El verdadero Lenin (II) Infancia

Infancia. Movimiento narodniki

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Escrito por David García Colín Carrillo

Infancia

Lenin, bajo el nombre Vladimir Ilich Ulianov, nace en Simbirk el 10 de abril de 1870. Es el cuarto de ocho hermanos de los cuales dos murieron recién nacidos. La hermana mayor (nacida en 1864) es Ana, le sigue Alejandro (1866), Olga (1871), Dimitri (1874) y, la menor, María, nacida en 1878.

Simbirsk era una somnolienta y atrasada ciudad a las orillas del Volga, sembrada con casas de madera y caminos de tierra que no conocen el ferrocarril sino hasta 1889. En este contexto la gran casa de madera de los Ulianov se levanta como ejemplo de la clase media culta, moderadamente religiosa y acomodada. A la muerte del abuelo materno se suma como herencia una tranquila casa de campo, en Kokúshkino, al lado del río Sviaga, en donde la familia Ulianov pasa apaciblemente los veranos en medio de lecturas, juegos, natación y caminatas al campo; lejos de la vida política. Lenin -quien no era dado al sentimentalismo-evocará años después, con cierta nostalgia, los felices recuerdos familiares en esa casa de campo.

Aunque el padre de Lenin es distante con los hijos –de vez en cuando en la mesa se permite bromas y risas con sus hijos- y un tanto severo–pero notablemente no afecto a los castigos físicos-, la madre es, en contraste, amorosa, cálida y atenta. De ella Lenin adquiere el gusto por la música, afición que siempre lo acompañará –la madre sabía tocar el piano-. “A los ocho ya tocaba piececillas fáciles en el piano y acompañaba a su madre en la ejecución de estudios a cuatro manos”.1 Lenin será un asiduo practicante del canto. Cuando en su juventud cantaba romanzas, tal vez influido por sus primeros amores, alcanzaba los tonos agudos y falsetes: “Tienes unos ojuelos encantadores […] Por ellos estoy completamente perdido, perdido […]”.2 El piano, por otra parte, fue abandonado al considerarlo una actividad “demasiado femenina”.

Lo que destaca de esta familia es el ambiente disciplinado, culto y equilibrado, que educa a los hijos en el respeto al trabajo y la perseverancia. “Una buena familia –dice Trotsky- no quiere decir una familia irreprochable, sino sólo una familia que es más útil que otras situadas en las mismas condiciones”.3 Vladimir (Lenin) será un niño competitivo en los juegos, burlón e irónico, al que no le gusta perder. Su carácter activo e insolente lo distancia de su hermano mayor quien es más retraído y afecto a los trabajos manuales pacientes y minuciosos. Sin embargo, para Vladimir el modelo a seguir será siempre el hermano mayor quien, sin pretenderlo, le señalará el camino revolucionario.

Vladimir fue un niño muy inquieto y regordete, al que la familia apodó “Kubychkin” (barrilito). Aunque aprendió tarde a caminar –su voluminosa cabeza se golpeaba invariablemente al caer “mamá temía constantemente –escribe su hermana Ana- que se fracturase el cráneo o quedara tarado”4– prefería los juegos físicos y al aire libre. Le gustaba la natación, actividad en la que era arrojado hasta la temeridad –solía atravesar nadando las corrientes cruzadas del Volga o el Sviaga-; practicaba el patinaje, el críquet, la caminata; posteriormente, en su juventud –durante su periodo en Kazán y Samara-, practicará la acrobacia sobre el “reck” –barra horizontal-, donde logró con ahínco elevarse, equilibrarse y sentarse sobre la barra. “En su primera infancia –escribió Trotsky-, tomaba la vida, ante todo, como movimiento”.5 [luego será el movimiento del pensamiento y la acción de masas].

