“México no acepta injerencias”: las palabras no bastan, hay que oponerse consecuentemente al imperialismo

Carlos Márquez

En un contexto de acrecentamiento de las presiones imperialistas, la presidenta mexicana convocó a un mitin el pasado 31 de mayo para conmemorar los dos años de su triunfo electoral. En el fondo, más que un acto conmemorativo buscó enviar una señal de fuerza frente a las presiones provenientes del imperialismo y la ultraderecha nacional e internacional. Ante la Plaza del Monumento a la Revolución colmada, con una audiencia estimada de 130 mil personas que vitoreaban sus denuncias contra la injerencia estadounidense y coreaban consignas en defensa de la soberanía nacional, dijo: “Y México, que se oiga claro y que se oiga fuerte: ¡no acepta injerencias! ¡Somos un país libre, independiente y soberano!” (Ver: video y transcripción).

La CIA actuando ilegalmente en México 

Las relaciones entre México y Estados Unidos se han tensado nuevamente tras descubrirse la presencia de agentes de la CIA operando en territorio nacional. El hecho salió a la luz el 19 de abril cuando dos de ellos murieran en un accidente en Chihuahua, revelándose posteriormente que eran al menos cuatro los agentes estadounidenses que actuaban ilegalmente en ese estado bajo el auspicio de la gobernadora panista Maru Campos Galván y al margen del conocimiento y la autorización del gobierno federal. 

En su discurso del pasado domingo, Sheinbaum se refirió directamente a esta situación: 

“La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley de Seguridad Nacional establecen con precisión que ningún agente extranjero puede realizar tareas que corresponden exclusivamente a las autoridades mexicanas. Quien venga a nuestro país debe hacerlo con respeto a nuestra soberanía, acreditando conforme a la ley y sujeto a nuestras normas”. 

Tras protestar el gobierno de la 4T por la intromisión de agentes de la CIA en territorio nacional, la administración Trump respondió solicitando la extradición de varios funcionarios mexicanos, entre ellos Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa y militante de Morena, el partido gobernante. Al referirse a estos hechos en su mítin, Sheinbaum denunció:

“Pocos días después, ocurrió algo todavía más grave: una oficina del Departamento de Justicia de los Estados Unidos solicitó, con carácter de urgente, la detención con fines de extradición de 10 ciudadanos mexicanos […] sin presentar públicamente pruebas que sustentaran esa solicitud. Un hecho de esa magnitud no tiene precedentes en la historia de nuestra relación bilateral”.

Hemos visto un avance de la derecha en varios gobiernos del continente (Argentina, Honduras, Chile, Ecuador, Paraguay, Panamá, El Salvador y Bolivia). Frente a esta tendencia, México, Brasil y Colombia —pese a los límites de sus políticas reformistas—, junto con Cuba, aparecen como algunas de las pocas posiciones de resistencia en América Latina. 

A Cuba el imperialismo intenta asfixiarla económicamente mientras, en el último periodo, Estados Unidos ha intervenido abiertamente en distintos procesos electorales para inclinar la balanza a favor de candidatos afines a sus intereses. Lo mismo intenta hoy en Colombia, donde busca impulsar la candidatura de Abelardo de la Espriella. Si lograra ese objetivo —algo que no tiene de antemano asegurado— México quedaría en una posición de mayor aislamiento regional. Ello incrementaría las presiones de Washington sobre el gobierno mexicano y dejaría el camino abierto para  injerir en las elecciones intermedias de 2027. La supuesta lucha contra el narcotráfico se ha convertido precisamente en uno de los principales instrumentos mediante los cuales Washington ejerce esta presión sobre México.

El tema el narcotráfico

El gobierno de Trump ha declarado a los grupos del narcotráfico mexicano una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y ha catalogado a seis de ellos como organizaciones terroristas. Es posible que quiera realmente debilitar a algunas de estas organizaciones que han adquirido una fuerza considerable, pero fundamentalmente esto es un mazo con el que golpea y mantiene una presión permanente sobre el gobierno de México, teniendo contusiones casi inmediatas con el viraje de la política de seguridad de Sheinbaum y la imposición de aranceles a China. En esa misma lógica, Washington acaba de declarar terroristas a las organizaciones criminales brasileñas Primeiro Comando da Capital y Comando Vermelho. Esto ocurre en un país que mantiene importantes relaciones económicas con China y donde Estados Unidos busca reforzar su influencia política y económica. En un contexto de agudización de la disputa entre las grandes potencias, Washington busca reafirmar su control sobre América Latina y replegar el avance de China, que se ha convertido en su principal competidor económico.

