ABC del comunismo: Qué es la revolución permanente
Mauricio Medina
¿De qué hablamos cuando hablamos de revolución? Es un proceso donde una clase social en pugna, que usualmente es la clase oprimida cansada de las profundas crisis del sistema, decide activamente sublevarse contra la clase dominante para tomar el poder. Las revoluciones no sólo traen consigo el levantamiento insurreccional, sino que implican también profundas transformaciones económicas, sociales, culturales y políticas en la sociedad.
Los procesos revolucionarios no estallan de un momento a otro de manera mágica, surgen de condiciones materiales muy concretas que se van acumulando en la sociedad, sea el cansancio y desilusión de las masas con sus gobernantes, el desarrollo de experiencia política por parte de la clase trabajadora o los límites del sistema para asegurar condiciones dignas de existencia.
Tomemos de ejemplo la revolución rusa de 1917, pues se trata de la primera revolución en la historia de la humanidad en tener un abierto carácter socialista y conseguir que las riendas políticas y económicas queden en manos de la clase obrera y campesina.
Si bien la revolución rusa empezó en un país a partir de condiciones muy concretas tales como el hartazgo de las masas contra la autoridad sanguinaria del zar, la hambruna, las extenuantes jornadas laborales bajo pésimas condiciones y las penurias de la Guerra Mundial, fueron los acontecimientos posteriores —la guerra civil y los ataques por parte de potencias imperialistas en contra del Estado obrero ruso— los que reflejaron que si la revolución socialista empieza en un país, esto solo puede ser el primer paso para una revolución mundial.
Esto no parte de ningún capricho, sino de condiciones objetivas en la forma cómo nos organizamos en la sociedad: El capitalismo como sistema de explotación se encuentra presente en cada rincón del planeta estrangulando a la clase trabajadora, de ahí partimos para decir que la clase obrera es internacional. La gran industria capitalista, al crear el mercado mundial, ha estrechado a todos los pueblos del mundo.
El mismo V.I Lenin, arquitecto de la Revolución rusa junto con León Trotski, señaló que para que triunfe la edificación del Estado obrero ruso, la revolución no podía ser puramente nacional, sino que tenía que ser la antesala de la revolución mundial en donde el proletariado de otros países pueda cumplir con las tareas de la socialización de los medios de producción y el control obrero en la economía y política.
Este análisis material parte de lo que conocemos como la teoría de la revolución permanente, teoría que construye León Trotski en vísperas de la revolución de 1905, haciendo uso magistral de las lecciones de Marx y Engels sobre el carácter internacional de la revolución socialista. Como el mismo Trotski señalaba:
“El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país. Una de las causas fundamentales de la crisis de la sociedad burguesa consiste en que las fuerzas productivas creadas por ella no pueden conciliarse ya con los límites del Estado nacional. De aquí se originan las guerras imperialistas (…) La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta (Las tesis de la revolución permanente)”
Las tesis de la revolución permanente también comprenden que, en la fase actual imperialista del capitalismo, el proletariado es la clase que debe resolver las tareas democráticas pendientes (como la lucha por la independencia y soberanía nacional) y la toma del poder a través de un programa revolucionario obrero que no ceda a los intereses de la burguesía nacional. En los países en vías de desarrollo, la burguesía nacional no tiene la capacidad para lanzar una lucha consecuente contra la dominación imperialista, pues son dependientes del mismo y sus intereses están vinculados a los de las grandes potencias. A la par, temen darle completo control a la clase trabajadora por miedo a desencadenar un proceso revolucionario que amenace la propia existencia de la clase dominante. Por ello, la teoría de la revolución permanente apunta hacia el factor revolucionario de las masas, las cuales indudablemente se terminarán desilusionando con los límites del programa burgués nacional y es cuando deben aspirar hacia una salida revolucionaria con un programa socialista sólido.
La teoría de la revolución permanente es la oposición directa a la teoría del socialismo en un solo país y la teoría de las dos etapas, propuestas por Stalin y Bujarin. Estas teorías divorciaron la revolución nacional de la internacional, y causaron que en países como España o Alemania en sus momentos claves de revolución, la Internacional Comunista degenerada por el burocratismo estalinista, presentara una falta de perspectiva correcta que terminó por ceder al programa burgués nacional, asumiendo una falta de confianza hacia las masas y llevando a derrotas históricas. .
Una teoría revolucionaria correcta es esencial para los momentos más vitales de la lucha de clases. Por eso reivindicamos la teoría de la revolución permanente como el mejor uso del análisis marxista para comprender el camino correcto que lleve a la revolución proletaria y la necesidad de una perspectiva internacional en la lucha por el socialismo, sin caer en ilusiones nacionalistas, oportunistas y reformistas que terminen en una traición hacia las masas en el terreno de la lucha contra la barbarie capitalista.