Su hiperactividad infantil se manifestaba en trozarles las patas a sus caballos de juguete. Los historiadores tendenciosos de la burguesía –empezando por el propio Kerensky, cuyo gobierno cayó con la toma bolchevique del Palacio de Invierno- han querido ver en la destrucción de sus juguetes un síntoma de psicopatía. Pura psicología barata. Vladimir no era afecto, en verdad, a la crueldad (si bien no dudará en el futuro en tomar las medidas necesarias más extremas en defensa de la revolución): siempre le gustaron los animales pequeños (especialmente los gatos) así como siempre mostró ternura por “todo lo que es débil e indefenso […]”6. Siendo niño abandonó las trampas para pájaros cuando un petirrojo murió en la jaula.7 Otro ejemplo llamativo esfuma todo rastro de presunta psicopatía: aunque Lenin fue un cazador apasionado –actividad común en el inmenso campo ruso y muy acorde con su inclinación por las actividades al aire libre- Krupskaia cuenta que en una ocasión estando de caza con unos amigos “una zorra corrió directamente hacia Vladimir Ilich, pero éste no cogió la escopeta más que en el momento en que la zorra, después de detenerse un instante y de mirarlo, dio la vuelta hacia el bosque. ““¿Por qué no le has disparado?”” –““Sentí lástima. ¡Era tan hermosa!””.8 En realidad Barrilito rompía sus juguetes por ser un niño hiperactivo no por ser el hijo de Satanás.

Volodia aprendía el contenido de las asignaturas escolares con demasiada facilidad y despreocupación –lo más rápido posible para dedicarse a las actividades físicas-. En la primaria y luego en el instituto (equivalente a nivel secundaria) destaca, igual que su hermano mayor, con las más altas calificaciones. Con frecuencia pasaba frente al escritorio de su severo padre con los respectivos informes escolares: ““el griego, muy bien; el alemán, muy bien; el latín, muy bien; el álgebra, muy bien”. El padre y la madre intercambiaban en secreto sonrisas de satisfacción”.9 Antes de que el shock de la muerte del hermano cambiara el rumbo de sus intereses, la pasión intelectual de Vladimir estaba en la literatura, la historia y los clásicos latinos.

Del padre y el hermano adquiere el gusto por el ajedrez, juego en el que llegará a desempeñarse a un alto nivel. Con la ayuda de un viejo manual familiar los hijos superan al progenitor. Alejandro llegó a sorprender a su padre cuando, vela en mano “volvía del entresuelo llevando consigo el manual, con el evidente propósito de armarse un poco mejor para los futuros duelos”.10 Aunque después de su juventud jugará eventualmente al ajedrez, Lenin dejó del lado ese noble juego pues absorbía un tiempo que debía dedicarse a las actividades políticas y revolucionarias.

Los intereses intelectuales de la familia enriquecieron mucho su formación. La familia se reúne para recitar a Pushkin, Lérmontov o Nekrazov o para leer a Gógol, Tolstoi o Turguéniev; las imágenes de los personajes se quedan grabadas en la mente del joven Vladimir para el resto de su vida como ejemplos de los tipos rusos a los que recurrirá para ilustrar sus ideas políticas y a las clases sociales. A la edad de 10 u 11 años el libro preferido de “Volodia” era “La cabaña del tío Tom” –una novela contra la esclavitud- que lo indigna sin que su interés llegue a adquirir, aún, perfiles netamente políticos: “Un día Alexánder organiza una batalla de soldados de papel: él manda un destacamento de garibaldinos que luchan por la unidad de Italia, y Vladimir un regimiento de soldados de América del Norte que cargan contra los sudistas esclavistas”.11

Para iluminar el “nutritivo” ambiente hogareño podemos citar el siguiente episodio familiar referido por Trotsky: “a la edad de trece años, se le ocurrió a Alejandro [el hermano mayor de Lenin que será ahorcado por el zar] la idea de publicar una revista semanal familiar: como no se sentía con aptitudes para el oficio de escritor, se encargó de la secretaría de redacción y se encargó además en proveer los crucigramas, las adivinanzas e ilustraciones. Vladimir, con sus nueve años, se convirtió en el principal colaborador, bajo el seudónimo de Kubychkin (“barrilito”). Hasta la pequeña Olga, niña de siete años enriquecía la revista con sus garabatos. La publicación se hacía todos los sábados y llevaba el título apropiado (Subbotnik –periódico del sábado-). Ana, que a los quince años ya conocía del célebre crítico Belinsky, bombardeaba con artículos sarcásticos […] En estos debates literarios participaban también el padre y la madre. Sus rostros se iluminaban de alegría al contemplar a sus hijos”.12

Fue una infancia feliz en el seno de una familia de clase media, como la de muchos otros revolucionarios que formarán el núcleo duro de la socialdemocracia rusa.

