La CNTE frente a una prueba decisiva
Héctor Mora
A más de dos semanas del inicio de la huelga nacional magisterial, la lucha encabezada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha entrado en una nueva fase. Lo que comenzó como una poderosa demostración de fuerza del magisterio combativo, con movilizaciones masivas, bloqueos, plantones y una presencia nacional capaz de colocar las demandas de los trabajadores de la educación en el centro de la discusión política, enfrenta ahora una situación más compleja y contradictoria.
La Coordinadora continúa sosteniendo una de las luchas más importantes de la clase trabajadora mexicana en los últimos años. Sus demandas siguen siendo profundamente legítimas: la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, la recuperación de un sistema solidario de pensiones, la eliminación de mecanismos de control burocrático como la USICAMM y mejores condiciones laborales para cientos de miles de trabajadores.
Sin embargo, las últimas semanas han mostrado que la lucha ha llegado a un punto crítico. El gobierno federal ha decidido cerrar temporalmente la puerta a nuevas negociaciones, argumentando que ya presentó propuestas suficientes y que estas fueron rechazadas por la CNTE. Al mismo tiempo, el plantón nacional instalado en el Centro Histórico de la Ciudad de México ha experimentado una reducción significativa en su tamaño. Diversas secciones han reconocido abiertamente que no han podido recuperar el número de contingentes que regresaron a sus estados durante los relevos realizados en días recientes.
Las razones de este fenómeno son completamente comprensibles desde el punto de vista material. Miles de maestros han sostenido la movilización utilizando sus propios recursos económicos. Los costos del transporte, la alimentación y la permanencia en la capital representan una carga enorme para trabajadores cuyos salarios distan mucho de ser elevados. A ello se suma el desgaste físico provocado por semanas enteras bajo la lluvia, el sol, las enfermedades y las difíciles condiciones de un plantón prolongado. No podemos negar que el Mundial es un arma de doble filo, es un medio de visibilización de las demandas y medio de presión pero también como un distractor de masas que puede debilitar la lucha.
La prensa burguesa y los comentaristas al servicio del régimen intentarán presentar esta situación como una muestra de debilidad o incluso como una derrota inminente del movimiento. Sería un error aceptar esa interpretación.
Toda huelga prolongada genera desgaste. Toda lucha seria enfrenta momentos de avance y momentos de retroceso. La cuestión fundamental no es si existe cansancio entre los trabajadores; sería imposible que no existiera. La cuestión central es determinar si las condiciones objetivas que dieron origen al conflicto han desaparecido. Y la respuesta es claramente negativa.
La Ley del ISSSTE de 2007 sigue condenando a millones de trabajadores del Estado a jubilaciones miserables. Las Afores continúan funcionando como un gigantesco mecanismo de transferencia de riqueza desde los trabajadores hacia el capital financiero. Los problemas estructurales del sistema educativo permanecen intactos. Las condiciones materiales que impulsaron la movilización siguen presentes y continúan afectando diariamente a cientos de miles de docentes.
Precisamente por ello el gobierno enfrenta una contradicción difícil de resolver.
Por un lado, no puede conceder plenamente las demandas centrales del movimiento sin afectar los intereses de los banqueros. La abrogación de la Ley del ISSSTE implicaría cuestionar uno de los pilares fundamentales de la privatización del sistema de pensiones construido durante décadas por los gobiernos neoliberales. Detrás de esta legislación se encuentran enormes intereses financieros vinculados a las Afores y al gran capital.
Por otro lado, tampoco puede aplastar políticamente al movimiento sin pagar costos importantes. La CNTE representa a uno de los sectores más combativos y organizados de la clase trabajadora mexicana. Además, la actual administración llegó al gobierno presentándose como una alternativa a las políticas neoliberales y como una defensora de los sectores populares. Una ofensiva represiva abierta contra los maestros pondría al descubierto las limitaciones de ese proyecto y profundizaría las contradicciones existentes entre el gobierno y sectores importantes de su propia base social.
