IMSS: de la lucha salarial a la insurgencia por democracia sindical  

Saúl Haro

Desde el pasado mes de septiembre, múltiples trabajadores (tanto activos como jubilados) del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y del IMSS Bienestar han participado en una serie de movilizaciones que iniciaron con reivindicaciones económicas y que, en el transcurso de las últimas jornadas, han pasado también a reivindicaciones políticas, adquiriendo características iniciales de una insurgencia sindical. 

El jueves 24 de septiembre, trabajadores de ambas instituciones provenientes de varias entidades del país sostuvieron un bloqueo de 5 horas en Circuito Interior, entre Patriotismo y Constituyentes; esto después de que Rafael Olivos Hernández (dirigente sindical) no se presentara a atender a los manifestantes en la sede del sindicato. 

A este bloqueo le siguió una protesta el 1° de octubre que concluyó con el derrumbe de las puertas de la sede del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social. Lejos de mantenerse como una situación netamente localizable en la Ciudad de México, los trabajadores del IMSS han salido a protestar también en otras ciudades de la república, como Guadalajara o Aguascalientes. 

Los motivos de las protestas: el declive del sistema de salud en México 

Para poder entender los motivos por los cuales se manifiestan los trabajadores, tenemos que entender primero en qué condiciones laboran (siendo que esas condiciones son el origen de muchas de las demandas). Empecemos por la cuestión salarial: el 65° Congreso del SNTSS aprobó un aumento salarial de 8.55%, pero de ese porcentaje, solamente el 2.9% corresponde como aumento al salario tabular. 

Se aprueba un aumento paupérrimo, pero mientras que el salario mínimo en la mayoría del territorio está señalado en $9,582 mensuales, múltiples trabajadores de estas instituciones denuncian que su salario mensual llega apenas a los $7,900; el “aumento” aprobado no es suficiente ni para llegar al salario mínimo. Este salario mínimo (que no es lo mismo tampoco que un salario digno) no es una referencia opcional, es la cantidad más pequeña que un trabajador puede recibir legalmente por parte de su empleador, INDEPENDIENTEMENTE de la duración de su jornada laboral. En este caso, el empleador no es otro que una de las instituciones públicas más importantes del Estado mexicano. Esto nos indica que el Estado, en materia salarial, no es capaz ni de cumplir con su propia ley.

Los trabajadores, entonces, rechazaron este aumento y en su movilización del 24 de septiembre exigieron un aumento salarial del 10%. También exigieron el retorno al antiguo régimen de pensiones, en rechazo a las Afores y a la privatización de las pensiones que este régimen de jubilación implica. 

También se denunció la falta de personal suficiente (particularmente por parte de enfermeros), lo que provoca una mayor carga laboral y una atención para los pacientes más ineficiente; así como el desabasto crónico de insumos y equipo médico en hospitales y clínicas, desabasto que lleva años y que ha llevado a múltiples enfermeros y médicos a tener que comprar sus propios insumos.

Otra, que fue una de las exigencias más interesantes de la marcha, fue la de no represalias sindicales. ¿Por qué un grupo de trabajadores tendría que exigir que su propio sindicato no tome represalias contra ellos por participar en una manifestación en la que buscaban acceder a su propia sede? ¿Por qué no pudieron entrar más que derribando la puerta? Por principio de cuentas, ¿por qué los trabajadores de un sindicato tendrían que manifestarse en las calles contra las decisiones que toma la dirección de su organización?  

Pues porque los trabajadores, cuyos intereses son a los que debe proteger el sindicato, no controlan a su propia organización. De hecho, difícilmente podríamos decir que la dirección del SNTSS represente a los trabajadores. Se trata de un sindicato que fue creado desde el Estado en 1943, de una manera similar al SNTE. 

En México, particularmente durante la década de los 40 pero desde tiempo atrás, el Estado llevó a cabo una política (popularmente llamada charrismo) de controlar al movimiento obrero y sindical —para proteger a la clase patronal— por medio de crear sindicatos serviles al gobierno desde el propio Estado (como el SNTE o el SNTSS) y por medio de la cooptación de las dirigencias (frecuentemente por medios violentos) de aquellos sindicatos que el Estado no creó por sí mismo (como Petroleros, Mineros y Ferrocarrileros). 