El gobierno mexicano ha presentado su estrategia de seguridad a partir de cuatro ejes: atención a las causas, fortalecimiento de la Guardia Nacional, inteligencia e investigación y coordinación. Dentro de esta política se inscribe la llamada Operación Enjambre, orientada a desmantelar redes de protección política e institucional vinculadas al crimen organizado.

Un problema central es que esta estrategia se desarrolla bajo una presión permanente y creciente de Estados Unidos. Sumado a lo que hemos comentado de declarar terroristas a los grupos del narcotráfico, la administración Trump ha caracterizado al fentanilo como un arma de destrucción masiva. Estas cuestiones han quedado plasmadas recientemente en documentos estratégicos oficiales, contra el terrorismo y contra las drogas, del gobierno estadounidense. De esta manera, el combate a los grupos criminales en México tiende a quedar subordinado a las prioridades de seguridad definidas por Washington.

También hay injerencia imperialista legal y económica

Trump ha llegado a afirmar que México está gobernado por los cárteles de la droga y se ha ofrecido a resolver el problema, llegando incluso a plantear que nos atacará por tierra, en una franca amenaza de intervención. Frente a ello, el gobierno de Sheinbaum ha defendido el principio de no intervención y el respeto a la soberanía nacional. Sin embargo, ha aceptado una injerencia legalizada, al permitir que agrupaciones de la Sedena reciban asesoría directa de las fuerzas armadas estadounidenses y el realizar operativos bajo la presión de Washington, como el que culminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, desatando una ola de violencia en todo el país y recrudeciendo las lucha territoriales de los grupos del crimen organizado. Aunque fue ejecutado por fuerzas mexicanas, distintas informaciones apuntaron a que contó con inteligencia proporcionada por Estados Unidos y posteriormente recibió elogios públicos de la administración Trump, que incluso llegó a atribuirse el éxito de la operación.

Con respecto a las solicitudes de extradición impulsadas por la presión estadounidense, el gobierno de Sheinbaum se ha negado a entregar a Rocha Moya y a otros funcionarios, argumentando que no existen pruebas suficientes para proceder. Como respuesta a las exigencias de Washington, la presidenta recordó que México presentó 269 solicitudes de extradición a Estados Unidos entre enero de 2018 y el 13 de mayo de 2026, varias de ellas relacionadas con delitos graves y que decenas de esas peticiones fueron rechazadas por las autoridades estadounidenses por considerar insuficientes los elementos aportados.

La extradición del general en retiro, Gerardo Mérida Sánchez, ilustra el nivel de presión que ejerce la administración Trump sobre México. Las fuerzas armadas son uno de los sectores más poderosos del Estado y, gracias a su presión, durante el gobierno de López Obrador, consiguieron incluso la liberación de Salvador Cienfuegos. Que hoy un militar de alto rango haya sido entregado a la justicia estadounidense revela la magnitud de las concesiones que Washington exige al gobierno mexicano y que la administración actual se ha quitado el guante de seda desgastado para revelar el puño de hierro del imperialismo.

No minimizamos la enorme presión que ejerce el imperialismo sobre México. Trump envió una señal a toda la región con el derrocamiento militar de Maduro en Venezuela y posteriormente emitió un decreto —dirigido principalmente contra México— que autoriza la imposición de aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. Para una economía tan integrada al mercado estadounidense como la mexicana, una medida de ese tipo tendría consecuencias devastadoras. ¿Cuál fue el resultado? El gobierno mexicano decidió, “soberanamente”, suspender los envíos de petróleo a Cuba. Del mismo modo, antes había movilizado a la Guardia Nacional para contener el flujo migratorio hacia Estados Unidos y había impuesto aranceles a productos chinos. Son decisiones adoptadas por el Estado mexicano enmarcadas en acuerdos internacionales que no rompen ninguna ley, pero que se inscriben claramente en la lógica de la estrategia regional impulsada por Washington. 

