México, si tan cerca de Trump: ¡entonces que nos escuche gritar, derroquemos el imperialismo!
Mauricio Medina
La intervención militar de Trump en Venezuela para secuestrar a Maduro y obligar a un cambio de régimen ha reflejado el accionar del imperialismo estadounidense en Latinoamérica. Poco ha tenido que ver realmente con una campaña contra el narcoterrorismo (que en pocos meses se ha llevado a decenas de inocentes), sino que se trata del dominio estadounidense en la región para sus propios beneficios.
El cinismo de Trump se hace notar con la máxima sinceridad en sus planes para dominar la región: Se plantea que EEUU gobierne Venezuela hasta conseguir la transición hacia un gobierno “justo” o, en otras palabras, que sea servil al capital estadounidense y sus intereses. Se les ha dado puerta abierta a las megaempresas petroleras estadounidense para agarrar este recurso del país. Y cuando se le preguntó cuánto tiempo duraría el control sobre las reservas venezolanas, aseguró que puede prolongarse por años.
En palabras de Mike Waltz, embajador de EEUU en la ONU, señaló que “no es posible aceptar que la reserva más grande de petróleo en el mundo esté en manos de los adversarios de Estados Unidos”, claramente refiriéndose a la influencia de China en Sud y Centroamérica.
Las cosas como son: Se trata de un golpe sórdido a la mesa que quiere avisar a los países latinoamericanos que no aceptará nada menos que la sumisión. Para Trump, Latinoamérica es su patio trasero en donde no pueden meterse vecinos indeseados. Y hará todo lo posible, desde amenazas constantes, aranceles y excursiones militares, para dejar este punto muy en claro. En su conferencia de prensa mencionó a Petro, al gobierno cubano y ahora ha señalado que empezará ofensivas por tierra en territorio mexicano en contra de los carteles de droga.
Trump ha sido muy claro con sus intenciones para México. Ni habiendo calentado por completo su silla cuando volvió a la Casa Blanca, declaró la frontera con México como emergencia nacional ante la cantidad de migrantes (gente trabajadora que ha tenido que migrar, pero que Trump les ha declarado personas non gratas); calificó a los carteles como grupos terroristas; y anunció aranceles. Sus palabras han sido: “Esto no le va a gustar a México, pero ellos nos necesitan más que nosotros a ellos”.
Dado a la extrema dependencia económica de México frente a la economía estadounidense, el Estado mexicano ha tenido que ceder a las exigencias de la potencia imperialista para cambiar su política contra el narcotráfico, hacer el trabajo migratorio en la frontera Norte e incluso implementar aranceles a China.
En febrero de 2025, se desplegaron a 10,000 de las fuerzas armadas mexicanas en la frontera para detener el flujo migratorio. Asimismo, se extraditaron 55 narcotraficantes a Estados Unidos durante los primeros ocho meses del año. Huelga decir que hasta se ha exigido el agua del territorio: Trump retomó el Tratado de Aguas de 1944 en donde México se compromete a entregar más de mil millones de metros cúbicos de agua a Estados Unidos, a lo que el Estado ya se ha movilizado entregando agua del Río San Juan.
A pesar de todas estas concesiones, y de que Claudia Sheinbaum ha señalado reiteradamente que no habrá intervención militar porque está “colaborando de buena manera” con Trump, las declaraciones del mandatario estadounidense cada vez afirman lo contrario.
La idea de que se está actuando con “cabeza fría” prevalece en una parte importante de la población que piensa que el gobierno está negociando bien con el gigante norteamericano. Pero ¿qué tanto es posible hablar de colaboración y negociación cuando contamos la historia de David y Goliat?
Aunque es correcta la actitud de la presidenta en contra de la intervención armada, no basta con buenas negociaciones con Trump, pues fundamentalmente no se trata de calmar los nervios del presidente de EEUU, sino de comprender las condiciones objetivas que justifican su presidencia: el relativo declive de la principal potencia capitalista del mundo que está haciendo todo a su alcance para regresar a sus días de gloria. Por algo vemos el resurgimiento de la Doctrina Monroe atacando los países latinoamericanos y el despliegue de la maquinaria imperialista del Estado norteamericano.
Entendiendo esto, ni Sheinbaum ni su gabinete serán capaces de derrocar de fondo la hidra imperialista por más negociaciones que sigan teniendo, si no se basan en una acción que involucre el papel de las masas en el terreno de la lucha revolucionaria.
