Camiones Ulúa en Veracruz: La modernidad que no resuelve la crisis del transporte público
Max López Chapa
El “progreso” llega al transporte público ¿Es suficiente?
La llegada de las nuevas unidades Ulúa al puerto de Veracruz (y demás regiones) ha generado un comprensible revuelo. Son autobuses modernos, con aire acondicionado y aparente comodidad, muy parecidos a las unidades de Ciudad de México, Guadalajara o Puebla, por mencionar algunos ejemplos. Un contraste evidente con el parque vehicular obsoleto y contaminante que por décadas ha definido la vida cotidiana de miles de trabajadores y estudiantes que se mueven de manera diaria en estas unidades. Es verdad que existía tal urgencia por modernizar las flotillas del transporte público jarocho, más que por capricho, por necesidad de que la clase trabajadora pueda contar con unidades cómodas y eficientes para ir a sus centros de trabajo, escuelas, hogares y demás destinos.
Si bien es positivo mejorar las unidades en las que pasamos horas movilizandonos de manera cotidiana, comprendemos que esto solo puede ser un primer paso y a lo que debemos aspirar es que la burguesía local y el Estado no piensen que con esto van a resolver todos los problemas para tener una movilidad pública, eficiente y popular. Este logro debe vincularse con la lucha por las necesidades urbanas más esenciales: calles bien cuidadas, seguridad al regresar a casa y facilidad para desplazarse al área de trabajo.
Accesibilidad, cobertura y la realidad de las colonias populares
La supuesta modernización llega con condiciones que la hacen inaccesible para amplios sectores del pueblo trabajador. Un pasaje de $15 pesos no es un simple incremento; es una barrera económica de clase que representa un aumento de casi el 50%. Para una familia obrera que realiza múltiples traslados diarios, esta tarifa representa una sangría significativa de su ya de por sí mermado salario, todo para que, a raíz de las limitantes del Estado y de la iniciativa privada para cubrir de manera eficiente la demanda de rutas, hay muchas personas que no pueden acceder a estas unidades, en especial en las colonias obreras más precarizadas donde los concesionarios privados deciden no cubrirlas debido a las lamentables condiciones en las que se encuentran las calles. Este sector de la clase trabajadora debe seguir optando por las unidades tradicionales, que aunque más baratas, a $9 pesos, continúan siendo un servicio precario y peligroso; las unidades son viejas, con asientos destruidos o mal colocados, agujeros en el piso y choferes que manejan bajo efectos de las drogas y que ponen en riesgo las vidas de cientos de trabajadores, madres y estudiantes. El mensaje del capital es claro: la dignidad y la seguridad son un privilegio para quien puede pagarlas.
Las nuevas unidades son pocas y no abarcan todas las rutas. Peor aún, como reportan los medios, evitan colonias como Framboyanes y Amapolas por el “mal estado de las calles”. Esta es una confesión descarnada del sistema: la modernización no va dirigida a resolver las necesidades de transporte de todos, sino a servir las rutas más rentables y de menor “riesgo” para la inversión privada. Las colonias populares, con sus calles llenas de baches e inundadas, son abandonadas a su suerte, condenadas al transporte de segunda categoría. La necesidad de nuevas unidades de camiones debe de conectarse con el mantenimiento de la infraestructura básica en nuestras calles, colonias y ciudades. Esto no es nada del mundo, es nuestro derecho para una vida digna.
El modelo de concesión privada: La raíz del mal que las Ulúa no tocan
El problema de fondo no es la antigüedad de los camiones, sino quiénes son sus dueños y con qué fin operan.
