La violencia del estado y la lucha organizada: crónica de la represión del pasado 2 de octubre

Tonalli

El pasado viernes 2 de Octubre a la 1 de la tarde, un par de horas antes de la convocatoria, nos encontrábamos varios militantes y estudiantes de bachillerato en la plaza que está saliendo del Metro Tlatelolco. Recién empezaba a llegar la gente. Había pequeños grupos dispersos a lo largo de la plancha. Compañeros de diferentes escuelas sentados a lo largo de las jardineras y una fuerte presencia de vendedores ambulantes de todo tipo. No había indicios de bloque negro ni ninguna acción que implicara una provocación de ningún tipo. Un día más en la plaza, pero con un ambiente sumamente político. 

Pasada la 1pm llegó un grupo de aproximadamente unos 30-40 policías en moto que se empezaron a filtrar a lo largo y ancho del complejo, pero se aglomeraron principalmente frente a la entrada del Metro y a media plaza. Apenas llegaron, comenzaron a abalanzarse sobre todo aquel que les pareciera “sospechoso” y, más allá de interrogar, se iban directamente a los cateos  y el robo de todo tipo de material político con la excusa de “mantener la seguridad y el orden”. La situación nos tocó directamente, ya que estábamos a escasos metros de la salida del Metro. Se fueron directo a quitarnos parte del material político que teníamos preparado para la intervención y, sin ser suficiente, empezaron a registrar nuestras cosas. Llegaron incluso al punto de casi quitarle la ropa a algunos de los presentes en la plaza con la excusa del registro. Mientras todo pasaba, tanto residentes como algunos comerciantes salieron en defensa de los estudiantes, intentando interponerse entre las agresiones.

Posterior a esto, nuestro pequeño grupo decidió moverse de lugar, esperando así poder librarnos del acoso policial. Sin embargo, más allá de limitarse a la plaza, siguieron su persecución a lo largo de los pasillos de Tlatelolco, entre los complejos y a cada compañero que veían mínimamente “sospechoso” le aplicaban la misma. Por decir que a uno de nuestros camaradas lo revisaron hasta tres veces. Llegó un punto en que la persecución era tal que nos tuvimos que alejar bastante de la plaza para evitar contacto. No fue hasta que algunos comerciantes les pusieron un alto que los policías dejaron de acosarnos. Llegado este punto, decidimos quedarnos un rato alejados hasta que, a eso de las 2 de la tarde, emprendimos el viaje de vuelta al punto de convocatoria, metro Tlatelolco. Avanzamos con cautela por los pasillos hasta llegar al Metro. La plaza seguía repleta de policías, por lo que decidimos quedarnos en la salida del metro que da a Eje 2 Nte Av. Manuel González. El ambiente se mantuvo aparentemente tranquilo por un rato. Poco a poco fueron llegando contingentes que también se mantenían de ese lado del metro.

A las 14:30 horas aproximadamente comenzaron a llegar los contingentes de CU: Ciencias, Polakas, Economía y también UAM Azcapotzalco. Se empezaron a organizar en el pequeño espacio que queda entre los puestos y el metro, un lugar cerrado y con pocas salidas para variar. La llegada de CU también fue la llegada de una buena parte del bloque negro que, apenas llegó, empezó la acción directa sobre las instalaciones mismas del metro. Ese fue el punto de quiebre.

En ese momento, nuestro pequeño grupo se dirigió a un costado de los contingentes, a la par de los camaradas de UAM-A para tener una mayor sensación de seguridad y por un rato lo fue, solo la sensación. 

Mientras los contingentes aún luchaban por coordinarse, toda la masa de policías que se encontraba del otro lado del Metro empezó a avanzar y cruzó al otro lado, nuestro lado, el lado de los contingentes. Lograron avanzar sin muchas dificultades por entre el bloque negro que separaba, sin éxito, los comtingentes del cuerpo de policía.

Todo fue bastante caótico en ese momento. Ante el avance implacable de la policía, toda la gente que estaba reunida en ese pequeño espacio empezó a caer presa del pánico. Los movimientos bruscos fueron la norma en ese momento. La gente intentando, desesperada, salir y el efecto embudo que ocasionaba la única y pequeña salida generó un caos. Compañeros tirados, aplastados, pisoteados, empujados por la misma multitud y, del otro lado, policías que iban golpeando a tanto estudiante como se les atravesara. Las macanas tocaron torsos, manos, caras, al igual que sus escudos. Los estudiantes no intentaban ni siquiera luchar contra la policía, sino sacarlos de su camino para poder librarse de ese infierno. El resultado fue, con esa brutalidad, para nada una sorpresa, compañeros salieron chorreando sangre de su cabeza.

Por la pequeña apertura que encontraron empezaron a salir, pero no libres de golpes que lanzaban los policías al aire.