El gobierno mexicano aunque mantiene una retórica pública de defensa de la soberanía nacional, en la práctica termina realizando serias concesiones a las presiones imperialistas aunque lo haga dentro del marco de la legalidad. La soberanía nacional es un derecho democrático básico que defendemos los comunistas, nos parecen correctas las ideas dichas por la presidenta de que México no debe aceptar injerencias. Seguimos la línea de Lenin que defendió el derecho de las naciones a su autodeterminación. Lo que le criticamos a la 4T es que son inconsecuentes y siguen cediendo a los imperialistas. 

La injerencia se da en la cooperación y la diplomacia

En el documento “Estrategia nacional de control de drogas 2026” se dice que distintas instituciones estatales norteamericanas “liderará los esfuerzos diplomáticos y del sector de justicia para asegurar una cooperación sólida, sostenida y medible del Gobierno de México para atacar y desmantelar las organizaciones criminales transnacionales (TCOs) y las organizaciones terroristas extranjeras (FTOs) que operan dentro de su territorio”.

“Esto incluye fortalecer la coordinación entre Estados Unidos y México frente a amenazas transnacionales mediante programas de capacitación para funcionarios mexicanos de seguridad y del sistema de justicia, intercambio de inteligencia, seguridad fronteriza y apoyo a operaciones conjuntas. Esta asistencia estará condicionada a resultados tangibles, incluyendo la adopción de medidas apropiadas para arrestar, procesar y extraditar a líderes de FTOs, así como para desmantelar laboratorios de drogas sintéticas”.

Es decir, Estados Unidos pretende utilizar los acuerdos bilaterales, la cooperación en materia de seguridad y los mecanismos diplomáticos para asegurar que México actúe conforme a los objetivos definidos en Washington. Además le exige resultados medibles y verificables. Por ello, cada vez que aumentan las presiones de la Casa Blanca, el gobierno mexicano responde destacando cuántos laboratorios ha desmantelado, cuántos cargamentos ha decomisado o cuántos presuntos narcotraficantes ha detenido y extraditado. 

Se ha negado a entregar a Rubén Rocha Moya argumentando falta de pruebas, ha buscado mostrar resultados en otros terrenos, pero al mismo tiempo aplicó la Operación Enjambre en Morelos, que derivó en la detención de dos alcaldes, un exalcalde y varios funcionarios municipales vinculados a presuntas redes de protección criminal. Se puede no enviar a Rocha Moya, pero hay que dar resultados medibles y cuantificables a EE. UU.

Cediendo parcialmente a las presiones del imperialismo, el gobierno mexicano busca evitar mecanismos aún más agresivos de intervención por parte de Washington y preservar trozos de soberanía. Sin embargo, si entendemos por injerencia el intento de un Estado de influir, condicionar o determinar decisiones que corresponden a otro Estado o a su población, entonces ese objetivo está lejos de alcanzarse. La presión estadounidense ya está influyendo en decisiones concretas de la política mexicana en materia de seguridad, migración, economía y relaciones internacionales. 

Sheinbaum parece creer que mediante concesiones puede saciar el hambre de la bestia, pero ocurre exactamente lo contrario. La debilidad invita a la agresión. Las presiones de EE. UU. no disminuirán por ceder ante ellas, porque están determinadas por sus objetivos estratégicos: recuperar su posición dominante en el mundo, empezando por su zona de influencia más cercana, y de contener el avance de China.

La ofensiva de desinformación

En el mitin por el segundo aniversario de su triunfo electoral, Sheinbaum señaló como uno de los principales frentes de ataque contra su gobierno la campaña de desinformación impulsada desde medios de comunicación y redes sociales. “Desde hace algunos meses hemos sido objeto de una ofensiva mediática y de campañas millonarias en redes sociales”. Esta ofensiva se ha intensificado particularmente después de que saliera a la luz la actuación de agentes de la CIA en Chihuahua y se agudizaran las tensiones entre los gobiernos de México y Estados Unidos. Cuando se criticó la injerencia ilegal, los medios de comunicación burgueses en México han arremetido ferozmente contra el gobierno Sheinbaum.

