Francia: «La generación 6-7 años vuelve a revivir el mayo del 68»
Jorge Martín
El 6 de octubre —el tercer episodio de las protestas estudiantiles que han sacudido Francia desde que empezó el curso— supuso una nueva escalada del movimiento. Las manifestaciones fueron masivas en todas partes. Según los organizadores, las asociaciones de estudiantes de instituto y universidad, solo en París se manifestaron 100.000 personas, y en todo el país, un total de 450.000.
Las manifestaciones fueron animadas, combativas, con un ambiente muy juvenil, y estaban compuestas principalmente por estudiantes de secundaria, que acudieron en columnas que avanzaban rápidamente desde cada colegio y barrio, armados con cientos de pancartas de cartón hechas a mano.
El 5 de octubre, ya estaban bloqueados 2.000 institutos —más de la mitad del total— en todo el país. El 6 de octubre, alrededor del 90 % de las universidades del país también se sumaron al movimiento, tras asambleas generales masivas a las que asistieron cientos, e incluso miles, de estudiantes.
Represión brutal
Desde el principio, este movimiento se ha enfrentado a una brutal represión policial. Desde que empezó el movimiento el 28 de septiembre, la policía ha detenido o interpelado a unas 6.500 personas. Unas 1.800 se enfrentan a procesos judiciales, en su inmensa mayoría menores de edad.
Las imágenes de la brutalidad policial se han difundido ampliamente, lo que ha avivado aún más el clima de indignación y ha provocado una simpatía y repulsa generalizadas. Ayer, a un chico de 15 años de Lens le voló la mano una granada de concusión y fragmentación de la policía. La policía afirma que él la recogió del suelo, pero los testigos presenciales sostienen que la granada le alcanzó directamente.
Al final de una manifestación masiva en Rennes, la policía antidisturbios propinó brutales patadas a una joven estudiante de instituto. En Noisy-le-Grand, un adolescente fue agredido por la policía antidisturbios en las escaleras de su instituto y le dispararon gas lacrimógeno directamente a la cara. Como consecuencia, empezó a tener convulsiones y perdió el conocimiento. Dos agentes antidisturbios lo arrastraron por las escaleras y, al final, tuvieron que llevárselo en ambulancia. Un estudiante de instituto ha perdido un ojo. Otro perdió varios dientes por el impacto directo de una granada policial.
La policía antidisturbios no ha escatimado en ningún medio a su alcance para enfrentarse a los manifestantes adolescentes. Granadas de concusión, gas lacrimógeno, cargas a caballo; ¡en París, usaron escudos equipados con un dispositivo estroboscópico cegador! En la Universidad de la Sorbona Nueva, la policía antidisturbios entró en las instalaciones para disolver una asamblea general de cientos de estudiantes y trabajadores.
Revuelta generacional
En lugar de amedrentar al movimiento, como era la intención, la represión ha enfurecido aún más a la juventud y les ha granjeado una solidaridad generalizada. Una encuesta de opinión de la semana pasada reveló que el 62 % de la población considera que el movimiento estudiantil está justificado.
En los últimos días, militantes sindicales de todo el país se han movilizado para proteger al movimiento y han defendido físicamente a los estudiantes de secundaria de los ataques policiales.
Aunque el 6 de octubre no hubo una huelga generalizada, la participación de los militantes sindicales en las manifestaciones fue significativa. Hubo delegaciones de centros de trabajo clave, así como un movimiento de huelga generalizado entre los profesores de secundaria.
Lo que empezó como un movimiento que reunía varias fuentes de indignación (falta de profesores, instalaciones deficientes, falta de presupuesto, muchas horas lectivas, el opaco sistema de acceso a la universidad, etc.) se ha convertido ahora en una auténtica revuelta generacional.
La revolución de la Generación Z ha llegado con fuerza a Francia. Se ha visto a estudiantes llevando pancartas en las que se leía «la generación del 6-7 repitiendo el mayo del 68». En la Universidad de Rennes 2, los estudiantes en huelga han pintado el lema «Vive la Commune» —una referencia a la Comuna de París— en uno de los edificios principales.
Un factor clave en este movimiento es el rechazo al partido de extrema derecha Agrupación Nacional (RN) de Le Pen y Bardella y a sus políticas racistas y xenófobas.
Se ha recuperado el eslogan «la jeunesse emmerde le RN» («la juventud dice: que le den al RN»). Este eslogan tiene un gran impacto, ya que el movimiento empezó en los institutos más deteriorados de las banlieues, los barrios periféricos empobrecidos de clase obrera, donde un gran porcentaje de los estudiantes son de orígen árabe y negro.
También es significativo y digno de destacar que un gran número de chicas jóvenes estén participando en el movimiento y hayan desempeñado un papel protagonista en las manifestaciones y los bloqueos de los lycées.
Una presión enorme
Como ocurre con todos los movimientos de masas en Francia, el RN de Le Pen se ha visto pillado por sorpresa. Aunque se hacen pasar por antisistema, ahora se encuentran del mismo lado que el Gobierno, en oposición a un movimiento muy popular.
Mientras tanto, «La France Insoumise» (LFI) de Mélenchon se ha volcado en apoyar el movimiento y ha ordenado a todos sus representantes electos que vayan a los institutos y ayuden a defender a los estudiantes de la represión policial. El alcalde de Saint-Denis, de LFI, Bally Bagayoko, se ha convertido en una figura muy popular dentro del movimiento.
