Las tendencias contrarrevolucionarias en el entorno estudiantil
Antonio T. R. Páez
¿Por qué los comunistas nos involucramos en las distintas luchas obreras, sindicales, estudiantiles? No por protagonismo o porque simplemente nos guste participar y ser “revoltosos” como señalarían unos cuantos. Participamos porque entendemos que es una jornada viva de lucha política: viva y combativa porque reivindicamos que mientras siga existiendo el sistema capitalista, este impacta y genera en las condiciones materiales en las que vivimos los individuos, y que estas condiciones materiales son la base sobre la que se forma la sociedad de clases actual, en donde la clase dominante seguirá haciendo uso de herramientas como el aparato de Estado para mantener su dominio sobre la mayoría.
La sociedad capitalista, que privilegia a una minoría con la apropiación de todo medio de vida, también repercute en nuestra forma de pensar a través de la ideología dominante, la cual nos ha impuesto que la óptica con la cual se debe trabajar para obtener sustento y realización personal es desde la base del individualismo. Pero si recordamos que los humanos somos seres sociales, y que nuestras necesidades coexisten con las de los demás nos podemos dar cuenta lo enajenante que es este individualismo al tener como principios:
- La acumulación de los medios de producción,
- La alienación de las demás personas al verlas como rivales o cosas, y
- La competencia entre individuos en lugar de la cooperación.
El ser social determina la conciencia, y por este haberse desarrollado con base en las condiciones de la sociedad capitalista, es que en la conciencia de miles de nosotros está muy arraigada la burocracia -el pensamiento de la minoría- y también muy disuelta la solidaridad de clase y la capacidad de pensar en términos colectivos y políticamente revolucionarios. Esto es un caldo de cultivo para convencer a los compañeros de que la política juvenil es un proceso obligatoriamente burocrático, de cuello blanco, que no va más allá de simulaciones, o que solo puede darse dentro del permiso de las autoridades oficiales y partidos burgueses.
Esta política juvenil burocrática -al igual que el mismo estado burgués- no tiene como propósito el desarrollo de la sociedad o la mediación de ésta, sino el amortiguamiento de los conflictos entre clases sociales oprimidas y opresoras. Entonces a la hora de existir demandas legítimas y de alto impacto entre el estudiantado -como son la necesidad de movilidad digna o comedores para los estudiantes- las corporaciones estudiantiles se muestran inoperantes o desinteresadas en su atención, y no son capaces de ofrecer al estudiantado nada más que actividades de entretenimiento, patrocinios o a lo mucho, activismo espontáneo y con poca probabilidad de conquistar luchas cotidianas.
La naturaleza clasista de las corporaciones estudiantiles también explica por qué cuando surgen iniciativas independientes y con un carácter político bien definido, son los primeros en deslegitimar la organización política del estudiantado, bajo pretextos abstractos y convenientes para la retórica de la reacción como los de la autonomía universitaria o la libertad de creencias.
El inevitable carácter político de la universidad
Nos negamos a pensar que los entornos estudiantiles son o deben ser apolíticos, todo cuerpo de individuos organizados configura intereses comunes y se moviliza por ellos; eso es hacer política.
Corporativismo puede entenderse como la política que consiste en que una institución organiza y controla a distintos sectores de la sociedad a través de organizaciones colectivas o “corporaciones” que dependen de la propia institución. Podemos apuntar que sus características principales son:
- En lugar de que las personas participen de manera libre y desorganizada, lo hacen a través de organismos sectoriales reconocidos oficialmente.
- Estos organismos en vez de ser representantes de la sociedad ante la institución se vuelven canales de mediación a favor de esta.
Lo que podemos observar en la política mexicana general, es que el corporativismo se construyó sobre sindicatos charros, cámaras de comercio y grupos de obreros específicos, teniendo al Estado como su impulsor y beneficiario. En nuestro entorno estudiantil particular, el corporativismo se construye mediante las federaciones estudiantiles o los cuerpos de Sociedad de Alumnos y de Consejo Estudiantil y tiene a las autoridades administrativas y académicas de la universidad, como sus impulsoras y beneficiarias, así como también a políticos y plataformas juveniles de los partidos burgueses.
