El EZLN y la lucha por una alternativa revolucionaria

Praxedis Emigdio

El 1 de enero de 1994, el EZLN se levantó en armas. El motivo del descontento fue el aguantar 500 años en lucha: Desde la conquista española, trescientos años de virreinato, medio siglo  de nulo progreso del México independiente, treinta años de porfiriato y setenta años de PRI, los oprimidos del campo y las ciudades han aguantado, esperando resultados de promesas que nunca se cumplieron. Inconformes, indígenas y campesinos convencidos de la necesidad de su autodefensa construyeron al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, formado en el año 1983, para tomar la justicia por asalto, llamando a todo el país para luchar por ese progreso que nunca les tocó. En el año 93 empezaron los preparativos para la revuelta.

¿Dónde quedó el progreso? Para responder esa pregunta hay que considerar que el desarrollo de la economía capitalista explota la desigualdad y atraso de los pueblos marginados en lo que el marxismo describe como desarrollo desigual y combinado. Esta ley del desarrollo histórico explica que el progreso de las fuerzas productivas, motor que impulsa los avances sociales y culturales humanos, está sujeto a variaciones de las condiciones materiales como la disponibilidad de recursos y el clima de una zona o las conexiones históricas entre pueblos. El desarrollo dispar de las sociedades no ocurre de forma aislada, pues cuando una sociedad avanzada y una atrasada se encuentran, elementos de ambas se mezclan. En el capitalismo, este proceso es más evidente, así como más violento. Como Trotski explica: 

“El capitalismo prepara y, hasta cierto punto, realiza la universalidad y permanencia en la evolución de la humanidad […] Obligados a seguir a los países avanzados, el país atrasado no se ajusta en su desarrollo a las concatenaciones de las etapas sucesivas”. 

No siguen los pasos “normales” del desarrollo del capitalismo pues se ven obligados a avanzar “a saltos”. Apresurados por las presiones económicas, asimilan los avances tecnológicos e ideológicos de los países avanzados. Esto no significa que alcancen el mismo desarrollo. Incluso se mantienen formas de explotación precapitalistas que son usadas por los centros capitalistas, muchos de ellos extranjeros, más desarrollados. En el caso de Chiapas, no hubo ningún avance significativo de las fuerzas productivas desde la Conquista. 

Desafortunadamente, ese proceso acelerado de asimilación no se refleja en la calidad de vida de los trabajadores, solo funciona para sacarle mayor provecho a la explotación de los mismos. Pero esto, a la vez, genera la agravación de las contradicciones del sistema que se acumulan hasta ser insoportables y provocaron un estallido, una insurrección. 

En esa coyuntura, las organizaciones de lucha se vuelven cruciales, y es donde debemos ponernos cautelosos pues un error en el análisis teórico puede provocar una desviación en la práctica muy costosa para el movimiento. Veamos. 

Miles de indígenas se armaron dispuestos a luchar, pero como nos lo confiesa el subcomandante Marcos: “El EZLN estaba listo para el 1 de enero, pero no para el 2 de enero”. Las esperanzas residían en suponer que las masas se unirían al llamado de levantarse o, de lo contrario, el movimiento sería aplastado. Lo que se había preparado era una “insurrección campesina clásica” impulsada por la urgencia de sacudirse las insoportables condiciones de vida más que por llevar adelante un programa alternativo nacional. La influencia guerrillera de las antiguas Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) llevó al ala militar del EZLN a luchar al margen de las masas de las ciudades, cayendo en el error de suponer que una revolución se puede iniciar de forma artificial, creyendo que los revolucionarios son los que hacen la revolución. Sobre esto último, Lenin nos dice: 

“Los revolucionarios sólo son capaces de desempeñar el papel de vanguardia de la clase vital y avanzada de verdad [el proletariado]. La vanguardia cumple sus tareas de vanguardia sólo cuando sabe mantener contacto con las masas que dirige”. 