Movimiento narodniki

El decreto de emancipación del Zar Nicolas II, que en 1861 libera a los siervos de la sujeción feudal, no fue producto de la benevolencia del “zar emancipador”, sino el subproducto de la efervescencia e insurrecciones campesinas heredadas de la desastrosa guerra de Crimea (1853-56). El resultado de esa reforma impuesta por arriba –realizada para evitar la revolución desde abajo- fue un verdadero fraude: las mejores tierras se concentraron en manos de los grandes terratenientes y los campesinos fueron despojados de una quinta parte de las tierras que poseían y debieron conformarse con las áridas parcelas designadas, en conformidad con los terratenientes, por el Estado y, además, tuvieron que pagar por éstas una amortización del 6% durante 49 años.

Las esperanzas traicionadas inflamaron el espíritu de lucha de la juventud intelectual pero, al mirar a su alrededor, no encontraban una base social firme para sus esperanzas revolucionarias. Veían una sociedad semifeudal –el 85% de la población era campesina y analfabeta- que se descomponía de líneas capitalistas sin que existiera aún un proletariado digno de consideración (al menos a la vista superficial), por ello idealizaron a la comuna campesina (la mir) que, de hecho, era el eslabón más bajo del mecanismo de control zarista –era aquí donde se recogían los impuestos y donde los campesinos debían pedir permiso para dejar su comunidad-. Los jóvenes se inspiraron el llamado de escritores radicales como Chernishevski y Alexander Herzen, este último lanzó el llamado –desde su periódico “La Campana”- a “ir al pueblo” –en ruso ¡V Narod!-. De este llamado surge el movimiento nardoniki que será el antecedente del movimiento marxista ruso.

“En el verano de 1874, cientos de jóvenes de la clase media y alta fueron a los pueblos, ardiendo con la idea de despertar al campesinado a la revolución”.13 Estos jóvenes conseguían ropas harapientas y se lanzaban a las aldeas tratando de funcionarse con el pueblo, pero en cuanto intentaban levantarlos contra el Zar los mismos campesinos solían delatarlos pues para millones el déspota era el libertador que había impulsado una reforma que si no había funcionado era sólo porque el zar era engañado por sus funcionarios. Era la teoría romántica del voluntarismo revolucionario –la creencia de que hacía falta sólo la agitación para que los campesinos se levantaran contra el régimen sin necesidad de partido, teoría, perspectivas y organización-. Estos valientes revolucionarios no comprendían las relaciones sociales que hacían del campesinado una clase dispersa, atomizada y con intereses limitados a la cuestión agraria. Si bien es cierto que las rebeliones campesinas sacudían periódicamente a la sociedad rusa –como ha sucedido en todo país con mayoría campesina-, esas revueltas tenían un carácter local sin posibilidad de brindar una alternativa política a nivel nacional. Para colmo el campesinado que el movimiento populista se encontró no estaba situado en un contexto de efervescencia. Un activista recuerda: “Los campesinos no querían dejarnos permanecer durante la noche en sus casas: obviamente no les gustaba la apariencia de nuestra ropa harapienta y sucia. Esto era lo último que esperábamos cuando nos vestimos por primera vez como trabajadores”.14 El movimiento se estrella tanto con la realidad de un campesinado envuelto en un ambiente de reacción como contra una oleada represiva que tan sólo en 1874 se cobra más de 700 arrestos.

Los sobrevivientes de ese movimiento conforman en 1876 la organización “Tierra y libertad” (Zemilya i Volia) –entre sus fundadores, junto a Alexander Mijaílov, está un joven llamado Plejanov (futuro fundador del marxismo ruso)- que agrupa a algunas docenas de activistas que mantienen la idea de que la revolución vendrá del campo y que las comunas rurales son el modelo de comunismo para todo el país. Pero la impaciencia de la juventud no podía esperar al levantamiento del campesinado. La joven Vera Zasúlich –quien formará parte del círculo de Plejanov- dispara contra el odiado general Trepov y, de cierta forma, este acto realizado en solitario por Vera se vuelve un ejemplo irresistible para los jóvenes de “Tierra y Libertad”. Era la “propaganda de los hechos”, la forma de “empujar” y “forzar” la lenta evolución de los acontecimientos.