El año pasado presenciamos como para las elecciones presidenciales, la Universidad Autónoma de Yucatán se encargó de traer al excandidato Álvarez Máynez a nuestro espacio y movió la logística de tal manera que solo se le podían hacer preguntas filtradas y aprobadas para la comodidad de la UADY. En otro caso más reciente los compañeros de diferentes facultades se movilizaron para exigir transporte digno y crearon un Colectivo Estudiantil. En la fugacidad y espontaneísmo de este colectivo, el medio de gestión que alcanzó primero esta problemática fue la intervención de dirigentes estudiantiles de Derecho y FCA, quienes organizaron una reunión de manera arbitraria y unilateral con el titular de la ATY, divorciándose eventualmente de la problemática del transporte y aliviando la agitación de los estudiantes.
Ante cualquier injusticia social los jóvenes somos los primeros en salir a luchar (por eso los espacios estudiantiles sí son políticos), y nosotros en el PCR lo hemos hecho desde el inicio a contracorriente: desde el día uno en el Campus de Ciencias Sociales de la UADY, hace más de dos años, en Facultades como Antropología y Educación nos hemos topado con trabas burocráticas a la hora de pedir permisos para actividades y difundir nuestras ideas con nuestros compañeros. Más recientemente al presentarnos en la Facultad de Psicología sufrimos una reprimenda sistemática por parte de la dirección y del Consejo Estudiantil.
Esto porque nuestra política de puertas abiertas y formación revolucionaria no ha temido ni temerá, no solo a manifestarnos en contra de la opresión en los espacios estudiantiles -como cuando impulsamos campañas anti-censura o en contra del acoso escolar- sino también a impulsar el desarrollo de conciencia de clase y promover sin ninguna pantalla la formación de un Partido Comunista Revolucionario, que conecte la lucha del estudiantado con la clase trabajadora.
En nuestro caso, más allá de cualquier intriga que se nos quiera plantar sobre la presencia de comunistas en los entornos estudiantiles, ya hemos dejado claro que la lucha estudiantil es un interés de los comunistas por sí mismo.
Contra la burocracia en el movimiento y las aulas
Toda política está marcada por una teoría que fundamenta sus enfoques, premisas y metas, a su vez estas teorías brotan de filosofías específicas. La filosofía detrás del actuar de la clase dominante y sus apéndices es incapaz de tener como eje el bienestar de la mayoría, pero de manera magistral, puede justificarse a sí misma y a la existencia de la clase que la promueve; privilegiando el interés de la minoría capitalista.
Es así como vemos que en los entornos académicos se promueven teorías muy despampanantes en cuanto al discurso, pero con tendencias idealistas e individualistas que consideran que para erradicar los problemas fundamentales de la sociedad basta meramente con deconstruir nuestro pensamiento sin necesidad de organizarnos. O se enseña que el poder es inherentemente malo, sin importar en manos de quién esté, y por lo tanto, los oprimidos también somos opresores, desviando realmente la atención de que es la clase dominante realmente quién nos oprime y fragmentando la lucha en conjunto. En la práctica, este pensamiento que impera en la academia y las universidades es parte de las tendencias reaccionarias a las que nos oponemos, pues castra políticamente a nuestra clase y nos desmoviliza a la organización en conjunto contra un mismo enemigo: el capitalismo y la burguesía.
Esto es el posmodernismo: se caracteriza por su rechazo del pensamiento racional, la verdad objetiva y las llamadas “metanarrativas”, es decir, las explicaciones globales y coherentes del mundo. Sus bases teórico-filosóficas sostienen que no existe una realidad objetiva independiente del lenguaje o del discurso, y que el conocimiento no refleja el mundo material, sino que se produce dentro de relaciones de poder. Lo encabezan autores como Lyotard, Foucault, Derrida, Deleuze y Butler quienes sostienen que el significado es inestable, que el lenguaje es un constructo opresivo y que no hay criterios objetivos para distinguir entre verdad y falsedad. De este modo, el posmodernismo eleva la subjetividad y la experiencia individual como únicas referencias válidas, negando el progreso histórico, la ciencia y la posibilidad de un conocimiento universal, una corriente funcional al mantenimiento del orden social existente.