Sin embargo, a pesar de lo inamovibles que parecían los dirigentes charros, el modelo de sindicalismo charro demostró sus límites en la década de los 70, cuando múltiples sindicatos vivieron verdaderas insurgencias y sus bases se alzaron contra sus dirigencias en una lucha política por la dirección, democratización o creación de nuevos sindicatos, con un impacto enorme en la lucha de clases. De esa insurgencia sindical surgieron tendencias democráticas (como la CNTE), sindicatos independientes y hasta empresas cooperativas. 

Hoy se mantiene vigente la lucha por sindicatos combativos y democráticos, las lecciones de aquella insurgencia, así como la inspiración proporcionada por las conquistas obtenidas en últimos años en ese sentido por los trabajadores automotrices hoy son de fundamental importancia para los trabajadores del IMSS: como decía Marx, la clase obrera sin organización es materia prima para la explotación; pero esta organización debe ser propia de los trabajadores, pues una organización cooptada por el Estado o por los patrones termina por convertir también a los trabajadores en materia prima de explotación. Por ello es necesaria la lucha por la democracia sindical y la creación de una sólida corriente democrática en su seno, como lo es la CNTE en el sindicato de maestros. Aún así, no importa lo fuerte que pueda parecer el dominio de la burocracia sobre las organizaciones obreras, una lucha unida y organizada desde la base trabajadora es capaz de ponerle fin al control charro de las organizaciones que deben de ser nuestras y convertirlas en auténticas organizaciones combativas. 

Una pequeña muestra de ello es lo que hemos visto en estas movilizaciones del IMSS, pues durante su movilización del 1° de octubre, los trabajadores exigieron la destitución de Rafael Olivos de su puesto de Secretario General del sindicato (puesto que asumió en 2024) y la realización de un Congreso extraordinario del sindicato para plantear diferentes reclamos y discutir las decisiones que tomó la dirigencia. Dicho en otras palabras, los trabajadores del IMSS han establecido demandas políticas; que no sólo disputan cuestiones salariales y económicas, sino la dirección del sindicato, el modo en el que se organiza y el poder que puede ejercer en él la base trabajadora.  

La presión ejercida desde abajo por los trabajadores del IMSS no ha pasado desapercibida. El 5 de octubre la dirección del sindicato subió a sus redes un video donde Rafael Olivos en persona, obligado por la movilización de los trabajadores, anunció una consulta nacional para el 14 de octubre para que la base sindical se expresara sobre si está de acuerdo o no con el aumento aceptado, y la Secretaría de Gobernación (que de antaño solía ser uno de los árbitros principales de los conflictos obrero-patronales, durante la época dorada del charrismo) ha salido a convocar una mesa de diálogo para el jueves 8 de octubre para atender las demandas de los trabajadores. Cabe mencionar que a tan solo unos minutos de publicar el anuncio de consulta, la dirigencia del sindicato trató de borrar el video, pero ya era demasiado tarde: ya había sido copiado y republicado en las cuentas de varios trabajadores y la dirigencia tuvo que mantener su anuncio.  

No es momento aún de bajar la guardia, pues la dirigencia sindical no ha cedido en la exigencia de un congreso extraordinario y todavía puede usar cualquier artilugio a su alcance para garantizar su permanencia como la capa burocrática que domina al sindicato. Debemos recuperar las lecciones de la historia de nuestra clase y seguir luchando y presionando para conseguir la transformación no solo del SNTSS, sino de todas nuestras organizaciones. 

La salud en México, al igual que la educación, se ha visto crónicamente privada de financiamiento y dejada a las fuerzas del mercado. La democracia y combatividad de nuestras organizaciones pasa por el mismo sendero que la recuperación de una educación y una atención sanitarias dignas: el control obrero completo. Para llegar a ello, las insurgencias sindicales son un paso necesario, que debemos de mantener marchando hacia la organización permanente de la clase obrera, que lleve a la transformación revolucionaria de la sociedad.