La defensa de Mahahual: Cómo el capitalismo devora el medio ambiente

Jorge Alejandro Valencia López

En los últimos días ganó bastante fuerza la lucha por defender el manglar y arrecife en Mahahual, en la costa de Quintana Roo, donde Royal Caribbean, una empresa trasnacional de cruceros buscaba construir un complejo turístico que iba a devastar la flora y fauna de la zona. El proyecto consistía en un parque acuático de modelo todo incluido en el que los cruceros llenos de turistas desembarcarían para disfrutar del cálido clima y hermosas playas de la región.

Este plan fue facilitado por distintos funcionarios del gobierno del estado de todos los partidos, que unos días antes cambiaron el estatus del uso de suelo a edificable. En un primer momento, la asociación civil Defendiendo el Derecho a un Medio Ambiente Sano (DMAS) logró detener el proyecto mediante un amparo.  Sin embargo, 4 meses después los magistrados Lina Victoria Bolio Pasos y Aarón Alberto Pereira Lizama, se valieron de un tecnicismo en la presentación de este amparo para invalidarlo y así permitir que Royal Caribbean siguiera adelante con el proyect

La ciudadanía nuevamente impulsó una fuerte campaña en redes sociales, y una gran junta de firmas, buscando denunciar públicamente a la empresa y los funcionarios que hicieron esto posible con el objetivo de hacer presión. Eventualmente, esto llegó a la presidenta y se abordó en la mañanera, pero Sheinbaum se limitó a decir que no se iba a permitir el daño al arrecife, para más tarde proponer que se construya en una zona cercana.

Lo único que necesitaba Royal Caribbean para comenzar con la construcción era el visto bueno de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), por lo tanto, toda la atención se fue hacia esta.Recientemente, durante una conferencia de prensa, se adelantó públicamente que el proyecto no será aprobado.

Esta es definitivamente una victoria que debemos celebrar. Sin embargo, no se trata de un regalo del reformismo de la 4T o de la bondad o “imparcialidad” del estado. Si este proceso se logró detener, fue gracias a la lucha de la clase trabajadora. 

Pero esto no termina aquí: proyectos como el Saguaro, Playa Las Cocinas, Loreto, y una larga lista, amenazan la estabilidad ecológica de diferentes partes del país.

Todos estos proyectos tienen algo en común: una empresa transnacional busca, ya sea con fines turísticos o industriales, establecer enormes proyectos ignorando totalmente cualquier tipo de consideración ambiental, con la total complicidad del estado. Esto no es nuevo, ni algo único de México; existen ejemplos en otras latitudes como pueden ser la explotación de los glaciares en Argentina o la destrucción del Amazonas.

Y es que el capitalismo actúa bajo la lógica de crecimiento eterno, en la que el medio ambiente es relegado a un segundo plano frente al crecimiento económico,  visto únicamente bajo el lente de la ganancia sin tomar en cuenta que estos son recursos finitos.

Y es que se nos vende la idea de que el impacto ambiental se debe a una supuesta “sobrepoblación”, cuando lo que tenemos es una distribución de los recursos desigual, que solo llega a manos de unos pocos

Hoy contamos con la tecnología y la capacidad productiva suficiente para brindar una calidad de vida digna a toda la población del planeta,sin embargo, la producción continúa subordinada a los intereses de la clase dominante. 

Esta problemática también nos demuestra cómo el estado no es neutral, sino que responde en última instancia, a los intereses de la clase dominante, la burguesía. De ahí la facilidad con la que el estado permitió el cambio de suelo y más tarde retiró el amparo. Denunciar mediante los mecanismos legales puede parecer, ingenuamente, el camino a seguir; pero de esta forma se juega dentro de las reglas del capitalismo, reglas que son diseñadas para defender los intereses de estás empresas. Siempre va a haber un “tecnicismo”, algún papel que “no se llenó” o “se perdió”. Algún hueco legal. No sé trata de ignorar la ley, sino de entender que las leyes tienen sus límites en el capitalismo, únicamente una lucha de raíz puede acabar con la destrucción del medio ambiente.

Los gobiernos de la 4T se presentan como aliados de la clase trabajadora, mientras que tras bambalinas ceden ante los intereses de las grandes empresas, y aún más cuando se trata de plantar cara al capital extranjero. Y es que, en aquellos casos en los que el estado se ha visto en la necesidad de frenar estos proyectos, las transnacionales solo tienen que recurrir a organismos internacionales para demandar al gobierno, donde siempre suele prevalecer la defensa de los intereses del capital.

La acumulación capitalista no puede contenerse dentro de las fronteras nacionales, y es por éso que en la etapa imperialista en la que nos encontramos desde hace décadas, la burguesía hace uso de estos mecanismos de coerción global.

No se trata de diferentes luchas, sino de una sola;una lucha revolucionaria que acabe con el sistema capitalista; y no sólo en México, en el mundo entero. Mientras la clase trabajadora (la mayoría de la población) no tome el poder del estado para sí misma y, por medio de la democracia obrera, sea dueña y controle los recursos del planeta, no podremos realmente detener la barbarie capitalista; que devora, no solo a plantas y animales, sino que también asesina a millones de personas al año debido a la contaminación del aire, las sequías, inundaciones, y olas de calor que trae consigo el alterar el delicado equilibrio de nuestro planeta.

Mientras el capitalismo arrasa con el medio ambiente, los comunistas no podemos bajar las banderas, ni la voz al gritar: ¡Socialismo o barbarie!

Únete al Partido Comunista Revolucionario y lucha por destruir el sistema capitalista en putrefacción antes de que este acabe con nosotros.