El posmodernismo surge históricamente en el periodo de la posguerra, en el contexto de la decadencia del capitalismo, ligado al agotamiento del proyecto moderno heredado de la Ilustración (es decir, de la confianza en la razón, la ciencia, el progreso y las explicaciones globales de la realidad). En un escenario marcado por crisis económicas, sociales, culturales e ideológicas, el posmodernismo expresa el pesimismo de una clase dominante en declive, que en lugar de cuestionar las limitaciones estructurales del capitalismo, opta por negar la idea misma de progreso histórico y de verdad objetiva con el pretexto de que esta es incapaz de ser entendida e intervenida, por la multiplicidad de factores que la componen.
Por otro lado, la filosofía de los comunistas revolucionarios es el materialismo dialéctico: Entendemos que la realidad existe y viene de lo material, en donde se sientan las bases de todos los fenómenos existentes. Estos fenómenos no interactúan de manera anárquica sino que tienen un movimiento guiado por esquemas de constantes cambios y contradicciones entre sí: la dialéctica.
Entonces, aunque nuestras condiciones nos determinan, no somos condenados por ellas, podemos buscar mejores condiciones de existencia en lo inmediato, entendiendo que para que estas sean garantizadas, debe de darse una transformación de cómo la sociedad se entiende, organiza y produce. Romper con el orden y los modos impuestos por el capitalista, para privilegiar la sobrevivencia y la dignidad de la mayoría, la clase trabajadora.
La política y la filosofía de la burguesía que a tantos ha convencido -por su prolongada imposición- es la política de la burocracia y el posmodernismo. Por otro lado, la política de la clase trabajadora consciente -que no se contenta con migajas y prefiere tomar las riendas de su propio destino- es la política de la revolución y el marxismo.
Entendemos la revolución como un proceso consciente y popular en donde la clase trabajadora debe tomar las riendas de sus propio destino, porque la revolución no se hace, sino que se organiza, es una tarea socializada en donde debemos tomar lugar todos y todas: A través de comités de lucha, sindicatos, asambleas populares y la necesidad de un Partido revolucionario que sirva como la palanca fundamental del proletariado para destruir el capitalismo y forjar la sociedad socialista. Para ello, la democracia resulta vital en cualquier momento del proceso revolucionario, mediante la mayor libertad en el debate político y la mayor unidad a la hora de la acción. Lo que nosotros llamamos Centralismo Democrático, el cual se opone rotundamente al centralismo burocrático.
En partidos burgueses como el PAN, PRI, Morena, MC. o las instituciones de carácter similar como la Academia y las Federaciones Estudiantiles, los métodos burocráticos del tráfico de influencias y el “ordena y manda” son orgánicos, nefastos e incapaces de actuar fuera del margen del sistema, justamente por la filosofía y praxis sobre la que se basan.
Nuestras carreras universitarias tienen la capacidad de existir para la búsqueda de un desarrollo sano e integral en beneficio de la sociedad, esto se enlaza con la lucha política por mejores condiciones de existencia, enlace que, aunque en muchos entornos académicos e institucionales no quiera nombrarse ¡aun así existe! Así como los comunistas revolucionarios existimos a pesar de no querer ser nombrados, aquí estaremos invitando a nuestros compañeros a trascender cualquier tipo de política individual o burocrática.
Estamos en pie de lucha por las demandas concretas del estudiantado hacia su dignidad, por convertir los espacios universitarios en espacios políticos, y servirnos de ellos para organizarnos en la lucha contra el capitalismo, en unidad de acción revolucionaria por el empoderamiento de nuestra gente.
Para construir la revolución tenemos una política clara: Organízate, fórmate y lucha.