Sin embargo, la negativa de la presidenta a reabrir una mesa de negociación expresa su apuesta política, esperar el desgaste del movimiento.
El cálculo parece evidente. El avance del calendario escolar reduce gradualmente la presión que representa la suspensión de actividades. Conforme se acercan las vacaciones de verano, el cierre de escuelas deja de convertirse en un factor de presión para el gobierno y para las familias. El tiempo comienza a jugar en contra de los trabajadores movilizados.
Además, empiezan a aparecer intentos de fragmentar la lucha mediante mecanismos de negociación parcial, consultas o acuerdos por separado con distintos sectores del magisterio. Cuando el Estado no logra derrotar directamente a un movimiento de masas, aplica el maquiavélico aforismo «divide y vencerás». Intenta separar a los sectores más combativos de los más moderados, fortalecer a las burocracias sindicales afines al régimen y aislar a quienes mantienen las demandas más radicales.
La amenaza de que el gobierno busque apoyarse en los aparatos charros del sindicalismo oficial para aislar a la CNTE no debe ser subestimada. Tampoco debe descartarse la posibilidad de que se intente trasladar la negociación hacia espacios fragmentados donde la fuerza colectiva del movimiento quede diluida.
Por ello, la tarea principal del momento no es simplemente resistir, sino ampliar la base de apoyo de la lucha.
La experiencia demuestra que ninguna sección sindical, por combativa que sea, puede sostener indefinidamente una confrontación de esta magnitud de manera aislada. La fuerza decisiva de la CNTE reside en su capacidad para conectar sus demandas con las necesidades más amplias de la clase trabajadora.
La lucha por pensiones dignas no es únicamente una lucha de los maestros. Es una lucha que involucra a millones de trabajadores del sector público y privado que enfrentan exactamente el mismo problema. La defensa de la educación pública no concierne exclusivamente al magisterio; afecta directamente a estudiantes y padres de familia, en realidad, a toda la clase trabajadora.
Por ello resulta fundamental profundizar la organización desde las bases, fortalecer los comités de apoyo, ampliar la solidaridad entre diferentes sectores y convertir las demandas del magisterio en una causa común de toda la clase trabajadora.
Los acontecimientos recientes muestran tanto las fortalezas como los límites de la lucha actual. Han demostrado la enorme disposición de combate de miles de trabajadores de la educación. Han mostrado también la intransigencia de un Estado que, más allá de los discursos, sigue defendiendo los intereses fundamentales del capital financiero cuando estos son cuestionados.
Pero también han puesto sobre la mesa una lección más profunda: la resolución definitiva de problemas como las pensiones, la precarización laboral y el deterioro de los servicios públicos no puede depender únicamente de negociaciones coyunturales con gobiernos que administran el mismo sistema económico.
Mientras la riqueza producida por millones de trabajadores continúe bajo el control de una minoría de banqueros y grandes empresarios, cada conquista obtenida por medio de la lucha estará permanentemente amenazada.
La batalla actual de la CNTE es una expresión de la contradicción entre las necesidades de la mayoría trabajadora y un sistema económico incapaz de garantizar condiciones de vida dignas para quienes producen toda la riqueza de la sociedad.
Desde el Partido Comunista Revolucionario reiteramos nuestra solidaridad incondicional con las maestras y maestros en lucha. Rechazamos cualquier intento de criminalización, desgaste o aislamiento del movimiento. Defendemos el derecho de los trabajadores a organizarse y movilizarse para conquistar sus reivindicaciones.
La situación actual exige claridad política, organización y firmeza. Los desafíos son reales y las dificultades son evidentes. Pero también lo es la justicia de las demandas levantadas por el magisterio.
La lucha continúa abierta. Su desenlace dependerá no solamente de la voluntad de los maestros movilizados, sino de la capacidad de toda la clase trabajadora para comprender que esta batalla también es suya.
