México frente al regreso de la derecha al continente
Jorge Alejandro Valencia López
El fracaso del reformismo latinoamericano
En el periodo anterior, con la llamada “ola rosa”, en Latinoamérica llegaron al poder diversos gobiernos “de izquierdas”, aunque sean de corte reformista, como lo fueron el de Correa en Ecuador, Chávez en Venezuela, Evo en Bolivia, etc. Esto ya no es así, en años más recientes se alzaron gobiernos reaccionarios, como lo son Milei en Argentina, Noboa en Ecuador o Bukele en El Salvador; con los recientes añadidos de Rodrigo Paz en Bolivia y Kast en Chile.
A éste “giro a la derecha en el continente” le podemos atribuir varias razones, siendo las principales el fracaso del reformismo y la intromisión cada vez más directa de Estados Unidos en la política de la región.
Los gobiernos reformistas en la región (incluyendo los restantes: Claudia, Lula, Petro), prometen romper con gobiernos neoliberales y “arreglar” el capitalismo por medio de reformas progresivas. Sin embargo, el capitalismo no está descompuesto; no es cosa del “neoliberalismo”. Las reformas pueden mejorar la vida de la clase trabajadora, sin embargo, cuando los intereses de la burguesía se ven afectados, el gobierno debe decidir si está con el pueblo o con la burguesía, casi siempre optando por la segunda. Para liberar realmente a la clase trabajadora se necesita romper con las cadenas del capitalismo y cortar de raíz con el sistema; esto es: la toma de los medios de producción por la clase trabajadora y por medio suyo la abolición de la división de clases.
Es así que estos gobiernos terminan por decepcionar; el pueblo pierde la paciencia, y desconfía de la llamada “izquierda”. Es entonces que muchos se decepcionan de la política y no se interesan más por ella, otros se radicalizan hacia opciones más revolucionarias, mientras que una parte es engañada por una derecha reaccionaria que se presenta como antisistema, como rebelde y como una alternativa al gobierno “de izquierdas” que decepcionó.
El “giro a la derecha” de América Latina
Esto no es algo único de Latinoamérica. Esta derecha demagógica ha estado también ganando fuerza en Europa y Estados Unidos. En Sudamérica, esta nueva ola de derecha comenzó con Milei, Bukele, y Noboa, y más recientemente la victoria de Kast en Chile y Rodrigo Paz en Bolivia.
Además, durante todo el 2025 Trump presionó más y más a los gobiernos de izquierda, llegando a involucrarse muy directamente en las elecciones y la política interna en Panamá, Argentina, Chile y Honduras.
En los pocos días que llevamos de 2026, Estados Unidos invadió Venezuela y secuestró a Maduro, amenazando con hacer lo mismo en Groenlandia, Cuba, Colombia y México. Y aunque estas amenazas no son nuevas, toman mucho más peso ahora.
Una “nueva derecha” mexicana
México pareciera estar varios años atrasado respecto al resto del continente, pues hasta el 2018 llegó al poder el gobierno de “izquierdas” reformista de la 4T, varios años después de la “ola rosa”. Sin embargo, después de 7 años de “transformación”, estas contradicciones del reformismo, que es incapaz de tocar las bases del sistema capitalista, empiezan a ser notadas por las masas, por lo que es probable que en unos años el escenario de una derecha demagoga ganando las elecciones se haga realidad.
Después de décadas de gobiernos prianistas con políticas de privatización y desregulación, además de una enorme corrupción y represión al pueblo, la vieja oposición (PRI y PAN), no tienen ninguna legitimidad frente a las masas.
Pero, aunque debilitados, aún existen grupos que reivindican el sinarquismo y grupos nacionalistas que no tienen gran relevancia, pero que demuestran que esas ideas no están muertas.
La oposición en México carece de legitimidad frente a las masas; del PRI ni hablar, mientras que el PAN hizo un lavado de cara para intentar llegar a los sectores más conservadores de la población y ha adoptado un papel más de ultraderecha, que se puede apreciar sobre todo en su nuevo lema: “Patria, familia y libertad”, inspirado en el del partido fascista italiano, liderado por Mussolini (“Dios, patria y familia”), el cual sí fue adoptado por el actor Eduardo Verástegui, quien intentó crear su propio partido político en 2025. Este conservadurismo, además, busca apoyo utilizando la religión para justificar sus posturas.
Salinas Pliego debe su fortuna, además de a su padre y a los favores políticos, al endeudamiento de la clase trabajadora, que paga enormes intereses por sus productos. Muchos no pueden pagar los elevados intereses y son embargados. Sin embargo, él nos debe millones en impuestos a todos nosotros.
Además de tener poder económico, es dueño de TV Azteca, medio por el que aún mantiene cierto control sobre la opinión pública, siendo un escaparate de su agenda política y empresarial en contra de los gobiernos reformistas, la clase trabajadora y las agrupaciones de los trabajadores organizados. Tan es así que nos llegó a criticar como partido por vender literatura marxista en la pasada Feria Internacional del Libro en el Zócalo, aunque ésta vez en redes.
Su papel por ahora ha sido el de articular una red de grupos de derecha en todo el continente. Hasta que, en el último periodo, Salinas Pliego ha anunciado que busca postularse para ser Presidente del país en las próximas elecciones de 2030. Aunque puede parecer muy lejano que un empresario enemigo de la clase trabajadora pueda ganar el apoyo suficiente en las urnas, no debemos asumir que no pasará. Lo mismo se decía de Trump.
Ideas reaccionarias van ganando lugar en las pantallas de la juventud; redes como X −antes Twitter− dejan bastante claras sus intenciones de permitir y promover ideas reaccionarias en nombre de la “libertad de expresión”, a la vez que esconden la cruda realidad.
La derecha entreguista al imperio
Por otro lado, tenemos personajes como el de Lilly Téllez, senadora del PAN, que abiertamente invitan al imperio a invadir México; voz que ha sido amplificada dentro de Estados Unidos y presentada como la de una oposición que representa a un porcentaje amplio de la población oprimida por un narcogobierno, cuando la realidad es que la mayoría de mexicanos se opone terminantemente a una invasión estadounidense.
El 15 de noviembre, con las marchas de “la generación Z”, también pudimos ver un intento de la derecha de aprovechar la decepción de cierta capa de la juventud frente al reformismo de Morena, agravado por la fuerte situación de inseguridad en el país.
Además de acarreados de empresas como las de Salinas Pliego, la poca juventud presente iba en familia con el sector conservador de siempre. Incluso llegó al punto de que se pudo ver al expresidente Fox “representando a la generación Z”.
Con las amenazas de invasión aumentando tras la invasión a Venezuela, no podemos descartar una contra México. Y si Estados Unidos pretendiera mantener un control sobre el país, sería a esta derecha servil al imperio a la que buscaría dejar en el poder.
Qué tenemos que decir los comunistas frente a esta “nueva derecha” mexicana
Nuestra crítica a la derecha no significa un apoyo a gobiernos reformistas, pues éste tampoco puede acabar con las contradicciones del sistema. A pesar de ello, debemos analizar también el papel de una política más abiertamente burguesa, reaccionaria y conservadora, que no sólo revertiría toda buena reforma, sino que podría traer un recorte en la calidad de vida de la clase trabajadora mucho más directo, sin mencionar el ataque y represión contra las voces opositoras (lo que haría más difícil la organización de la clase trabajadora). Como comunistas, debemos aprovechar el estadío de estos gobiernos reformistas para construir una alternativa que la llegada de una derecha no pueda resistir: ¡un Partido Comunista Revolucionario!