El narcotráfico en México
Podemos afirmar que el crecimiento del crimen organizado está emparejado con un proceso de ataques contra las condiciones de vida de la clase obrera por parte de la burguesía nacional y el Estado: Entre 1976 a 2018 el salario ha perdido el 80% de su poder adquisitivo; hemos visto ataques al sector salud, educación, la privatización de las pensiones y un incremento del empleo informal; además, se suma la violencia, la inseguridad constante, el problemas de las drogas, las desapariciones forzadas y el miedo de no regresar a casa. En pocas palabras, la precarización social, producto del sistema, ha sido el caldo de cultivo que permite la proliferación de los grupos criminales.
Esta es la realidad que vive el proletariado y campesinado, y en la cual Trump ha mostrado sus cartas en este asunto señalando que es el narco el que controla el país, y que, por lo tanto, se ha vuelto un problema de seguridad nacional para Estados Unidos. De esta forma, la cuestión del narco está siendo utilizado como garrote para presionar al gobierno mexicano.
Pero sería ilusorio señalar que una intervención militar de los Estados Unidos realmente solucionará estos problemas; la historia demuestra la miseria que trae las aventuras imperialistas a los países oprimidos. Y, sin embargo, esto mismo promueven la derecha y ultraderecha mexicana: partidos políticos como el PAN y el PRI se han posicionado recientemente en favor de la intervención en Venezuela y algunos personajes han señalado abiertamente que ese mismo destino le debería tocar a México. Esto no nos sorprende, son la escoria de la escoria.
El problema es que la 4T tampoco ha demostrado ser efectiva en sus 7 años de gobierno. Aunque la política de seguridad se ha reforzado en lo que va del sexenio de Sheinbaum —casi 40,000 detenidos y una rebaja de homicidios del 37%—, el año pasado fue marcado por expresiones barbáricas de la sociedad capitalista. Tenemos el descubrimiento de fosas clandestinas en el Racho Izaguirre en Jalisco, que operaba como campo de exterminio y reclutamiento por parte del crimen organizado. En Guadalajara, en la cercanía del Estadio Akron, que va a funcionar como una de las sedes para el Mundial 2026, se han encontrado fosas con cerca de 500 cuerpos. Estos son duros testimonios de la crisis de desaparecidos que se vive en México.
Si bien la 4T en un inicio buscó limpiar la corrupción y la llegada de elementos criminales desde las altas estructuras del Estado, la degeneración de Morena por parte del arribo de elementos oportunistas ha hecho imposible esta cruzada. A finales del año pasado se destapó que el líder del grupo criminal de la Barredora en Tabasco, parte del Cártel Jalisco Nueva Generación, era el jefe de policía del estado, nombrado por Adán Augusto López en su administración —hoy jefe de los senadores de Morena—. Otro caso que salió de las cloacas ha sido el del huachicol fiscal, una forma de negocio ilegal y que tal vez sea el mayor caso de corrupción destapado en lo que va de la 4T. Se trata de la evasión masiva de impuestos para importar combustibles a bajo costo, algo que involucra a altos funcionarios y elementos de las fuerzas armadas como el ejército y la marina, dado sus posiciones a cargo en las aduanas del país.
Tras años de cuestionamientos, impunidad y expedientes estancados por parte de Gertz, su salida pactada de la Fiscalía General ha reflejado el cambio en la política de seguridad de Sheinbaum. En su lugar se ha designado a Ernestina Godoy, aliada de la presidenta. La llegada de Godoy puede traer confianza para algunos, pero el tiempo dirá si basta con alguien más al mando para realmente hacer frente al problema estructural del crimen organizado y la corrupción en el Estado, o si es necesario un programa revolucionario que barra completamente con la miseria del sistema actual. Creemos en la segunda opción.
Con esto no queremos negar las ilusiones que existen en la clase trabajadora por parte del gobierno actual, pero nos vamos a la premisa fundamental de que la verdad siempre es revolucionaria. Y la verdad no siempre es linda, sobre todo cuando la ilusión descansa sobre un gobierno que se encontrará limitado para resolver los problemas fundamentales del país y la injerencia imperialista.
