El mundial: un negocio que ataca el bienestar de la clase obrera en la Ciudad de México
Christian Herrera Medina
El próximo 11 de junio iniciará el Mundial de Fútbol, y nuestro país albergará 13 partidos en 3 ciudades; Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México. Algunas estimaciones señalan que el mundial generará más de 10,900 millones de dólares. Una cifra de tal magnitud supone considerar, más allá del enriquecimiento del capital financiero, no solo los beneficios, sino también las consecuencias negativas que traerá consigo el torneo de la FIFA.
Si bien es cierto que el fútbol es el deporte más espectacular, y muchas personas se divierten apasionadamente viendo a los mejores jugadores del mundo demostrar sus habilidades, las tareas para albergar el mundial son sumamente nocivas para la clase obrera que radica en el país sede del mundial; el presupuesto público destinado a la obra pública para el mundial ejerce una mayor presión y déficit a las carencias de por sí existentes. Eventos masivos como los juegos olímpicos o los mundiales dejan una infraestructura pública necesaria para los juegos correspondientes, pero mucha de esta innecesaria a largo plazo para las sociedades.
Aunado a la infraestructura inútil, la realización del mundial supone un incremento generalizado de los precios (incluyendo el precio de las rentas) dado el incremento coyuntural del turismo. En la Ciudad de México, la proliferación de plataformas como Airbnb supone la mercantilización de la vivienda, ofertada a escala mundial, lo cual incluye generar polos de atracción para individuos con un poder adquisitivo más elevado respecto a los trabajadores pobres de las ciudades, los cuales tienen que migrar a la periferia dado el incremento generalizado de las rentas. A su vez, la proliferación indiscriminada de complejos inmobiliarios afecta negativamente la tranquilidad de los habitantes. Contaminación auditiva, del agua y la atmósfera vuelven mucho más sufrible la existencia de la clase obrera que habita las inmediaciones del estadio, y si no poseen su propia casa, de un momento a otro son echados porque el rentista duplica o triplica el alquiler.
En torno al acceso al agua, considerado por la ONU como un derecho humano, la realización del mundial en la Ciudad de México tiene como marco contextual la pugna sostenida por familias que radican en el pueblo originario de Santa Úrsula, más otros 17 barrios de Coyoacán, quienes están enfrentando la privatización del agua por medio de una concesión otorgada por el gobierno a Televisa, propietaria del Estadio Azteca. So pretexto de uso agrícola, la explotación anual de 450 millones de metros cúbicos de aguas subterráneas tiene como prioridad el negocio del fútbol, y las familias, vulnerables a la voluntad empresarial, son abastecidas por medio de una “donación” de agua por parte de Televisa. La de por sí existente escasez de agua incluso va a agudizarse con la producción de complejos inmobiliarios alrededor del estadio.
La política que supone priorizar el negocio del turismo deja de lado las necesidades de los locales y esto, de nueva cuenta, puede contemplarse con la remodelación de la línea 2 del Metro de la Ciudad de México. Todos los días, los trabajadores están obligados a respirar de manera nociva restos de cal, arena y otros materiales que liberan esporas y contaminan los estrechos túneles de acceso al metro, causando accidentes por las obras. Sin embargo, la remodelación de dicha línea sólo tiene como finalidad ofrecer una imagen ficticia al extranjero, pues la remodelación superficial de la línea 2 y el trolebús tiene por objeto mostrar una imagen favorable al público que se dirija desde el centro al Estadio Azteca.
En contraparte, están abandonadas las zonas donde “no pasa el mundial”. La línea 3 del metro cuenta con un sinfín de problemas: vagones que sacan humo, fallos eléctricos que obligan a los usuarios a evacuar el metro y caminar en medio de la penumbra de los túneles, junto con el de por sí impuntual y deteriorado sistema de vagones, siempre abarrotado por usuarios estresados. El abandono de la línea 3 contrasta con el despilfarro estúpido en propaganda del mundial que pulula en el sur de la Ciudad de México.
En este sentido, los problemas de vialidad no se agotan al metro, pues la remodelación de la calzada de Tlalpan y la construcción de una peligrosa ciclovía han generado un mayor caos vial y el proyecto tampoco contó con un programa social que protegiera a los trabajadores que laboran en dicho sitio.
Las múltiples problemáticas emanadas o agudizadas por el mundial han generado varias movilizaciones, frente a las cuales el gobierno de la Ciudad de México ha desplegado, de manera injustificada e innecesaria un despliegue operativo de más de 8,000 granaderos que acosan las “retitas” y torneos “anti FIFA” organizados por segmentos politizados de la juventud citadina. Además, el gobierno también manda a arrancar todo tipo de información alusiva a la crisis de desapariciones masivas existentes en el país. Aunque algunos colectivos de búsqueda han aprovechado los reflectores de la reinauguración del Estadio Azteca (rebautizado como Banorte) la presidenta ha negado categóricamente la desaparición forzada como un crimen del Estado mexicano.
El incremento de la represión tiene una arista prevista por el gobierno, en tanto la CNTE ha considerado realizar una movilización generalizada para revertir la privatización del sistema de pensiones por medio de la abrogación de la ley ISSSTE 2007. Y es aquí donde entra el mundial, pues el Secretario de Educación Pública, Mario Delgado, intentó adelantar el fin de las clases con motivo del torneo de la FIFA y bajo el argumento de la ola de calor (aunque el motivo real es el miedo a que los maestros realicen protestas durante el mundial). Esto supondría, en términos pedagógicos, una debacle del por sí bajo nivel educativo. Por otra parte, la cancelación de clases incrementa el trabajo de cuidados en los hogares, y con esto, un peso más que tendría que cargar la clase trabajadora al tener que laborar y cuidar una mayor cantidad de tiempo a sus hijos.
El mundial, entre otros elementos, está acelerando la política intimidatoria y represiva del actual gobierno, lo cual incluye la proliferación de estrategias de limpieza social, como son la expulsión de personas en situación de calle, exclusión de los vendedores ambulantes o todo aquello que no es estéticamente aceptable a ojos del negocio del fútbol.
Frente a la actual coyuntura, que se prevé de mayor agitación y movilización del magisterio y a juventud, la aglutinación de los sectores populares para conquistar nuevas reivindicaciones supone nuevos retos para la organización política independiente de los trabajadores, comprometida no solo con el incremento del bienestar de los desposeídos, sino también convencida de que, bajo un gobierno subordinado a los intereses empresariales, poco o nada puede hacerse en provecho de las mayorías.
Resolver los problemas más acuciantes del momento incluye una perspectiva revolucionaria colectiva y, con esto, es menester formarse e instruirse para saber actuar en el lugar y momento adecuados, para intervenir y resolver tan justas demandas que tiene el pueblo trabajador mexicano. Ahora es el mundial, después será cualquier otra cosa para deteriorar nuestras vidas. Lo único que podemos hacer es cerrar filas, aglutinarnos en el partido de los humildes, por los humildes y para los humildes, para que nuestro interés como trabajadores se convierta en la política cuando los obreros detenten el gobierno ¡hagamos la revolución compañeros!