La afirmación tiene sustento, los llamados Hondurasgates pusieron en evidencia una operación mediática internacional dirigida contra gobiernos como los de Colombia y México. Las revelaciones mostraron la existencia de una estructura de comunicación orientada a influir en la opinión pública y golpear políticamente a estos gobiernos, en la que además apareció involucrado el presidente argentino Javier Milei. La ofensiva mediática denunciada por Sheinbaum se enmarca dentro de la estrategia nacional de seguridad de los EE. UU. que fue publicada el año pasado, en la lógica de fortalecer a sus aliados de derecha y debilitar a los gobiernos que considera un obstáculo para sus intereses. 

Sheinbaum añadió:

“Pero detrás de cuentas pagadas y robots, se articulan los intereses de los sectores conservadores extranjeros y nacionales que buscan recuperar privilegios perdidos o frenar la Transformación, respaldada por mayorías populares”.

Detrás de esta ofensiva está la mano del imperialismo y sus aliados, los gobiernos de derecha del continente, así como la oligarquía mexicana y sectores de la derecha incluidos los partidos burgueses tradicionales, el PRI y el PAN, que añoran regresar al gobierno y recuperar los privilegios perdidos. La ultraderecha intenta coordinarse a escala internacional, aunque a veces produzca escenas difíciles de tomar en serio. Dirigentes españolas como Isabel Díaz Ayuso y Cayetana Álvarez de Toledo han sido recibidas por referentes de la derecha mexicana para impartir lecciones sobre soberanía nacional y democracia, mientras reivindican abiertamente a Hernán Cortés y la herencia colonial española y minimizan la actual injerencia imperialista. Partidos de derecha como el PAN se han agarrado de la coyuntura para hacer campañas en redes sociales señalando a Morena como un narcogobierno, desvergonzadamente quieren hacernos olvidar que fue en el sexenio panista de FeCal donde hubo nexos del Estado con el narcotráfico, particularmente hablando del entonces Secretario de Seguridad, García Luna. 

Existe una cierta continuidad histórica: ayer la derecha mexicana llamó a una potencia extranjera para sostener un régimen reaccionario; hoy buscan articularse con las derechas internacionales y con el imperialismo para preservar un orden social basado en los privilegios de una minoría capitalista. 

La estrategia de lucha de la 4T

México nació a través de una larga cadena de luchas por su liberación nacional. La independencia de 1821 no resolvió de una vez por todas la construcción de la nación; por el contrario, el país debió enfrentar la fragmentación interna, la invasión estadounidense de 1846-1848 y nuevas agresiones extranjeras. La resistencia frente a la ocupación norteamericana marcaría a toda una generación y contribuiría a forjar la siguiente gran batalla por la soberanía nacional: la lucha contra la intervención francesa, derrotada finalmente en 1867. Años después, en Veracruz, en 1914, aunque no pudo impedir el desembarco de las tropas estadounidenses, soldados revolucionarios, obreros, artesanos, comerciantes y amplios sectores de la población protagonizaron una resistencia que convirtió la defensa de la soberanía nacional en una causa popular. Por eso no sorprendió que los asistentes al mitin del pasado domingo vitorearan a Sheinbaum cuando preguntó: “¿Quién decide en México: las agencias extranjeras o el pueblo? ¿Quién decide en México: los grandes intereses económicos o el pueblo? ¿Vamos a defender la soberanía y la independencia de México? ¿Vamos a defender la Transformación?”

Hacia el final de su intervención, la presidenta llamó a sus seguidores a movilizarse en defensa de la soberanía nacional: 

“Los convoco a que, a partir de la próxima semana, vayamos a las plazas públicas a realizar asambleas informativas, repartir volantes y periódicos, e informar al pueblo de que: ¡La patria no se vende! ¡La patria se ama y se defiende!”

Al día siguiente, la dirigencia nacional de Morena anunció la realización de 2,600 asambleas informativas que incluyan a todos los municipios del país entre junio y agosto, así como una campaña de 30 millones de visitas casa por casa antes de finalizar el año. Se busca contrarrestar la campaña de desinformación y mentiras señalando los avances del gobierno. Es positivo un llamado a las bases a luchar, pero parece más que se preparan desde ahora para las elecciones de 2027 viendo esto como estrategia, cuando lo que se requiere es una estrategia revolucionaria.

¿Puede la 4T evitar el destino de otros gobiernos “progresistas”?

