Construir el Partido: lecciones del Grupo Base Roque Dalton en Veracruz

Luisqui Jano

La construcción del Grupo Base Roque Dalton en Veracruz ha sido, sobre todo, una escuela política. En menos de un año pasamos de ser un solo camarada —más que un Grupo Base, un “Individuo Base”— a reunir cerca de veinte militantes. Después atravesamos una crisis que redujo el grupo casi a la mitad y, hoy, una nueva generación de camaradas, principalmente jóvenes, nos devuelve la confianza en el crecimiento de la organización. Vista desde fuera, podría parecer una historia de avances y retrocesos; para nosotros ha sido un proceso de aprendizaje sobre lo que realmente significa construir el Partido.

La primera lección fue comprender que construir una organización revolucionaria no consiste en sacar adelante todas las actividades. Como responsable político sin experiencia, muchas veces pensé que la forma más rápida de resolver un problema era hacerlo yo mismo. Era una ilusión. Las tareas podían salir adelante, pero la organización no crecía. Poco a poco comprendí que la función de un responsable político no es sustituir a la militancia, sino desarrollarla. El tiempo invertido en enseñar, orientar y dar confianza siempre rinde más frutos que resolver personalmente cada tarea.

Pero la contradicción no estaba únicamente en el responsable político. También estaba en nuestra capacidad para formar militantes. Conseguir que un compañero ingresara al Partido o aportara su cuota era apenas el comienzo. El verdadero desafío era convencerlo de asumir las tradiciones del bolchevismo: estudiar teoría, vender la prensa, asistir puntualmente a las reuniones, aceptar responsabilidades, recibir la crítica con espíritu revolucionario y comprender que la construcción del Partido exige disciplina, constancia y sacrificio.

No es una tarea sencilla. Militamos en una sociedad que educa para el individualismo y la resignación. En las marchas y los mítines encontramos a muchas personas indignadas con este sistema, pero también convencidas de que nada puede cambiar. El derrotismo siempre parece el camino más cómodo. Lo verdaderamente difícil es organizarse; es seguir militando después de la jornada de trabajo o de la escuela, estudiar cuando aparece el cansancio, aceptar los propios errores y continuar luchando incluso después de una derrota.

Si hoy el Grupo Base ha logrado superar sus momentos más difíciles (o eso creemos), ha sido gracias al acompañamiento de la dirección regional, a la crítica fraterna, a las discusiones políticas y, sobre todo, al compromiso de los camaradas que decidieron permanecer, aprender y asumir cada vez mayores responsabilidades. Ahora tenemos una capa de jóvenes estudiantes dispuestos y dispuestas a formarse como revolucionarios del Partido y de nuestra clase. Ellos son la verdadera fortaleza de la organización.

Quizá esa sea la principal lección de este primer año. La construcción del Partido no depende de dirigentes que se empeñen en hacerlo todo, sino de responsables políticos capaces de formar nuevos cuadros y de una militancia dispuesta a desarrollarse. El mejor responsable no es el que se vuelve indispensable, sino el que logra que otros puedan asumir responsabilidades iguales o incluso superiores a las suyas. Solo así un Grupo Base deja de depender del esfuerzo de unos cuantos y comienza a convertirse, verdaderamente, en un Partido revolucionario.