El debate sobre el terrorismo fractura la organización en 1878. Irónicamente la organización narodniki había encontrado sus únicos éxitos organizativos en las fábricas o entre los “campesinos de ciudad” –como llamaban despectivamente a los obreros fabriles- en donde Plejanov, en el bajo Volga, juega un papel muy destacado. Plejanov e irónicamente la propia Vera Zasúlich argumentan que el terrorismo no puede ser el único medio, la revolución debe implicar a las masas populares y señalan que la organización debe concentrarse más en la organización obrera. Con esta perspectiva forman el movimiento “Reparto negro” (Cherby Peredel) organización que no deja huella y cuyos miembros se desvían hacia el reformismo de las “pequeñas obras” o se reincorporan a los terroristas cuyo heroísmo y popularidad es irresistible. Sin embargo, el valor de “Reparto Negro” radica en que a partir de ésta Plejanov y un puñado de camaradas formarán el “Grupo Emancipación del Trabajo” cuyos frutos tendrán una importancia superlativa. La mayoría de la organización “Tierra y Libertad”, sin embargo, conforma Narodnaia Volia “Libertad del pueblo” que centra toda su energía y organización en los atentados terroristas. La impaciencia, falta de formación teórica e inexperiencia se imponen.

Los terroristas logran su más grande éxito el 1 de marzo de 1881 con una bomba que explota en la carreta imperial matando tanto al zar como al propio naodniki que arrojó la bomba. Pero este éxito del terrorismo fue también su más grande fracaso. “Narodnaia Volia –dice Trotsky- se consumió en el fuego del éxito terrorista”15: en lugar de obtener el esperado levantamiento del pueblo que impusiera las anheladas reformas democráticas –el programa de esta organización era liberal (Trotsky dice que el terrorismo es el liberalismo con bomba)-, lo que se impone es el terror de un régimen que no descansa en un hombre sino en relaciones sociales que el terrorismo deja incólumes. Tan sólo en los dos siguientes años 23 jóvenes son ahorcados y cientos mueren en las cárceles por fiebre tifoidea. Una niña de 14 años es deportada de por vida a Siberia cuando lanza consignas a la multitud en el momento en que unos presos eran llevados a la horca. Para 1882 el centro de Narodnaia Volia es aplastado y el 1 de octubre de 1885 aparece el último número de su periódico.

Un periodo de reacción política e intelectual se impone como una nube negra “¿No estaba probado por la experiencia que los graníticos bastiones del zarismo eran indestructibles aun con dinamita? Todo parecía cortado y cocido a la medida de la eternidad”.16 El hermano de Lenin morirá en un intento tardío de seguir las tácticas de un movimiento que ya no existía más que en el recuerdo. Pero de los escombros de este heroico movimiento, del pequeño grupo agrupado en torno a Plejanov, surgirán las semillas de aquello que destruirá lo que parecía “cocido a la medida de la eternidad”.

[Continuará…]

Ver primera parte: https://marxismo.mx/el-verdadero-lenin/

1 Shub, David. Lenin(I), Madrid, Alianza Editorial, 1977, p. 39.

2 Trotsky, El joven Lenin, en Lenin, Argentina, CEIP, 2009, p. 150.

3 Ibid. p. 98.

4 Shub, David. Lenin(I), Madrid, Alianza Editorial, 1977, p. 39.

5 Trotsky, El joven Lenin, en Lenin, Argentina, CEIP, 2009, p. 149.

6 Ibid. p. 188.

7 Deutscher, Isaac; Lenin, los años de formación, México, Era, 1975, p. 53.

8 Krupskaia, Lenin, México, Fondo de Cultura Popular, 1970, p. 31.

9 Trotsky, El joven Lenin, en Lenin, Argentina, CEIP, 2009, p. 97.

10 Ibid. p. 101.

11 Jean Jacques Marie, Lenin, POSI, Madrid, n/d, p. 22.

12 Trotsky, La juventud de Lenin, en Lenin, Argentina, CEIP, 2009, pp. 95-96.

13 Alan Woods, Bolchevismo, el camino a la revolución, México, Fundación Federico Engels, 2004, p. 39.

14 Ibid. p. 40.

15 Trotsky, El joven Lenin, en Lenin, Argentina, CEIP, 2009, p. 63.

16 Ibid. p. 76.

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