Uno de los debates que se plantea Morena es el balance de la experiencia del llamado progresismo en América Latina. La pregunta es lógica: ¿cómo explicar que un continente que hace apenas unos años estaba gobernado mayoritariamente por fuerzas de izquierda o centroizquierda vea hoy el ascenso de gobiernos de derecha y ultraderecha? Estamos convencidos de que el problema fundamental radica en intentar resolver las contradicciones del capitalismo, e incluso satisfacer las demandas más sentidas de las masas, sin romper con el propio capitalismo.

Hemos visto al gobierno de la 4T combinar políticas de apoyo social con concesiones permanentes a los grandes capitalistas. Mientras destina recursos a programas sociales, orienta importantes obras de infraestructura en ciudades como Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México en función de los negocios asociados al Mundial de fútbol y no necesariamente de las necesidades más urgentes de millones de trabajadores y estudiantes. Al mismo tiempo, coquetea con los capitalistas extractivistas al abrir la puerta a la reintroducción del fracking para la explotación de gas a costa de las comunidades campesinas y la ecología. Deja de lado temas estratégicos para México en la agenda del T-MEC, como el agro, y busca adecuar la economía nacional a las necesidades de sustitución de importaciones de Estados Unidos, profundizando la dependencia económica. Por ello, cuando emergen luchas del proletariado, como la reducción de la jornada laboral o la lucha del magisterio por pensiones dignas, el gobierno se muestra incapaz de ofrecer una solución de fondo, pues ello implicaría un enfrentamiento directo con la burguesía financiera que administra los ahorros de los trabajadores. 

¿Por qué han fracasado o entrado en crisis muchos gobiernos progresistas? Porque no es posible conciliar los intereses de los capitalistas y los trabajadores. La estrategia de reformar el sistema sin romper con él termina por aceptar las contradicciones y las consecuencias de un capitalismo en crisis.

¿Trump no es el problema?

La reaparición pública de AMLO mediante una carta en apoyo a Sheinbaum muestra hasta qué punto la situación sería, incluso para quien se ha mantenido prácticamente retirado de la vida política. El planteamiento central de AMLO consiste en reconstruir la relación que existió durante el primer mandato de Trump y apelar a los acuerdos alcanzados en ese periodo. Parece una estrategia que, en medio de las fisuras entre sectores del imperialismo —agudizadas por el fracaso de la ofensiva en Irán—, busca acercarse personalmente al presidente estadounidense para intentar un giro en la relación con México. Es un apoyo a la línea ya sostenida por Sheinbaum quién había declarado que no cree que el propio Trump esté detrás de la ofensiva contra México. 

Esta interpretación subestima la profundidad de los cambios ocurridos en los últimos años. El mundo de 2026 no es el de 2019 (aunque AMLO no lo reconozca). Las contradicciones del capitalismo mundial se han agudizado, la rivalidad entre Estados Unidos y China se ha convertido en el eje central de la política internacional y Trump regresó a la Casa Blanca con un proyecto proteccionista más agresivo que el de su primer mandato. La presión sobre México no es el resultado de acciones aisladas de la CIA, de algunos sectores de la ultraderecha o de funcionarios descontrolados. Como muestran las acciones y los propios documentos estratégicos publicados por Washington, forma parte de una política deliberada orientada a reforzar la hegemonía estadounidense en América Latina y limitar el avance de sus competidores. Claro que no todos los hilos los mueve Trump, pero este sigue siendo un impulsor central de la estrategia estadounidense. 

Contra el imperialismo y el capitalismo 

El gobierno mexicano mantiene un difícil equilibrio: resistir ciertos niveles de injerencia abierta mientras intenta preservar la relación con Estados Unidos y evitar una confrontación frontal. De ahí las declaraciones que minimizan el carácter estructural de la ofensiva, que niegan que exista ya una injerencia o que plantean que no se trata necesariamente de decisiones directamente impulsadas por el propio Trump. Lo cierto es que México se encuentra inserto en medio de la disputa contra China, en la que la reconfiguración de América Latina y la defensa de la hegemonía estadounidense ocupan un lugar central.

El discurso y la crítica de Claudia han entusiasmado a trabajadores, incluso más allá de las fronteras mexicanas, pero si se observa a fondo la realidad, la política de la 4T revela sus límites. Al sostener una estrategia basada en la conciliación de clases, el gobierno intenta combinar la defensa de la soberanía nacional con la preservación de los intereses del gran capital, tanto nacional como extranjero. Esto no evita que haya injerencia ilegal y permite una injerencia imperialista legal.