El testimonio de un camarada de CU relata lo siguiente:

“Los que nos habíamos quedado en la esquina y salimos hasta el final vimos cómo trataban los policías de provocar a un chico para que lanzara una roca y así tener excusa para pegarle. Le gritamos “no caigas en provocaciones, ya vámonos” mientras nos íbamos moviendo poco a poco hacia la salida. Era un verdadero cuello de botella. En la mera cola, los policías se habían puesto bastante agresivos y nos empujaron e insultaron. Había una señora que salió en nuestra defensa y llevaba rato gritándose con los policías. Cuando ya estaba por salir, escuché que dijo “mátenme a mí, no a ellos”. Uno de los puestos a la salida estaba aplastado y fue difícil pasar. Por el otro pasillo había policías queriendo entrar y una fila de manifestantes deteniéndolos para que no nos pudieran cortar el paso. Al final pudo salir la mayoría, pero tanto la señora como varios compañeros quedaron atrás.”

En palabras de otra camarada, igualmente de CU: “…hubo un momento donde nos aventaron gas y ahí se puso fea la cosa.” 

En ningún momento hubo provocación alguna por parte de los estudiantes organizados, quienes recién se mantenían coordinando sus contingentes y recibieron de lleno aquella brutalidad. La indicación para aquellos compañeros que aún no salían del Metro fue directamente no salir por la situación que se estaba desarrollando arriba. Afortunadamente, después de todos esos forcejeos entre alumnos y policías, se pudo evacuar a la gran mayoría. Claro está que, en muchos casos, no salieron ilesos, recuerdo a varios compañeros sangrando y la gente corriendo de un lado a otro solicitando apoyo médico. En palabras de una camarada:

“El chico al que ayudamos es de Ciencias y tiene 21 años, según lo que le reporté a la operadora del 911. Me acerqué al chico porque tenía una hemorragia en la cabeza. Tenía la playera manchada de sangre que seguía escurriendo. Tuve que preguntar qué ocasionó la lesión para reportarlo, me dijo su amiga que un policía lo golpeó con una piedra en la cabeza saliendo del metro Tlatelolco. Se acercaron más personas y decidieron llevar al chico con servicios médicos que estaban cerca del lugar.”

Según salíamos, nos fuimos acomodando sobre la calle Manuel González. Entre todos los contingentes fuimos armando un bloque al que el cuerpo policial ya no pudo entrar de ninguna forma. Los policías fueron retrocediendo y el cuerpo del contingente se fue fortaleciendo. De un momento a otro el miedo se trocó en furia y la furia en organización. Los estudiantes organizados hacían frente a la violencia del Estado. 

La capacidad organizativa del Partido y la audacia de los camaradas, aunque aturdidos por los hechos, pudo dar una respuesta rápida a los acontecimientos. Ante la creciente violencia formamos un bloque que garantizó tanto la seguridad de los camaradas presentes como la de aquellos que seguían dentro del caos. Figuramos, en un momento, como una alternativa segura y organizada para muchos estudiantes que huyendo del caos acudían directamente a integrarse al contingente. 

Es evidente que, a pesar de los años y las promesas, el carácter del Estado y de sus aparatos sigue siendo el mismo: la herramienta por excelencia de una clase putrefacta y como tal lleno de la violencia más cruda hacia aquellos que dice proteger. Pero otra cosa también es evidente, la capacidad y el papel de la organización, en este caso particular, de la organización estudiantil. Aquello capaz de hacer frente al Estado es la unión de las masas, las masas organizadas. Las masas de intereses compartidos, las masas de trabajadores y estudiantes que día a día sufren el suplicio del sistema capitalista.

A 57 años de la matanza de Tlatelolco se vuelve fundamental extraer las conclusiones del movimiento estudiantil, solamente la unión con la lucha de la clase trabajadora podrá llevar a la victoria definitiva sobre la represión del Estado y los ataques del imperialismo. 

Hoy, el gobierno de “izquierda” de Morena defiende y protege al ejército asesino, entorpece y detiene todo avance para dar con la verdad sobre la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, se subordina a las demandas del imperialismo norteamericano, emplea a la policía para reprimir, agredir, desaparecer y asesinar a los trabajadores, estudiantes y jóvenes que luchan por su futuro. 

Lo decimos con claridad: el Estado con el gobierno de Morena mantiene y fortalece el aparato de represión al servicio de la burguesía. Ningún partido político dentro de la política burguesa puede brindar una alternativa para la juventud y clase obrera, solamente la lucha organizada que pueda vincular las luchas más inmediatas al programa máximo, la lucha por el cambio de la sociedad.

¡FUE EL ESTADO!

¡FUE EL EJÉRCITO!

¡NI PERDÓN NI OLVIDO!

¡PROTESTAR ES UN DERECHO, REPRIMIR ES UN DELITO!

¡ORGANÍZATE, FORMATE, LUCHA!