Corriente Marxista Internacional

Un primer balance de la campaña de Marichuy, vocera del CIG

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Escrito por: Sharon Mayren Padilla

En cada una de las etapas de la gira del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) –que se realizó del 14 al 19 de octubre en territorio zapatista, cruzando los caracoles de Morelia, La Garrucha, Roberto Barrios y Oventic, la comunidad de Guadalupe Tepeyac y la ciudad de Palenque– los discursos de Marichuy nunca estuvieron solos, siempre fueron acompañados por las intervenciones de representantes del CIG y por grandes mítines de las bases de apoyo zapatista.

El plan del Concejo Nacional Indígena (CNI) no es tanto ganar los comicios sino organizar una gira nacional durante el periodo de la campaña electoral con la finalidad de llamar a la gente del campo y de la ciudad a organizarse para “tejer desde abajo una telaraña tan grande que sea capaz de perdurar los tiempos venideros”, para “organizar dolores” y “hacer retemblar en sus centros la tierra”. De hecho, el proyecto del CNI, que actualmente reúne pueblos hablantes de 39 lenguas originarias, tiene como enfoque principal la constitución de un CIG con la intención de “poner de cabeza al país”. La candidatura de su vocera a las presidenciales de 2018, que se concretará al lograr recolectar unas 850 mil firmas en 17 estados de la República, es una buena alternativa para organizarse y luchar, pero no solo por autonomías, sino debemos avanzar para arrebatarle el poder a la burguesía corrupta de México.

Actualmente, el CIG cuenta con 141 concejales de 35 pueblos originarios en 62 de las 93 regiones del país contempladas. La gira de Marichuy busca reafirmar los principios de organización en los pueblos originarios del país, sin embrago, en sus discursos menciona que la organización del pueblo también tiene que estar en el campo y la ciudad. “Solos no podemos y recorrer el país servirá para que nuestros hermanos en la ciudad se organicen con nosotros y juntos poder quitar este sistema capitalista que nos ha sometido y oprimido por mucho tiempo”. Esta es una idea totalmente correcta la cual apoyamos, las luchas por reivindicaciones inmediatas y la lucha política no podemos darla desorganizados ni desunidos, por eso la unión de los trabajadores del campo y la ciudad es fundamental.

El llamado a las mujeres a participar en este proceso político de construcción y organización es enérgico y evidente por su figura como mujer, indígena, madre y trabajadora. “Cada vez que asesinan, que desaparecen, que encarcelan injustamente a un hijo, a una hija, somos nosotras las mujeres las que sentimos el más profundo dolor”, dice Marichuy. “Pero justamente porque somos las que sentimos el más profundo dolor, porque vivimos la mayor de las opresiones, también nosotras las mujeres somos capaces de sentir la más profunda de las rabias. Y entonces debemos ser capaces de transformar esas rabias en organización con el fin de pasar a la ofensiva para desmontar el poder de arriba, construyendo con determinación y sin miedo el poder de abajo. Entonces, hermanos y hermanas, esta es nuestra ofensiva”. Mencionó, correctamente que la lucha de las mujeres es unida a la de los hombres explotados, no tenemos que dividirnos por género esta guerra de clases.

En la ciudad de Palenque, recalcaba que el CIG construiría un gobierno realmente del pueblo. Marichuy personifica el dolor actual, la rabia y el temor por ser mujer, por el despojo territorial, por la violencia del Estado y por las desapariciones forzadas. La destrucción del actual gobierno no será una batalla simple para el CNI y el CIG. El Estado mexicano y la clase dominante actual no dejará fácilmente el poder. Quitarles el poder significará movilización, organización contundente, ¿el CIG, con Marichú a la cabeza, es una alternativa real de abajo y a la izquierda en México, rumbo al 2018? Esto es aún incierto, siempre y cuando se superen varios aspectos fundamentales, como dar un paso a la lucha política por el poder de los pobres y oprimidos, entre otros aspectos.

El primer paso, el registro ante el Instituto Nacional Electoral, se ha cumplido, con requisitos absurdos, siendo un claro ejemplo de obstrucción mediática desde un inicio para Marichuy. Ahora toca lograr recaudar el apoyo, de los más explotados, necesario para que la voz de los pueblos originarios y los sectores anticapitalistas (socialistas incluidos) esté en las urnas del país y el voto lo puedan capitalizar.

La gira por Chiapas también sirvió para comenzar con el registro del apoyo de firmas. Se han organizado redes de apoyo en los 32 estados; ya se tienen confirmados más de mil auxiliares voluntarios de registro. Éstos serán los encargados de recabar las firmas para lograr el registro como candidata independiente a la presidencia de México. Para la captura de los datos del apoyo ciudadano el INE diseñó una ‘App’ explicando que facilitaría esta actividad; lo claro es que para Marichuy esta tarea, en las regiones en las que no se cuenta con internet o buena señal, es un medio que sólo retrasa y obstaculiza el registro. Donde se ha logrado enviar el registro la confirmación llega casi 24 horas después. Esta tarea va a ser ardua pues se necesitan juntar más de 850 mil firmas en todo el país.

Marichuy extenderá la gira a la Ciudad de México en los primeros días de noviembre. La Red Universitaria en apoyo al CIG ha comenzado con la colecta de firmas en las diferentes universidades y en diferentes espacios públicos y delegacionales.

Poner a prueba la ‘App’ ha sido motivo de múltiples quejas hacia el INE por las ineficiencias que esta aplicación demuestra a pesar de que las diferentes redes de apoyo se han organizado para conseguir dispositivos telefónicos con las características señaladas. Estos procesos diseñados por las instituciones funcionan como barreras para impedir la participación electoral de los de abajo.

La gira de Marichuy no es para repartir promesas ni despensas, es para escuchar la voz de los jóvenes, trabajadores, de las mujeres y campesinos pobres. Es para organizar la fuerza de los trabajadores del campo y la ciudad y que se sumen a la lucha, no solo, de los pueblos originarios, sino por terminar con este régimen de explotación capitalista. Sin duda ese es el reto más grande del CIG y todos los que estamos apoyando la candidatura indígena: persuadir al trabajador, al joven estudiante, al campesino y al ama de casa de que el sistema capitalista no sólo desaparece y destruye las tradiciones milenarias en los pueblos, sino que somete y enajena a los trabajadores de la ciudad y el campo para mantener sus propios intereses económicos y políticos por los medios que sean necesarios.

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