La Revolución Palestina de 1936-39: Lecciones Para Hoy
Alejandro Aguilar-Reyes, CDMX
El 7 de octubre de 2026 se cumplen 3 años de la recrudecida y explícita campaña de exterminio del pueblo palestino por parte del Estado de Israel. Se vive en todo el mundo un ambiente de desesperación por ver el fin del genocidio. Esta desesperación lleva a muchos activistas a tomar medidas de carácter muy inmediato. Hay una necesidad por ver resultados de manera rápida para que no pese en la conciencia el que “no estamos haciendo nada”. Esta necesidad, aunque bien intencionada, puede llevar a prácticas y métodos que en el mejor de los casos son actos simbólicos que no logran mucho (BDS, flotillas a Gaza, iniciativas ciudadanas para romper relaciones con Israel, etc.) y en el peor de los casos son posiciones ultra reaccionarias que no hacen más que perjudicar el movimiento (antisemitismo, reivindicación de acciones de terrorismo individual, etc.). Esto nos deja reflexionando: ¿Qué queda por hacer?
Hace 90 años, entre los años 1936-39 en Palestina se llevó a cabo un movimiento de masas que se oponía a la imposición imperialista sobre el territorio palestino. Es nuestra labor como revolucionarios analizar dicho movimiento —desde un punto de vista objetivo y de clase, no moralista— con todas sus particularidades para poder extraer lecciones sobre cómo actuar frente al enemigo al que nos enfrentamos. ¿Qué métodos de lucha utilizados en ese momento podemos reivindicar hoy en la lucha contra el genocidio y el imperialismo?
Lucha de clases en territorio palestino
A comienzos del siglo XX, lo que hoy conocemos como Palestina, era parte del imperio Otomano. Un imperio con una diversidad étnica abrumante. En Palestina había una mayoría árabe, que se distribuían entre las religiones abrahámicas: musulmanes, cristianos y judíos palestinos. Al terminar la Primera Guerra Mundial, es desmantelado el imperio Otomano y el territorio palestino queda bajo mandato británico.
Bajo estas condiciones, un aristócrata de nombre Arthur Balfour utiliza el apoyo del imperialismo británico para promover la migración de judíos europeos a tierras palestinas. Esto desató el comienzo del cambio demográfico del territorio palestino.
La migración de judíos europeos iba en aumento año con año; de 1926 a 1932 el promedio de migrantes por año era de 7,201, mientras que de 1933 a 1936 el promedio se disparó a 42,985 por año, como consecuencia directa de la persecusión de judíos europeos.
La composición de la sociedad palestina era en ese entonces de un carácter casi enteramente feudal y clerical, la burguesía palestina era sumamente débil. El asentamiento de judíos y el despojo de tierras palestinas llevó a un incremento de la población urbana de palestinos.
El nazismo y antisemitismo en Europa no distinguían entre las clases a las que pertenecían los judíos que perseguían, por lo tanto, los judíos que emigraron eran burgueses, pequeño burgueses y proletarios. La burguesía judía era la mayoría. Todas las clases en Palestina se veían en competencia con sus homólogos judíos. Por esto la percepción que había era que la lucha no era de clases sino de carácter nacional.
Sin embargo, sí surgió la oportunidad de crear una alternativa revolucionaria en líneas de clase, trabajadores judíos y palestinos en una misma organización, el Partido Comunista de Palestina. Este partido tuvo una incidencia importante en la lucha de clases, por ejemplo, en 1935 en el puerto de Haifa se llevó a cabo una huelga de trabajadores palestinos y judios en la empresa petrolera Iraqi Oil Company. He aquí una lección, este sector de trabajadores comprendieron correctamente que la lucha no se realizaba en líneas nacionales sino en líneas de clase, de trabajadores contra los patrones. Este potencial fue desperdiciado por la línea política de la Comintern bajo Stalin y Zinoviev.
La rebelión
Las contradicciones involucradas en la transformación de la sociedad palestina, de una sociedad mayoritariamente árabe, feudal y clerical a una sociedad sionista, industrial y burguesa se habían agudizado a tal punto que no había vuelta atrás.
En los días de abril 1936 se formó el Comité Superior Árabe que lideró la rebelión. Este se caracterizó inicialmente por una huelga general de 6 meses, junto con la guerrilla armada en el campo en contra de los agentes británicos apoyados por milicias sionistas.
El Comité era una amalgama de 6 partidos que representaban la burguesía y pequeña burguesía árabe, ninguna representaba a la clase trabajadora y el campesinado pobre de Palestina. Los dos partidos más grandes eran el Partido Árabe Palestino liderado por Jamal Al-Hussaini y el Partido de Defensa Nacional con Raghib Al-Nashashibi al frente. Ambos nacionalistas y fuera de contacto con lo que estaba sucediendo en las calles y el campo.
Como resultado de esto jugaron un papel deficiente en la rebelión y llamaron a finalizar la huelga general en octubre 1936 con el prospecto de llegar a una negociación con los británicos y sionistas sin éxito. He aquí otra lección, la lucha no puede depender de la burguesía, nacional o extranjera, ya que los intereses de la burguesía son diferentes a los de los trabajadores, independientemente de su nacionalidad.
Tras algunos meses de enfrentamiento, la lucha reanudó su ferocidad en septiembre de 1937 hasta el término de la revolución en 1939. Después de tantos enfrentamientos y ejecuciones por parte de los imperialistas, la revolución cesó en septiembre de 1939. Entre las razones más importantes por las cuales fue derrotada la revolución era que no había un partido de vanguardia de clase que pudiera liderar y coordinar efectivamente el movimiento insurreccional contra la agresión imperialista y sionista, junto con el oportunismo de los líderes del movimiento. Estas últimas son lecciones sumamente valiosas para la lucha hoy en día. El debilitamiento de la organización de la clases oprimidas facilitaron la implementación de un Estado judío casi una década después.
Conclusión
Cuando salimos a las calles a exclamar «no es guerra, es genocidio» apelamos en contra del Estado de Israel y de su cómplice y benefactor imperialista norteamericano. Se apunta por el fin del genocidio y el apartheid. Sin embargo no se traza un camino para lograr esto, ni tampoco se señalan a todos los responsables, en donde están incluidas históricamente las burguesías occidentales (francesa y británica) y árabes (palestina, jordana, iraquí, egipcia y saudí).
Las tácticas utilizadas por las masas oprimidas palestinas en 1936-39 son las que se reivindicaron 50 años después durante la primera Intifada de 1986 y que valdría la pena tomar en cuenta hoy en día.
Como hemos visto, la lucha por la emancipación del pueblo palestino no puede lograrse mientras exista el sistema de producción capitalista, así cómo tampoco va a lograrse mediante la colaboración de clases. Por esto, nuestro rol como clase trabajadora en México es luchar contra la burguesía nacional, aquella que entrena a sus policías con agentes israelíes, aquella que sigue usando el sistema de espionaje Pegassus, aquella que lleva a soldados Israelíes a Chiapas.
Únicamente el movimiento revolucionario de las masas trabajadoras principalmente en EEUU, Israel y los países árabes podrán frenar de manera definitiva la subyugación imperialista del pueblo palestino.
Solo una revolución socialista en todo Oriente Medio puede terminar con el sionismo y los regímenes capitalistas reaccionarios de la región.
Por una Palestina bajo el mando de los trabajadores. Por una Federación Socialista Árabe. Por una Palestina libre desde el río Jordán hasta el Mar Mediterráneo. ¡Intifada hasta la victoria!