En la Mañanera del Pueblo del martes 6 de enero, Sheinbaum señaló —o se resignó — que el gobierno estadounidense, al afirmar el fentanilo como arma de destrucción masiva y a los carteles como grupos terroristas, tienen elementos suficientes para intervenir con carta blanca en el país. La realidad es que se encuentra cada vez más entre la espalda y la pared.
Hay que ser claros con la cuestión del combate al narcotráfico y el papel del imperialismo. La solución de Trump por la vía de la injerencia militar no solucionará el problema del crimen organizado. En primeras, porque en ningún momento se ha mencionado detener la venta de armas a los cárteles, son los mismos estadounidenses que terminan por entregar armas a los “grupos terroristas” que quieren atacar.
El gobierno de EEUU no plantea absolutamente nada para terminar con el narcotráfico en su país, no hay una política de cercar y atacar a estos grupos, incautarse dinero, etc. No plantea una política de mejorar los niveles de vida para que la drogadicción deje de ser tan masiva. Nada de esto figura en su plan, solo intervención imperialista disfrazada de lucha contra las drogas.
Mientras no se ataquen los privilegios del gran capital (sea mexicano, estadounidense o chino) es imposible detener las enfermedades del capitalismo: el crimen organizado, la corrupción y la violencia desproporcionada. Un programa revolucionario debe abogar por la expropiación de las grandes palancas económicas y financieras para ponerlas a funcionar bajo el control democrático y participativo de la clase trabajadora. Solo así se elevarían permanentemente los niveles de vida y se daría un paso radical para erradicar la base del crimen organizado.
La economía de México y Estados Unidos
La dependencia económica que sufre México hacia Estados Unidos es brutal. Basta con ver los datos de 2024: El 83.1% de las exportaciones mexicanas totales de productos manufacturados o semiacabados (además de algunos productos agrícolas y petróleo crudo) fueron a parar directamente al vecino del Norte. Algunos medios celebran que, a pesar de los aranceles impuestos, hubo un aumento de las exportaciones de México a EEUU del 7% en los primeros 10 meses de 2025. Hacen ver como un triunfo que México se mantenga como principal socio comercial de EEUU, pero con esto lo único que evidencia es la terrible dependencia que sufre el país.
La principal preocupación del gobierno norteamericano es la expansión de la influencia económica de China en todo el mundo, especialmente en nuestro continente. En este sentido, vale la pena entender el motivo del Plan México como una forma de ofrecerse como aliado en la batalla contra China.
El Plan se compone de 18 iniciativas, la gran mayoría vinculadas a ofrecer estímulos (30 mil millones de dólares y facilidades para inversión) a la burguesía nacional para sustituir las importaciones chinas. Asimismo, se impulsan los Polos de Desarrollo del Bienestar que buscan responder a las exigencias de la revisión del T-MEC por parte de EEUU; en otras palabras, la industrialización del país al servicio de la inversión extranjera.
En resumen, el Plan México implica seguir estrechando relaciones con EEUU, quitarle la mejilla al capital chino y más beneficios para la burguesía nacional (que ha quedado claro no ser aliado del proletariado, solo basta con ver su actitud frente a las 40 horas, ¡incluso con las más mínimas, pero necesarias reivindicaciones como la Ley Silla!).
No dudamos que esto sea difícil de escuchar para muchos, pero la realidad es que Sheinbaum está apostando por una política que sigue cediendo a las exigencias del imperialismo norteamericano y aliándose cada vez más explícitamente con la gran burguesía nacional, lo que indudablemente la pondrá en una posición para nada cómoda cuando la clase trabajadora se movilice en busca de reivindicaciones para sus condiciones de vida y el imperialismo norteamericano decida ser aún más agresivo.
Particularmente, el Estado mexicano se está perfilando este 2026 para la revisión del T-MEC por medio de estrategias que satisfagan las demandas de EEUU. El congreso ha aprobado un paquete arancelario con países donde no tienen tratados comerciales, entre ellos China, en los sectores textil, automotriz y del acero. Ebrad ha dicho que los aranceles van en el sentido de proteger los empleos y la industria nacional, pero en realidad tienen el objetivo de 1) aliviar paliativamente las presiones económicos de los aranceles de EEUU al acero, aluminio y autos; y 2) afirmar su subordinación en las próximas reuniones del T-MEC.
