalisco Nueva Generación, desatando una ola de violencia por todo el país.

Esta serie de decisiones “soberanas” en materia de seguridad representan un viraje claro en la política que la 4T había mantenido históricamente frente al crimen organizado. Los “abrazos, no balazos” si bien se presentaron como una forma de reducir la violencia que ahoga al país y atender sus causas, tenían el objetivo de favorecer la estabilidad y mostrar a México como un entorno deseable para los inversionistas. El operativo que culminó en la muerte del ‘Mencho’ tomó lugar en Jalisco, que será sede del Mundial de fútbol en unos cuantos meses, un festín para el cual el gobierno y la burguesía mexicana se habían estado preparando con ansias. Es claro que estas maniobras militares responden a una iniciativa ajena a la que el gobierno tenía planeada para este periodo.

Hay una contradicción evidente en las acciones del Estado mexicano y lo vemos claramente en la manera en que han respondido a los acontecimientos citados anteriormente. Mientras Trump y su camarilla han felicitado y celebrado la participación directa de las fuerzas armadas norteamericanas en México, Sheinbaum y su gabinete se han encargado de justificar y presentar los hechos como decisiones soberanas, negando que se haya actuado por presiones de los EE. UU. Cuando se hicieron oír los reclamos de China frente a los aranceles impuestos a sus productos, se dijo que no iban dirigidos intencionalmente hacia ese país. El patrón ha sido acatar los mandatos de Estados Unidos y después salir a dar la cara y tratar de contener la situación. Esta es la actitud de un Estado que con pudor intenta cubrir lo evidente: no actúa en interés de la mayoría de la población que dice representar, sino en respuesta a las amenazas del bravucón imperialista que tiene por vecino. 

Podríamos pensar que no hay otra salida, pues ante un enemigo tan imponente no queda mayor remedio que doblegarse como lo han hecho. Sin embargo, si volteamos a ver la historia encontraremos que en efecto es posible llevar adelante una lucha antiimperialista victoriosa. Para esto la clave es la participación de las amplias masas obreras y campesinas. Sólo con su fuerza organizada fue posible repeler las múltiples invasiones que potencias como los propios EE. UU. y Francia encabezaron durante el siglo XIX en el país, las victorias sociales frente al capital trasnacional de la revolución de 1910, o la propia expropiación petrolera de 1938. Y si levantamos la vista no muy lejos de nuestras fronteras se alza ante nosotros uno de los ejemplos más heroicos de nuestra clase en la lucha contra el imperialismo, la Revolución Cubana que hace más de 65 años expropió al capital internacional en la isla y puso fin a la dominación que diezmaba a sus habitantes. 

Tampoco debemos olvidar que del otro lado del Río Bravo la atmósfera también se divide en líneas de clase. Mientras Trump celebra los logros que sus incursiones imperialistas representan para los más altos círculos empresariales, los trabajadores de a pie afrontan una amalgama de crisis en todas las facetas de la vida. La dificultad que representa el acceso a la salud, la vivienda, la educación e incluso la alimentación se exacerba día a día para la mayoría de la población, e incluso vemos que quienes en las urnas depositaron sus esperanzas en el actual presidente, empiezan a sacar la conclusión de que es otro representante más del status quo. Más temprano que tarde nuestros compañeros de clase tomarán un papel fundamental en la lucha contra la bestia imperialista desde dentro.

El terreno se prepara para grandes acontecimientos en la lucha de clases a nivel mundial. Es en momentos como este que la conciencia de nuestra clase se desarrolla, y las luchas venideras sentarán las bases para acabar para siempre con el capital y su carácter imperialista. La fuerza conjunta de las y los trabajadores es el motor que mueve al mundo, usemos ese poder conscientemente para hacer frente al imperialismo. Si realmente somos un país soberano, no puede haber otra manera: ¡O ayudamos al pueblo cubano o estaremos del lado de los bravucones imperialistas que no van a dudar en pisotearnos cuando acaben con Cuba!  ¡No permitamos la colaboración en el estrangulamiento de Cuba por parte del gobierno mexicano! ¡Si el gobierno es incapaz de defendernos del imperialismo, tomemos el asunto en nuestras propias manos!