Estamos seguros que hay amplios sectores dispuestos a defender al país, en medio de la ofensiva imperialista, pero la defensa consecuente de la soberanía no puede limitarse a la diplomacia ni es compatible con la simple gestión del orden existente. Una lucha consecuente requiere apoyarse en la organización independiente de la clase trabajadora y de los sectores populares, capaces de enfrentar tanto a la injerencia imperialista como a las propias élites locales que actúan como defensores del gran capital.

Los gobiernos de derecha en los que se apoya Trump están aplicando medidas agresivas contra los trabajadores, en Bolivia ya se observan las primeras protestas de la clase obrera que exigen la caída del gobierno y en chile han salido a la calle los estudiantes contra los recortes presupuestales a la salúd y educación del gobierno de Kast. En Estados Unidos, las grietas del sistema se ensanchan en la medida en que crece la crítica contra Trump y ganan terreno ideas abiertamente antisistema. 

Se necesita una estrategia revolucionaria, anticapitalista, antiimperialista e internacionalista, basada en la movilización consciente de las masas y la organización y lucha en los centros de estudio y de trabajo, barrios y pueblos como única salida real frente a la dominación imperialista. El horizonte no es gris: estamos en la antesala de grandes acontecimientos en que saldrán nuevamente las masas a escena a luchar por transformar la sociedad. Los comunistas del PCR apoyaremos las iniciativas de los sectores de la 4T que impulsen la lucha contra el imperialismo, pero les criticaremos cualquier concesión y titubeo de sus dirigentes conciliadores. Estamos convencidos de que la única forma de enfrentar al imperialismo en el periodo actual es mediante un programa y una estrategia anticapitalista, comunista. Por ello, es necesario también construir un partido que permita impulsar esta política, algo que Morena no puede ofrecer.

El PCR es un partido no electorero, somos un partido de jóvenes y trabajadores de combate y revolucionario. Te invitamos a que te unas y luchemos juntos:

  • Contra el capitalismo e imperialismo. Basta de guerras imperialistas y genocidios como el cometido contra el pueblo palestino. Rechazamos las agresiones económicas imperialistas, la imposición de aranceles y el intento de cargar la crisis sobre la clase obrera mundial. No al pago de las deudas externas de países ex coloniales. Solidaridad con la lucha revolucionaria de los trabajadores del mundo. Por la unidad internacional de la clase trabajadora en una federación socialista. 
  • Por un gobierno de la clase trabajadora. No a la conciliación con los empresarios. Acabemos con los privilegios de los multimillonarios extranjeros y nacionales. Abajo el sistema de violencia, corrupción y explotación, abajo el Estado de los empresarios y su sustitución por un Estado de los trabajadores. 
  • Una economía al servicio de los trabajadores, no de los multimillonarios. Basta de desigualdad social: no se trata solo de gravar a los superricos, ¡hay que confiscar sus riquezas! Planificación democrática de la economía para beneficio de la mayoría. 
  • Contra la violencia y la opresión. Por una lucha unificada y combativa contra el racismo, el sexismo y toda forma de discriminación. Igualdad y derechos plenos para todas las personas, sin importar su origen, sexo o género. Basta de crímenes de odio y violencia contra mujeres y personas de la diversidad sexual; justicia real y aparición de los desaparecidos. Por tribunales populares y policías comunitarios, que reemplacen al sistema judicial corrupto, bajo control democrático de la población. 
  • Contra la militarización y la inseguridad. Para enfrentar la violencia derivada del narcotráfico y la drogadicción, es necesario transformar las condiciones que empujan a millones a las redes de la droga. Exigimos atención médica y tratamiento digno para personas con adicciones. Reorientar el gasto militar a programas de salud, cultura, educación y empleo para la juventud. Impulsar comités comunitarios, escolares y laborales para prevenir el consumo, fortalecer la organización popular y frenar la violencia con la organización de masas. Sólo el pueblo trabajador organizado podrá enfrentar el abandono, la impunidad y a quienes se benefician del negocio de la muerte. 
  • Por un Partido Comunista Revolucionario. Que organice a nuestra clase a nivel nacional e internacional, bajo la bandera de la Internacional Comunista Revolucionaria. ¡Únete a la lucha por el comunismo!