No creemos que Estados Unidos está preparando una salida inminente del T-MEC, pero sí una redefinición del tratado que favorezca su cruzada por el poderío económico de la región. El hecho de que el T-MEC, a diferencia del pasado TCLAN, funcione a partir de revisiones periódicas tiene ese sentido: Más que conseguir una “colaboración entre los países vecinos” (aunque no duden que así se va a señalar, incluso después de robarnos hasta los calzones), se trata de que EEUU siga protegiendo su industria interna, su política de seguridad nacional e ir cortando la influencia de China en México y Canadá.
La realidad es que la 4T no ha logrado romper la dependencia, al contrario, la ha profundizado. Cada vez que se habla de “negociaciones” en realidad se trata del Estado mexicano cediendo constantemente a la aplicación de las políticas dictadas por Washington.
¿Qué hacer?
Estados Unidos está reafirmando su control sobre el hemisferio occidental a través de la aplicación de su Plan de Seguridad Nacional, el cual es un regreso tácito a la Doctrina Monroe, en donde el gigante se siente con la libertad de intervenir en los asuntos nacionales.
Esta es la cara más visible del imperialismo, fase superior del capitalismo, como la caracterizaba Lenin: El momento en que el capitalismo entra en su fase monopolista, en donde para que unas cuantas potencias imperialistas mantengan su poderío deben hacer todo lo posible: ataques militares, repartos de territorios y el saqueo de recursos. Por ello, una lucha antiimperialista debe ser una lucha anticapitalista.
Trotsky, arquitecto de la revolución bolchevique junto con Lenin, y luego posteriormente exiliado y perseguido por la reacción burocrática, llegó a México y estudió el problema del imperialismo en Latinoamérica. Al respecto señaló:
“Washington, al servicio de Wall Street, desempeñará un papel crecientemente reaccionario en los países latinoamericanos. De este modo, los EEUU sigue siendo el amo predominante y agresivo de América Latina, listo para proteger su poder con las armas en la mano contra cualquier asalto serio de sus rivales imperialistas o contra cualquier tentativa de los pueblos de América Latina para liberarse de su expoliadora dominación” (La política de Roosevelt en América Latina, 1938).
Las contradicciones del sistema se evidencian a pasos acelerados, y las personas empiezan a movilizarse y cuestionarse. Ante preguntas concretas, no podemos dar respuestas abstractas: La 4T, por más que quiera pensar “con la cabeza fría” y se jacte de las buenas negociaciones con Trump, ha cedido a las demandas y ha buscado como aliado a la burguesía nacional. Ese es su principal error, que la historia le hará saber más temprano que tarde, al no abogar por una lucha contra el capitalismo ni por una movilización de masas. De la derecha mexicana ni se diga, lacayos del imperialismo gringo, lo único bueno que han hecho es escupir para arriba.
El problema de la lucha contra el imperialismo recae en que la burguesía es la que actualmente dirige el país. Y la burguesía no puede lanzar una lucha seria contra la dominación imperialista por temor a la clase obrera y un movimiento de masas que amenace su propia existencia. Por nuestra parte, somos claros: Es el proletariado, con su factor revolucionario, el que debe tomar el rumbo de su propio destino. Abogamos por un programa revolucionario que implique:
- Hacer un llamado a la movilización masiva de los trabajadores y la juventud desde un programa de clase.
- Un plan de movilización y armamento de los trabajadores en defensa de la soberanía nacional ante cualquier ataque imperialista.
- Conformación de comités de trabajadores en todas las empresas para estar listos y actuar en caso de una agresión imperialista y la total independencia del movimiento sindical democráticos de la injerencia burguesa e imperialista.
- Por la conformación de un comité nacional antiimperialista que pueda tomar medidas ante cualquier agresión, con representantes obreros, estudiantiles, campesinos e indígenas.
Se dice de México que estamos tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Nos gustaría inyectarle a esta frase un carácter de clase, y comprender que no se trata de una cuestión meramente entre naciones, en Estados Unidos también resiste una clase trabajadora explotada y solidaria contra el intervencionismo imperialista de su presidente. En ese sentido, nosotros decimos al proletariado mexicano, latinoamericano e incluso estadounidense: Si tan cerca estamos de Trump, entonces que nos escuchen gritar:
¡Derroquemos el imperialismo!¡Manos fuera de Latinoamérica!¡Luchemos por el comunismo!