El gobierno de Lecornu, muy impopular, está cada vez más bajo presión. La represión no ha conseguido aplastar el movimiento, y ahora el gobierno teme que este se una al movimiento general de la clase trabajadora. Varios sectores están actualmente en huelga o tienen huelgas previstas, como los funcionarios, los trabajadores sanitarios y los del sector energético y químico. También ha habido llamamientos para un nuevo movimiento de los chalecos amarillos el 17 de octubre.
Por ahora, el ministro de Educación ha decidido suspender toda la actividad académica en los institutos de todo el país hasta el lunes. En su lugar, ha pedido una «pausa democrática» en la que los alumnos reabran los institutos bloqueados para volver a entrar y «discutir sus reivindicaciones».
Pero los alumnos han respondido diciendo que ya saben cuáles son sus reivindicaciones: exigen que se tomen medidas al respecto y no van a desbloquear los lycées. Las organizaciones de estudiantes de secundaria y universitarios han convocado otra jornada nacional de acción para el jueves 8 de octubre.
Macron convocó una reunión de crisis de emergencia al final del día 6 de octubre, en la que participaron el primer ministro, el ministro del Interior y el ministro de Educación. El primer ministro se dirigirá al país el miércoles 7 de octubre. El ministro del Interior ha prohibido a la policía el uso de granadas aturdidoras.
El Gobierno y el propio Macron se encuentran en un dilema. La represión no ha hecho más que avivar aún más el movimiento, pero hay muy poco margen para concesiones, ya que las reivindicaciones de los estudiantes se centran principalmente en cuestiones presupuestarias.
La crisis del capitalismo francés
El movimiento estudiantil, que podría extenderse hasta convertirse en un auténtico levantamiento social en el que participe la clase trabajadora organizada, es una manifestación de la profunda crisis del capitalismo francés.
En esencia, la crisis del capitalismo significa que la clase dominante exige recortes profundos en el gasto social. La deuda es ahora del 119 % del PIB y se prevé que el coste anual del servicio de la deuda —que actualmente ronda los 70.000 millones de euros, o el 3 % del PIB— suba a más de 90.000 millones de euros para el año que viene. Esta cifra supera con creces los presupuestos nacionales de educación (65.000 millones de euros) e incluso de defensa (63.000 millones de euros). El déficit presupuestario es del 5,4 % del PIB.
Llevar a cabo siquiera una parte de los recortes que exige la clase dominante hará que cualquier gobierno se vuelva muy impopular; de ahí que se haya producido un rápido colapso del centro y de todos los partidos del establishment. Por eso, las formaciones antisistema están en auge, tanto en la derecha con el RN como en la izquierda con LFI.
Curiosamente, el RN de Le Pen dio una rueda de prensa para explicar su programa económico. En ella, se presentaron como el partido de la responsabilidad fiscal, prometiendo reducir el déficit e introducir una «regla de oro constitucional para limitar legalmente los déficits futuros». Se comprometieron a reducir el déficit por debajo del 3 % del PIB para 2030 mediante un programa de «ahorro» por valor de 140.000 millones de euros.
A medida que se acercan al poder, los demagogos reaccionarios sienten la necesidad de tranquilizar a los capitalistas asegurándoles que sus negocios estarán en buenas manos. Sin embargo, para complacer a su electorado, prometen aplicar estas medidas de austeridad sin recortar ni la educación ni las pensiones, algo que obviamente no es posible.
Mientras tanto, si el Gobierno de Lecornu (al ver que la represión le ha salido por la culata) hace concesiones a los estudiantes, entonces «los mercados» (es decir, los inversores capitalistas que compran bonos) lo castigarán. Considerarían que el Gobierno no se toma en serio la reducción del déficit. Pero si el Gobierno no hace concesiones, el movimiento podría extenderse, crecer y convertirse en una fuerza imparable que arrasará con el Gobierno.
El Financial Times publicó un artículo alarmista bajo el titular «Francia entre el mercado de bonos y las barricadas», en el que se señalaba lo siguiente:
«Francia se encuentra atrapada entre los manifestantes que salen a la calle para exigir más fondos al Gobierno y los “vigilantes de los bonos” de los mercados, que castigan lo que perciben como irresponsabilidad fiscal apostando contra la deuda del país.
«Las tensiones van en aumento a medida que se agrava el enfrentamiento por el presupuesto y el país se prepara para las elecciones presidenciales de abril, que podrían acabar en un cara a cara entre la extrema derecha y la extrema izquierda. El temor entre los inversores es que el país pueda caer en una crisis de deuda en toda regla que no solo sacudiría la economía francesa, sino que también sacudiría a la zona del euro».
El New York Times también dio la voz de alarma:
«“La situación de Francia parece insostenible y los mercados de bonos lo están diciendo, pero aún no lo están gritando”, afirmó Kenneth Rogoff, profesor de economía en Harvard y experto en crisis financieras. “Es un accidente de tren a cámara lenta”».
El mismo periódico citó a un analista de riesgo político, que describió la situación en estos términos:
«“No se trata solo de una crisis de deuda o de una crisis del mercado de bonos”, continuó el Sr. Rahman. “Los inversores con los que hablo están preocupados por una crisis política y constitucional existencial. Son todos estos problemas que se juntan de una forma que no ayuda en absoluto a quienquiera que gane las elecciones presidenciales”».
Esta situación no es exclusiva de Francia. Existen condiciones similares en las principales economías europeas, como Italia, España y el Reino Unido. La crisis del capitalismo en Alemania también es muy profunda, aunque la deuda no sea tan desorbitada… por ahora.
Condiciones similares suelen producir resultados similares. Toda Europa es un polvorín, a punto de un estallido social.
