Mundial, gentrificación y despojos
Cempasúchil
Este año 2026 se llevará a cabo el mundial de la FIFA, y cuatro de los partidos planeados para esta copa se jugarán dentro de la Ciudad de México. Un evento de tal importancia ha traído consigo diversas iniciativas por parte del gobierno y grupos privados, las cuales se centrarán en el desarrollo y renovación de las áreas de interés turístico para el próximo periodo.
Entre los proyectos se encuentra una renovación del Estadio Azteca por parte de la inversión privada, pasando a ser renombrado Estadio Banorte, debido a la inversión de 2,100 mdp del grupo financiero homónimo.
En el mismo sentido, se busca mejorar la movilización y seguridad de los alrededores del recinto, específicamente con la realización del megaproyecto Calzada de Tlalpan, el cual se centrará en la creación de una calzada flotante que servirá de ciclovía y vía peatonal.
Si bien, a primera vista, podría parecer un simple proyecto de mejoramiento de la zona, este ya está afectando la vida de muchos trabajadores, siendo reportados varios casos de vendedores de los desniveles que están siendo desplazados de la zona.
Se dice que todos estos proyectos serán en pro de la ciudadanía, pero la realidad es que el alza tan enorme en el turismo —entiéndase negocio capitalista— siempre trae consigo una ola de gentrificación, la cual se ve expresada en distintas formas de violencia contra la clase trabajadora: desde cosas menores como el incremento en los precios de los bienes y servicios, hasta la expresión más violenta como el despojo de viviendas.
En los últimos meses han habido varios reportes de desalojos irregulares y violentos en las delegaciones cercanas al centro histórico de la capital, en colonias como Popotla, Vista Alegre y San Rafael. Estos se han enfocado particularmente en los hogares de familias de clase trabajadora, afectando principalmente a adultos mayores, en muchos casos ya pensionados.
Esto no es sorpresa alguna, pues a la burguesía no le interesa la vida de estas personas si no traen ningún beneficio: No proporcionan fuerza de trabajo directa a la clase poseedora y no generan nuevos trabajadores que se encuentren al servicio de esta, pues raramente tienen hijos, por lo cual presentan un objetivo fácil para las inmobiliarias que buscan con estas maniobras generar nuevas fuentes de ingresos mediante la creación de residencias de uso temporal, particularmente con la creación de nuevas instancias de Airbnb.
Cabe aclarar que estos despojos han sido particularmente violentos para los inquilinos, y han sido posibles con la participación de elementos encapuchados que han sacado a los habitantes de su morada con amenazas armadas, así como la colaboración de las autoridades, las cuales han estado presentes y, en algunos casos, han participado en los despojos directamente. Esto no está fuera de lo esperado, pues los “cuerpos de seguridad” de la capital y de todo el mundo no son más que el brazo armado de los opresores, los cuales están coludidos en los desalojos tanto con las inmobiliarias como con todo el aparato jurídico que ha permitido irregularidades a tal escala.
Uno de los casos más sonados ha sido el caso de República de Cuba N° 11, los cuales fueron desplazados de sus hogares en pleno Centro Histórico, tratándose de una movida que busca ampliar la inversión en los negocios de la vida nocturna que proliferan en esta calle. El suceso llevó a los vecinos a movilizarse en una marcha que se realizó el día 15 de diciembre del año pasado, en la cual se exigía un seguimiento por parte de las autoridades, así como un fin a la gentrificación que ha azotado a la ciudad por años.
En la manifestación se presentaron no solo los vecinos de Cuba 11 sino también habitantes de comunidades del sur de la ciudad, los cuales han sufrido de desabastos de agua directamente causados por el acaparamiento para el proyecto del Estadio Azteca y sus alrededores.
Esta presión por parte de los habitantes, así como la escalada a la cual se han extendido las irregularidades, obligaron al gobierno de Clara Brugada a responder. Se aseguró un seguimiento cercano por parte de las autoridades en los casos correspondientes, sin embargo, lo único en lo que ha resultado es en alternativas de reubicación a edificios distintos a los originarios, en zonas no tan críticas para la inversión privada, así como carpetas de investigación con promesas que probablemente nunca serán cumplidas por el gobierno burgués.
A pesar de lo horrible de la situación no todo está perdido. El espíritu de lucha de los trabajadores no se ha apagado, esto lo vemos obviamente en la marcha de los vecinos de Cuba 11, y afuera de gran cantidad de los edificios desalojados donde los trabajadores siguen presentes en campamentos que buscan ante todo proteger las viviendas en las cuales residían.
Estos espacios cuentan con guardias organizadas para evitar que entren encapuchados, apoyo mutuo entre los vecinos y, en general, un ambiente de combate en contra de los gentrificadores. Sin estos espacios de lucha las residencias ya se hubieran perdido hace tiempo.
Estos casos nos deben recordar ante todo nuestra condición de clase, la burguesía cuenta con los recursos materiales y el Estado está a su servicio en última instancia. La única forma de defendernos es por medio de la unidad y organización como clase, luchando por nuestros intereses, en contra de la gentrificación y por la vivienda digna.
No obstante, no nos podemos limitar a la organización espontánea en los momentos más candentes de la lucha. Como clase tenemos la necesidad de organizarnos permanentemente en un partido de trabajadores. No podemos esperar a que las inmobiliarias, yanquis imperialistas o cualquier elemento de la burguesía tenga el cuchillo en nuestra garganta, sino que tenemos que organizarnos y luchar en la defensa de la vivienda para la clase obrera.
“Pueblo callado será gentrificado”.
“Queremos vivienda, el mundial nos vale verga”.