Las unidades Ulúa, aunque nuevas, siguen operando bajo el mismo modelo de concesión privada que las descuidadas unidades convencionales. Aunque cumplan con la movilización de la clase trabajadora, su objetivo último no es garantizar un derecho social, sino generar ganancias para un grupo de empresarios y enriquecerse más a partir del derecho a la movilidad. Mientras el transporte sea un negocio, siempre se priorizarán las rutas rentables sobre las socialmente necesarias, y se mantendrá a los choferes en condiciones de explotación para maximizar beneficios. Esto lo podemos notar en que actualmente han surgido algunas rencillas entre los trabajadores que no han formado parte del modelo de los Ulúa. Pero lo que debemos aspirar es por la organización obrera para un modelo de transporte que vele por los intereses de sus trabajadores y del proletariado en su conjunto.
La solución revolucionaria: expropiación, control obrero y planificación estatal
Las unidades Ulúa son un recordatorio de que, bajo el capitalismo, todo “avance” está diseñado para mantener intactos los mecanismos de explotación y desigualdad. Nos ofrecen comodidades para unos pocos, mientras consolidan un modelo que nos oprime a todos.
La verdadera solución no está en elegir entre camiones viejos o camiones nuevos caros. La solución está en arrebatarle este servicio vital a la burguesía y ponerlo al servicio del pueblo. La lucha por un transporte público digno, accesible y ecológico está estrechamente ligada a la lucha más amplia por la transformación socialista de la sociedad.
Ante este panorama, es claro que las reformas pueden ayudarnos a mejorar algunos aspectos de nuestra vida cotidiana, lo cual es necesario, pero debemos aspirar por mejorar todos los aspectos de la vida cotidiana, pues no es exageración cuando decimos que muchas veces vivimos en la precariedad. No pedimos migajas; debemos construir el comunismo para poder lograr una transformación radical.
- ¡Expropiación Ya! La clase trabajadora debe demandar la expropiación sin indemnización de todas las concesiones de transporte público, tanto de las nuevas unidades como de las viejas. El transporte debe ser un monopolio estatal, sacado de las garras de la iniciativa privada.
- Control Obrero del transporte público: La administración no puede quedar en manos de la misma burocracia estatal en contubernio con la burguesía. Debe ejercerse bajo un control total y democrático de los trabajadores del volante (choferes de todas las rutas) y los usuarios organizados (estudiantes, amas de casa, obreros). Solo así se garantizará un servicio que responda a las necesidades reales y no a intereses privados ni egoístas.
- Tarifa única y accesible subsidiada por el Estado: Con el negocio eliminado, se puede establecer una tarifa única, simbólica o incluso gratuita, financiada con los impuestos progresivos a las grandes fortunas y corporaciones. El transporte es un derecho, no un lujo.
- Inversión masiva en infraestructura urbana: Un plan de emergencia para el bacheo, drenaje y pavimentación de todas las colonias populares, garantizando que el servicio digno llegue a todos los rincones de la ciudad. ¡Que el regresar a casa al final del día no se convierta en una odisea!
Compañeros trabajadores y estudiantes, lograr esto no es un sueño, contiene bases muy reales y posibles para nosotros; para poder tener un transporte público accesible para todos los trabajadores, madres, personas de la tercera edad y estudiantes es necesaria la socialización de los medios de producción; erradicar la propiedad privada y poner al Estado bajo el control obrero, logrando una administración democrática de los bienes y servicios. Todo esto será posible solo con organización y la movilización colectiva. Desde los sindicatos de transportistas, las asambleas estudiantiles y universitarias y las comunidades de vecinos, debemos unirnos en un frente único que levante un programa de lucha comunista que llegue hasta las últimas consecuencias.
No mendiguemos mejoras; organicémonos para conquistar lo que por derecho nos pertenece.
Si eres comunista y te interesa organizarte por una sociedad mejor y más justa no dudes en contactarnos.
¡Por la expropiación del transporte público bajo control obrero y popular!
¡Por una tarifa única y accesible para todos!
¡Por la dignificación del trabajo de los choferes!
¡La lucha por el transporte es la lucha por el comunismo!
¡Proletarios de todos los países, únanse!