Quienes hacen y cumplen las tareas de la revolución son las masas.

Hablando de tareas ¿Cómo se iban a cumplir los objetivos propuestos por el EZLN? Ellos luchaban por tierra, trabajo, salud, educación, independencia, alimentación, techo, justicia, libertad y paz, acertando en la necesidad de levantarse en armas para alcanzar esos objetivos, pero no se proponían amenazar al aparato estatal burgués. Tanto así que en la Primera Declaración de la Selva Lacandona llaman a los otros poderes de la nación para que “se aboquen a restaurar la legalidad y estabilidad de la nación, deponiendo al dictador”. La lucha era contra Salinas de Gortari, no contra el estado ni el capitalismo.

Pero, si no es el estado ¿quién? Pues los propios trabajadores imponiéndose en el poder, tomándolo en sus manos. Esta cuestión fue resuelta de forma brillante por Lenin y Trotski en el transcurso de las revoluciones de 1905 y 1917. Primero, Trotski, al comprender que Rusia ya no podía dar pasos hacia atrás para desarrollar al capitalismo, sostuvo que era posible y necesario dar el salto hacia el socialismo para que los trabajadores en el poder cumplieran las tareas democráticas que el país se había saltado. Luego, Lenin sostendría que el Estado siempre es producto del antagonismo de clase, sólo sirviendo para mantener este conflicto dentro de los límites del orden y favoreciendo a la clase dominante, por lo que es necesario destruirlo y reemplazarlo por el semi-Estado obrero para que la voluntad de la mayoría trabajadora sea impuesta a la minoría burguesa. Tanto bolcheviques como zapatistas utilizaron la violencia para alcanzar sus objetivos, pero el EZLN se enfrascó en años de negociaciones con el estado, desmovilizados después de 1994, en “resistencia digna y silenciosa” como dice la Quinta Declaración. ¿Qué elemento hace la diferencia? La dirección.

El EZLN, a la vez que demostraba el coraje y la voluntad de luchar de indígenas y campesinos, dejaba en evidencia la necesidad de una dirección a la altura de las tareas revolucionarias. Las masas se mueven, explotan en legítima rabia, pero este impulso no es suficiente para la construcción del socialismo, pues para esto se necesita de una dirección capaz de dirigir a las masas a la realización de este.

Con el pasar de los años la dirección del EZLN ha quedado empantanada en el estiércol filosófico posmoderno y decolonial, dándole gusto a la intelectualidad pequeñoburguesa, eso sí, pero abandonando por completo la lucha revolucionaria por el socialismo, única senda que podría hacer avanzar las demandas de progreso campesinas y de autonomía indígenas sin que se queden estancadas en reformas que nunca se cumplen. Por cierto, aislarse en los caracoles no ayuda en lo absoluto en la realización de estas tareas.

¿Esto significa olvidarnos de quienes apoyan al movimiento? ¿Nos volvemos contrarios a ellos? Para nada. Esto sería una acción sectaria de nuestra parte. Sin embargo, remarcamos la necesidad de crítica seria a los planteamientos teóricos y a la táctica utilizadas por la dirección del EZLN pues ya han demostrado su inefectividad.

Ante esto, el PCR sostiene, firme y seguro, que la única salida para las exigencias del campesinado y de los pueblos indígenas es llevar al poder a la clase trabajadora luchando por el comunismo. No hay más. Como comunistas, nos corresponde formar al partido de vanguardia de la clase proletaria donde se formen los revolucionarios capaces de llevar hasta las últimas consecuencias las exigencias de toda la clase trabajadora. El gobierno sólo llevará el progreso arrebatado a los indígenas y campesinos cuando esté en manos de los proletarios. Luchando por el comunismo, bien organizados y bien formados en el marxismo lo conseguiremos. No hay más:

¡Por la construcción del Partido Comunista Revolucionario, camaradas!